http://www.europapress.es/sociedad/medio-ambiente-00647/noticia-afectados-ley-costas-trabajaran-pp-perfilar-reforma-norma-proxima-legislatura-20110217195333.html

MADRID, 17 Feb. (EUROPA PRESS) –

   El secretario y portavoz de la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas, José Ortega, ha anunciado que el próximo mes de marzo se reunirán en Valencia con el portavoz de Medio Ambiente del PP en el Congreso, Carlos Floriano, con el que empezarán a trabajar en “perfilar” una reforma de la Ley de Costas de 1988 para desarrollarla durante la próxima legislatura.

   Ortega ha señalado, en declaraciones a Europa Press, que es preciso iniciar un “trabajo más denso, técnico” así como “trabajar en la parte más áspera de la cuestión”.

   Además, señala que le han hecho llegar “puntos de vista de algunos miembros muy destacados del PP” en lo que se apunta que habría que acatar una reforma de la ley de Costas “al principio de la legislatura para que pueda culminarse en el término de la misma”. Por eso, han presentado una propuesta “muy definida” de reforma de la Ley de Costas al PP y han llegado a un preacuerdo para trabajar en el tema.

   Asimismo, ha asegurado que la plataforma “ha constatado que existe en el PP una sensibilidad clara hacia los problemas de los afectados y una disposición bastante clara a introducir cambios en la Ley de Costas”.

   Igualmente, ha expresado la satisfacción de la plataforma porque cuando crearon la agrupación a finales de 2007 “todo el mundo pensaba que la ley de costas era inamovible”, mientras que ahora considera que hay “aroma de alivio y cambio en el aire” que esperan ver en la próxima legislatura.

   “Ni yo, ni la plataforma, ni nadie, quiere que el litoral se desguarnezca frente al avance de los especuladores y que se estropee la costa. Hay que ver si son capaces de meter el bisturí con finura para, preservando la costa, pero siendo respetuosos con la propiedad privada”, ha manifestado.

   En cuanto a su relación con el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, ha indicado que desde 2008, la ministra Elena Espinosa no les recibió mientras estuvo en el cargo, aunque sí lo hizo el secretario general del Mar, Juan Carlos Martín Fragueiro. Sobre la actual titular en el cargo, Rosa Aguilar, ha agregado que le han pedido una reunión pero que todavía no han recibido respuesta alguna, al tiempo que ha asegurado que no tienen “ninguna intención de tomar ningún tipo de actitud dura ni desleal contra el Gobierno”, porque consideran que lo que es “perfectamente razonable”.

   Finalmente, ha lamentado que el balance de la Ley de Costas es que “no ha servido para frenar el desarrollo urbanístico” en los últimos años, sino para justificar que se está aplicando la ley para despejar playas pero, en su opinión, “solamente actúa sobre las clases medias y los poblados de pescadores, pero no frente a desarrollos urbanísticos en sitios indebidos”.

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 Ayer estuve en un programa de televisión en directo. La primera hora estaba dedicada a que los políticos debatieran entre sí. La segunda a que hablaran las plataformas de afectados, los ecologistas y todo eso. El aire acondicionado estaba a tope y me estaba quedando helado mientras los concejales se despellejaban y esperaba a que me tocara intervenir. Helado por fuera, porque el aire parecía que venía del polo, y por dentro, porque lo que escuchaba sugería hielo y escarcha.

Vaya rato pasé viendo y oyendo cómo unos se echaban la culpa a los otros ante la inminente destrucción del paseo marítimo de Sagunto y la muerte de sus restaurantes. Pero sin resolver, explicar ni aclarar nada.  Y me parece (perdón) que sin enterarse de nada.

No sé si es que estoy tonto o es que lo veo tan claro porque es sencillo y fácil. Sólo pude intervenir durante un momento en la segunda hora y dije lo que pensaba: Que no entendía cómo el Ayuntamiento de Sagunto no había iniciado los trámites para la desafectación y que se dejaran de embrollar la cosa con que si fui yo o fuiste tú.

 ¿Qué pinta el Ministerio de Medio Ambiente gestionando un espacio que es de la ciudad, les guste o no? ¿Quiénes se han creído que son los ingenieros de Costas para destruir un vial público de la ciudad? Conté la anécdota que viví en 1988, nada más comenzar la ley, cuando se tramitó expediente sancionador a un cartel anunciador que había en la acera de una calle porque de pronto la publicidad en el dominio público estaba prohibida. Y en vez de resolver el problema, a profundizar en él, como buenos íberos brabucones, ignorantes y provocadores. Ahora no se trata de prohibir el cartel que anuncia una peluquería. Ahora es cargarse cincuenta puestos de trabajo, tres restaurantes y una zona de esparcimiento porque les gusta a los señoritos. 

 Un despiste bárbaro fue lo que percibí. Y el alcalde, el hombre, quejándose en los videos de que Medio Ambiente les iba a dejar con las obras un paisaje propio de Kosovo.

Sí sí, muy bien. El alcalde está con los vecinos, estupendo.

¿Pero por qué no pone su servicio jurídico a impugnar los derribos? Algo así es lo que dije en mi último minuto. El moderador me preguntó si el tema tenía arreglo y contesté que no poniendo pancartas. Hay que pasar por el juzgado, como cuando vamos a casarnos, pero sin convite.

Me muero de aburrimiento cada vez que oigo a un alcalde decir que sí, que está con los vecinos. Es una de las frases que más he escuchado en los últimos tiempos. Decirla no cuesta nada.

Ya pondré un vínculo al video cuando lo consiga.

 La playa de la Almardá, en Sagunto, es una playa larguísima, sin esos feos espigones, y con un delicado espacio dunar asociado. Todo libre de construcción, bonito y despoblado, excepto por las casas de toda la vida que dan base a un turismo estrictamente local y familiar.

La playa de la Almardá en agosto de 2009

La playa de la Almardá en agosto de 2009

  A estas alturas ya creo que cabe aceptar que progreso es igual a destrucción. Destrucción de los recursos naturales y también del paisaje, en especial el progreso tal como lo entendemos en un país donde lo único que sabemos hacer es vender el sol y poner una tapa de calamares descongelados a la romana.

 Una playa como la Almardá, virgen, solitaria, bella, es una presa deseable para los señores del gran capital hotelero, ladrillero y cementero y también para esos alcaldes tan mimosos y dulzones con los señores de la pasta, que cuando ven los billetes verdes solo piensan en el progreso para su pueblo, en los puestos de trabajo, el nivel de renta y todo ese rollo que es como una especie de purpurina dorada que todo lo embellece y todo lo sana. Y, claro está, los ingenieros de costas a hacer lo que haga falta para que todo vaya como una seda.

 Un día me tocó el honor de participar en el aula de Cultura de Cajamurcia con el ilustre escritos mallorquín Baltasar Porcel. Era para presentar su obra MEDITERRÁNEO. Como en esas fechas (y ahora también) estaba de moda el llamado arco mediterráneo, el Sr. Porcel, íntimo de Jordi Pujol y director entonces del Instituto Catalán de la Mediterránia, decía al público: “fíjense en una foto satélite nocturna y verán unos puntos donde hay mucha luz y otros totalmente negros. Ahí, coincidiendo con la luz, es donde hay progreso. Hospitales, bibliotecas y cultura.”. Tenía razón, pero ese exceso de luz es también un abuso contra los recursos naturales, y puede leerse también como un índice del exceso de lujo, siempre asiático y a menudo indecente, con el que vivimos. Baltasar Porcel acaba de morir, pero su idea sigue siendo válida y sigue teniendo una doble lectura: la orgía de luces es un símbolo del progreso-cultura pero al mismo tiempo del agotamiento de los recursos y la agresión al paisaje.

 

Baltasar Porcel

Baltasar Porcel

Lo que nos pasa en España es que vemos el paisaje como un recurso natural, y me refiero a un recurso económico, es decir, una especie de ubre de vaca cuyo único destino es ser ordeñada.  Ni los alcaldes ni sus buenísimos amigos, los grandes empresarios del capitalismo burro, son capaces de ver una playa como la Almardá como algo que no sea un negocio a la espera de ser explotado. No entienden que el respeto al medio ambiente consiste en dejar el paisaje en paz y a la gente tranquila.

 Según creo, y no es más que una opinión, aunque una opinión algo informada, existe una conjura contra la playa de la Almardá, para transfomarla en una orgía de eso que ya conocemos porque es igual en cada palmo de costa: paseo marítimo, hoteles, balnearios, etc. etc. Todo igual.

 Se llegaba allí por una carretera de la huerta, delicada, rural, bordeada por una acequia y rodeada de frutales. Un espacio pequeño, pensado para los agricultores, apto para la bici y poco transitado. La están desdoblando para transformarla en una especie de ruidosa autovía de doble dirección. Son los primeros pasos para la destrucción de la playa. Las infraestructuras no se hacen por capricho, sino para prever una futura gran densidad de población.

 

Obras de ampliación de la carretera de acceso a la playa de la Almardá

Obras de ampliación de la carretera de acceso a la playa de la Almardá

Una vez me dijeron que había allí un plan verdaderamente brusco y sobre todo confidencial hasta la muerte. Un consorcio con gente de mucha, pero mucha pasta (y con algún político de campanillas, aunque no lo nombraré porque no resulta saludable) estaba organizando allí su desembarco. Quizá esto pueda explicar ciertas actuaciones poco racionales de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa, que explico en un periquete.

 A ver, Sagunto puerto tiene un vial totalmente dentro del dominio público marítimo terrestre. Tenemos la playa, un paseo marítimo, la calle, la acera, todo eso es dominio público o, como dicen los alcaldes, “pertenece a costas”. Teniendo en cuenta que el vial es antiquísimo, está embebido dentro de la malla urbana de la ciudad y la gente no lo usa para plantar la sombrilla, sino para circular con su coche, lo lógico sería desafectarlo. Pues no. Prestad atención a los planes de los ingenieros de costas, que son soberbios: Se coge el paseo marítimo y unos terrenos en descampado que quedan al sur y metemos unas máquinas de obras públicas para desmontarlo todo, todo y todo. Resucitamos las pretendidas dunas que han quedado atrapadas bajo el asfalto y las ponemos bonitas.

 

Playa de Sagunto y paseo marítimo que se quiere levantar

Playa de Sagunto y paseo marítimo que se quiere levantar

¿Y todo esto para qué? Desde luego hace falta tener un motivo muy justificado para levantar medio pueblo y ponerse a plantar un jardín de dunas. Fácil: es para compensar el préstamo (algunos lo llaman robo) de arena que quieren hacer los ingenieros de costas allí mismo, en el extremo sur de la playa, donde la corriente norte-sur la acumula contra los muelles del puerto comercial. Por cierto, hace como un año apareció en prensa un glorioso gazapo de la Demarcación de Costas de Valencia. En el estudio técnico para llevar a efecto este préstamo se citaban datos procedentes de otra playa que nada tiene que ver. Es el síndrome traicionero del copia-pega, que sugiere que estos estudios carecen totalmente de rigor (aunque tengo entendido que se cobran a su precio de mercado).

 ¿Y todo esto para qué? Para llevarse esa arena a la playa de la Almardá, que, aunque bonita, es un poco rupestre, ya que sobre una base de arena hay piedrecitas, y cuando te metes en el agua te las clavas un poquillo en los pies.

 ¿Y todo esto para qué? Digamos que desde un punto de vista que a mí me parece prudente, normal y natural, a la playa de la Almardá habría que dejarla en paz con sus chinitas y su agua verde. Pero no, qué va. Los ingenieros de costas, aunque no haga maldita la falta, están empeñados en que esa playa no sea de chinarros, sino de arena fina.

 ¿Y todo esto para qué?

 ¿Qué pasa, es que aún no lo habéis adivinado? Tanta pasta no se mueve por las buenas. Hay ciertas personas que manejan ciertos hilos y todo brilla con el color del oro. La obra no es para los bañistas, que no la han pedido y están muy contentos con las piedrecillas. Es para los futuros usuarios de la futura avenida de doble carril de los futuros hoteles de lujo y los fututos balnearios. Es decir, un instrumento de la futura alteración, destrucción y desolación del paisaje natural.

 Costas antes dependía del Ministerio de Obras Públicas. Un día el gobierno pensó que hacía bonito que un ministerio llevara el nombre de Medio Ambiente y le transfirieron la competencia en costas y playas, lo que ya entonces me sorprendió, porque lo propio de estos indómitos ingenieros ni era antes ni es ahora la protección, la conservación ni la promoción del medio ambiente, sino precisamente las obras públicas. Para proteger el medio ambiente el primer requisito, ya lo he dicho, es dejarlo en paz.  La exposición de motivos de la ley de costas se refiere a la necesidad de contener la presión urbanística sobre el litoral: es lo contrario de lo que están haciendo los ingenieros de obras públicas, también llamados de costas. Si no me equivoco, y con medidas como éstas (y como otras), están fomentando la presión urbanística sobre el litoral. Para promover riqueza y empleo, cierto. En España estas palabras son como la clave secreta que permite hacer cualquier cosa con el paisaje y con las personas.  Hay que generar riqueza y todo el mundo a callar.

 ¿Creéis que a los vecinos les han preguntado su opinión? Al contrario. Los planes se llevan en estricto secreto. Pongamos el futuro e innecesario paseo marítimo. Desde el 2006 por lo menos se sabe de los planes para meter ahí un paseo que tampoco nadie ha pedido y nadie necesita. Pero ni mú. Un día pasé por la Demarcación de Costas de Valencia y le pregunté a mi amigo (o entonces amigo) el ingeniero Jaime Almenar. Me dijo que lo estaba dibujando pero que no me lo enseñaba. Unas vecinas acudieron a la entonces alcaldesa, la socialista Gloria Calero: Les dijo que no sabía nada de nada, que era la primera noticia (la señora Calero había recibido hacía poco la visita de la señora Narbona, casualmente). El día 19 de enero de 2008, como ya escribí en un blog anterior, tuve una entrevista bastante idiota con el Subdelegado del Gobierno, a la que asistió la jefa de costas en Valencia. Me quejé del secretismo que rodeaba el paseo marítimo y la señora dijo con total claridad y absoluta rotundidad que NO HABÍA NINGÚN PASEO.

 ¡Por Diosssss! Le pregunté cómo podía decir eso cuando los vecinos habían hablado con los técnicos que estaban tomando datos de campo, confesando que eran para construir un paseo marítimo y cuando el propio Jaime me había dicho que lo estaba dibujando él mismo.

 ¿Sabéis qué me dijo? Que no era un paseo, sino una senda peatonal.

 Bueno bueno… Si no hubiera insistido nos habríamos levantado de la mesa convencidos de que efectivamente no había paseo ni nada que temer. Como veis, los ingenieros de costas, además de manejar como arma el boletín oficial del Estado, la policía y las palas mecánicas, ahora se han decidido a unir a su arsenal el arma del lenguaje. Basta con cambiarle el nombre a las cosas y con esto hacemos lo que nos dé la gana.

 Así que el plan es secreto. Que los vecinos no se enteren, porque para ordenar el paisaje estamos nosotros, que somos el poder (Ahora veo que la voz ordenar el paisaje se parece tanto a ordeñar le paisaje, pero por pura casualidad). Y cuando digo ordenar, me refiero también a demoler las viviendas tradicionales, porque esos técnicos que estaban mirando por su teodolito también se dedicaban a hacerles fotografías a las casas que pretendidamente iban al suelo. De hecho, la jefa de costas de Valencia anunció en prensa aquel otoño de 2008 que en octubre del año siguiente (es decir, de aquí a mes y medio), la Demarcación de Costas iba a tirar ya no recuerdo si cien o doscientas viviendas tradicionales de la playa de la Almardá. Sí, sí. Esas casas están pretendidamente dentro del dominio público, pero los dos deslindes que se han aprobado en la zona, uno en 1946 y otro en 1994, se han tramitado en secreto, sin que los vecinos se enteren. Muy, muy democrático. 

  En aquel invierno de 2008 recibí una insólita invitación del alcalde de Sagunto, ahora un señor del PP, que decía que quería hablar conmigo. Acudí muy motivado y desde luego orgulloso de la distinción y me encontré con algo a medio camino entre una manifestación y un mercadillo semanal. El alcalde me había llamado, si, y también a los doscientos o trescientos vecinos de la playa. Nos metimos en la sala de plenos, un bonito hemiciclo con bancos de madera un poco medievales, y empecé a escuchar el discurso habitual de los alcaldes. Me los tengo calados a los tíos (y tías). Que si yo estoy dispuesto a ayudaros en todo, que si estoy con vosotros, que si vamos juntos a Madrid… Si no lo hubiera oído tantas veces… Lo del viaje a Madrid es un recurso de lo más socorrido. Te pegas una salidita, haces intimidad con los vecinos, el Director General de Costas te lanza unos exabruptos y te vuelves con las orejas aparentemente gachas, lamentándote y haciendo causa común con los paisanos, y de paso arañándole votos al partido contrario. Yo para eso pago mi entrada y me voy al teatro.

Gloria Calero y Alfredo Castelló

Gloria Calero y Alfredo Castelló

 Vi que algunos vecinos empezaban a hacer reflexiones totalmente descaminadas y que la reunión cogía una deriva aún más idiota que mi entrevista con el Subdelegado del Gobierno. Ya estaba a punto de levantarme de mi escaño cuando a una notaria-afectada se le ocurrió decir en voz alta que quería saber mi opinión.

 Je je… Le dije al alcalde una cosa muy, muy concreta. Demasiado concreta. Si quería ayudar a los vecinos, en vez de irse con ellos a pasear por Madrid lo que debía hacer era informarles sobre el trazado del paseo marítimo, que a esas alturas, incluso después de años de súplicas, seguía siendo una especie de secreto militar.

 ¿Qué creéis que dijo? Lo habéis adivinado: tampoco sabía nada. Ni se ha enterado de nada en el año y medio que ha transcurrido desde entonces, que yo sepa.

 El progreso, la riqueza y el empleo se ciernen sobre los vecinos de la Almardá, cuyo único pecado fue comprar o heredar una casa hecha con anterioridad al primer deslinde, posiblemente en los años veinte del siglo XX. El progreso, la riqueza y el empleo se ciernen sobre ellos en forma de piqueta, porque sus casas parece que irán al suelo.

 Qué divertido ¿verdad? El caso de la playa de la Almardá parece un campo de pruebas de la Gestapo. Les tramitan un deslinde y a los vecinos no les dicen nada. Les tramitan un segundo deslinde y tampoco. Les proyectan un paseo marítimo por encima de sus viviendas y nadie suelta prenda. Todo es secreto, que no se enteren los vecinos. Que cuando aparezcan las palas para demoler sus viviendas ya esté todo hecho, escrito, acordado y sellado. Vamos a cerrar un cepo sobre estas criaturas que se creen ciudadanos de un país democrático.

 Perdón, he escrito la palabra democrático. Seguimos estando en el siglo XVIII y en la filosofía de la Ilustración: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Lo he dicho ya muchas veces y lo seguiré diciendo. Esto es una conjura, una mentira, un cuento. Esta democracia necesita renegociación y regeneración. No estamos ya ante un problema de la ley de costas, sino ante todo un Estado que se rinde ante los deseos de los señores del negocio, pisoteando a los alfeñiques que tuvieron la mala suerte de estar por allí.

Esto es lo que yo creo que está pasando en la playa del la Almardá. Si alguien quiere convencerme de lo contrario, que lo intente. Si lo consigue, me alegraría. Me quitaría del dolor de vivir en un país donde bajo la retórica medioambiental y la apariencia de la ley, late la barbarie más sucia y pervertida, el antiguo dominio de los poderosos sobre los débiles.

José Ortega

Abogado

ortega_abogados@hotmail.com

www.costasmaritimas.com

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