UN MOTORISTA CAYÓ A LA ZANJA

noviembre 11, 2010

 La vecina camina por lo que antes fue un paseo marítimo y divisa a la altura del suelo algo lejanamente redondo. Sabiendo que en el paseo y al lado del mar no crecen melones, avanza  con cautela hasta comprobar que se trata de una cabeza.

 Entonces se sitúa al borde de la grieta y contempla el resto: Los hombros, los brazos… En resumen, se trata de una persona. Una persona que ha caído en ese agujero y no puede salir.

  -Oiga, usted es de Costas? –se le ocurre preguntar a la vecina, porque está obsesionada.

  La cabeza cree seguramente a esta señora le falta un tornillo. Con la castaña que acaba de pegarse y encima bromas.

  -No… Es que me he caído –responde.

   Un motorista cayó a la zanja. Nada que ver con un extranjero llegó a la granja, la recomendable novela de Mika Waltari. Iba con la moto por el paseo marítimo del Saler, cerca de la urbanización Casbah II. Confiaba en que el paseo es un vial público y por supuesto no sospechaba que la autoridad competente iba a tolerar que el temporal abriera grietas del tamaño de una vaca en ese vial público y a quedarse tan tranquila dejando las grietas ahí, como trampa para motoristas y paseantes. Pero sí. Es que la autoridad competente se las trae.

  Todo resulta siniestro. El Puerto de Valencia hace un efecto sombra de aquí te espero que machaca las playas al sur, transformándolas primero en un esqueleto de playa y luego en el recuerdo de una playa. En el estudio de impacto ambiental previo a su última ampliación, el Ministerio de Medio Ambiente impuso un programa de vigilancia medioambiental (perdonen que me ría) y a reparar los daños que pudiera causar la obra.

   Daños hay, sí. El mar avanza sobre la tierra, y en este caso sobre los vecinos, como una centella gris que amenaza con tragarlos. La cosa tiene arreglo, pero alguien no quiere.

  ¿Alguien se anima a adivinar quién es el culpable? Sí, lo habéis acertado. En la Jefatura Provincial de Costas a otra de las vecinas le dijeron el otro día qué es lo que el Ministerio iba a hacer por el paseo, por las viviendas y por la seguridad de los vecinos: Nada.

 No deja de ser una carambola del destino que el mismo Ministerio de Medio ambiente que manda, con un montón de prosopopeya y con una retórica ecologista que no veas, que se tomen medidas correctoras ante la creación de impactos derivados de la ampliación del puerto, impida él mismo toda medida correctora ante los impactos derivados de la ampliación del puerto. Bueno, más que llamarlo carambola del destino habría que llamarlo de otra forma, pero no hay nada malo en guardar las formas. Que se note que nosotros estamos del lado de la civilización.

  ¿Sabéis qué? Que el Puerto pone todas las defensas que hagan falta pero Costas no lo autoriza.

  ¿Sabéis por qué? ¿No? Yo tampoco. Pero lo sospecho. Lo están haciendo en otros sitios. Esperan a que el mar se acerque más y más y más, como Fredy Kruger con sus cuchillos o lo que llevara ese tío, hasta comérselo todo y entonces tener que echar abajo las viviendas por pura seguridad. Ya pasó así en Guardamar de Segura hace bien poco. También allí el problema venía originado por un efecto sombra, en este caso el de los espigones de encauzamiento de la desembocadura del Segura. Y el proceso está en marcha en los Arenales del Sol. Los ingenieros de costas están dejando que el mar entre a devorarnos y luego se lamentarán de que fíjate qué pena que hay que derribar las casas.

 Todo esto, a mi parecer, viene de la gran estafa nacional que es el sistema de expropiaciones sin compensación que se han sacado de la manga con el visto bueno del Tribunal Constitucional. Si un chorizo te quita la cartera a punta de navaja, sabes que te han robado. Vamos, lo tienes claro. Pero si te sustraen la casa mediante un procedimiento administrativo que incluye firmas, sellos y publicación en el BOE, te quedas como atontado pensando que tendrán razón, pero definitivamente te quedas sin casa, y esa es la verdad que cuenta.

  Ya sabéis cómo funciona: Te meten en el dominio público pero como no tienen pasta para pagarte te compensan con una concesión (¿?). Y a continuación se inventan varios sistemas para que esa concesión desaparezca a cambio de… A cambio de 136 euros, como le pasó a aquel vecino de Cádiz (ved un blog anterior) o de nada, siempre que puedan contar con la complicidad del rey Neptuno, que lo mismo que andaba fastidiando a Ulises para que no alcanzara su casa, hace lo mismo cuando puede con los vecinos para que no puedan conservar la suya.

  Pero en fin… Las olas abrieron grietas como la cueva de Zugarramurdi en el paseo del Saler y nadie hizo nada hasta que de dentro de una surgió lo que parecía un melón no sólo parlante, sino también fuera de temporada. Esto por lo visto movió al Ayuntamiento a hacer obras de defensa. Falta ver si los señores de Costas les mandarán a la guardia civil por insensatos e insumisos.

  He visto lelos e idiotas perdidos que te ponen una sonrisa angelical esteroeotipada porque están en una secta donde les han enseñado a hacerlo. Mejor me guardo el nombre. Y he visto señores y señoras capaces de todo por cumplir las consignas del líder. De todo. Incluso permitir que se mate un señor cuyo único delito era pasar por ahí. Estos no sonríen nada, os lo aseguro. Pero también pertenecen a una secta.

  ¿Qué habríamos tenido que hacer con estos todopoderosos señores de Costas, si el motorista se hubiera golpeado malamente y hubiera muerto? ¿Mandarlos al tribunal de la Haya como criminales de guerra, o qué? ¿Quién lo sabe?

   Hemos estado hablando del tema en la radio. Si queréis escuchar, está aquí (dos vínculos):

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Había una vez un médico que ponía a los moribundos en balanzas de precisión que detectaban el cambio que se producía en el peso en el momento de la muerte. Cada vez que el enfermo moría, la balanza marcaba veintiún gramos menos. Es el peso del alma. de ahí la película de ese mismo título, veintiún gramos.

  Veintiún gramos es un buen título para una película, como ciento treinta y seis euros lo es para un relato sobre lo que hacen los ingenieros de costas. Imaginemos un hombre que se ganaba la vida asando pollos y vendiéndolos y que se jubila con una pensión de quinientos euros. Imaginemos que a este hombre le gusta el mar y se las ingenia para comprar una casa en un sitio donde puede permitírselo. Vamos a imaginarlo ahora en su casa, delante de la playa, una vivienda pequeña pero bonita dentro de una parcela de setecientos metros.

  Cuando me dijo lo que Costas pensaba pagarle por su casa, creí que se había equivocado. Escuché ciento treinta y seis euros y creí que se había olvidado de los ceros.

  -Querrá decir ciento treinta yseis mil -comenté.

 Pero él continuó imperturbable.

  -Ciento treinta y seis euros -respondió.

  ¿Sabéis vosotros cuánto pesa el alma de los ingenieros de costas que quieren hacerle eso?

  No sé si sabéis lo que le pasó a Florentina Mora. Creo que escribí una entrada sobre ella. Se trata de la recuperación posesoria de una casa, calificada de construcción abusiva, que había sido levantada en 1923, antes de que los ingenieros supieran qué significa la palabra deslinde. En los noventa, Fernando Palao Taboada la calificó de “edificación abusiva” incluso cuando el deslinde aprobado en 1965 la había dejado fuera del dominio público.

  Mirad el video:

http://www.youtube.com/watch?v=VoC7t6Kvwwo

  Bueno, bueno… el caso es que, en la medida de lo posible, los puse a parir el pasado mes de marzo en el Parlamento Europeo porque después de que la familia había pagado cincuenta millones de pts. para comprar la casa, la Administración le exigía el pago de 370.000 euros para financiar el derribo. Vedlo aquí:

 

  Pues bien, parece que de esa inmensa cantidad había una partida cercana a 200.000 euros que se dedicaba a entrega de escombros a vertedero autorizado. Y tengo que trasladaros que ha sucedido algo divertido. Hicieron el derribo a las ocho de la mañana del día siguiente a la autorización judicial, nada de esperar al recurso de apelación etc. etc. Creo que estaban un poco acojonados ante la posibilidad de una nueva dilación por ingeniosidades de los abogados. Terminaron la obra y el señor del vertedero se quedó esperando los escombros y los escombros no llegaban. Claro, como el tema económicamente tenía su miga, según me ha contado Florentina, contrató a un detective para averiguar a dónde habían ido a parar. El detective se dio una vuelta por la playa y debió llevarse con él una piqueta o algo parecido, porque descubrió que los escombros estaban allí, enterrados en la misma playa ¿No es absolutamente sensacional?

  Y os cuento lo que dicen que dijo el interesado. Dijo que como la casa tenía una fosa séptica y había que rellenarla, qué mejor que hacerlo con los escombros.

José Ortega

 

  Claro está que lo sucedido hace nacer muchas preguntas y todas tienen que ver con el medio ambiente, entre otras cómo es que la autoridad medioambiental entierra en una playa un manojo de hierros retorcidos, ladrillos rotos y pegotes de yeso.  Pero yo tengo también una pregunta: ¿Vosotros creeis que en algún momento llamó a Florentina para descontarle del presupuesto los cerca de 200.000 euros por entrega a vertedero?

  ¿Qué hacemos, le ponemos nombre a esto o no?