@abogadodelmar

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Calblanque’s beach

Many in Cartagena remember that in the early eighties a German society that had bought the land along with the extraordinarily beautiful, surprisingly virgin and pleasantly lonely beaches of Calblanque, attempted to build there a gigantic urbanization.

They will also remember that only with much effort and social protest became possible to stop the sinister initiative that would have ruined the environment, and additionally t the area was declared a regional park, which was supposed to guarantee its definitive protection.

I believe that this was a setback for the company, called Costa Paradiso SA, that which had been set up not long before, it seems that with the sole intention of mounting its disturbing urbanization. It was this fix idea that should have moved them to buy a good collection of rustic plots in the area. There may be those who enjoy investing in a piece of mountain just to tell lizards, but it is unlikely that this is the case of a group dedicated to the tourist business and owner of hotels around the world.

Costa Paradiso had no choice but to resign to managing misery, and their surprising reaction was to lease the old country houses that were included in the land and grouped in the nuclei of Las Cobaticas And La Jordana. It is not that renting properties should cause surprise. The point is that, although the contracts alluded to the rental of houses, their real object was the bundles of boulders and some master wall that formed the ruins of what in the past had been country houses. In fair correspondence, the agreed rent was strikingly modest. The brave ones who dared to sign these contracts needless to say that the next day were crawling with the cement, because it was they, the tenants, who built the houses. Then, at their expense, they brought to both villages the electricity.

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Teymour Sammy

One of the most important characters of this story is Teymour Sammy, a genetic cross of Iranian and German and striking example of counterculture, who used to ride on the back of his horse Sandino, sometimes half naked, sometimes covered only with a poncho and still others with a lion tamer jacket like the one worn by John Lennon. Sammy was the strong man of Costa Paradiso. It was he who signed the contracts on the rocks and over time became, even in his extravagance, a good friend of the tenants and a very beloved character that while lived was a dam of contention against any change in the status quo. In fact, he was a neighbor more because he lived in one of the houses.

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Sandino

One day, somebody came to his house and found the door closed. He called but Sammy did not answer. He crossed the facade peering through all the windows until through that of the bedroom he saw that on the bed was a bundle completely covered with green flies. It was Sammy’s dead body. The result of the autopsy was overwhelming: Death by overdose. Great and perhaps foreseeable conclusion considering the character of the dead, except for the small detail without importance that, in saying of who knew him well, Sammy did not take drugs.

A time passed. The neighbors paid the rent in the account of the society and continued with their life. But everything changed a few years ago, with the strange and to my seem inexplicable advent of…

 

…CENSURED!!!

 

 

 

 

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@abogadodelmar

Muchos en Cartagena recordarán que a principios de los ochenta una sociedad alemana que había comprado los terrenos junto a las extraordinariamente hermosas, sorprendentemente virginales y agradablemente solitarias playas de Calblanque, intentó construir en ellos una gigantesca urbanización. Recordarán también que no sólo con mucho esfuerzo y protesta social se consiguió no sólo frenar esa siniestra iniciativa que habría arruinado el entorno, sino que la zona fue declarada parque regional, lo que se supone que garantizaba su definitiva protección.Supongo que esto fue un revés para la sociedad en cuestión, a la sazón llamada Costa Paradiso SA y que se había constituido no mucho tiempo antes, parece que con la única intención de montar su perturbadora urbanización. Fue esa idea fija la que que debió moverlos a comprar una buena colección de parcelas rústicas en la zona. Puede que haya quien disfrute invirtiendo en un buen trozo de monte sólo para contar lagartijas, pero es improbable que éste sea el caso de un grupo dedicado al negocio turístico y propietario de hoteles en todo el mundo.

Con la zona blindada frente al ladrillo, a los interesados no le quedó más remedio que resignarse a administrar la miseria, y su sorprendente reacción fue dar en arrendamiento las antiquísimas casas de campo que estaban incluidas en los terrenos y agrupadas en los núcleos de Las Cobaticas y La Jordana. No es que arrendar inmuebles deba causar sorpresa. La cuestión es que, aunque los contratos aludían al alquiler de viviendas, su objeto real eran los ramilletes de pedruscos y alguna pared maestra que conformaban las ruinas de lo que en el pasado habían sido festivamente casas de campo. En justa correspondencia, la renta pactada era llamativamente modesta. Los valientes que se atrevieron a firmar esos contratos ni que decir tiene que al día siguiente estaban arremangándose y trajinando con el cemento, porque fueron ellos, los arrendatarios, quienes construyeron las viviendas. A continuación, y a su costa, trajeron a ambos poblados el suministro eléctrico.

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Teymour Sammy

En esta historia resulta clave el personaje más pintoresco que se pueda imaginar. Se trata de un tipo llamado Teymour Sammy, cruce genético de iraní y alemana y llamativo ejemplar de contracultura, que se paseaba a por la zona a lomos de su caballo Sandino, a veces medio desnudo, otras cubierto sólo con un poncho y otras aún con una casaca de domador de leones como la que solía llevar John Lennon. Sammy era el hombre fuerte de Costa Paradiso. Fue él quien firmó los contratos sobre los pedruscos y con el tiempo se convirtió, incluso en su extravagancia, un buen amigo de los arrendatarios y un personaje muy querido que mientras vivió fue un dique de contención frente a cualquier cambio en el status quo. De hecho, era un vecino más porque se había reservado una de las casas.

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Sandino

Un día, después de Sammy llevase algún tiempo sin dar señales dIda, alguien fue a su casa para interesarse por él y encontró la puerta cerrada. Llamó pero Sammy no respondía. Extrañado, recorrió la fachada atisbando por todas las ventanas hasta que a través de la de su dormitorio vio que sobre la cama había un bulto completamente cubierto de moscas verdes. Era el cuerpo muerto de Sammy. El resultado de la autopsia fue contundente: Muerte por sobredosis. Estupenda y quizá previsible conclusión teniendo en cuenta el carácter del muerto, salvo por el pequeño detalle sin importancia de que, al decir de quién lo conocía bien, Sammy no probaba las drogas.

Transcurrió un tiempo en el que el estupor convivió con la paz. Los vecinos ingresaban la renta en la cuenta de la sociedad y continuaban con su vida. Pero todo cambió hace unos años….

EL RESTO DE ESTE ARTÍCULO HA SIDO CENSURADO