DELICIAS DEL TRIBUNAL SUPREMO (O COMO DESTRUIR ESPAÑA CON LA TOGA PUESTA)

julio 3, 2012

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Al Tribunal Supremo hay que reconocerle un mérito que quizá pudiéramos llamar terapéutico: Ha suprimido todo rastro de esa característica ansiedad que se produce ante la incertidumbre de una futura sentencia. Antes, en los tiempos antiguos, te creías con razón y entrabas bajo las cúpulas doradas de la justicia con la esperanza de que te la reconocieran aunque con el temor de que te la negaran. Esperanza y temor son los dos sentimientos que zarandean tanto al desafortunado español que se ve obligado a pleitear como a su a menudo afligido abogado.

Pero eso ha cambiado y ya no hay en el Tribunal Supremo ni esperanza ni temor, y sobre todo nada de ansiedad, al menos en mi experiencia. Entras bajo aquellas cúpulas doradas en cuyos recovecos cavilan sesudos ancianos bajo el peso de sus togas, pero lo haces como si entraras en una gestoría casposa o como si te sentaras a ver una película mala, es decir, sabiendo que es sólo cuestión de llevar papeles de A a B y conociendo de antemano el desenlace.

Una de las peores cosas que le pueden pasar a un guión de cine es que sea previsible. Y desde luego una de las cosas más horribles que le pueden pasar a un recurso judicial es eso mismo: Que no tenga ni suspense, ni intriga, ni emoción, ni incertidumbre porque ya sabes lo que va a pasar.

Y lo que pasa en la mayoría de los casos no es que el Tribunal Supremo te diga que careces de razón y te desestime el recurso. A estas alturas eso ya sería un honor que haría a los abogados llorar de agradecimiento. Lo que te dicen es que eres un tarado que no sabes redactar un recurso de casación correctamente o medio bobo porque has metido la pata con la cuantía que da acceso al recurso de casación.

 Perdonadme, pero lo que viene a continuación es algo técnico.

 Creo que fue en 2007 cuando me di el primer baño de los nuevos criterios de nuestro más alto tribunal (el más alto si exceptuamos el Tribunal Constitucional y las sedes de los partidos políticos). Había formalizado un recurso de casación y me lo declararon inadmisible porque decían Sus Señorías que estaba redactado como un recurso de apelación y sin atender a las especialísimas y graves condiciones formales de la casación. No lo entendía, creí que me habían confundido con otro. Eran ya muchos años haciendo casaciones y no podía ser que me hubiera vuelto tonto de repente.

Pero por lo visto sí. La ley de jurisdicción contencioso administrativa prevé cuatro posibles motivos de casación en su artículo 88.1. Estos cuatro motivos son categorías clasificatorias. Por ejemplo, el apartado c) se refiere a la infracción de las normas sobre redacción de la sentencia (el artículo 218 de la Ley de Enjuiciamiento Civil manda que las sentencias tienen que ser claras y congruentes con lo pedido por las partes, es decir, que no pueden dar lo que no se pidió o evitar pronunciarse sobre lo que se pidió). Hasta esos años, tú formalizabas un recurso de casación quejándote de infracción del artículo 218 de la LEC por incongruencia, por ejemplo, y todo el mundo estaba de acuerdo. Ahora haces eso y te llaman burro por no saber redactar correctamente el recurso al no citar el motivo de casación, es decir, no haber dicho que el motivo pertenece al artículo 88.1.c). Ellos saben perfectamente de qué se trata, saben cuál es el motivo de casación y cuáles son tus razones, pero has cometido el error de no escribir la expresión 88.1.c), que es lo mismo que dejar que pase el miércoles de ceniza sin que el cura te ponga una pizca en al frente recordándote que no eres más que polvo, es decir, que no eres nada. El Tribunal Supremo también te dice, si te atreves a asomarte por ahí, que no eres más que polvo, es decir, que no eres nada. Has incumplido un ritual y lo has perdido todo.

Otras veces te inadmiten el recurso por falta de correspondencia de los motivos anuciados en el escrito de preparación con los expuestos en el escrito de interposición, es decir, en la formalización extensa. Esto es así porque el recurso de casación primero se anuncia ante el Tribunal que dictó la sentencia y más tarde se formaliza ante el Tribunal Supremo. Este otro grave inconveniente tendría sentido si el recurrente estuviera obligado a mencionar o relacionar los motivos de casación en el escrito de preparación, pero no es así: La ley dice que éste se limitará a anunciar la intención de la parte de formalizar recurso, con sucinta indicación del cumplimiento de los requisitos de forma exigidos. Los motivos de casación no tienen nada que ver con los requisitos de forma del recurso.

¿Cómo es posible, diréis, que este tribunal de juristas sabios pueda declarar inadmisible una casación por falta de correspondencia entre los motivos expuestos en el escrito de interposición y los mencionados en el anuncio, cuando en el anuncio no hay que mencionar ninguno? Pues porque estamos en España. Esto es explicación suficiente para esto y para más.

Venga… otra. Aunque acaban de cambiarlo, al recurso de casación no tienen acceso los asuntos de cuantía inferior a 24.000 euros. La cuantía litigiosa debe quedar fijada en la instancia, es decir, en el tribunal que lleva el asunto en primera instancia. Las partes exponen lo que consideran sobre la cuantía y ésta es fijada por el tribunal mediante auto, es decir, de forma motivada y seria. Pueden recurrirse en casación las sentencias que versan sobre asuntos de cuantía superior a 24000 euros o de cuantía indeterminada.

Me ha pasado cientos de miles de veces en cuestión de derribos por ley de costas: El Tribunal Superior de Justicia fija la cuantía en indeterminada, se tramita la casación y el Tribunal Supremo hace uso de una facultad muy maja que le confiere la ley para revisar la cuantía declarada en la instancia. De forma sistemática lo hacen así, dicen que estos asuntos no son de cuantía indeterminada, sino determinada y además inferior a 24000 euros, por lo que el recurso no se admite. 

Lo más cachondo es que en todos los casos de inadmisión, incluyendo éste último, te aplican un castigo llamado condena en costas, que consiste en la obligación de pagar los honorarios del Abogado del Estado, incluso aunque éste no tenga honorarios. La condena en costas es una especie de castigo procesal para la parte que no hace las cosas bien pero en estos casos en los que el Tribunal Supremo ha revisado la cuantía dictada anteriormente en auto mediante otro tribunal ¿Alguien puede decirme qué es lo que ha hecho mal la parte? Se trata de una discrepancia entre tribunales que paga el ciudadano aunque la cosa no vaya con él y  su abogado haya hecho todo divinamente ¿A que mola?

 ¿Creéis que cuando el Tribunal Supremo hace esto lo hace fundada y prudentemente? Pues veréis: Yo siempre digo que la cuantía es indeterminada porque aunque la casita a derribar puede ser pequeña, el derribo se tiene que presupuestar y la Administración no ha elaborado el presupuesto: Eso es indeterminación. En Mallorca tuve un asunto así con un presupuesto de 370.000 eurazos y en Fuerteventura, en el espacio de Jacomar, hay que llegar con barcaza y sólo de su alquiler ya se llevan 300.000 (o sea, más de 24.000 y recurso admisible).

 ¿Quién es el Tribunal Supremo para sustituir a los ingenieros o a los técnicos que sean, encargados de elaborar el presupuesto de una demolición? ¿Cómo se atreven Sus Señorias sin ningún conocimiento del precio de entrega escombros a vertedero o de las condiciones de acceso al lugar, a profetizar que un futuro presupuesto elaborado por técnicos será inferior a 24000 euros? ¿Cómo es posible que unos señores juristas desde sus despachos con aire acondicionado y sin saber ni de qué color es el mar, se aventuren a opinar sobre algo tan pegado al terreno y a sus peculiaridades? Fácil: Es que estamos en España.

Hay más. Acabo de recibir una sentencia en la que al Tribunal Supremo se le ha olvidado un trámite importante. Antes de declarar la inadmisibilidad tienen que dar traslado a las partes para que formulen alegaciones. Esta es una cautela para impedir la indefensión, lo entiende cualquiera porque los posibles motivos de inadmisibilidad son cuestiones nuevas observadas de oficio por el tribunal, y no se puede dar un pronunciamiento sobre esas cuestiones nuevas sin que las partes puedan defenderse previamente.

Dos veces en una semana me ha pasado que recibo sentencias en las que el Tribunal Supremo se olvidó de dar lugar al trámite de alegaciones previas, y la solución es para mi gusto propia de Kafka. Dicen en una de ellas que teniendo en cuenta el momento procesal en que nos encontramos, en vez de declarar la inadmisibilidad declaran la desestimación.

Hay una grave diferencia entre una y otra. La inadmisibilidad se declara por motivos de forma y supone que no has redactado bien o el anuncio o la formalización del recurso, o que hay un problema de plazos, o que la sentencia no es susceptible de recurso. La desestimación supone que has superado todos esos inconvenientes y el tribunal se pronuncia sobre el fondo del asunto.

Así que si hay motivos de inadmisbilidad, sólo cabe la declaración de tal inadmisibilidad, no la desestimación. Si al Tribunal Supremo se le ha pasado, por olvido, por despiste, porque estaban con la cabeza en otra cosa, el trámite de alegaciones previas que garantiza que la parte no caiga en indefensión, entonces lo que tiene que hacer es olvidarse de la inadmisión y entrar a dictar sentencia sobre el fondo. Pero no, han decidido hacerse los tontos, no darse por enterados de que se ha causado al recurrente una indefensión brutal y han convenido en dictar esa extraña sentencia que dice que hay inadmisibilidad pero que se dicta desestimación. sin que mi menda haya podido alegar nada en un trámite que aunque está marcado por la ley como obligatorio, ellos se han pasado por el forro. 

No, no… Esto no ha pasado en un juzgado de un pueblo de Zamora, con un juez imberbe en prácticas, sino en el más elevado, alto, prestigioso, exquisito y notable tribunal de nuestra amada patria, integrado por los juristas más expertos, trabajados, concienzudos, sabios que han podido encontrar los partidos poli… Quiero decir que existen.

Desde luego que el error del Tribunal Supremo es mucho más gordo que el que haya podido presentar el recurrente al no citar la letra del artículo 88.1 de la LJCA (que de eso va la cosa en esta sentencia), pero a pesar de eso ellos ganan y el ciudadano pierde. Con ese desparpajo y con ese descaro ¿Cómo es posible, me diréis? Fácil: porque estamos en España.

Es fantástico ver cómo esa sentencia se dice que hay motivos del apartado d) en los que no se cita el apartado d) pero que el error es soslayable y que pelillos a la mar. Y sin embargo que los motivos del apartado c) en los que no se ha citado el apartado c) son defectuosos sin posibilidad de subsanación ¿Vosotros entendéis esta distinción? Yo no. Sólo puedo atribuirlo al complejo de culpa del Tribunal Supremo ante su propio error de bulto al no dar paso al trámite de alegaciones previas.

En la otra sentencia de las dos recibidas, en cambio, no hay perdón. Ha pasado igual, han  metido la pata, se les ha olvidado el trámite de alegaciones previas y me han pasado por encima como si estuvieran asfaltando la M30 ¿Entendéis por qué en una sentencia hay perdón parcial y en la otra no? Lo siento, no os puedo aclarar nada.

Si alguien cree que todo esto que cuento afecta sólo a los ciudadanos que recurren, está muy confundido. El fundamento del recurso de casación no es resguardar los derechos de los litigantes, sino asegurar la interpretación unificada del ordenamiento jurídico, impidiendo que haya sentencias contradictorias por aplicación de criterios distintos. Lo que se persigue, entonces, es un bien público y que nunca se pueda decir que la justicia es un gallinero.

Cuando el tribunal Supremo impide por medios artificiales que se estudie el recurso de casación, está negando su propia función constitucional y legal. Y muchas de las ocasiones en las que hace esto, está permitiendo que queden en los repertorios de jurisprudencia sentencias que deberían pertenecer a una antología de esperpentos. Esas sentencias,  incoherentes, pobres, idiotas, memas, contradictorias, abusivas pero sobre todo injustas, después servirán de guía para dictar otras y por esa vía la antigua dignidad y rectitud de nuestro sistema de justicia se está tornando algo propio de un pasado más o menos dorado.

Hay muchas formas de destruir un país. Puedes coger pico y pala y arremeter contra todo lo que está en pie, o puedes hacer esto. Ésta es la cosecha que nos están dejando PP y PSOE. El saqueo de España no solamente se centra el su dinero o en sus recursos, sino también en esos activos inmateriales como la decencia, la honestidad o una jurisprudencia que garantice que lo justo es justo y seguirá siéndolo. 

Están consiguiendo la sumisión que buscan. Lo tenemos delante y no lo vemos incluso aunque todo sea tan ridículamente escandaloso. Conocedlo y difundidlo, ya que otros más llamados a ello no lo hacen, supongo que por miedo a lo que les pueda suceder a sus respectivas carreras.

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4 comentarios to “DELICIAS DEL TRIBUNAL SUPREMO (O COMO DESTRUIR ESPAÑA CON LA TOGA PUESTA)”

  1. nerjeño said

    Sencillamente increible. Pero, al parecer, tan cierto como que ha ocurrido. ¿A ver si, como dices, va a tener que ver con el hecho de que estamos en Ex-paña? . Esto me trae a la memoria una conocida frase de un conocido político, “asesino” de Montesquieu y hoy en horas bajas : “El día que nos vayamos a España no la va a conocer ni la madre que la parió” . Cuanta razón tenía .
    O aquella otra mas cañi de otro político : ” La Justicia es un cachondeo”. Nihil novum sub sole.

  2. el baile de los iluminados said

    Quien se ampara bajo el calor de la justicia,y ala sombra de las leyes es un tirano,en este país hay mucho que reflexionar y cambiar,,,

  3. werwer said

    Que sorprendente es leer a un abogado quejarse de que le rechazan sus recursos por cuestiones formales…pero, ¿no eras tú el que echaba abajo los deslindes de costas por cuestiones formales? Que pasa, que tú puedes fastidiar con formulismos a la administración y a tí no te pueden hacer lo mismo? Lo siento, pero no me solidarizo con tus desgracias. Simplemente te han pagado con tu misma moneda!

    Respecto a que los tribunales obvien los trámites de audiencia estoy de acuerdo contigo. Pero lo que hacen los políticos hoy en día no acaba ahí, cada vez son más y tienen más fuerza. Además desprestigian a los funcionarios para que la opinión pública vea bien su erradicación y así ellos poder operar sin molestos funcionarios que pones a parir, saltándose todas las normas o modificándolas cuando les interese.

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