DOS NIÑOS JUEGAN EN UN CHARCO (SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL POBLADO DE JACOMAR)

noviembre 27, 2011

 Entre los arrecifes, un charco brilla al sol. Dos niños patean en el agua dorada. Su padre comenta con orgullo que en este rincón los pueden jugar y explorar en libertad, además de aprender a pescar. Los hombres son aquí tipos recios, gente de la tierra que se permite el lujo de unas relaciones sociales hoy prohibidas, las de los núcleos pequeños, donde todos se conocen y comparten. Son esas cosas tan simples como saludarse, comer en grupo o salir al juntos al mar en demanda de un cubo de pescado fresco. Esto antes era siempre así. Ahora nunca o casi nunca, porque vivimos en una sociedad de ciencia ficción donde nadie conoce a nadie y todos desconfían de todos.

Al pensamiento único esas salidas de tono no le van. Al hombre del siglo XXI, para transformarlo en ciudadano modelo, es necesario desnaturalizarlo y romperle las raíces, aunque sea con machete. Es así como se obtiene la sumisión en una sociedad con el Estado como única referencia.

Con el paisaje sucede lo mismo que con las relaciones entre las personas. El pensamiento único ha sido dictado por el Estado y no admite resistencia. El paisaje forzosamente ha de ser como ordena el Estado. De nada valen esos baluartes de civilización que aparecen sorprendentemente en paisajes muertos y secos, y que fueron creados por la audacia humana a lo largo de los siglos. Si la historia del hombre creó poblamientos litorales, refugios pesqueros y enclaves costeros, arrollaremos la historia del hombre para crear una realidad nueva definida por pedruscos y lagartijas conforme a la doctrina del Estado.

Una vez leí un análisis de Robinson Crusoe. Decía que en su naufragio había llevado consigo un equipaje invisible que era la civilización. Aventureros atrevidos abrieron en las costas de Canarias espacios de civilización, a veces en extremos inverosímiles. En ellos, hoy día, los niños en vez de darle a la play station, juguetean en libertad con la arena, los peces y el agua, y los padres gozan de una autentica convivencia con sus vecinos. Una convivencia a la medida del hombre. Es el tipo de convivencia que proporciona la satisfacción de pertenecer a un grupo y asigna seguridad psicológica. Y encima sin cobertura de móvil. Son varios pecados seguidos contra el Estado despersonalizador, el de los hechos materiales (el asentamiento litoral) y el de los inmateriales (las relaciones auténticamente humanas).

   Hoy he estado en Jacomar, en lo más recóndito de Fuerteventura. Para llegar allí hay que tragar polvo a manta por una pista imposible y después caminar ochocientos metros por arrecifes resbaladizos. En un recodo del camino descubres el antiguo refugio pesquero, con sus casas de piedra bien alineadas y sus tejados rojizos, y lo primero que piensas es que estás ante un nuevo milagro en el que unas familias se han animado a humanizar un paisaje inhóspito.

Estoy defendiendo este poblado de la destrucción desde 2007 pero no lo había visto hasta hoy. Los tribunales me han dicho que no a todo y los ingenieros de Costas se movilizaron hace poco para proceder al derribo y de esta manera cumplir con su objetivo, consciente o inconsciente, de dinamitar un foco de civilización, borrar todo rastro del género humano, mandar a los niños de vuelta a la play station y exterminar la convivencia franca, sana y espontánea. La decisión del Estado es que aquí sólo queden las olas y las piedras, y de alguna manera insisten en que esto es conforme con los intereses generales.

No sólo pretenden echar a estas personas. Quieren también que paguen los costes del derribo. Llevo mucho tiempo discutiendo con los funcionarios, las autoridades, el abogado del Estado y los jueces para convencerlos de que la medida es ilegal por el motivo fantásticamente simple de que no hay un sólo precepto en el ordenamiento jurídico que así lo diga, es decir que condene a estas personas a pagar el importe de la demolición (que incluye la limpieza post mortem del lugar y el traslado a vertedero autorizado). Los funcionarios, las autoridades, el abogado del Estado y los jueces me contestan que no tengo razón, pero no me dicen por qué. No aportan ni un sólo argumento que merezca ese nombre, y sobre todo no me citan ningún precepto. En los últimos tiempos, algunos magistrados de Canarias, acorralados por unas demandas judiciales en las que los desafío a que me citen el articulo en cuestión, creen haber encontrado alivio en el articulo 95 de la ley de costas y me dicen que ese precepto es el que legitima la condena a los costes del derribo. Esto me resulta especialmente divertido, porque el articulo 95 se refiere a los expediente sancionadores y la recuperación posesoria no es un expediente sancionador. Por lo demás, un principio general del derecho prohíbe la interpretación analógica o extensiva de normas restrictivas de derechos individuales, que es justamente lo que han hecho esos magistrados. Por lo tanto, el argumento, repetido en bastantes sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, no es más que el reconocimiento de que no tienen razón. O de que la tengo yo.

  Esto lo he contado sucesivas veces en el Parlamento Europeo: A una familia en Valencia le cobraron más de 60.000 euros para financiar su propio derribo (las pagaron). A una ciudadana de Soller le exigían 360.000 euros (leed la entrada de blog Los escombros perdidos de Fiorentina Mora, es muy divertido). Pero lo de Jacomar es de otra dimensión. Aquí los costes del derribo y retirada de los materiales son brutales porque al lugar no se puede acceder más que con barco, por lo que los responsables pidieron presupuesto para alquilar una gabarra en Las Palmas y les pedían 300.000 euros sólo por ese concepto. Así que entre los costes del derribo, la retirada de los materiales y su entrega a vertedero autorizado es posible que la broma cueste un millón de euros. Ese importe tendrá que ser abonado por las personas a las que he visitado hoy, ninguno de los cuales tenia aspecto de Rockefeller aunque nunca se sabe. Sus hijos no sólo no podrán seguir jugando con los charcos, sino que tendrán que hacerse hombres rápidamente para ayudar a sus padres a pagarle al Estado una deuda imposible. Esto es lo que sucede cuando de pone en marcha el pensamiento único.

Hace unos meses el abogado del Estado pidió autorización al Tribunal Superior de Justicia para ejecutar la sentencia que desestimaba mi recurso, es decir, para desencadenar el Apocalipsis. Formulé alegaciones para que se le denegara por tener en trámite recurso de casación. Y se la negaron. Pero la situación es transitoria. El Estado, con su monopolio para decidir cómo ha de ser el paisaje, está dispuesto a organizar una operación de demolición casi militar, de proporciones inmensas, a invertir cantidades no menos inmensas y a arruinar de por vida a estas familias y a sus hijos exigiéndoles el recobro. Y todo para mayor esplendor de las piedras y de la soledad.

  Si permitimos que el Estado prevalezca sobre la sociedad, estaremos perdidos. El Estado no debería ser otra cosa más que la concreción del grupo. Pero no lo es. Se ha transformado en un aparato independiente que sólo atiende a las élites económicas y si acaso, en lo que nos ocupa, a una casta de ingenieros de caminos y abogados del Estado cuya visión de la realidad es de tiralíneas. Estos tipos ni reparan en los cuartos que sus manías van a costar a toda la sociedad, (porque no los pagarán de sus ahorros), ni se preocupan de la tragedia humana que pueden provocar con sólo una firma (porque no va con ellos), ni mucho menos piensan por un solo instante que pueden no tener razón (porque son así de soberbios).

Como dicen por ahí, si luchamos podemos perder. Si no luchamos, estamos perdidos.
José Ortega

ABOGADO

http://www.costamaritimas.es

 

Anuncios

8 comentarios to “DOS NIÑOS JUEGAN EN UN CHARCO (SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL POBLADO DE JACOMAR)”

  1. Antonio said

    Costas continua actuando siguiendo unas determinadas consignas políticas. No importa cual sea el objeto ni los sujetos de su actuación. Se trata de tener de nuevo presencia en el litoral por delante de comunidades autónomas u otras administraciones aunque con ello sumen inmensos perjuicios y destruyan no sólo riqueza sinó determinadas maneras de convivéncia en el litoral

  2. Fede Aniorte said

    Es triste: hay muchísimas personas que dirán: Ay que ver! Qué imaginación tiene… Estas cosas no pasan en España. Se lo está inventando o como mínimo exagera…
    Lo que no saben esas personas es que hay ejemplos como éste por toda la geografía española. Y esa actitud de la Administración de arrasar con todo en beneficio de quién sabe qué, no es la excepción sino la regla.
    Gracias a José Ortega esa situación está cambiando…

  3. goyobenitez said

    Cuando estudie empresariales, existia una asignatura que era derecho civil y de los primeros conceptos que nos daban era lo de las fuentes del derecho: entres otras se nombraba la costumbre. “La nota distintiva fundamental entre ley y costumbre se encuentra en su origen o procedencia, pues la ley procede del poder legislativo que la propia sociedad estatuye, mientras la costumbre lo hace de la misma sociedad, que mediante la observación continuada de una conducta acaba por imponerla como precepto. Aun así, esta no es una fuente del derecho, pero se toman los fundamentos de esta. No obstante lo anterior, en algunos ordenamientos puede ser fuente supletoria de la ley, como ocurre en el ordenamiento español”.
    Por tanto de que estamos hablando, es costumbre en esta Isla, desde que tengo uso de razón que la gente del campo, cuando hay mareas, venga al mar, a pescar, mariscar o pulpiar. Nos han prohibido pescar, nos han prohibido mariscar y nos han prohibido pulpiar. Todo ello en base a la cantinela de la protección del medio, este se ha protegido de una forma natural respetando las mareas y hemos llegado hasta del dia de hoy. Sin embargo a partir de las prohibiciones, tenemos lapas, que no se pueden coger, hasta en Mercadona. Urgen decisiones que pongan fin a estas practicas, la comercialización de estos productos, pero lo mas que urge es el respeto por las tradiciones y estos enclaves de la Isla lo son, o llama mas la atención los complejos que se han vertido por toda la costa y que no los diferencia de cualquier otro sitio del mundo, quizas sea eso la homogenización de todos, me resisto, soy ciudadano del mundo pero soy isleño y morire siendo isleño.

  4. JoseBlue said

    El estado es el primer terrorista de este Pais, no hay duda .
    Nadie persigue a los políticos que nos han hundido en una crisis sin final.
    Nadie les hace pagar por las obras faraónicas inviables y absurdas que han aprobado y que al final han acabado costando el doble o el triple del presupuesto inicial.
    Y eso que se trata de millones y millones de euros que han salido y saldrán de nuestros bolsillos.
    Que hace el Gobierno y la Justicia con los desmanes urbanísticos, la especulación y la agresión real que se hace en la costa y que se tapa con dinero?
    Nada.
    Pero sí que se puede ir contra gente humilde que tiene una propiedad centenaria y dar un “castigo ejemplar”.
    Te quitan tu propiedad basándose en una ley ARBITRARIA y absurda y eso sí que se cumple a rajatabla.
    La Justicia y los jueces se blindan para que todos nosotros paguemos. No admiten argumentos. No quieren escuchar. No pueden escuchar porque es obvio quién tiene la razón.
    El Estado no quiere perder esta batalla.
    Ojalá desde Europa reaccionen pronto.

    Suerte Jacomar!!

  5. Nerjeño said

    Desconoco los detalles del caso y de la resoluciòn judicial, pero lo que si parece meridianamente claro en el el artículo 95 de la ley de Costas, que parece ser con el que pretenden justificar la decisión de cargar los gastos de demoliciòn, es que para ello, hay que ser declarado “infractor”; o lo que es lo mismo, autor de una infracciòn administrativa de las contempladas en dicha ley; y por tanto, objeto de la correspondiente sanciòn que lleve aparejada dicha supuesta infracciòn. No siendo así no parece justificado aplicar dicha norma. Y hacerlo deja en muy mal lugar el principio de legalidad.
    Cuando la aplicaciòn del derecho deja de ser inteligible por el común de los mortales, resulta evidente que o hay que cambiar el derecho o a quien lo interpreta y aplica.
    Espero que tengas éxito en tu recurso y gracias por tu constante lucha por racionalizar la interpretacion y aplicaciòn de la Ley de Costas.

  6. pepin de pepo said

    Con el Estado hemos topado. ¡Insurrección!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: