¿LE PASA A LA JUSTICIA LO MISMO QUE LE PASABA A DORIAN GRAY’

julio 7, 2012

¿Habéis oído hablar del retrato de Dorian Gray? Más o menos esa transformación es la que percibo en los tribunales de la eterna, gloriosa y muy querida España. Acabo de decirle a un cliente que me ha traído al aeropuerto de Asturias que el deterioro de los tribunales se está produciendo por minutos. No es que la situación sea mala, ni horrible, ni espantosa, sino que cada cosa que podamos decir se queda anticuada nada más salir de nuestra boca porque cada momento que pasa nos trae un caso mayor de degradación de la idea de justicia.
Y como estoy en esta bendita tierra verde, por qué no ilustrarlo con un ejemplo de aquí cerca, de la playa de Otur, cerca de Luarca. Sucedió que me llamaron amablemente allá por la mitad de los noventa, para pedirme auxilio porque a los quince vecinos de la playa les tiraban al suelo las casas. Estuve husmeando por ahí y detecté que el deslinde era una catástrofe de diseño, una de esas cosas llamadas “ratificación del deslinde anterior”.
Como he dicho algunas veces (quizá demasiadas) los ingenieros de costas son unos tipos excelentes para calcular las estructuras de un puente y algo menos para entender de derechos individuales. Estos conciudadanos nuestros son fieles seguidores del concepto matemático de que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, lo que podría llevarse sin inquietud a las ciencias sociales si en vez de hombres y mujeres fuéramos androides con baterías de litio recargables.
Pero la peculiar circunstancia de que somos seres dotados de alma inhabilita la mentalidad rectilínea y mecanicista de los ingenieros cuando éstos se ponen a algo distinto del cálculo de estructuras, y en particular cuando se meten a hacer cosas que tienen que ver con la convivencia entre las personas. En materia de derechos individuales, la línea recta más recta de todas es la patada en la puerta, pero las normas y garantías de la convivencia exigen que la policía describa un camino curvo que pasa por el juez de instrucción y por una autorización de entrada en domicilio. Veis entonces que las líneas en la convivencia son curvas y onduladas, no rectas.
A uno de estos adeptos de Newton se le ocurrió que ponerse a deslindar todo el territorio de nuestra amada Patria era una tarea demasiado burra y más cuando los ciudadanos ya no eran las tiernas ovejas del pasado, sino que escribían alegaciones que sumadas podían medirse al peso y molestaban todo lo posible como moscas zumbonas. La idea era que cuando el deslinde no remetía la línea antigua al interior, sino que la confirmaba, no había ninguna necesidad de tramitar un farragoso expediente con todas las inconveniencias que lleva aparejado: Información pública, apeo, vista y audiencia, proyecto de deslinde, justificación de la línea, etc. La alternativa era un modelo de sencillez: Reducir el expediente a una propuesta, un plano y un acto de aprobación. Y ya vale. Ni la propuesta, ni el plano ni la aprobación se notificaban a ningún bicho viviente. Todo era un rollete interno de la Administración. Así que a los españoles y a algunos guiris se les aprobaban deslindes de los que no sabían ni podían saber ni media palabra a pesar de la grave afección que representaban para sus vidas. Esto, naturalmente, es uno de los muchísimos rasgos que hacen de España un país tan maravilloso como incomparable.
Pues bien, a los inocentes vecinos de la playa de Otur les dijeron que los echaban a la calle porque el espacio que ocupaban era dominio público en base a ese deslinde misterioso, oculto, silenciado y tramitado a oscuras., del que nada sabían. Esto es algo que me alegró mucho, porque me permitía impugnar los desahucios a través de la impugnación del deslinde mismo. Realmente agradecí la arrogancia de la Administración porque, lo mismo que otras veces, me permitía luchar como en el judo: aprovechando la fuerza del contrario para tirarlo a la lona.
Como quiera que nunca se había notificado a los vecinos la aprobación de aquella cosa, tampoco había comenzado a correr el plazo para su impugnación (que se cuenta a partir de la notificación), así que me armé de cuchillo y tenedor con la esperanza de merendarme el engendro en la Audiencia Nacional.Y así fue. La sentencia, de enero de 2001, fue no sólo modélica, sino contundente. Tan contundente que me hizo creer que constituía una llave para cepillarse los muchos otros deslindes aprobados mediante el mismo procedimiento fraudulento y por eso escribí un artículo en prensa expresando ese convencimiento y anunciando un posible fenómeno de caída de fichas de dominó por el que montones de deslindes podrían irse al diablo.
El Abogado del Estado presentó recurso de casación y el Tribunal Supremo le contestó que nanai, que la sentencia era divina y que bajo ningún concepto la Administración podía saltarse los trámites del expediente de deslinde, que son obligatorios. La sentencia es de 28 de abril de 2005, aunque creo, por lo que diré en seguida, que también quedó anticuada nada más dictarse.
O sea, que en esa época fíjate cómo funcionaban los tribunales. Era el viejo sueño de todo ciudadano ultrajado: tú ibas a ellos para quejarte de una injusticia y, previa comprobación de los hechos, efectivamente le daban a la Administración el leñazo correspondiente.
Muy animado por esta coyuntura, en enero de aquel mismo 2005 comencé a reunirme con los vecinos de la playa de La Almardá, en Sagunto, donde comprobé una situación casi gemela de la de la playa de Otur. Allí se había aprobado también, pocos años antes, un deslinde que ratificaba otro anterior hecho en 1946. También se había tramitado por el procedimiento, ya entonces declarado ilegal, de ratificación del deslinde anterior. También aquí estaban los vecinos en la inopia y no sabían nada de aquel deslinde que tan dramáticamente afectaba a sus propiedades.
Qué cosa más fácil que utilizar la sentencia de Otur para abrir los cerrojos cerrados y anular con los mismos argumentos aquel deslinde de la Almardá. Muy contento, me puse a la cuestión, pero la sentencia no fue la que esperaba porque para ese momento ya se había declarado la enfermedad y el paciente daba muestras de necrosis parcial, sin que respondiera a los goteros. Me refiero a la administración de justicia. La sentencia le daba mil vueltas a la situación para concluir que el procedimiento de ratificación del deslinde anterior, sin procedimiento alguno en realidad, sin información pública como manda la ley, sin apeo como manda la ley, sin proyecto de deslinde como manda la ley, sin audiencia de los interesados como manda la ley y sin notificar la resolución a estos interesados como manda la ley, todo eso estaba bien hecho. Llegaba a expresar lo que me pareció entonces y me sigue pareciendo ahora una burla al decir que el propio recurrente reconoce que el expediente está formado por tres folios, y no se puede negar que tres folios son efectivamente un expediente.
Me fui a la casación y lo que me cayó encima fue el típico y habitual chorreo diciendo que el recurso es inadmisible por errores formales, y aquí me remito al post anterior, titulado DELICIAS DEL TRIBUNAL SUPREMO (O COMO DESTRUIR ESPAÑA CON LA TOGA PUESTA).
Podría entrar en más detalles, pero me voy a meter por el control de seguridad del aeropuerto y además no me apetece. He escrito este post para ilustrar que nos encontramos ante un proceso. No es que exista una sentencia injusta de vez en cuando, no es que en un determinado momento los jueces cometan un error, no es que de forma aislada tengamos derecho a quejarnos de sus decisiones.Que no, que no… Es otra cosa. Nos encontramos ante un proceso pensado y programado, con unas razones y unos medios que no conozco y aunque los conozca no los voy a expresar fuera de las conversaciones de café. Ese proceso conduce al vaciado de contenido de la justicia como medio par que el Gobierno pueda hacer lo que quiera con sus ciudadanos, sus bienes y sus vidas, sin temor a verse contrariado. Una misma situación, una misma ley, un mismo abuso de la Administración, hace doce años conducían a la anulación de las correspondientes decisiones y ahora en cambio, sin un sólo cambio ni en los hechos, ni en los planteamientos ni en la ley, es decir, ante casos prácticamente idénticos, conduce a que a los ciudadanos les digan que no tienen razón y les condenen en las costas de la casación y a que al Gobierno le manden los jueces, nombrados supongo que por el Consejo General del Poder Judicial, cuyos vocales son a su vez designados (a dedo) por los partidos políticos, un recadito que se podría resumir en la expresión “misión cumplida”.
Queridos amigos, esto es muy serio.Como dije en una intervención en Heidelberg el pasado mes de enero, ellos quieren que permanezcamos aislados para que las decisiones judiciales arbitrarias afecten individualmente a ciudadanos desconexionados del cuerpo social e indefensos ante la inmensa e insondable majestad del poder. Pretenden plantearlo como una dosis de soluciones individualizadas a situaciones indidivualizadas y por eso los ciudadanos en general sólo conocen las corrupciones de Carlos Divar y otras cosas que aparecen en la tele, pero no el terrible día a día de la justicia, que no afecta a unos personajes públicos que decidieron dejar la moral a un lado, sino a todos y cada uno de nosotros. Como he dicho muchas veces, en España como te toque la china vas aviado. No hay ni jueces, ni tribunales, ni ley, ni Constitución, ni Defensor del Pueblo, ni nada ni nadie que te ampare. Y esto es lo que hay. Tal cual concluía el post anterior, concluyo aquí: Conocedlo y difundidlo, ya que otros más llamados a ello no lo hacen porque el miedo los paraliza. Y mientras tengamos miedo no somos nada.

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3 comentarios to “¿LE PASA A LA JUSTICIA LO MISMO QUE LE PASABA A DORIAN GRAY’”

  1. lola said

    Esto va a ir a dar la vuelta al mundo a parte de a otros sitios. bpdl

  2. […] los tribunales por indefensión y por tutela judicial efectiva: Literalmente, lo que les […]¿LE PASA A LA JUSTICIA LO MISMO QUE LE PASABA A DORIAN GRAY’¿Habéis oído hablar del retrato de Dorian Gray? Más o menos esa transformación es la que […]

  3. werwer said

    “…la línea recta más recta de todas es la patada en la puerta, pero las normas y garantías de la convivencia exigen que la policía describa un camino curvo que pasa por el juez de instrucción…”

    Que genialidad de redacción. Soy tu fan número 1.

    Respecto a la justicia, yo creo que la gente es consciente de que no existe realmente. Hay un refrán que dice lo siguiente:

    “mas vale un mal acuerdo que un buen juicio”

    con eso se dice todo.

    Respecto a los problemas que te causan los jueces sobre cuestiones formales te repito que son bastante parecidos a los que plantean los abogados para fastidiar. Son tal para cual.

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