No deja de ser una rara satisfacción vivir en un mundo tan absurdo y carente de lógica como el nuestro. Hoy he vuelto a visitar la ya famosa Audiencia Nacional y aparte de echarnos unas risas con el blog de ayer, me ha venido Gutiérrez, mi paciente, a comunicarme que después del primer día de tratamiento ya se encontraba mucho mejor. Y para darle más énfasis ha recordado que estaba hecho polvo desde hace tres meses (Para entender de qué se trata leed el blog anterior). Me dice que después de los antibióticos, y viendo que no daban resultado, la doctora le había recetado inhalaciones de unos productos químicos con un cacharro especial que tenían que prestarle en la Seguridad Social por quince días. Y que le había advertido que el mal se iba a hacer crónico. Eso lo cuenta como una leyenda pasada de alguien que ha estado secuestrado por los trolls o algo parecido.
¿No os parece fascinante? ¿Os imagináis cómo seria una Seguridad Social que funcionara sobre la base de la sensatez y los remedios naturales, o mejor una sociedad donde cada uno hubiera recibido desde niño la información precisa para que su salud no dependiese de otros, ni de los médicos, ni del Ministerio de Sanidad, ni de los laboratorios, ni de los poderes financieros, ni de los políticos? Seria posible si el Estado estuviera al servicio de los ciudadanos en lugar de ser una marioneta de las multinacionales que trafican con la enfermedad. Y lo grandioso es que esto puede conseguirse. Las bases nutricionales y ambientales de una vida saludable son simples. Si todo el mundo las siguiera, los consultorios médicos estarían no vacíos, pero casi. Los supermercados que venden comida procesada desprovista de nutrientes (es decir, todos) tendrían que cerrar. Los fabricantes de esas porquerías que nos presentan como alimento habrían de adaptarse a la nueva situación. El problema es que como ciudadanos no tenemos capacidad de respuesta porque la cárcel está dentro, en nuestro entendimiento, y porque ellos dictan nuestros pensamientos, opiniones y preferencias.
La sesión de consultas ha continuado durante un rato. La funcionaria, después de leer el blog de ayer, quería conocer el secreto para hartarse de comer sin engordar. Gutiérrez me ha preguntado, y no es el primero, cuál puede ser un menú saludable en un día cualquiera. Y hemos hablado de la entrañable manera en la que la combinación de vino o cerveza y… jamón, origina que en la boca se genere un potente cancerígeno llamado nitrosamina, algo que leí en 1984 en Scientific American y que tampoco nos advirtió Leire Pajin cuando era Ministra de Sanidad ni nunca nos advertirá nadie con poder.
Si alguien se barrunta que con mi paciente me siento como Harry Potter el día que le dieron por primera vez una varita mágica e hizo con ella algo fantástico, puedo confirmar la sospecha. De hecho, ayer, al salir de mi consultorio de salud en la Audiencia Nacional, recibí un correo electrónico pidiéndole una solución natural contra el dolor de muelas, lo que después del episodio de la mañana me pareció un exceso. Pero lo que yo querría, más que dar consejos, es mover a mis conciudadanos a saber y a cuidar de si mismos. Algo que es posible con algo de pensamiento critico y un simple y modesto boca a boca,

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