EL SEGUNDO MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA (DE CÓMO DERRIBAR UN RESTAURANTE SIN QUE SE ENTEREN NI LOS DUEÑOS NI TU JEFE)

febrero 1, 2012

Por José Ortega
@abogadodelmar

Dejadme que os cuente otra que os va a gustar por lo menos tanto como a mi. El pasado día 16 de enero recibí la llamada del propietario del restaurante Casa Modesto en cala Finestrat (Finestrat, Alicante, junto a Benidorm). No era para invitarme a una paella de marisco, sino para anunciarme que al día siguiente le tiraban el restaurante al suelo. Bueno, no todo él, sino una parte que amplió y está en discusión hace tiempo.
La ejecutora es Doña Maria Auxiliadora, de quien ya he hablado en una entrada anterior (leed “Sucedió en Navidad”, un texto muy majo) y su actuación resulta ser modelo de eficacia digno de ser no sólo conocido sino también admirado.
Modesto vino a mi hace unos dos años, cuando como es costumbre lo tenia ya todo perdido y había recibido una comunicación de Costas diciendo que le tiraban las instalaciones. Escribí lo que debía y cuando las cosas comenzaron a ponerse feas con nuevos requerimientos, por el otoño, me comuniqué con mi bienamado Pedro Antonio Ríos, el más peculiar Director General de Costas que haya existido. Pedro Antonio había dejado atrás una estela de luchador por los derechos civiles, había abandonado Izquierda Unida y había sido llamado como independiente por su inseparable colega Rosa Aguilar cuando la hicieron Ministra. Desde la Dirección General se dedicó a hacer el bien, cosa tan meritoria como inaudita. Yo no sé si era una directriz del Gobierno, de la Ministra o es que le nacía, pero durante los catorce meses de su mandato hizo florecer la justicia y borró la tradicional imagen de su departamento como coco de los ciudadanos. De hecho, la primera vez que lo vi por televisión estaba sonriendo y al principio mi subconsciente no lo entendía. No sabia que un alto jefe de la casa pudiera hacer eso. No sé si recordáis la cara de palo de Alicia Paz. El contraste era brutal.
A Pedro Antonio le mandé un correo pidiéndole que se hiciera cargo de la situación. No le reclamaba privilegio ni capricho, sólo le recordaba que dos años atrás había yo pedido la nulidad de la orden de derribo por violación del derecho de defensa y que en el Ministerio la petición o se había perdido o había servido para ejercicios de papiroflexia.
Como es lógico estaba tranquilo después de esta comunicación. De hecho, el propio Director General me dijo no hace mucho que tenia la intención de no derribar NADA durante su mandato. Y como por otro lado los de Costas de Alicante no habían iniciado el temible procedimiento judicial para entrada en domicilio, estaba seguro de que no había moros en la costa.
¿Entonces por qué me estaba diciendo Modesto que al día siguiente venían las máquinas? Esto era totalmente imposible sin previa autorización judicial. Bueno, lo voy a explicar algo mejor para que me entendáis. El articulo 18 de la Constitución garantiza la inviolabilidad de domicilio, pero de vez en cuando el Gobierno te lo tiene que violar o más bien dejarlo a un lado de forma legitima. Por ejemplo cuando la casa es ilegal y todo eso. Yo no tengo nada contra los derribos cuando se trata de edificios hechos ilegalmente por ciudadanos listillos, mafiosos o ladrones, que los hay y muchos. El caso es que para respetar el derecho al domicilio es necesario que el juez autorice la entrada en él y esto es lo que hacen los de Costas cuando quieren reducir tu casa a cenizas. Normalmente, al menos en mi experiencia, le pasan al Abogado del Estado información incompleta y sesgada sobre lo sucedido para que éste redacte una demanda judicial igualmente incompleta y sesgada y el juez dicte un auto erróneo basado en mentiras (o verdades a medias, que como he dicho varias veces son la mentira más eficaz. Preguntad a Bill Clinton, cuando dijo “no he tenido relaciones sexuales con esa mujer”, aprovechando que parece ser que la felación no es considerada relación sexual en el país más poderoso de la tierra).
Insisto ¿Cómo es posible que vinieran las máquinas si no había procedimiento ni auto judicial de entrada en domicilio? Fácil: Porque sí lo había, según juraban los funcionarios.
¿Y cómo puede ser que lo hubiera y el interesado no supiera nada? Aquí, amigos, radica la almendra del tema. Esto no ha sido una acción administrativa, sino una operación militar, o más bien de Servicio de Inteligencia ¿Habéis visto las película de espías cuando el jefe de la banda dice sincronicemos nuestros relojes? Pues lo que hicieron Doña Maria Auxiliadora y una miga suya que le ha ayudado un rato fue algo mucho peor que sincronizar sus relojes. Debían tener un pizarrón lleno de garabatos y flechas yendo de aquí para allá y haber consumido infinidad de cafés fuertes durante sus cavilaciones sobre cómo hacerlo sorteando las alarmas. Estaban tramando un asalto, pero no a Fort Knox, al Louvre o al Museo Vaticano, sino al templo de la justicia, diríamos. Para cargarse todo el sistema de derechos individuales y salir de rositas hace falta precisión de relojero: Ellas la tenían. Desde luego es igualmente precisa una voluntad inquebrantable: La tenían también. Y mala leche. Ésta no sé si la tenían, ya que yo pienso bien de todo el mundo.
Si, sí. Doña Maria Auxiliadora y su amiga habían encargado al Abogado del Estado que pidiera autorización judicial de entrada, pero nosotros no nos habíamos enterado porque el juzgado había tenido la caritativa iniciativa de no molestar a los afectados en nochebuena, ya que el escrito de solicitud tiene fecha 20 de diciembre y el día 23 decidió autorizar el derribo sin dar traslado al interesado. Luego lo comentaré, porque es realmente cachondo. De momento adelanto que, como toda operación de Inteligencia debe levarse en secreto, Doña Maria Auxiliadora y su fiel colaboradora decidieron no comunicar nada al Director General. O quizá debería decir que le ocultaron la operación. Sí, queridos míos, se la ocultaron. En las gestiones que hice en aquellos días supe que mi buen Pedro Antonio estaba in albis. Fuentes autorizadas le atribuyen la expresión, el mismo día 17, de que no creía que se fuera a derribar nada porque no existía ningún procedimiento de entrada en domicilio.
¡Vaya si lo había! Pero a él no se lo habían dicho, supongo que porque si se hubiera enterado habría ordenado a Doña Maria Auxiliadora y a su amiga que se estuvieran quietas y se dejaran de fastidiar.
¿Qué es lo que conduce a dos funcionarias a adoptar el derribo como una cruzada personal, incluso contra de la voluntad de sus superiores? Yo no lo sé, no he leído bastante a Freud. Pero esto es lo que sucedió.
Estamos aun en ese momento, que permanece como congelado, en el que me cuentan que el restaurante se derriba al día siguiente. Modesto me pide que haga algo y sobre todo que esté presente en el Apocalipsis. Mala cosa, porque ese mismo día debo salir para Heidelberg a dar una conferencia (o más bien a intentarlo). Son las doce de la mañana ¿qué hago? Venga Pepe… Muévete. Rápidamente me saco de la manga un recurso de nulidad de actuaciones y mis colaboradoras persiguen al procurador de Alicante hasta el catre para que lo presente esa misma mañana. El muchacho lo hace y siguiendo mis instrucciones pide hablar con Su Señoría, que a la sazón no se encuentra en el juzgado (sin duda tendrá un buen motivo para estar en otro sitio, no hay cuidado), pero la secretaria anuncia que el recurso no se va a admitir. O sea que por ahí nada.
Esa misma mañana le pongo un fax urgente a todo lo que respira, es decir, al Ministro, al Director General, al Delegado del Gobierno, al Subdelegado del ídem y a Doña Maria Auxiliadora. Les cuento que no se puede proceder al derribo porque tenemos pedida desde hace dos años la nulidad de la resolución que la ordena con solicitud de suspensión de la eficacia del acto combatido, porque hay vulneración de derechos fundamentales al no haber podido ser parte en el procedimiento judicial de autorización de entrada y porque resulta que la orden de derribo la dictó el Ministro y por tanto su ejecución sólo la puede ordenar el Ministro o bien el Director General, que ahora tiene competencias en esa materia. Si, sí… Como leéis. Doña Maria Auxiliadora y su amiga han planificado la trama, han sincronizado relojes y se han creído muy listas, pero ignoran que el crimen perfecto no existe y en este caso su preparadisimo plan falla por la base, ya que la Jefatura de Costas carece de competencias para la ejecución de la orden de derribo. Esto es: No sólo es que le estaban ocultando sus maniobras a su superior, sino que lo estaban suplantando. Para que lo entendáis: Lo mismo que el conserje de la Jefatura de Costas no es nadie para encargar al Abogado del Estado la autorización judicial de entrada o para llevar a efecto el derribo, tampoco lo era Doña Maria Auxiliadora, quien bajo mi criterio profesional sólo podía actuar siguiendo instrucciones del Director General o el Ministro. El motivo ya lo he dicho: No fue la Jefatura de Costas, sino el Ministro, quien dictó el acto.
¿Queréis conocer la respuesta de las altísimas autoridades a las que remití los fax urgentes? Yo también. Si sabéis algo por favor avisadme. Ese día tenían algo mejor que hacer. Probablemente redactar algún discurso sobre cómo crear empleo al mismo tiempo que Doña Maria Auxiliadora y su amiga (y ellos mismos con su silencio) mandaban a paro a unos cuantos camareros y sembraban la tragedia en sus familias.
Y aquí viene uno de los elementos esenciales del plan de Doña Maria Auxiliadora y su amiga: Aprovecharon con precisión de bisturí el vacío de poder producido con los nuevos nombramientos de altos cargos. A saber: El nuevo Director General de Costas llevaba en el cargo no sé si 24 o 48 hora, pero no creo que haya diferencia. El Subdelegado del Gobierno había sido nombrado pero no había tomado posesión. Alguien de dentro me dijo que después de la hazaña, las dos amigas se vanagloriaban de lo inteligentes que habían sido al aprovechar el vacío de poder. Me lo comentaba con indignación. Desde dentro, repito. Los funcionarios públicos suelen ser por mayoría aplastante profesionales, objetivos y humanos. Comparten contigo y conmigo la idea de lo que es justo. Estas dos señoras creo que pertenecen a un grupo distinto, quizá más evolucionado y dotado de una inteligencia superior. Puede que estén más cerca de Dios, porque sus caminos y métodos son inescrutables.
El miércoles, desde la habitación de mi hotel en Heidelberg, redacto un recurso de apelación urgente y remito nuevos y reiterados fax a las altas autoridades con las que me codeo, pidiendo la suspensión a cuenta de este nuevo recurso judicial. Ni una sola respuesta, como si fuera San Juan Evangelista dando alaridos en un desierto desolado.
Creo que fue el jueves cuando hice algo que no debía hacer, pero que hice y supongo que me costará caro, especialmente en estos tiempos de pretendidos cambios en la ley de costas y supuestas mesas de negociaciones y cosas así. Quién me mandaría a mi remitir un fax al gabinete del Presidente del Gobierno para quejarme no ya de Dña. María Auxiliadora, sino del Director General y el Ministro. Esto es algo que no debe hacerse, pero me debo a la justicia, no a la política. La nube de mis enemigos es tan densa que no voy a notar la llegada de los recién llegados. O sí, pero es la rutina de mi vida. No experimento la necesidad de caerles bien a los nuevos gobernantes, sólo aspiro a que me respeten y sobre todo que respeten a las personas a las que defiendo.
A todo esto ¿qué creéis que hace Doña Maria Auxiliadora después de tirar las instalaciones? Mandar una nota de prensa aún más sesgada que la información que había remitido al Abogado del Estado y poner a la prensa de uñas con Modesto. El día 18, cuando estaba en el Deustche Amerikanischer Institute dispuesto a largar mi rollito, me llama una periodista que la muchacha más parecía un fiscal estreñido. Con la prensa me llevo de maravilla y supongo que Doña Maria Auxiliadora lo sabe y por eso ha pensado en adelantarse. También en este caso ha conseguido su objetivo porque la reportera creo que me considera uno de los abogados de Al Capone. Como la Blitzkrieg de Hitler, la versión sesgada de la realidad, llevada de la pluma de periodistas intoxicados, se extiende por la sociedad con vertiginosa velocidad. No sólo se ha conseguido violar el sagrado templo de la justicia, pisotear los derechos individuales y burlar al Director General de Costas: también dar una mano de barniz a toda esa realidad podrida haciendo creer a las personas humanas que lo que han hecho Doña Maria Auxiliadora y su amiga es divino.
A todo esto me llegan noticias del juzgado. El procurador consigue por fin informarme de lo que hay en el procedimiento: Nada. No hay nada. Parece un colchón de camping relleno de aire. El juez no sólo no ha dado traslado a las partes demandadas, como sucede en todo procedimiento judicial: Es que ni siquiera ha puesto providencia de admisión a trámite. Es la primera vez en mi vida que veo algo así. Nunca, repito, nunca antes me había sucedido. Un procedimiento judicial sin una providencia de admisión a trámite es algo insólito. Desde luego la impensable velocidad de este juez no desentona, sino todo lo contrario, con la precisión de relojería de Doña Maria Auxiliadora y su amiga en su manejo quirúrgico de los tiempos. Pero esto no quiere decir que la conjura sea de tres y no de dos. Ni lo digo ni lo sugiero. Me limito a flipar y ya es bastante. Una vez leí que te transformas en viejo cuando ya no puedes asombrarte más por porque lo has visto todo. Esta patria nuestra, desafortunada, herida y corrompida hasta los huesos, tiene la virtud de mantenerme eternamente joven. Siempre hay algo más grave, más sucio y más inaceptable.
Ahora mismo estoy otra vez de viaje. Voy a una isla del Atlántico, una isla verde. A mi derecha percibo un sol impreciso que despunta sobre el ala del avión y comienza a desprender la luminosidad violácea del atardecer. A mi lado, un matrimonio de jubilados se lamenta del caso Urdangarin y repite sin parar que la justicia es una porquería.
Debería dejarme llevar por un sueño despierto en el que el vuelo me condujera a Magadascar, donde montaría un chiringuito no controlable por Costas y emplearía la toga para dar sombra a las macetas. Pero no, no tengo ese sueño. Voy a seguir embistiendo contra el muro de hierro de esta España burra, insensible e inmensamente desilusionante, en la que cada alma humana que adquiere autoridad se cree por encima el bien y del mal y donde los ciudadanos son como briznas de hierba, sus quejas como el ladrido de los perros y la justicia una palabra hueca que ha perdido todo significado.
Casi se me olvidaba felicitar a las señoras que alcanzaron sus objetivos de forma impecable. No todos los días se consigue un procedimiento judicial sin procedimiento, actuar impunemente contra la voluntad del jefe, tirar al paro a unos cuantos y quedar divinamente ante la sociedad. De manera muy justificada, la autoestima de las interesadas debe estar a la altura de un vuelo transatlántico y no cabe sino reconocerlo. Lo que ocurre es que hay una dignidad en las víctimas que nunca podrán tener los triunfadores ni los verdugos,

Anuncios

7 comentarios to “EL SEGUNDO MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA (DE CÓMO DERRIBAR UN RESTAURANTE SIN QUE SE ENTEREN NI LOS DUEÑOS NI TU JEFE)”

  1. […] seguir España para abordar los usos de las zonas litorales? ¿Qué es más rentable, la […]EL SEGUNDO MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA (DE CÓMO DERRIBAR UN RESTAURANTE SIN QUE SE ENTEREN NI LOS …Por José Ortega @abogadodelmar Dejadme que os cuente otra que os va a gustar por lo menos tanto […]

  2. nerjeño said

    Despues de leer esto, solo me salen dos palabras : A-COJONANTE

  3. werwer said

    Dos cuestiones:
    1 Si de verdad fuera ilegal el trabajo que hizo María, porqué no la denuncias y la metes en la cárcel a él o al juez? Si se tratase de lo que tu cuentas el acto sería nulo de pleno derecho
    2 ¿Realmente crees que el Director General no sabía nada del asunto o a lo mejor estaba totalmente enterado y a tí te dijo que no sabía nada?

    • Lo siento pero este último comentario parece hecho desde la ingenuidad. Aunque la querella está en marcha, tengo poca confianza. No porque no crea que tengo razón, sino porque mi experiencia me ha enseñado a no confiar ni en la justicia ni en los jueces. Querella criminal por falsedad en documento oficial contra cierto Director General de Costas: no admitida a trámite y apelación rechazada. Querella criminal por prevaricación contra el jefe de costas de Tenerife: no admitida a trámite y apelación rechazada. Denuncia contra un funcionario de costas de Aicante: Lleva dos años en diligencias previas y el juzgado apenas ha hecho nada. denuncia del día 26 de diciembre contra Doña Maria Auxiliadora, por coacciones: Ni sé una palabra ni espero nada. Querella contra el jefe de costas de La Coruña por derribar viviendas sin autorización judicial: archivado en fase de diligencias previas. Si confías en la justicia estás en tu derecho y yo no lo voy a discutir. No es mi caso. El problema no es la chulería de un funcionario. El problema es el sistema. Tu propuesta de poner una querella y meterla en la cárcel deberías hacerla en un país civilizado con una justicia independiente y profesional, no en España.
      Pedro Antonio transmitió instrucciones para que no se derribara la vivienda de Fernando Ramia en Castellón y el jefe de costas no le hizo caso y la tiró al suelo. Le han estado saboteando varios proyectos para resolver los problemas de los ciudadanos. Ahora mismo aún estoy en la isla verde, a donde he venido entre otras cosas para comprobar uno de esos sabotajes. No he hablado con él desde que se fue ni fui yo a quien dijo lo que dicen que dijo. Fue a una autoridad del Estado y yo lo creo. Lo mío con él es una cuestión de fe y la fe es algo inmaterial, pero se ha formado a través de una experiencia muy trabajada de colaboración en unas cuantas cosas.

  4. werwer said

    ¿Pero dónde pone que para tirar una vivienda ilegal haya que pedir autorización judicial? A mi parecer si es ilegal no está amparada por la constitución. Y si se ha derribado algo ilegal, no hay causa imputable a las autoridades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: