SUCEDIÓ EN NAVIDAD (EL MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA)

enero 19, 2012

26 de diciembre (paz y amor). La Jefatura de Costas está solitaria, excepto por tres funcionarios que toman un té improvisado porque son el retén de guardia y no pueden bajar a la calle. Están solos en medio de los despachos vacíos y los teléfonos silenciosos. El trato que recibo de ellos es profesional, servicial y en resumidas cuentas divino. El compañero encargado del expediente, que se encuentra de vacaciones, incluso ha llamado para recordar que yo venia hoy y para indicar que me había dejado todo listo para su consulta. Así que me pongo al tema felizmente y con perspectiva de acabar pronto. Empiezo, según costumbre, a hacer fotografía digital de los documentos que me interesan y a dejar que broten de mi sonrisas mudas, en especial cuando leo la resolución que me inadmite a tramite un recurso de reposición porque el acto combatido no es susceptible de recurso y la contrasto con el propio acto combatido, donde dice que contra el mismo cabe recurso de reposición. Estaba volviendo a mi vieja conclusión de que a esta gente de Costas les falta un tornillo cuando se me acerca mi buena amiga, la señora X (no creo que quiera aparecer aquí con su nombre) para preguntarme si tengo poderes de representación. La pregunta me sorprende porque ya he presentado recursos a nombre de este cliente y además la cita estaba programada. Pero en fin, abrimos el expediente para comprobar que así es, que los poderes notariales están ahí y que no hay problema. Pero entonces la señora X me hace una nueva pregunta, ésta algo más rara y peculiar: Qué documentos he fotografiado. Cuestión mosqueante porque remite a situaciones feas del pasado que creía superadas, cuando los funcionarios me impedían obtener fotografías de los documentos y como consecuencia me tenia que pegar unas caminatas de horror al juzgado de instrucción de guardia. Entonces, desbordando benevolencia, hago a la señora X una breve relación de los documentos que he copiado. Advierto para quien no lo sepa que en todo expediente administrativo hay un trámite llamado de vista y audiencia, cuya finalidad es que los interesados puedan examinar el expediente y por supuesto hacer copias para poder formular sus últimas alegaciones. Este momento procesal está recogido en el articulo 84 de la ley de procedimiento administrativo y es poco menos que sagrado. En cuanto a la obtención de copias, se trata de uno de los derechos más básicos, indiscutibles, elementales, obvios y generalmente respetados y está recogido en el articulo 35 de la misma ley. A nadie en su sano juicio, siempre que pertenezca al genero humano, se le ocurre denegar a los interesados la obtención de copias del expediente.

Todas esas indagaciones de la señora X desde luego no son de su cosecha, porque ella es una excelente persona que nunca se ha metido conmigo sino al contrario. Ejecuta de forma disciplinada, aunque pesarosa, las sórdidas instrucciones de la Jefa del Servicio, una dama llamada Maria Auxiliadora que pienso que si auxilia a alguien debe ser en fin de semana y en algún sitio lejos de las oficinas públicas. La señora X acude a informar a su superiora de mis respuestas y vuelve al cabo de sólo segundos portando la inesperada noticia de que debe proceder a retirarme el expediente. Y efectivamente se lo lleva y se lo entrega a su jefa, que se oculta tras la puerta cerrada.

Así que por mandato de doña Maria Auxiliadora, me quedo a medias después de hacer una buena porción de kilómetros para ver en Alicante este expediente en el marco del tramite legal de vista y audiencia y además con cita previa. Ya escribí hace tiempo un blog en el que dejaba constancia de que había tenido que viajar con el coche a Madrid para ver un expediente que no me dejaban ver en Castellón. El blog venia a cuento de que mi viaje causó el lanzamiento a la atmósfera de unos cuantos kilos de dióxido de carbono, justo lo que necesitamos para tener un medio ambiente más limpio y combatir el efecto invernadero. Que fuera precisamente el Ministerio de Medio Ambiente el que me obligara a esa agresión innecesaria contra el ídem, es decir, el medio ambiente, es sólo una paradoja del destino propia de un país de zoquetes.

Bien, puede afirmarse lo mismo del tonto viaje que me pegué a Alicante para absolutamente nada excepto conocer un poco mejor a doña Maria Auxiliadora. Cinco kilos de dióxido de carbono cada cien kilómetros, creo recordar. Que se lo apunten en la cuenta a esta señora, y ya veis cómo puede afirmarse que no sólo contaminan el medio ambiente los aviones, las fábricas y los coches. La arrogancia, la chulería y la prepotencia también.

No penséis que para la decisión de la jefa de Servicio hay una explicación, un motivo, un argumento o algo de lo que caracteriza a las relaciones entre seres humanos. Doña María Auxiliadora tiene poder y se limita a usarlo con el fatalismo de Juana de Arco, pero de forma incruenta: Su violencia es moral, doméstica y miserable. Convendréis conmigo en que hay muchas formas de entender el socialismo, algunas muy ofensivas. Puedes ser socialista porque te preocupan los débiles y desfavorecidos y por lo visto también puedes ser socialista porque la libertad te da miedo, los derechos civiles te causan diarrea y la dignidad humana te ofende. Adivinad a qué grupo pertenece Doña Maria Auxiliadora.

Podría haber montado un numerito agarrándome a los papeles, pero esto no concuerda con mi talante pacifico y mis hábitos prudentes. Al cabo de un momento, mientras dialogo en el pasillo con mi amiga la Señora X, aparece y se cruza con nosotros la Jefa del Servicio y con el rabillo del ojo percibo su cara de ajo. Está realmente violenta. Sabe que lo que ha hecho no es ni decente, ni cristiano, ni navideño. En cambio yo, que debería estar echando fuego, me encuentro como si saliera de una sesión de yoga porque ya estoy acostumbrado a esas delicadezas y también por seguir el buen consejo de mi amigo, el maestro budista zen Dokushô Villalba, quien enseña que hay que amar a todas las criaturas del universo, ya sean grillos, ranas, lagartos, vacas o personas.

En julio se 2009 un funcionario de la misma Jefatura de Costas llamado el señor Y (éste tampoco querrá aparecer) pretendió fastidiarme de forma parecida al prohibirme hacer fotografías de un expediente. Le puse una denuncia por un delito de coacciones ¿Queréis saber que es lo que ha hecho el juzgado en estos dos años? Nada, como corresponde a un país de chiste, de pandereta y de pena como el nuestro. Nada excepto pedir a Costas un informe sobre lo sucedido. Para tal Jefatura de Costas tal juzgado, no hubo sorpresa. Esto es lo que me fascina de mi España. Es un sitio surrealista donde las oficinas públicas parecen los decorados de cartón piedra de una película de bajo presupuesto porque todo es de mentira y las cosas funcionan por casualidad.

El episodio volvió a repetirse un año después, otra vez en Alicante. En esa ocasión le pedí al funcionario Y que hiciera el favor de dejarme en paz porque me daba pereza irme otra vez al juzgado de instrucción para ponerle una nueva denuncia por coacciones, y su reacción fue una consulta telefónica al Abogado del Estado, quien le dijo lo mismo que yo, es decir, que efectivamente me dejara en paz y que podía hacer las fotos que me diera la gana. Tú le explicas a un perro o a un gato lo que se puede y no se puede hacer y se crea en ellos un reflejo condicionado que les hace aprender. Pero, a vista del episodio de Doña Maria Auxiliadora, esa memoria no es aplicable a la Jefatura de Costas de Alicante, que responde en una forma mucho más deficiente que los perros, los gatos y creo que incluso los loros. Allí siempre hay que empezar de cero, lo que me hace sospechar que la conciencia ética es selectiva y no se aloja dentro de cualquiera.

Había vivido otra situación parecida con la Jefatura de Costas de Valencia, cuando me quitaron de pronto el expediente que estaba examinando en el dichoso trámite de vista y audiencia. Entonces remití una solicitud de amparo a la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados, que a mi instancia remitió una carta al Delegado del Gobierno recordando que el tramite de vista incluye el derecho a la obtención de copia de documentos y de nuevo pidiendo que dejaran hacer mi trabajo en paz.

Aún otro antecedente. En Valencia. Iba a hacer fotos de los documentos y la funcionaria no sólo me lo prohibió, sino que además me reprochó que yo estaba intentando cometer un fraude al no pedir fotocopias (que están sujetas al abono de una tasa). No sé si captáis el despiste de la funcionaria y su enfoque totalmente erróneo de la situación: La orden que regula las tasas por expedición de fotocopias se refiere a la prestación de servicios por la Administración. Si te hacen fotocopias te están dando un servicio, pero si eres tú el que obtiene copias mediante fotografía ¿Alguien puede decir qué servicio te están prestando ellos a ti? ¿Alguien me explica dónde está y en qué consiste la defraudación? Hay que ver qué casualidad y qué mala sombra que la única persona el mundo que no tenia ni idea del tema y se negaba a entender lo obvio era la propia funcionara custodia de los expedientes.

Y para terminar con esta historia tan edificante como pedagógica, os remito a dos entradas de blog anteriores llamadas El silencio del cordero y Para qué sirve ver los expedientes. Se refieren a la brutal censura que el Ministerio comenzó a aplicar a partir de mayo de 2009, a la completa y total inutilidad de las denuncias que puse ante la Dirección General de Servicios y a la nueva queja que tuve que presentar ante esos hechos en el ya bastante manoseado Parlamento Europeo.

Bien, bien,,. De vuelta al 26 de diciembre, repito el cansino ritual del juzgado de instrucción de guardia y por el camino dicto a mi despacho dos quejas, una para el Ministro y otra para el Director General. Éste último me contesta al día siguiente diciéndome que había pedido explicaciones a Doña Maria Auxiliadora. Y en seguida me traslada esas explicaciones. Decía la interesada que yo estaba citado el día 27, no el 26, y que me había presentado de improviso y sin avisar y que el motivo de quitarme el expediente es que lo necesitaba ella para estudiarlo. No le dio una explicación sobre su morboso interés en averiguar qué documentos había fotografiado. Esa cuestión la desvió delicadamente.

Los expedientes están en vista y audiencia durante un periodo entre diez y quince días. Durante ese periodo, toda la documentación debe estar disponible para el interesado, quien puede acudir a las oficinas públicas en cualquier momento para ha en las consultas que tenga por convenientes. Durante ese periodo los responsables del expediente no tienen por qué llevárselo, consultarlo ni estudiarlo, puesto que la instrucción está concluida. Y, en todo caso, la preferencia es siempre del interesado y por tanto el dibujo coherente de la situación habría sido el contrario del que efectivamente se produjo, es decir, que tendría que haber sido yo el que le quitara el expediente a la Jefa del Servicio y no al revés.

Y eso es todo. Los que están arriba siguen arriba y pueden seguir haciendo contigo lo que quieran. En medio de un país hiperemocrático en el verbo, pero no en la carne, y donde los derechos de los ciudadanos constituyen el dogma más volátil que nunca haya existido, la sombra del expediente disciplinario está muy lejos de oscurecer a Doña Maria Auxiliadora. El poder ni se inmuta, la maquinaria ni te escucha, esa mole inmensa de arrogancia y desprecio ni siquiera sabe que estás ahí.

El nombramiento y las primeras actuaciones de Doña Maria Auxiliadora coincidieron en el tiempo por mi repentino interés por la grafología. En aquella época las firmas me llamaban mucho la atención y cuando vi la de la interesada, me pareció espectacular. De hecho me quedé prendado de ella. La firma en cuestión es lo más parecido a un ovillo de lana. Un óvalo enano encierra un conjunto de líneas y tachaduras, cono si la interesa estuviera negándose a si misma. Pero renuncio a un análisis público por respeto a la interesada. El alma queda expuesta públicamente en la firma, pero sólo es accesible para quienes pueden descifrar los códigos. Y como los rasgos de esa firma/alma son como son, prefiero la prudencia y el recato a dar unas explicaciones que serian como desnudar en público a la interesada, algo que no se debe hace con las señoras.

En fin… Hoy me comentaban que hubo que recurrir a la cirugía mayor para convencer a Doña María Auxiliadora de que autorizara los fuegos artificiales en la playa en la noche de San Juan en Benidorm. Su negativa era tan cerrada como su firma.

Puedo percibir, y creo que vosotros también, la diferencia entre un funcionario publico y un comisario político. Los funcionarios hicieron su trabajo. Perfectamente, diría. Ninguno entendía la actitud de la Superiora. No quisiera que nada de lo que he escrito se interprete como una censura a estos funcionarios que bastante tienen con aguantar las manías de sus jefes. Ni siquiera pretendo lesionar el honor de Doña Maria Auxiliadora. Al contrario, le deseo una larga vida y mucha suerte. Esto es una reflexión sobre el estado de los servicios públicos en esta feria de las maravillas a la que llamamos España. Quién iba a decirle a Mariano José de Larra que tantos años después la cosa seguiría igual o peor.

Lo que me ha pasado a mi no me importa. Lo que me importa es que a vista de la situación empieza a darme cierta vergüenza enseñar por ahí mi pasaporte.

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3 comentarios to “SUCEDIÓ EN NAVIDAD (EL MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA)”

  1. nerjeño said

    A medida que iba leyendo iba rememorando lo que me ha ocurrido en estos últimos días en que estoy preparando un recurso de reposiciòn contra la resoluciòn de nuestro deslinde, que aunque nos ha dado la razón en parte, hacen coincidir, a mi juicio indebidamente la antigua ZMT con la actual, obviando que según su propio estudio de oleaje y geomorfologico, acreditan que aquella se ha retranqueado hacia el mar, y que por tanto deben contar las servidumbres desde la linea de ribera del mar ( que no grafian en planos ) y el dominio público coincidente con la ZMT del anterior deslinde.
    Yo también fuí a ver el expediente el 28 de diciembre, en mi caso sin cita previa, y me encontré el mismo panorama desértico e idílico que describes, con solo tan amables como despistados funcionarios´; sin que esto último resulte peyorativo ya que no pertenecían al departamento encargado de nuestro deslinde.
    Pretendieron, amablemente, que volviese después de las vacaciones, ya que los responsables del departamento encargado del deslinde se encontraban vacando. Sin embargo, después de insistir con firmeza, alegando que me encontraba en plazo de recurso,que no vivía en la capital,y que si no me lo proporcionaba elevaría mi queja a la “superioridad”, conseguí que me mostrasen el informe complementario que habían elaborado “ad hoc” como consecuencia de nuestras alegaciones. Concluido ese trámite solicité determinadas copias, y ahí si que la cosa se puso un poco mas dura. Me hicieron rellenar un formulario de solicitud indicando las páginas solicitadas ( hasta ahí normal ), pero me dijeron que no podían facilitármelas, puesto que me las enviarian a mi domicilio, una vez revisada la solicitud por el jefe del servicio.
    Como lo más importante que era ver el expediente y tomado las notas correspondientes ya estaba hecho, tampoco quise apretar a la amable funcionaria, que noté que se sentía incómoda, probablemente al sentirse presionada,”por detrás y por delante” .

    15 días mas tarde,como las copias no llegaban, llamé a Costas donde me dijeron que estaban listas pero que aún no había sido firmado por el jefe del servicio el oficio de remisión, contestándoles que fuese haciéndolo porque al día siguiente me pasaría a recogerlas personalmente.

    Al día siguiente,recogí las copias, entregadas igualmente por otra amable funcionaria, y solicité, esperando que me remitiesen al Jefe del Servicio como había ocurrido anteriormente en ocasiones similares, hablar con alguien que pudiese aclararme respecto al propio informe de oleaje que constaba en el expediente, cual era el máximo nivel del alcance del oleaje que habían tenido en cuenta para resolver el deslinde en nuestro caso, ya que ese era el criterio aplicado y según dicho informe la resolución no era ajustada a derecho.

    Pues no hubo manera. Tras la correspondiente espera, lógica por otra parte, al no haber sido concertada cita para tal consulta, el Jefe del Servicio, con amabilidad contenida, se cerró en banda a facilitarme tal información, a pesar de que era quien firmaba y autorizaba todos los documentos del deslinde, alegando que todo estaba en el expediente y que toda su obligaciòn consistía en facilitarme su vista, olvidando la obligación de las autoridades y funcionarios, de facilitar a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones y del derecho de los ciudadanos, al menos sobre el papel, de obtener información y orientación acerca de los requisitos jurídicos o técnicos que las disposiciones vigentes impongan a los proyectos, actuaciones o solicitudes que se propongan realizar .
    Bueno, pues después de mucho pelear, todavía estoy esperando una respuesta concreta a tan concreta como trascendental pregunta, sobre la cual, a pesar de tener formado mi propio criterio, quería conocer en que se basaba el criterio administrativo, que por insuficiencia de la motivaciòn de la resoluciòn, era totalmente arcano y desconocido.
    Así que como puede verse la historia se repite por doquier.

    Saludos y Adelante

  2. […] Haus- und Wohnungseigentümer geführt hat, reformieren. Wie Landwirtschafts […]SUCEDIÓ EN NAVIDAD (EL MILAGRO DE MARIA AUXILIADORA)26 de diciembre (paz y amor). La Jefatura de Costas está solitaria, excepto por tres funcionarios […]

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