PROPUESTAS PARA UNA DEFENSA DEL SECTOR PESQUERO ARTESANAL

septiembre 21, 2012

El presente trabajo es una reflexión personal sobre los problemas económicos y profesionales que afronta el sector pesquero artesanal, entendiendo por tal el que ejerce la navegación de bajura y cuyos barcos se alejan poco de la costa y regresan a puerto a diario. Este sector comparte problemas con el de pesca de altura y gran altura, pero en determinados campos su problemática es distinta, cuando no puede afirmarse que ambos sectores, el artesanal y el que podríamos llamar industrial, presentan intereses que tienden a contraponerse.

De conformidad con lo anterior, algunos de los puntos de vista e ideas expuestas en el presente estudio son de aprovechamiento común para ambos subsectores, mientras que otros han de servir únicamente al subsector artesanal, e incluso pueden señalar puntos de conflicto latente con el subsector industrial.

Los puntos de vista y conclusiones de este estudio son personales, sin que deban por tanto comprometer a las organizaciones pesqueras  con las que mantengo relaciones profesionales.

INTRODUCCIÓN

La pesca es, desde el conjunto de la economía, y también desde una perspectiva histórica global, el último testimonio de la economía de caza y recolección que caracterizó al paleolítico, y en parte al mesolítico, y que concluyó con la puesta en marcha, a partir del octavo milenio a JC,  de unos sistemas productivos nuevos, basados en la agricultura y la ganadería.

Este resto de la antigua economía de caza y recolección se ha mantenido vivo y pujante debido, por un lado, a la abundancia de unos recursos que parecían inagotables, y de otro a la total ignorancia de los procedimientos técnicos ordenados a conseguir la reproducción de los peces en granjas.

Ambas circunstancias han cambiado. La supresión del presupuesto de la abundancia inagotable de los recursos del mar, y la consiguiente amenaza de un futuro incierto, han sido capaces de propiciar los estudios pertinentes para descifrar el secreto de la reproducción de cantidades masivas de peces en cautividad, y este panorama, entre otros, amenaza con suplantar a medio plazo una parte importante del peso económico de la pesca extractiva.

En los últimos años, al compás de  las normas crecientemente restrictivas de su actividad, el sector pesquero viene desplegando una esforzada labor de autodefensa, y al mismo tiempo perviviendo dentro de una atmósfera general de ansiedad. Desde el sector no se percibe sino hostilidad en toda nueva regulación que proviene de las instituciones públicas, especialmente de la Unión Europea, lo que está en sintonía con el progresivo endurecimiento de tal regulación.

No es exagerado afirmar que las condiciones para el ejercicio de la pesca se han endurecido considerablemente al hilo, por un lado, de la aparición del dogma de la limitación del esfuerzo pesquero –base de restricciones normativas en materia de pesca-, y por otro de la aparición de nuevas y exigentes normas en materia de seguridad marítima y titulaciones -base de restricciones normativas en materia de marina civil.

La mayoría de las normas dictadas como consecuencia del principio de limitación del esfuerzo pesquero, parten o son inspiradas por la Unión Europea, y han venido a limitar y someter a condiciones y trabas el ejercicio de la pesca, bloqueando el tonelaje de la flota, ajustando tallas y mallaje, y limitando en muchas otras formas el desarrollo de la actividad en el sector. La última reforma de las medidas técnicas de la pesca, con sus nuevas exigencias en relación al grosor del hilo de los artes, sitúan al sector en una posición muy comprometida.

El sector pesquero, a través de sus organizaciones profesionales, ha venido interviniendo en este proceso en defensa de sus intereses, y hasta donde le ha sido posible, asumiendo un notable desgaste con pocas recompensas. No obstante, percibo rasgos de actitudes mecánica en los modos y procedimientos de la defensa colectiva, que suelen estar centrados en entrevistas con las Autoridades de turno. En estas entrevistas no solamente no se consigue nada o casi nada, sino que la incidencia de la normativa de la UE es proporcional a la capacidad de escape de los interlocutores del sector en la Administración, quienes se limitan a afirmar que la situación no es culpa suya, sino de Bruselas.

Por otro lado, la empresa pesquera ha venido haciéndose progresivamente menos rentable, no tanto a causa de una crisis de capturas  como de unas condiciones de mercado desfavorables debido a la entrada masiva de pescado “de fuera”, es decir, capturado en otros países, tanto fresco como congelado. Estas importaciones sitúan en el mercado una enorme cantidad de producto que, por un efecto natural, causa una bajada de precios y una correlativa indiferencia de los compradores en las lonjas, y obliga a nuestros pescadores a conformarse con unos precios de venta que no suben con el tiempo y en consecuencia se quedan comparativamente pobres.

Los pescadores artesanales habrán de aceptar y adaptarse a esta nueva situación, que no es más que la plasmación en nuestro sector de la globalización de la economía.

 

LOS NUEVOS MODELOS DE EMPRESA

Desde mi punto de vista, asistimos a un proceso paulatino, pero nítido, de transformación del sistema económico. Este proceso, que afecta a todos los sectores productivos, consiste en una concentración de capital cada vez mayor, es decir, en la presencia dominante de cada vez menos empresas, pero de mucho mayor tamaño, lo que hemos podido percibir en los últimos años, por ejemplo, en la espectacular carrera de fusiones bancarias, o en la aparición de potentes cadenas de distribución alimentaria en grandes superficies, que controlan una cuota muy importante del mercado.

Se trata, al parecer, de una evolución natural del capitalismo. El modo de producción de tipo capitalista nació durante el siglo XVII en Inglaterra, con base en la industria textil y al amparo de fenómenos que se habían estado gestando en los siglos anteriores, como el florecimiento de las ciudades como ámbito de libertad individual y la acumulación de capital. El nacimiento del capitalismo se corresponde en el tiempo, con cierta aproximación, con el movimiento ilustrado. La filosofía de la ilustración se esforzó en comprender e idear el deber ser del hombre, el Estado y la sociedad, y sus principios inspiran aún nuestra moderna sociedad democrática del siglo XXI.

Para Rousseau, uno de los principales filósofos ilustrados, el ideal ciudadano era el agricultor independiente y  autosuficiente, dueño de la tierra que cultiva. Se trata del ciudadano productivo libre y perfectamente integrado en los procesos económicos. Salta a la vista que se trata de un modelo mucho más humanista que economicista, en el que la sintonía con los procesos productivos no es más que una consecuencia de un ideal de dignidad humana. Pues bien, los pescadores artesanales de bajura encarnan hoy día mejor que ningún otro aquel ideal de dignidad humana, en un momento histórico en el que la realidad tiende a alejarse de aquellos presupuestos filosóficos, y en el que parece atisbar una sociedad con un perfil distinto.

Este perfil distinto, como he adelantado,  obedece a un patrón nítidamente establecido, el de la pérdida de importancia económica de las pequeñas empresas individuales, cuyos titulares son la encarnación del ideal ilustrado, a costa del desarrollo de grandes compañías con enormes recursos económicos y una fuerte capacidad de influir no sólo en el mercado, sino incluso en la propia Administración.  No es seguro que esta nueva fórmula de macroempresas sustituya en su totalidad a las pequeños establecimientos familiares, pero sí resulta claro que actualmente ésta es la tendencia de la economía de mercado.

La pesca artesanal se encuentra en las antípodas del esquema de la gran compañía de capital. Los pescadores son artesanos. Prácticamente carecen de jefes y, aunque parte de su labor sea repetitiva, no están incluidos en cadenas de montaje. Los barcos dedicados a artes menores suelen ser explotados por  empresas familiares, pero incluso en los barcos mayores, como los de arrastre y cerco, los peculiares contratos de trabajo a la parte otorgan a la relación laboral una atmósfera de participación y colaboración que no está presente en ninguna otra actividad. Los pescadores dedicados a esta actividad son artesanos que trabajan con sus manos, empleando a veces instrumentos tan primitivos como los cadufos de barro, y están motivados por una empresa común. El trabajo del pescador se desarrolla en un ambiente completamente distinto del ambiente despersonalizado de las grandes empresas, donde cada trabajador es poco más que un tornillo en la maquinaria.

 

CONTENIDOS IDEOLÓGICOS

Considero que el sector pesquero, y en concreto el sector pesquero artesanal, debería abandonar su posición tradicional a la defensiva, y dotarse de una coraza ideológica para la defensa de sus intereses y de su mundo. Como base para esa coraza ideológica puede servir lo que acabo de exponer: El modelo económico y social está derivando hacia una enorme concentración de poder en manos de empresas con inmensos recursos, y alejándose (si se quiere, sutilmente) de los principios humanistas que dieron origen a nuestra sociedad. El sector pesquero artesanal debe reconocerse y valorarse a sí mismo como una encarnación del ideal ilustrado del ciudadano libre e independiente y como un modelo apropiado para vivir y producir en sociedad, cooperando con el conjunto del sistema económico desde su independencia, su libertad y –por qué no- su dignidad.  Esa debería ser una de las vías para evitar que, entre otras cosas, los artesanos independientes de hoy deban entregar mañana su libertad a grandes empresas pesqueras o alimentarias que vengan a suplantarlos en los caladeros.

En resumen: Considero que los pescadores artesanales no deberían limitarse a defender sus intereses económicos. Su forma de vida es, digamos, un valor en sí mismo con una enorme significación cultural y moral, y debería ser objeto de defensa y promoción por sí misma. Los pescadores artesanales deberían mostrarse ante al sociedad como un sector que se resiste a dejarse llevar pasivamente por la estela del gigantismo empresarial, y que está preparado para permanecer, considerando que, al defenderse, está defendiendo no sólo intereses, sino también valores.

El segundo de los pilares que propongo como defensa del sector pesquero artesanal gira en torno a la discusión del término agotamiento de los caladeros, y de  la carga que lleva implícita. Sostengo que el término agotamiento de los caladeros no es neutral, resulta sutilmente peyorativo y conduce a la hostilidad contra el sector pesquero y a la culpabilización del mismo.

El término agotamiento de los caladeros lleva de una manera puramente mecánica a pensar en la pesca (o la sobrepesca) como su causa, porque agotamiento sugiere el efecto de una acción repetida, y un caladero es un sitio a donde uno va a pescar. Por eso, utilizar ese término lleva implícita la existencia de una culpa, y la directa adjudicación de la misma a los pescadores (son ellos quienes explotan los caladeros), y es expresión, por tanto, de un juicio previo. Si en lugar de agotamiento de los caladeros hablásemos de reducción de los recursos, o de pérdida de la biomasa marina, quedaríamos liberados de la adjudicación previa de la culpa y estaríamos en condiciones de acercarnos con la necesaria objetividad al problema del mantenimiento de los recursos vivos del mar. De todos modos, desde que se elaboró la primera versión de este documento, en 2003, hasta la actualidad, se ha venido imponiendo en la literatura de Bruselas el término sobrepesca como el origen de todas las calamidades del mar. No es necesaria glosa alguna sobre la carga acusatoria que lleva consigo el término hacia el sector pesquero.

De conformidad con los dogmas del agotamiento de los caladeros y de la sobrepesca, toda nueva regulación restrictiva de la actividad pesquera va dirigida a la contención del esfuerzo pesquero y viene ordenada a bloquear, limitar y encorsetar la actividad pesquera como el medio idóneo (al parecer, el único medio idóneo) para mantener a raya la pérdida de biomasa marina. La propuesta de reglamento del Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea de medidas de gestión para la explotación sostenible de los recursos pesqueros en el mar Mediterráneo, de 9 de octubre de 2003, comienza su exposición de motivos afirmando “La comunidad científica ha denunciado en varias ocasiones el lamentable estado de varias poblaciones de peces mediterráneas y la inadecuación del modelo actual de explotación para asegurar la durabilidad de las pesquerías”. En consecuencia, se proponen nuevas medidas restrictivas del esfuerzo pesquero, entre las que se cuentan la ampliación de la malla de arrastre de 40 a 60 mm., la posibilidad de cierre de determinados espacios a la pesca, etc.  Desde entonces no ha variado, sino todo lo contrario, la tendencia de Bruselas a apoyarse en informes científicos cuyo contenido el sector pesquero desconoce.

Por una parte, el presupuesto de que exista pérdida de biomasa marina, o agotamiento de los caladeros, no parece una verdad indiscutible ni mucho menos extensible a todo el Mediterráneo. Si ha habido sobrepesca en el Adriático, y en el estrecho de Sicilia, como afirma la exposición de motivos de la mencionada propuesta de reglamento, parece apropiado introducir medidas correctoras en el Adriático y el estrecho de Sicilia, pero no en la totalidad del mar Mediterráneo, especialmente en cosas como la de España, donde:

a) La contención del esfuerzo pesquero parece haberse respetado o más bien superado, si reparamos en el desguace masivo de flota.

b) Se siguen con éxito planes de paralización voluntaria de la pesca al arrastre y al cerco.

c) No se ha detectado –según informes de los interesados- disminución de capturas.

Pero por otra parte, el presupuesto del agotamiento de los caladeros podría ser una falacia, como creo que lo es el de la sobrepesca, que continúa siendo un dogma intangible a pesar de la gran cantidad de tonelaje perdida en desguaces voluntarios. Una vez que nos hemos desembarazado de las trampas semánticas, debemos dirigirnos a impugnar la estrategia ideológica en que se basa, esto es, que el culpabilizar a la pesca de la pérdida de biomasa marina puede ser desde un simple desacierto hasta una cortina de humo para ocultar otros factores con tanta o mayor incidencia.

Parece comprobado que la superespecialización científica de nuestros días conduce a ineficacia, pudiendo afirmarse que en muchos campos del conocimiento científico se ha perdido la necesaria visión de conjunto, lo que acarrea como consecuencia el no saber. En la actualidad presenciamos, por ejemplo, un florecimiento de la llamada medicina holística, que, contemplando el cuerpo humano como un conjunto, en muchos casos es la única capaz de devolverle la salud, frente a los fracasos de los especialistas que apenas saben de lo que escapa a su especialidad. De la misma manera, el mar –en este caso el mar Mediterráneo- es un órgano vivo, y resulta ridículo atribuir sus males a una única causa. Si existe pérdida de biomasa marina es razonable admitir, aunque sea sólo a efectos dialécticos, que la pesca pueda ser una de las causas. Pero no es admisible sostener que sea la única.

Necesariamente, como en todo organismo vivo, las causas de una disfunción en el equilibrio de la vida marina son diversas y concurrentes.  Pudiendo ser una de ellas la pesca, no debemos olvidar, subestimar ni considerar con frivolidad la contaminación del mar. La contaminación marina es un problema crónico y muy grave que sin duda debe jugar un papel de importancia en la pérdida de biomasa marina, o, como se prefiere decir en la regulación, el agotamiento de los caladeros.

En España, el problema de la contaminación del mar se prolonga bien tierra adentro, y hunde sus raíces en la ausencia de planificación, en la mala calidad de los controles y en la corrupción administrativa. Menudean los casos de pueblos del interior donde se permite, o se permitió en su día, la instalación de industrias en suelo no urbanizable que, por tanto, carecen de estructuras para la evacuación de aguas residuales. Estas empresas vierten residuos tóxicos y peligrosos a acequias y barrancos que acaban afluyendo al mar.

En cierta ocasión tuve ocasión de mantener una reunión de trabajo con inspectores de la Administración de sanidad, quienes se refirieron al caso de un pastor que hizo cruzar su rebaño de ovejas por una de las muchas acequias que cruzan la huerta de Valencia con dirección al mar. El resultado fue que la totalidad de los animales perdieron la lana por lo que podríamos llamar la línea de flotación. Sin duda, alguien había arrojado a la acequia residuos industriales corrosivos.

Este caso es bien expresivo de una situación cotidiana pero perfectamente oculta a la opinión pública, y con efectos acumulativos. Desde aquella reunión es incalculable el número de toneladas cúbicas de aquel residuo corrosivo que la acequia habrá volcado al mar.

No expongo este caso como simple anécdota, sino a fin de mostrar que las raíces del problema de la contaminación marina son profundas. No se trata de molestias originadas por una industria que no depura, o por una urbanización ilegal a orilla del mar. Se trata de un problema incrustrado en el corazón mismo de la sociedad, un subproducto indeseable del desarrollo, al que por lo visto nadie quiere mirar, o mirar en serio.

Sabemos que se está haciendo un esfuerzo por remediar la situación con instalación de redes de saneamiento de aguas residuales. Pero es mucho lo que hay que hacer.  En todo caso, las estaciones depuradoras de aguas residuales necesitan un cuidadoso mantenimiento, y muchas funcionan mal o no dan abasto. Por otro lado, en los últimos años ha proliferado la instalación de emisarios submarinos, una forma sumamente equívoca de deshacerse de las aguas residuales, pues muchos no están conectados a una depuradora, es decir, que lanzan a dos kilómetros las aguas sin depurar. Como podemos comprobar, esta conducta es como la de taparse los ojos para no ver la suciedad: El objetivo de los emisarios es llevar lejos las aguas residuales, donde no perturben las aguas de baño, ni asusten a los turistas, pero no limpiarlas ni depurarlas. Nadie parece reparar en que los emisarios afluyen en zona de cría o habitat de peces, vertiendo sobre ellas toneladas de residuos tóxicos y peligrosos con el visto bueno de la Administración, los ciudadanos, la prensa y, sorprendentemente, hasta de los propios pescadores.

Según insistentes informes procedentes del propio sector pesquero, en las zonas cercanas de la costa, los innumerables afluentes incontrolados depositan en el fondo marino una película espesa de baba sucia, contaminada y estéril, que primero cubre, más tarde ahoga y finalmente mata la posidonia oceánica. Esta alga, como es sabido, es uno de los fundamentos de la cadena alimenticia, hasta el punto de que la reglamentación de la UE tiene prohibida la pesca de arrastre sobre las praderas de posidonia y otras fanerógamas marinas. Habría sido muy interesante, y puede aún serlo, que la UE desplegara también todos los esfuerzos para evitar la muerte de la posidonia debida a  los residuos contaminantes sólidos y semisólidos que, según los informes a los que me refiero, prácticamente la sepultan. De hecho, los pescadores repiten que al pescar al arrastre sobre esas zonas les devuelven en cierta medida la salud, pues la red de arrastre actúa como un arado que remueve los depósitos de suciedad, permitiendo que el oxígeno y los nutrientes lleguen a las algas.

Veamos otro ejemplo. En el norte de la provincia de Valencia, frente a los términos municipales de El Puig, Massamagel, Puebla de Farnals y Meliana, el marisqueo está prohibido desde hace al menos quince años. El motivo no es la sobrepesca, sino la contaminación marina, y en concreto una presencia excesiva de coliformes.  Correlativamente, ciertas playas de esa zona están o han estado declaradas no aptas para el baño, lo que no impide que los Ayuntamientos las promocionen como espacios de ocio y se llenen a rebosar. La contaminación de esta zona no es coyuntural, sino crónica, y no se alivia con el tiempo. Pero, como podemos comprobar, sobre ella se hace un silencio fomentado por la Administración y es de suponer que apluaudido por los comerciantes del sector hostelero (La propia Generalitat Valenciana posee un hotel en la playa de El Puig). Ciertas playas se declaran oficialmente no aptas para el baño, pero esta declaración no se hace llegar a los usuarios.  Paradójicamente, los turistas alemanes están bastante mejor informados que los vecinos de estas localidades. Mientras que en Alemania constaba en su momento, públicamente, que determinadas playas de El Puig estaban contaminadas y no eran aptas para el baño, en la propia zona se silenciaba este hecho y aún se promocionaban esas playas como espacios de esparcimiento público.

¿Qué enseñanza extraemos de estos hechos? Si la Administración pública (sea local, autonómica o estatal) permite la instalación de industrias sin estructuras sanitarias, construye emisarios submarinos que vierten residuos tóxicos y peligrosos en zonas de cría de peces o en caladeros y silencia la existencia de contaminación en zonas de baño, promocionando el turismo en playas declaradas no aptas para el baño, entonces debemos preguntarnos si  podemos confiar en la Administración pública –al menos a estos efectos. La Administración pública, preocupada por el mantenimiento de la maquinaria productiva, aparece, al menos en algunas de sus actitudes, como un cómplice de la contaminación del mar. Y es justamente la Administración pública la que imputa a los pescadores la única culpa de los desequilibrios biológicos en el medio marino, silenciando otras causas y culpas, entre ellas las derivadas de la contaminación. O al menos eso es lo que se desprende de la regulación del sector.

Una de los parámetros que se estudian en orden a determinar la calidad de las aguas es su transparencia. A este fin, existe un ingenio llamado disco de Secchi, que se introduce en el mar y proporciona datos de su transparencia en función de su visibilidad a una profundidad dada. Pues bien, existe un hecho muy simple y muy elemental que tenemos delante y pasa por lo visto desapercibido, y es que la turbidez del agua dificulta la progresión de los rayos de sol, por lo que cuanto más turbia es el agua, menos profundidad alcanza la luz y por lo tanto se restringe la profundidad a la que pueden vivir las fanerógamas marinas. Como hemos señalado, a menos fanerógamas marinas, menos peces.

Así pues, parece que estamos asistiendo a un doble fenómeno:

-A bajas profundidades, se destruye la fanerógama marina por efecto de los residuos sólidos que se depositan en el lecho marino en forma de lodo estéril, ahogando el tallo o directamente sepultando las algas.

-A profundidades mayores, los rayos de sol ya no llegan debido a la turbidez del agua, lo que impide que las fanerógamas marinas realicen la función clorifílica y por tanto que puedan desarrollarse.

De aquí que la contaminación del mar ha reducido la posidonia y por tanto las demás fanerógamas marinas a una estrecha franja, por el momento demasiado profunda para no verse inundada por los lodos de aguas someras y por otro lo suficiente superficial para captar la luz del sol.

Como vemos, todo lo que ha sido capaz de hacer por el problema la UE ha sido prohibir la pesca de arrastre en zonas donde exista posidonia oceánica. Con esto prácticamente está imputando a las víctimas el carácter de verdugos, además de no hacer nada por solucionar el problema.

Entendamos bien la razón de este modo de proceder: La pesca es una actividad que se puede limitar, y que se puede incluso asfixiar hasta transformar en inviable,  pero la contaminación no.  La actividad pesquera tiene muy identificados a sus actores, pero la contaminación no. La actividad pesquera permite señalar y culpar a un colectivo determinado, pero la contaminación no.

La pesca artesanal formó parte esencial del sistema económico, y sin embargo desde hace unos años –con las matizaciones que se dirán- ya no lo es, pues los avances en las comunicaciones y el libre comercio permiten seguramente un abastecimiento suficiente desde la pesca industrial y la acuicultura. Si la flota artesanal amarrase no se produciría desabastecimiento. Luego –en términos macroeconómicos- la flota artesanal es prescindible.

La contaminación, en cambio, forma parte del sistema y resulta en la práctica inseparable de él. Ultimamente ha aparecido otro término nuevo: el desarrollo sostenible, e incluso en alguna Administración aparece una Dirección General de Desarrollo Sostenible. Pero el desarrollo sostenible parece una pura ilusión. No existe tal cosa. Desde que el hombre está en la tierra no ha hecho otra cosa más que agotar los recursos para obtener energía. Vivimos en un mundo lujoso donde consumimos mucha más energía y muchos más recursos de los que necesitamos. El sistema económico, tal como está organizado, necesita seguir produciendo cada vez más, y también, como efecto colateral, contaminando cada vez más.

En resumen: Aunque en términos técnicos y teóricos la contaminación marina tiene solución, en términos puramente económicos no es así. La contaminación es un efecto estructural, no coyuntural, incrustado en la maquinaria económica, un efecto secundario del sistema productivo del que no se puede prescindir.

Como consecuencia de lo anterior, en realidad ninguna Administración puede ponerse a la tarea de contener en serio la contaminación, porque las medidas duras perjudicarían el sagrado e intocable proceso productivo. En consecuencia, se limitan a generar burocracia, creando departamentos y subdepartamentos, y se orientan a meter en cintura al sector pesquero, al que sí se puede culpabilizar, coartar e incluso hacer desaparecer.

En resumen: La alteración de los recursos pesqueros puede tener al menos dos concausas o cofactores: a) Pesca o sobrepesca (lo que hoy resulta dudoso) y b) contaminación. Si hablamos del Mediterráneo, la pesca artesanal es prescindible y por tanto atacable. La contaminación en realidad no lo es. Por tanto (y aunque existan medidas de control en ambos campos), se tiende a culpabilizar sólo a la pesca y por eso los reglamentos europeos insisten en la sobrepesca como única causa del pretendido agotamiento de los caladeros. Con esto están, a mi juicio, generando una pantalla de humo que les permite mantener de forma acrítica unos modos de producción contaminantes que están transformando el mar en una cloaca estéril, y están dispuestos a llevar la estrategia hasta sus últimas consecuencias, incluyendo la desaparición del sector pesquero artesanal.

Por eso considero que la defensa colectiva exige remontarse por encima del mero articulado de las normas, para combatir los presupuestos jurídicos que le sirven de base, principalmente el de que el único origen de del agotamiento de los caladeros es la sobrepesca. No disponemos de un estudio de conjunto sobre los problemas y agresiones que sufre el mar a efectos de identificar qué parte de responsabilidad atañe a cada uno de los respectivos agentes: Contaminación, pesca y otros. Y mientras no tengamos esa información, no estamos obligados a aceptar el supuesto de que el único responsable del agotamiento de los caladeros es la sobrepesca.

CONTENIDOS COMERCIALES

Las empresas pesqueras artesanales son pequeñas, y, como se advirtió, las empresas pequeñas van a contracorriente del impulso de la economía mundial. El hecho de que estas empresas pequeñas estén agrupadas en asociaciones profesionales, en especial cofradías, incluso que cuenten con una gran asociación o federación de carácter nacional, no las transforma en una gran empresa a efectos de desplegar su influencia en medios sociales, políticos y económicos en términos comparables a las grandes empresas del sector alimentario. Esto pone inmediatamente al sector pesquero en situación de inferioridad comercial frente a las grandes compañías que sí tienen tal capacidad de influir sobre la Administración.

Así pues, habrá que analizar cuáles son los puntos sobresalientes de esa preponderancia y qué se puede hacer al respecto.  Sabemos que la renta del pescador se ha empobrecido a causa de los bajos precios de venta en las lonjas. Esto se debe especialmente a una dura competencia originada por:

-La liberalización de los mercados y a la entrada masiva de pescado que se dice fresco procedente tanto del mercado interior (comunidad europea) como de países terceros.

-El florecimiento de la industria de los congelados, protegidos desde el FROMM con publicidad institucional.

-La creciente implantación comercial de los peces de granja, protegidos por el FROMM con publicidad institucional.

Analizaremos brevemente cada una de estas cuestiones.

Con respecto a la liberalización de los mercados y la competencia de pescado fresco de otros orígenes, es necesario señalar la candidez con la que el sector artesanal se ha dejado involucrar en una trampa peligrosa, derivada de la interesada falta de claridad en relación al concepto de pescado fresco.

Al amparo de la falta de claridad que se da a veces en las etiquetas identificativas,  una parte muy importante del pescado que se vende como fresco hay mucho capturado muy lejos y mucho tiempo antes de la fecha de venta. Se trata de pescado capturado en Africa o en Canadá, por barcos que hacen mareas de quince días, que se pone a la venta  a veces tratando de confundir sobre su origen. En la Comunidad Valenciana fueron proverbiales los casos de fletán que se vendía como lenguado y perca del Nilo que se anunciaba como mero. Parece evidente que los perjudicados son los pescadores artesanales. Los compradores simplemente no saben lo que están comprando, y no tienen medio alguno para distinguir el pescado fresco del día de los otros. Por esta vía, los pescadores artesanales sufren una feroz e injusta competencia por parte de los importadores de grandes partidas de pescado o simplemente de las empresas pesqueras de altura y gran altura.

¿Cómo es posible que suceda una cosa así? Debido a que no existe una regulación legal del concepto de pescado fresco. A los efectos legales, pescado fresco es todo el que no está congelado. Y, como puede suponerse, esto facilita mucho las cosas a quienes hacen grandes campañas de pesca, en mares lejanos, sabiendo que, después de semanas de haber sido capturado, podrán vender ese pescado como fresco (como si se hubiera pescado en aguas locales el día antes) y, al mismo tiempo, perjudica no sólo los intereses del sector de bajura, sino también los de los propios consumidores.

Desde la federación provincial de cofradías de Valencia se percibió en su momento este problema y se trató de darle la solución natural, propiciando la publicación de una normativa reguladora del concepto de pescado fresco. A este efecto, este Letrado redactó una propuesta de reglamento que fue entregada a la Administración autonómica competente en materia de pesca y alimentación. La Administración respondió con una propuesta de regulación alternativa en la que toda referencia al concepto de pescado fresco había desaparecido. Sólo dos años después, y casualmente, nos enteramos de que, al parecer, el servicio jurídico había puesto inconvenientes en un informe que desde luego no hemos podido examinar.

Sea como fuere, de lo anterior se desprende:

-Que la omisión de regulación del concepto de pescado fresco no es inocente ni casual.

-Que los beneficiarios de esta falta de claridad son las empresas que ejercen la peca de altura y gran altura, algunas de ellas grandes empresas.

-Que el sector de pesca de bajura comparte con los consumidores los perjuicios derivados de esta falta de regulación.

-Que existen inesperadas rigideces y bloqueos en la Administración que impiden la subsanación de los anteriores defectos, aún incluso aunque tal cosa se reclame en forma tan explícita como se ha expuesto

Considero que el sector pesquero  artesanal debe primero tomar conciencia de esta situación y acto seguido disponerse a combatirla con el debido método, que debe estar orientado a:

-Reproducir,  ante los órganos centrales del Ministerio y/o ante la UE, la iniciativa ya formulada por la Federación de Valencia, es decir, reclamar una regulación del concepto de pescado fresco.

-Que el sector se gane la confianza de los consumidores y se trate de involucrarlos mediante la eficaz divulgación de los alarmantes hechos que anteceden.

Démonos cuenta de cuál es el paradójico  esquema de la situación: Los consumidores quieren calidad, y los pescadores artesanales están deseando proporcionársela, pero tal cosa resulta imposible porque se interponen las grandes empresas con la complicidad, aunque sea omisiva,de la Administración. La tarea, entonces, se reduce a poner en evidencia y desenmascarar esta situación.

Tan pronto como la medida se ponga en marcha, y podamos ver en los mostradores de las pescaderías un apartado para el pescado fresco del día y otro para el resto, los consumidores podrán ejercer su derecho a elegir, y, correlativamente,  es previsible que la renta del sector se recuperará. Si las empresas vuelven a ser rentables, incluso los problemas que tienen que ver con la marina civil pueden aliviarse, porque la rentabilidad atraerá una mano de obra que ahora escasea, y no está dispuesta a sacrificarse para obtener las titulaciones precisas para embarcarse.

En cuanto a la competencia de los congelados, debe notarse que esta industria, lo mismo que la de conservas y la de los peces de granjas, viene siendo apoyada con publicidad institucional del FROMM. En llamativo contraste, y con la salveadad del apoyo al pescado azul, lo único que hace el Ministerio por el sector de bajura (en este campo) es pagar una campaña publicitaria contra el consumo de pescado inmaduro. Iniciativa loable, pero que se percibe como un ataque al sector.

He aquí el sorprendente balance: En el nivel de la promoción comercial, la Administración no sólo no apoya al sector, como hace con todos los otros, sino que, con la salvedad hecha, hace contrapublicidad.

En noviembre de 2006 fui invitado a pronunciar la ponencia inaugural de un encuentro de pescadores del Mediterráneo llamado FIRAPESCA, que tuvo lugar en el palacio de congresos de Castellón. En aquella ponencia expuse algunas ideas que deberían ser notorias pero que necesitaban entonces y necesitan aún ser difundidas a fin de significar el pescado fresco del día y proteger comercialmente los productos del sector pesquero artesanal. A saber:

-No es cierto lo que nos dice la publicidad del FROMM de que el pescado congelado no pierde propiedades. Según un estudio de la bromatóloga Teresa Veciano Nogués, el proceso de descongelación produce pérdida de minerales y vitaminas del grupo B. Lo único que puede impedirlo es aprovechar el agua de la descongelación. Además, el pescado congelado contiene abundantes agentes químicos que no figuran en etiqueta para que el consumidor esté debidamente informado. Son los pescadores artesanales los llamados a exigir que estos aditivos químicos figuren en etiqueta.

-El pescado de granja es alimentado no solamente con pienso que contiene conservantes y antioxidantes, sino también antibióticos, que resultan precisos para prevenir las infecciones originadas por la depresión del sistema inmunológico que produce el hacinamiento de grandes cantidades de individuos en jaulas.

-El salmón que vemos en las pescaderías no solamente procede de granjas, sino que además debe su color anaranjado a un aditivo químico que se mezcla con el pienso, llamado E-161-G. Este aditivo tiende a acumularse en la retina y por lo tanto a causar problemas serios de visión.

Después de la ponencia comenzó a aparecer en las pescaderías un género nuevo, el pescado descongelado. Es evidente que en este caso la recuperación de las vitaminas del grupo B y minerales derivados de la descongelación resulta ya imposible.

Con todo esto, añadí que las nuevas corrientes de nutrición natural abogan por lo que se llama la dieta del paleolítico, es decir, a comer alimentos naturales, sin procesar y por lo tanto sin ningún tipo de aditivo químico. El pescado fresco del día es el único producto de estas características que se puede encontrar en un supermercado o una tienda convencional y por lo tanto el sector pesquero artesanal es el propietario de un producto de cualidad sobresaliente que sin embargo no sabe promocionar.

CÓMO HACERLO

Bruselas es un nido de lobbys, debemos reconocerlo. Muchas regulaciones, en muchos órdenes sectoriales, no obedecen a los intereses generales, sino a la apetencias de grandes empresas. El conjunto del sector pesquero artesanal, si estuviera bien organizado, podría poner en marcha su propio lobby ya que reúne recursos económicos suficientes para ello. El problema es que se encuentra atomizado incluso aunque la mayoría de las cofradías estén integradas en la federación nacional.

En todo caso, bajo mi personal punto de vista los modos habituales de defensa colectiva del sector se han convertido en una especie de rito carente de contenido. Tanto la repetitiva visita al Director General de Recursos Pesqueros para dejar constancia de quejas como la celebración de una asamblea nacional de cofradías cada cuatro años para poco más que constatar el desastre y expresar lamentaciones, se han convertido en formas huecas que se integran en una escenografía poco eficiente para resolver de forma concreta los problemas concretos del sector.

No solamente hacen falta nuevos argumentos y nuevos contenidos como los que he expuesto arriba. También se precisan nuevos procedimientos, de entre los que pienso en dos:

-En primer lugar, la impugnación judicial de los reglamentos europeos. Resulta penoso comprobar cómo estos contenidos normativos se consideran desde el sector una especie de fatalidad inmune a toda contestación. Pero los reglamentos europeos no tienen naturaleza de leyes, por lo que pueden impugnarse ante los tribunales, incluso ante los tribunales españoles en determinadas circunstancias, lo mismo que sucede con los reglamentos del ordenamiento interno del Estado. El sector pesquero puede y debe formalizar recurso contra determinados contenidos de los reglamentos europeos que les resultan particularmente gravosos sin que exista justificación técnica para los mismos. Así, por ejemplo, el problema del grosor del hilo.

-En segundo lugar, la formulación de queja ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo. Este Letrado presentó ante esa institución una queja contra el gobierno de España a cuenta de la aplicación abusiva de la ley de costas. Fue resuelta con una decisión del pleno del Parlamento Europeo de 16 de marzo de 2009 reconociendo que nuestro país estaba aplicando con abuso la mencionada ley, y reclamando la reforma de la misma, cosa que se está verificando por iniciativa del Gobierno al tiempo de escribir estas líneas ampliatorias del texto de 2003. Curiosamente, la eurodiputada que fue ponente del documento finalmente aprobado, la danesa Margret Auken, pertenecía al grupo europeo de los verdes, lo que puede resultar paradójico, supuesto que los ecologistas están a favor de la ley de costas y no en su contra. Pero esto es un ejemplo de lo que se puede conseguir con un trabajo riguroso y explicando bien las cosas. De igual forma el sector pesquero tendría que ser capaz de explicar sus planteamientos, vinculados a la pesca artesanal integrada en el medio, tanto a grupos ecologistas como al grupo europeo de los verdes, y conseguir su apoyo en una queja contra las nuevas regulaciones de la Unión Europea que están estrangulando al sector.

-Finalmente, no entiendo cómo el sector no se ha puesto de acuerdo para contratar a un gabinete de comunicación que sea capaz de poner en el debate público el proceso de agonía del pescador artesanal, que parece perfectamente programado desde el poder.

 

José Ortega

Abogado

ortega_abogados@hotmail.com

@abogadodelmar

 

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5 comentarios to “PROPUESTAS PARA UNA DEFENSA DEL SECTOR PESQUERO ARTESANAL”

  1. QUIQUET said

    Escrito de Bruselas, de la Directora Carla Montesi.pdf
    Escrito que recibí el 23 de junio de 2010 de Bruselas de la directora Carla Motesi, sobre el escrito que yo mande más algunas fotos.
    Ver en este enlace: https://docs.google.com/file/d/0Byz5K1rjmr1LMGFlMDZjN2MtMjQ5NS00NTMwLTlkNzktNDRkZDNjM2UzMDMx/edit

  2. QUIQUET said

    Esto es un fragmento de mi blog, Nueva mirada al mar Mediterráneo.

    “El futuro de la pesca artesanal en el mediterráneo aún tiene solución” si las políticas pesqueras y medioambientales de la (CE) y del gobierno central adoptan las medidas necesarias, empezando por una política medioambiental y pesquera adecuada:
    1º._ La reducción de la contaminación de las aguas costeras y las de tierra adentro, empezando por el control y la reducción de residuos urbanos, reducción del exceso de abonos químicos, herbecidas, pesticidas, metales pesados de las industrias no controladas y cazadores que han llenado durante años de plomo las lagunas y humedales, etc., hacer muchas más depuradoras, y alternativas de biorremediación, construyendo humedales artificiales con plantas que se nutran esos metales pesados contaminantes no depurados, y hacer un urbanismo sostenible y ecológico con el medioambiente.
    2º._ Basándose principalmente hacer reservas marinas para la protección y conservación de los sementales los grandes reproductores, para que se mantenga la producción y sostenibilidad de los recursos pesqueros, pero para eso hay que restringir y controlar la pesca en determinadas zonas, épocas de reproducción, y de reclutamiento de alevinaje, e incluso ayudar al ecosistema con una repoblación masiva de las especies acuícolas más sobreexplotadas de interés comercial, no hay descartar ni tirar nada al mar, más control de lo que se pesca y donde, que se puedan comercializar todas las capturas sin ser sancionados, las no comerciales utilizarlas para harinas para piensos, abonos, biodiesel, etc. habrían menos especies carroñeras, menos parásitos, menos enfermedades, y un mar mas saludable, los políticos tienden a inclinarse siempre por la política recaudatoria, lo más sencillo y facil de hacer, en vez de una política constructiva y productiva.

  3. QUIQUET said

    El mediterráneo enfermo por la poca conciencia del ser humano, y la enfermedad llego de tierra adentro, una contaminación que se desplaza hacia el mar año tras año, abonos químicos, pesticidas, el plomo de la gasolina, las pocas depuradoras existentes, la mayoría de humedales interiores están contaminados y al llover todo va a parar al mar, cuando yo era pequeño se podía beber en los fluviales costeros, había vida, ahora apestan huelen mal y no ha sido el pescador, toda esa contaminación se desplaza al mar matando la posidonia y más organismos marinos, y no ha sido el pescador al que se le achaca la destrucción y la desaparición de la pesca, una muerte lenta del Mediterráneo que no a causado el pescador si no la gente de tierra adentro, agricultores, industrias, las urbanizaciones sin depuradas, etc. Y TODO LO PAGA EL POBRE PESCADOR…

  4. […] lo demás, si se incorporan a un programa las ideas que proponía en PROPUESTAS PARA UNA DEFENSA DEL SECTOR PESQUERO ARTESANAL (pulsa aquí para ir al artículo) se obtendrían muchos miles de votos de pescadores profesionales artesanales que están esperando […]

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