UN DIA EN LA VIDA DE UN ABOGADO (O MUCHACHOS, SABED VER LOS REGALOS CON APARIENCIA DE INSULTO)

noviembre 9, 2011

Pues veréis, amigos. He estado hoy en un tribunal. No tiene nada de extraño, es lo que hacen los abogados, aunque realmente a mí no me gusta mucho el ambiente de esos sitios. Bueno, no me gusta nada.

Esto que os voy a contar es un ejemplo de lo que te puede pasar si te dedicas a esta profesión. No es nada espectacular, sólo un día a día cachondo bajo cuya superficie hostil si tienes los ojos abiertos puedes encontrar tesoros.

Tenía que hacer cuatro ratificaciones de peritos con un magistrado que estudió en la misma facultad que yo. Más vale que no diga ni su nombre mi tampoco el nombre del tribunal, por lo que pueda sucederme.

Veamos lo que ha pasado. Dos de las ratificaciones eran de peritos de la Administración. Se tenían que ratificar en un informe que hicieron para la prestigiosa empresa Tragsatec, pero resulta que el informe no estaba porque había salido zumbando junto con el resto del expediente administrativo para el Tribunal Supremo, ya que el mismo deslinde tenía algo así como doce impugnaciones y doce procedimientos y a estos magistrados no les gusta acumular esos procedimientos para que se tramiten como uno solo, como parece que debería ser. Las malas lenguas dicen que es porque… Porque los señores magistrados y las señoras magistradas cobran un un plus por sentencia puesta. Yo no sé si es verdad, sólo cuento lo que me han contado a mí esas lenguas viperinas.

¿Os podéis imaginar que en un tribunal colegiado tan digno y tan orondo como éste pueda cometerse un error así? Que lo imaginéis o no poco importa. Es la realidad. En varios de esos procedimientos se presentaron recursos casación y allá que se fue todo el expediente administrativo sin tener en cuenta que en la Sala aún quedaba mi asunto, en el que humildemente había pedido una ratificación de peritos. Así que el acto no podía celebrarse. De hecho, el magistrado me ha hecho pasar a su despacho para objetarme que esos mismos peritos de la Administración ya a habían ratificado numerosas veces.

-Sí, Señoría -le decía yo- , pero yo de esos procedimientos donde se han ratificado no sé nada.

Menos mal que no se ha empeñado en hacerme tragar la prueba practicada en otros procedimientos. Pero en todo caso me ha dicho que de celebrar nada, que no había manera y que si el informe no estaba, los peritos de la Administración ya podían irse a casa. No… No creáis que se ha lamentado o ha pedido disculpas por el error administrativo. Yo vengo de Valencia y a los clientes les cuesta dinero el viaje. Pero como si nada. Ellos están arriba y tú abajo.

Segundo acto, el informe de uno de los peritos que venían conmigo. Su voluminoso estudio tampoco estaba en la Sala porque también había sido remitido al Tribunal Supremo. Y esta vez el error era morrocotudo, porque el documento en cuestión lo había aportado con un recurso de reposición y resulta que mientras el expediente afecta a todos los recurrentes, el recurso de reposición me afecta sólo a mí y a los míos y desde luego no pinta nada en el dichoso Tribunal Supremo. Pero nada, cuando hubo que remitir los autos a tan alta instancia, la funcionaria arrambló con todo lo que pilló y secuestró mi recurso de reposición con todos sus documentos. Tampoco esta vez se ha escuchado nada parecido a una disculpa o a una simple, llana y clara petición de es que tanto dignifica y que llaman perdón.

Menos mal que el perito había tenido el mérito de venir desde Denia acarreando los cuatro o cinco kilos que pesaba una copia de su informe, y el magistrado ha aceptado que se sirva de ella para ratificarse. Y eso es lo que ha sucedido, que se ha ratificado en presencia del magistrado, de una secretaria judicial que hoy vestía unas medias de malla ancha con la que se podrían pescar boquerones, y de tres estudiantes de quinto de derecho que había traído la abogada del Estado.

¿Y qué creéis que ha pasado? Que el magistrado se estaba cansando de escucharme formular una pregunta tras otra y cuando su paciencia ha llegado al limite, me ha advertido que ya no iba a consentirme una sola pregunta más relativa al informe del perito, puesto que todo lo que le estaba preguntando eran cosas que ya constaban por escrito en dicho informe.

-Sí Señoría, precisamente la ultima pregunta que tengo no es relativa al informe del perito.

Me ha dado la venia y he preguntado:

-¿Usted considera que un estudio técnico para determinar las características geomorfológicas de una zona a efectos de saber si está formada por dunas en movimiento, como es el estudio de Tragsatec, puede prescindir de un estudio de vientos?

Lo que ha dicho entonces el magistrado es lo que menos me podía imaginar.

-Esa pregunta no se la voy a admitir porque no tiene que ver con el informe del perito.

Sí, lo que estáis leyendo. No estoy improvisando un chascarrillo, es la verdad. No me dejaba hacer preguntas sobre el informe porque eran sobre el informe y tampoco otras que no fueran sobre el informe porque no eran sobre el informe.

-Pero Señoría, lo que estamos haciendo aquí es la investigación de la verdad, y la cuestión tiene que ver con los aspectos técnicos, etc, etc,

Ni la verdad ni leches… Es la expresión que podría resumir la decisión final de Su Señoría aunque obviamente no la ha expresado así. Yo me he quedado sin poder formular la pregunta y él más ancho que largo.

Bueno venga, ahora un poco de análisis, especialmente para abogados jóvenes que puedan leer este rollo de blog.

¿Quién creéis que ha salido ganando, el magistrado o yo? Me gustaría estar frente a una clase con todos vosotros poniendo cara de despiste y dos o tres manos levantadas diciendo que yo no he ganado hoy absolutamente nada.

Pues bien, queridos, no sólo no es así, sino que lo sucedido es un regalo del cielo que agradezco infinito y que me va a ser mil o dos mil veces más útil de lo que habría sido hacer la pregunta. Veréis, desde antes de formular el recurso, yo ya sabia la sentencia que iba a recibir, y el magistrado también, lo mismo que la procuradora, los clientes y los administrativos de la sección. Por un motivo que me guardaré mucho de expresar en público, en ese tribunal el gobierno gana el 99% de los recursos y yo, a pesar de ser el abogado que más veces ha conseguido la anulación judicial de deslindes, no soy ciego y como no soy ciego no tengo ni esperanza ni confianza, aunque sí respeto, en ese tribunal. La esperanza y la confianza la tengo puesta en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que es un tribunal no controlado por los partidos políticos españoles.

Antes decía a mis clientes que tuvieran paciencia en la vía administrativa porque tan pronto como accediéramos a los tribunales encontraríamos al tercero imparcial, objetivo y profesional que por vez primera estudiaría el caso serenamente y daría una solución justa. Hoy les digo que tengan aún más paciencia y se dejen ultrajar, humillar e insultar en todas las instituciones de nuestro país, tanto gubernamentales como judiciales (es decir, también gubernamentales, pero con toga) porque un día, cuando nos hayan dado gorrazos en el Tribunal Constitucional, que es el último hito de la Senda de las Lágrimas, podremos llegar con gloria al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde se supone (repito: se supone) que encontraremos por fin a es tan deseado tercero imparcial que imparta justicia objetivamente.

Pero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos es un instrumento del Convenio Europeo de Derechos Humanos, y por lo tanto no está para discutir cualquier cosa, sino precisamente la violación de los derechos fundamentales de la persona, que es lo que bajo mi punto de vista ha hecho hoy el magistrado. Por eso lo que he recibido es un regalo del cielo. Me ha proporcionado un motivo para acceder al Tribunal Europeo.

Si consigo llegar allí y obtener sentencia favorable, al Reino de España lo condenarán por violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos. La consecuencia no será que a mis clientes les devuelvan sus casas, sino que habrá que repetir el procedimiento judicial, pero quizá en ese momento la dignidad haya retornado a nuestra atormentada patria, si se puede decir así.

Este modo de proceder es semejante a la de los enfermos terminales que se deja congelar con la esperanza de que el el futuro la medicina haya encontrado solución para su mal. Por si alguien no se ha dado cuenta, en justicia también nosotros somos enfermos terminales.

Un último detalle. En esta clase imaginaria de abogados jóvenes ¿no hay alguien que caiga en un error de bulto que ha cometido hoy Su Señoría? ¿No…?

Pues ahí va… Tanto el informe de los peritos de la Administración como el expediente de recurso de reposición son necesarios para dictar sentencia. Pero el magistrado no los tiene ¿Y sabéis lo que va a hacer? Prescindir de esos documentos, claro está.

Pero una cosa es que desde antes de que te pongas a redactar un recurso, el magistrado ya sepa qué sentencia va a poner, y otra es que eso se haga de modo tan descarado como que le dé igual tener a la vista documentos imprescindibles para elaborar la decisión.

Y aquí se dibuja otro motivo de indefensión. Otro regalazo. Porque eso el Tribunal no puede hacerlo. No puede, bajo ningún concepto, dictar sentencia sin tener a la vista el expediente.

Y yo que pensaba que el ejercicio de la profesión era aburrido ¡Si es más excitante que una novela negra y más divertido que una comedia con Camerón Díaz!

José Ortega
Abogado
ortega_abogados@hotmail.com

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2 comentarios to “UN DIA EN LA VIDA DE UN ABOGADO (O MUCHACHOS, SABED VER LOS REGALOS CON APARIENCIA DE INSULTO)”

  1. nerjeño said

    Este “rollo” de blog como lo defines, es un rollo muy bien enrollao.
    Gracias a él conocemos en detalle lo que todos imaginamos y gracias a ti sabemos.

    He actuado como perito judicial durante mucho tiempo y doy fé de la suspensión de juicios por errores garrafales descubiertos en el último momento, o por defectos perfectamente subsanables o previsibles, sin que en la inmensa mayoría de los casos se dieran por ello, ni disculpas , ni tan siquiera explicaciones a los testigos y peritos citados.

    Es triste que para esperar obtener justicia en este país haya que poner la vista fuera del mismo.

    Un saludo y gracias por estar ahí

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