AMIGO EFRAIN

julio 30, 2019

@abogadodelmar

Dedicado a a Elena Jiménez 

Hola amigo Efrain.

Un día, en octubre de 2009, estaba en Fuerteventura con una cliente alemana que creo que conoces. En el viaje desde Puerto del Rosario a Jandía nos detuvimos a comer. La televisión estaba puesta ¿y quién crees que aparecía en ella? Tú. Supongo que dando el coñazo con tu manía del poblado marinero para La Bombilla, que era tu tema favorito en esos años.

taburiente

José Ortega en la caldera de Taburiente

¿Te acuerdas de aquel primer viaje mío a La Palma, en junio de 2007? Yo sí. No podría olvidar la ascensión en tu viejo Mercedes a la caldera de Taburiente escuchando total y absolutamente extasiado las maravillas que me contabas de tu amigo Simon, el inventor para quien no había desafíos. El cacharro para eliminar las emisiones en los coches de gasolina, los molinos tan pequeños como un ventilador capaces de producir más energía que esos  grandes armatostes que se ven por ahí, la levitación de cosas tan pesadas como un avión, pero sobre todo el motor que no necesitaba  combustible ni contaminaba. Un día de inmortalidad diria.

Conservó  vívida en mi memoria una imagen. Yo estaba delante de mi casa. Era mayo de 2009. Me llamaste para decirme que ibas a ir a El paso, a la antigua casa de Simón, abandonada porque había pasado a Madrid, a recoger toda la documentación de sus patentes por miedo a que alguien entrara y se las llevara. Te pregunté dónde pensabas guardarlas y para mi e irme sorpresa tu respuesta fue que en el maletero del Mercedes. Al cabo de una semana volviste a llamarme para decirme que te habían abierto el maletero. Cuando te pregunté si estaba la maleta donde habías metido los documentos me dijiste literalmente: “Sí… vacía”. Y me aclaraste que algo en había robado las patentes pero había dejado los libros de física de Simón. Tu conclusión fue clara: “Nos han pinchado el teléfono”. Me dijiste que no habías hablado del asunto con nadie más que conmigo. Ambos sabemos quién es el responsable tanto de la sustracción como del pinchazo, pero desde luego que seguiremos conservando ese secreto.

Cuando iba por Madrid buscaba a Simón para ir a cenar y una noche le dije “vamos a llamar a Efrain”. No cogías el teléfono y le propuse que te cantáramos una zarzuela para dejártela en el buzón de voz. Pero a la segunda vez él ya no quiso. Su excusa fue que en el local había gente pero la realidad es que para ese entonces tenía el corazón tan débil que no tenía fuerza física para lanzar al aire una sola estrofa. De hecho, al salir a la calle se detuvo y se agarró a una farola porque no era capaz ni de caminar.

De vuelta en 2007, no recordarás lo que hiciste cuando en el inicio de la subida, a la vuelta de una curva, descubriste a un agricultor cuidando sus viñas. Para ti era un detalle insignificante pero yo no lo he olvidado. Se te ocurrió dejar el coche en el arcén y bajaste para sugerirle que le diera a probar algo de uva al peninsular que te acompañaba.

uva

El recuerdo de aquella subida a la caldera  motivó mi primer artículo en un blog. Su título fue ¿Pueden los coches ser como árboles? Eso era lo que se deducía del invento de Simón. Que los tubos de escape podrían emitir oxígeno porque él se las había ingeniado para disociar el oxígeno y el carbono del CO y el CO2.

Me sentía como un antiguo explorador en tierras sudamericanas  cada vez que el pequeño Binter me acercaba al casi aún más pequeño aeropuerto de La Palma, esa  mínima superficie llana rodeada de plataneras y cercada por desniveles impresionantes. Me recogías y me llevabas monte arriba por un bosque frondoso, húmedo y con girones   de niebla, y creo recordar que al atravesar un túnel y acceder a la parte occidental de la isla todo cambiaba. El bosque se hacía más ralo conforme descendíamos hasta El Paso. Se divisaba el sol lejano y allá íbamos.  Contigo aburrirse era imposible. No parabas de hablar de lo que fuera y siempre me parecía interesante.  Luego me dejabas en el hotel de Puerto Naos y en seguida nos poníamos como el kiko en el alegre Cocomar. Durante esos años La Bombilla se transformó en mi segunda casa.

Vi la forma en la que se ensañaron contigo. Vi cómo te amargaron la vida sólo por tu relevancia en la lucha por los vecinos de aquellas 400 viviendas condenadas a ir al suelo. Y ya sabes lo que pasó con nuestros recursos.  El proyecto de playa nueva era totalmente ilegal porque ponía la senda peatonal en la ribera del mar, contra La prohibición del artículo 44.5 de la ley de costas. Creo que te comenté en su momento lo que decía la increíble sentencia: Es cierto que la senda peatonal es un paseo. Es cuero que discurre por la ribera del mar.  Es cierto que los paseos están prohibidos en la ribera del mar. Pero si Costas dice que el paseo deLa Bombilla tiene que ir por la ribera del mar, irá por la ribera del mar.

También estás al corriente de que nos desestimaron el recurso contra él deslinde. Ese deslinde nada tenía que ver con la realidad geomorfología porque el mar ni en broma llega a la pared del acantilado, a unos doscientos metros de la orilla. Ellos lo justificaron diciendo que el acantilado  es el producto de un modelado costero originado en el final de la ultima glaciación, pero eso sucedió hace 11.000 años. No obstante, nuestras razones no fueron suficientes para convencer a la Audiencia Nacional.

Yo, la verdad, creía que eras indestructible, pero ya veo que no es así.Amigo Efrain, la vida de la que te has ido es una vida sin alma. El mundo al que has dicho adiós es un mundo sin honor. Las personas nobles y rectas como tú no tienen sitio en él.

Quiero decirte adiós en esta triste despedida recordando  el poema  de  Alfred.E.Housman que Isak Dinesen pronunció ante la tumba de Denis Finch Hatton:

ganaste la gran carrera

el pueblo entero salió a aclamarte.

Jóvenes y ancianos te vitoreaban

mientras a hombros te llevábamos.

Sabio aquél que sabe escapar pronto

allí donde la gloria no perdura.

Pues aunque pronto crece el laurel

mucho antes que la rosa se marchita.

Pero tú no seguirás el camino

de aquellos que malgastaron su gloria.

Corredores cuya fama se extendió

aunque su nombre perduró menos que ellos.

Ante esa joven  cabeza laureada

contemplarán tu cuerpo inerte

y descubrirán entre los rizos de tu pelo

una guirnalda aún sin marchitar.

 

José Ortega

ABOGADO

http://www.costasmaritimas.es

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