La funcionaria es calmada y amable. Sonríe continuamente en un esfuerzo por no desagradar. Se nota que sabe que los de su estirpe tienen mala fama y que la presencia de un abogado puede elevar la temperatura.
Nos hemos presentado allí mi clienta y yo para algo tan inocente como estudiar un expediente de deslinde, en este caso del deslinde de un río. Pero esta escena podría haber sucedido en cualquier otra oficina pública de esta desafortunada España gobernada por idiotas y con cualquier otro expediente, fuera de deslinde o no,
-Si quieren consultar el expediente deben pedirlo antes por escrito-dice la amable funcionaria.
-Ya lo hemos pedido -contestamos-, hace quince meses.
Y mostramos la solicitud, de julio de 2010.
-Ustedes no han contestado -añadimos, verbalizando lo que es obvio.
-Yo no sé si les han contestado o no, pero deben pedirlo por escrito.
De ahí no la sacan. Esa amabilidad, esa calma y esa sonrisa esconden la realidad de que esta señora ha recibido entrenamiento para decir no. No muerde ni da susto como Cerbero, el perrazo que guardaba la entrada del Hades, pero el resultado es el mismo, es decir que vas a ver un expediente y no puedes.
-¿Pueden venir ustedes pasado mañana? -pregunta, conciliadora.
-Imposible -contesto- , estoy recién llegado de Valencia (me giro para mostrarle la mochila a mi espalda, puesto que acabo de bajarme del avión) y mañana me vuelvo.
-Pues no podemos hacer otra cosa, porque mañana tenemos aquí una inspección -concluye la funcionaria.
-No será tan difícil, lo único que necesito es que me dejen el expediente y yo me encargo
de estudiarlo. Ustedes sólo tienen que Lo único que sacarlo de la estantería.
-No es así, porque el expediente hay que prepararlo. Ustedes no pueden ver su contenido integro, sólo las partes que les afectan -objeta la funcionaria, sin perder ni sonrisa ni compostura.
Ya estamos con el mismo rollo de siempre. Desde hace unos tres años la Administración ha encontrado una fórmula simplemente maravillosa para entorpecer la defensa de los ciudadanos. Es fácil, lo único que hay que hacer es apelar a la intimidad de las otras personas cuyos datos figuran en el expediente, y con esto ya no nos dejan ver el expediente integro, que es todo lo que necesitamos. Nos irán dando documentos con cuentagotas o algo parecido, pero no nos dejaran examinar la carpeta en paz.
Ni me canso en establecer una discusión con la funcionaria (Otro día contaré lo que me pasó en la Jefatura de Costas de Valencia cuando intentaba cumplir el tramite de vista y audiencia de un expediente, que resulta muy aleccionador). En lugar de eso mi clienta, que en el ínterin ha hecho una llamada clave, pide hablar con el jefe.
El jefe es un señor bajito, equilibrado, inteligente, educado, grato y enormemente paciente que nos recibe en un despacho enorme con una o dos banderas, una creo que de nuestra patria (como se decía cuando yo estaba en el cole) y la otra de la Autonomía, señal de su alto rango,
Este señor, que es Subdirector General, nos da todo tipo de detalles sobre el deslinde, sus métodos, sus resultados, sus consecuencias y todo lo que queremos saber. Básicamente la cosa es que tienen el monte lleno de sensores de caudal que les sirven para montar sus estadísticas teóricas sobre crecidas e inundaciones y de esta manera establecer la frontera entre lo público y lo privado. Mi clienta pregunta cuándo han venido los funcionarios a visitar su propiedad en un momento de lluvias, como para llegar a la conclusión de que la crecida la inunda en parte, por lo que esa parte es dominio publico. Añade que ni el jardín ni la casa se han inundado nunca por la crecida del torrente. El Subdirector General sonríe, creo que con condescendencia antes de recordarle que no es posible inspeccionar visualmente todas las riberas de todos los cauces porque no hay funcionarios suficientes. Por esto, entiendo yo, la realidad debe someterse a otra realidad distinta, la creada en los despachos sobre la base de unos cálculos teóricos. Es así cómo los funcionarios públicos crean una verdad paralela que tiranía a la verdad que si no fuera tautológico podríamos llamar verdadera. Esa verdad de plástico creada por los ingenieros de caminos, suplanta a cualquier otra verdad creada por el llamado Supremo Hacedor. Esto es algo que recuerda al conflicto entre la España real y la España oficial. Se puede decir que es una nueva versión.
A todo esto resulta que el benévolo Subdirector General despeja todos los inconvenientes, hasta hace un momento inamovibles, para acceder al expediente. Llama a otro funcionario, le da instrucciones, y en un pestañeo estamos sentados a la mesa de otro despacho donde se han depositado cuatro cajas repletas de documentos escrupulosamente archivados y foliados (no como hacen en Costas, por cierto). Lo que han hecho es justo lo que yo había pedido media hora antes: Sacar las cajas de o estantería.
El estudio teórico de inundabilidad es críptico. Imposible entender la sopa de números sin haber pasado por la Escuela de Caminos. Pero yo tengo otras cosas que investigar. Al Subdirector General le había reconocido que lo que andaba buscando era algo que echarme a la boca para dar al traste con todos sus cálculos y conseguir la nulidad del deslinde. Quizá la caducidad, que es una de las pocas formas de tener éxito en esa empresa, teniendo en cuenta lo duros y difíciles que están los tribunales con los ciudadanos (y paralelamente blandos y fáciles para la Administración, aquí la simetría es perfecta, además de vergonzosa).
El obsequioso Subdirector se había apresurado a desmentirme. Ya se habían llevado unos cuantos varapalos del Servicio Jurídico, que era muy escrupuloso y les había echado atrás tres expedientes precisamente por caducidad. Pero en el que yo quería ver, en en cambio habían emitido informe certificando que todo estaba bien. Por tanto, toco estaba bien.
Excepto cuando viajo en avión, prefiero fiarme de mí mismo, y por lo tanto me da igual todo lo que me digan terceras personas sobre la correcta tramitación de un expediente. A veces he tenido que revisar algunos detrás de que lo hicieran grandísimos Abogados y he encontrado defectos que ellos no habían visto. Y cuando son los funcionarios los que ponen el aval ni te cuento.
Así que me puse a mirar papel por papel y por supuesto que encontré el error que buscaba.
La institución de la caducidad del expediente es muy peculiar, porque el expediente tiene que estar no solamente resuelto, sino también notificado a los interesados dentro del plazo. Por tanto, ni siquiera cuando a dicta la resolución es posible saber si esa misma resolución será nula por no haberse practicado a tiempo notificación de la misma. Y si una cosa así no puede ser prevista en la resolución, que obviamente es el último trámite de las actuaciones, mucho menos en un informe del Servicio Jurídico. En este caso, el informe dejaba constancia de que lo que se había hecho hasta entonces estaba bien, pero claro está que no podía pretender lo mismo de los trámites posteriores. Y eso es justamente lo que sucedía, que éstos últimos estaban mal.
En el fondo esta profesión es divertida. Tiene mucho de policía, pero sin dar bastonazos, y de detective, aunque si lupa. Si conoces los secretos del Derecho Administrativo, puedes desmontar casi cualquier invento de la Administración. Pero la herramienta más poderosa no es el conocimiento del Derecho. Es duda. Haced como yo: dudad de todo y fiaos sólo de vosotros mismos.

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Se está larvando una nueva tragedia. Después de sembrar miedo y actuar con abuso sobre los vecinos de la costa, la Administración se dirige ahora contra los propietarios que tienen su vivienda cerca de un cauce. Porque no sólo hay que deslindar las playas: también los ríos.
Lo mismo que la playa y el mar territorial son dominio publico, así también lo son los cauces de los ríos. Y lo mismo que en la costa hay un problema de fronteras, así también en los ríos, arroyos, torrentes y barrancos.
¿Dónde terminan los límites de un cauce? Esta pregunta es la que los ingenieros de caminos están empezando lentamente a responder. Y la cuestión no tiene nada de fácil puesto que esos espacios no son precisamente canales diseñados a escuadra y sus perfiles no siempre con claros.
¿Queréis saber qué criterios se usan para establecer esas fronteras? Según el reglamento de dominio público hidráulico, han de coincidir con el límite de la máxima inundación para un periodo de retorno de diez años. Quiere esto decir que el espacio público alcanzará hasta donde alcance la máxima inundación en ese periodo. Si alguna vez en diez años el río se desborda, esto implica que su cauce natural llega más allá de lo que podríamos considerar la cubeta o recipiente, hasta el espacio inundado.
A primera vista, y teniendo en cuenta los criterios de comprobación que establece el reglamento de dominio público hidráulico (que son todos los posibles, incluyendo los históricos, ecológicos y científicos) parece lógico que los encargados de la delimitación se pasen diligentemente por los márgenes del río o torrente a fin de comprobar el alcance de la inundación en temporada de lluvias. Pero esto, que parece tan elemental, no es precisamente lo que hacen. En vez de eso, elaboran un modelo teórico en base a cálculos tan respetables como crípticos. Este modelo parte de dos datos: Sensores de caudal instalados en los cauces y topografía de éstos últimos. La topografía, por lo que sé, no es buena. En expresión de un ingeniero, al menos en el caso de un deslinde en el que estoy trabajando, es una topografía inventada.
Podéis imaginar que sustituir la observación de la realidad por un modelo teórico es algo muy comprometido. La iniciativa sólo salvará la cara a cambio de unos cálculos especialmente escrupulosos pero sobre todo de una topografía detallada y no meramente aproximativa.
Por lo que he visto, puedo decir que los resultados no son buenos. En el deslinde en el que trabajo ahora, muchas personas pierden su casa en todo o en parte. Estas personas son conscientes de que la inundación nunca ha alcanzado sus propiedades, pero esto es indiferente para los ingenieros, que anteponen con mucho convencimiento sus cálculos de escritorio a la realidad y que, como he adelantado, nunca se han pasado por el paraje que ellos mismos han decretado que sea dominio publico.
¿Alguien quiere saber si, como sucede con la ley de costas, el deslinde de un río o arroyo suprime la propiedad privada de los bienes incluidos en la delimitación? La respuesta es sí.
¿Habrá, como sucede con la ley de costas, una compensación en forma de concesión? Pues no. Ya explicaré en otro articulo cual es el fundamento de esa situación. El caso es que los propietarios de viviendas que se encuentren cercanas a un río, arroyo, torrente, barranco o rambla ya se pueden preparar para arremangarse y esforzarse en una defensa complicada, porque después de que los ingenieros pongan la línea, mi compensaciones ni nada parecido. Sólo les queda el abismo.
Finalmente, una última pregunta: ¿Esto tiene arreglo? ¿Hay defensa o sólo nos cabe hacer las maletas? Una vez más, la defensa es posible. Se necesitan inteligencia, conocimiento y tesón a raudales, pero, como suelo decir a mis clientes, hay un camino.