CONSIDERACIONES SOBRE EL BÚNKER DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE COSTAS Y LOS HOMBRES DE NEGRO QUE LO SIRVEN

noviembre 29, 2012

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@abogadodelmar

Ha cambiado el gobierno, sí. Y el Director General de Costas, cierto. Y además la ley está  en proceso de reforma, todo el mundo lo sabe. Pero el búnker sigue siendo inexpugnable y en su interior unos funcionarios bien adiestrados para despreciar al ciudadano continúan despreciando al ciudadano con toda la eficacia de una maquinaria bien engrasada y de un ejército  bien pertrechado y alimentado.

Percibo aquí una dosis  de drama: El Director General sólo tiene dos ojos, dos manos y veinticuatro horas cada día, con obligación de dedicar algunas al sueño y otras cosas. No puede revisar cada papel ni saber qué es lo que firma cuando hombres o mujeres supuestamente de confianza le ponen a firmar lo que le ponen. Y los que redactan los escritos que yo sepa no han cambiado. Lo digo por su inconfundible  estilo, que siempre me ha parecido una perla cultivada de cinismo. Por ejemplo, tu alegas que en el expediente se ha producido indefensión y ellos lo niegan “si tenemos en cuenta que la jurisprudencia ha ido progresivamente reduciendo los casos en los que…” . Y a continuación te sueltan una retahíla intragable de sentencias en las que efectivamente se desestima la nulidad por indefensión. Lo que nunca hacen estas resoluciones es estudiar o valorar el caso concreto, es decir, analizar por qué la situación precisa, individualizada e irrepetible de indefensión que tú denuncias no es tal indefensión, incluso a la luz de la jurisprudencia que tan cansinamente invocan una y otra vez. Podrían mandar a los guardias de seguridad a que te pegasen y torturasen para impedir que  puedas examinar el expediente, y tú podrías alegar eso como causa  de indefensión: Los hombres de negro te seguirían respondiendo al recurso de alzada con la misma cómoda minuta que sacan de la nevera.

Esta perla cultivada ha pasado, quizá por ósmosis, a la Secretaría General Técnica. Una dudosa orden de transferencias manda que todos los recursos de la casa sean resueltos por ese órgano, así que ahora se resuelven allí los que debía resolver el Ministro o la Dirección General, entre otros. Con adorable pero sospechosa exactitud, lo que pretendidamente escribe el amanuense de la Secretaría General Técnica es idéntico a lo que escribía el de la Dirección General, lo que me lleva a sospechar que el amanuense es el mismo, es decir, que es el  hombre de negro escondido en el búnker de la Dirección General de Costas el que escribe lo que antes pasaba a la firma del Director General y ahora pasa a la del otro señor o señora de la Secretaría General Técnica. A ellos les da igual lo que alegues en tu defensa, siempre te responderán que no. Si tienen razones, las usaran contra ti. En caso contrarío, las inventaran o se sacaran de la chistera una de esas perlas cultivadas que tanto les gustan.

En la mesa redonda de la Jornada de estudio sobre la Ley de Costas organizada por la Plataforma en abril de 2011 proclamé que no era suficiente con cambiar la ley, siendo también necesario cambiar a los funcionarios. Nadie estuvo de acuerdo. Mis ilustres compañeros de mesa objetaron que a los funcionarios había que dejarlos en paz porque se imitaban a hacer su trabajo.

Es cierto. La inmensa mayoría de funcionarios de costas a los que conozco son excelentes personas, buenos profesionales y probos ciudadanos.  Algunos son también sinceros amigos y sé de buena tinta que muchos han suspirado de alivio  con motivo del reciente cese de determinados jefes y jefas de costas. Desde luego entre ellos se cuentan bastantes habituales lectores de este blog. Pero esto no incluye a la legión de amanuenses que en la penumbra del búnker se dedican a reventar la vida de los ciudadanos sólo porque alguien particularmente feroz, particularmente maniático y particularmente iluminado decidió en su día darles ese adiestramiento para que constituyeran la guardia de corps de la ortodoxia

Perdonad, pero yo tenía razón en aquella mesa redonda y tengo razón ahora, y os voy a poner un ejemplo.

Pues veréis: Llevaba yo el caso de una recuperación posesoria y cuando me puse a investigar descubrí que no procedía ni la recuperación posesoria ni el derribo, sino la gloriosa concesión e la disposición transitoria primera, apartado primero de al ley de costas. Escribí una defensa sesuda y fundada aportando un documento probatorio irrefutable y me dijeron que no. Remití al búnker un recurso de alzada y los hombres de negro me volvieron a decir que no. Presenté una solicitud de concesión administrativa de la ya mencionada disposición transitoria y fue a parar al búnker ¿Acertáis a averiguar qué me contestaron? Cierto… Que no. Me vi obligado a meter al cliente en un procedimiento judicial para impedir que le tiraran la casa.

Entonces mantuve una conversación telefónica con la alta autoridad que había firmado la denegación de la concesión, un maestro de escuela llamado Pedro Antonio Ríos a la sazón Director General de la casa, y le trasladé mi impresión de que lo que acababan de hacer los suyos era indecente, que no lo podía comprender y que estaba desesperado con sus funcionarios. Le pedí que estudiara la cuestión porque pensaba formular recurso de reposición. Cada uno cumplió con lo que le incumbía: Yo escribí mi recurso y él rescató del búnker los antecedentes, los estudió y consultó la cuestión. A continuación el recurso fue estimado y mi cliente recibió la concesión a la que siempre había tenido derecho.

No sé si percibís el alcance de este desafortunado incidente: ¿cuántos derechos de los ciudadanos habrán sido pisoteados porque el interesado no pudo llegar al Director General y alertarlo de que lo que le estaban poniendo a la firma era basura? Mi caso es una excepción, no la regla. Yo hablaba con Ríos porque él me respetaba y se dejaba. No me había pasado eso antes ni me ha pasado después con ningún otro Director General, pero yo aspiro a una España en la que no sea precisa esa llamada telefónica ni nada parecido, donde la Administración cumpla con su  obligación constitucional de objetividad 8artículo 103) y donde para el ciudadano tener razón sea suficiente.

¿Podéis entender que los hombres de negro se pusieran a escribir de manera sorda y ciega para decirme que no a todo, absolutamente a todo, sabiendo que yo tenia razón como al final se demostró? ¿Quién depura las responsabilidades? ¿Quien paga por este abuso de poder y este uso chulesco de una autoridad que el pueblo le ha otorgado para administrar, no para maltratar? Pero mucho más importante que esto es la turbadora cuestión de cuántos ciudadanos habrán sufrido y estarán sufriendo injustamente sólo porque los hombres de negro no razonan, ni convencen, ni piensan, ni explican, ni son justos. Me da asco pertenecer a un país en el que para que tu  Gobierno te reconozca  un derecho tienes que conocer a alguien.

Entiendo las buenas intenciones del PP, del Director General o e su equipo de colaboradores inmediatos, pero mientras mantengan en activo a esos amables chicos y chicas que tras los espesos muros del búnker se dedican a sembrar la desgracia de sus  semejantes, la política de costas seguirá siendo un crimen.

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José Ortega

Abogado   abogadodelmar@gmail.com

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2 comentarios to “CONSIDERACIONES SOBRE EL BÚNKER DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE COSTAS Y LOS HOMBRES DE NEGRO QUE LO SIRVEN”

  1. […] FUENTE Costas Maritimas VERSION COMPLETA El Resumen Ha cambiado el gobierno, sí. Y el Director General de Costas, cierto. Y además la ley está en proceso de reforma, todo el mundo lo sabe. Pero el búnker sigue siendo inexpugnable y en su interior unos funcionarios bien adiestrados para despreciar al ciudadano continúan despreciando al ciudadano con toda la eficacia de una maquinaria bien engrasada y de un ejército bien pertrechado y alimentado. En la mesa redonda de la Jornada de estudio sobre la Ley de Costas organizada por la Plataforma en abril de 2011 proclamé que no era suficiente con cambiar la ley, siendo también necesario cambiar a los funcionarios. Nadie estuvo de acuerdo. Mis ilustres compañeros de mesa objetaron que a los funcionarios había que dejarlos en paz porque se imitaban a hacer su trabajo. Perdonad, pero yo tenía razón en aquella mesa redonda y tengo razón ahora, y os voy a poner un ejemplo. Pues veréis: Llevaba yo el caso de una recuperación posesoria y cuando me puse a investigar descubrí que no procedía ni la recuperación posesoria ni el derribo, sino la gloriosa concesión e la disposición transitoria primera, apartado primero de al ley de costas. Escribí una defensa sesuda y fundada aportando un documento probatorio irrefutable y me dijeron que no. Remití al búnker un recurso de alzada y los hombres de negro me volvieron a decir que no. Presenté una solicitud de concesión administrativa de la ya mencionada disposición transitoria y fue a parar al búnker ¿Acertáis a averiguar qué me contestaron? Cierto… Que no. Me vi obligado a meter al cliente en un procedimiento judicial para impedir que le tiraran la casa. Yo escribí mi recurso y él rescató del búnker los antecedentes, los estudió y consultó la cuestión. A continuación el recurso fue estimado y mi cliente recibió la concesión a la que siempre había tenido derecho. Entiendo las buenas intenciones del PP, del Director General o e su equipo de colaboradores inmediatos, pero mientras mantengan en activo a esos amables chicos y chicas que tras los espesos muros del búnker se dedican a sembrar la desgracia de sus semejantes, la política de costas seguirá siendo un crimen. JOSE ORTEGA […]

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