POR QUÉ HAY QUE CAMBIAR EL REGLAMENTO DE COSTAS (I)

noviembre 8, 2011

El reglamento de costas fue redactado en un momento de euforia de los ingenieros. Los socialistas acababan de colar en las Cortes una ley de costas nueva y absolutamente revolucionaria y los capitanes de la casa se creyeron los dueños de España, su derecho y sus habitantes. Fueron estos capitanes, es decir, los ingenieros de caminos, los que redactaron el reglamento de costas. El hecho de que me una una saludable amistad y un probado respeto con uno de esos redactores, Paco Montoya, no impide la critica que viene ahora, que es igualmente respetuosa.

Para entender el por qué de las cosas suele ser precisa algo de historia. En este caso, conviene conocer la práctica histórica de la Administración a la hora de tramitar un deslinde. O, mejor, la profunda diferencia entre su modo de proceder antes y después del 28 de abril de 1998.

Antes de esa fecha, los ingenieros vivían felices y comían perdices. Un día subían de almorzar y decían “voy a dibujar una línea de dominio público”. Y con las mismas, como dicen en Cartagena, la trazaban por donde buenamente (o malamente) les parecía. Ni se les pasaba por su recta cabeza justificar por qué iba por ahí y no por allí. Era un modo de proceder cuartelero en el que no cabía sino bajar la cabeza.

Ese mundo feliz concluyó aquel 28 de abril. A partir de entonces no tuvieron más remedio aquellos ingenieros que entender que la vida no era como creían y se vieron obligados a reparar en la existencia de ciudadanos y de derechos y por tanto a salir de su autismo. En resumen: Que se tuvieron que poner a justificar por qué hacían las cosas. Que esas justificaciones estén amañadas y no sean serias es otro tema y además tampoco es noticia. La cosa es que al partir de aquella fecha todo cambió y dejadme que reconozca mi responsabilidad, puesto que fue un servidor quien consiguió aquella sentencia histórica en la que la Audiencia Nacional le preguntaba s los ingenieros que qué se habían creído y les advertía que no podían aprobar una delimitación sin previo estudio ni justificación.

Y la que se armó. Mientras escribo este articulo estoy volviendo de Madrid, donde he tenido el gusto de examinar uno de los más farragosos e indigestos estudios geomorfológicos de los muchos que han pasado por mis manos. Lo hizo la Universidad Politécnica de Valencia en cinco bonitos tomos repletos de información que francamente no interesa a nadie y nadie lee, pero que ha debido costar un riñón.

Esto es algo que siempre me sorprende cuando leo (o más bien miro) este tipo de documentos. La cantidad de rollo autentica y reconocidamente patatero que meten para espesar el papeleo, algo parecido a lo que hacemos en casa cuando echamos la taza más y más cucharadas de chocolate en polvo. No nos dicen, por ejemplo, hasta dónde alcanza el temporal por procedimientos cómodos y entendibles, sino crípticos y soporíferos. No nos marcan la mancha de las algas o el verdín en las rocas, mi acuden a los viejos el lugar, sino que nos enchufan estudios de cota de inundación con muchas fórmulas y muchas letras griegas o nos proponen una genealogía fenomenal de las plantas halófilas.

Lo que tiene todo esto que ver con el reglamento de costas es que cuando aquellos señores que se creían dueños de España, de su derecho y de sus gentes se pusieron a redactarlo, ni se les ocurrió que antes de iniciar un deslinde había que justificarlo. Algo dice el articulo 15 del expediente de investigación, cierto, pero doy fe de que nunca he visto uno y no creo que la Administración nunca haya tramitado alguno ni para hacer un ensayo.

Y no sólo eso. Cuando los artículos 22 y 23 regulan la tramitación del deslinde, recogen el núcleo denso del asunto, que es el proyecto de deslinde. Este proyecto de deslinde estará integrado por una serie de documentos entre los que se cuenta la llamada justificación de la delimitación. Y a esto es a lo que se acogen los jefes de costas para sustentar su punto de vista de que no están obligados a justificar (es decir, a razonar con pruebas) el discurso de la línea sino hasta que llega ese mágico momento de la elaboración del tantas veces repetido proyecto de deslinde.

Recuerdo uno de los expedientes más gordos que he examinado, el de Arenales del Sol (23 carpetas de a cinco kilos). Los interesados, con buen criterio, pidieron en los primeros compases la apertura de un periodo probatorio con arreglo a la ley de procedimiento administrativo. El entonces jefe de costas (y más tarde y durante muchos años Subdirector General) Ángel Muñoz, dijo que nanai, pues la Administración no estaba obligada a justificar la delimitación hasta la redacción del proyecto de deslinde.

Esto, ustedes perdonen, es algo que no tiene pies ni cabeza. De hecho, la propia Administración se ha apercibido felizmente de ello y ha comenzado (desde la celebrada primavera del 98) a hacer el estudio geomorfológico primero y a incoar el procedimiento después. De esta manera los pobres afectados, ya que les van a pasar por encima, saben al menos la causa,

El diseño del procedimiento de deslinde el el reglamento de costas es técnicamente deficiente. Todo lo que se hace antes de la elaboración el proyecto de deslinde, que es mucho (información oficial, información publica, apeo y alegaciones posteriores al apeo) no vale de casi nada, puesto que la línea aún carece de justificación. Por tanto, ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, ni los ciudadanos que concurren a la información pública, ni los afectados que se personan en el acto de apeo, saben de qué va la cosa. Sólo están seguros de que ahí les han puesto una línea. Si alguno pregunta por qué, la respuesta está chupada: la justificación se hará más tarde (meses después), con el proyecto de deslinde.

Pero es que además, queridos míos, el proyecto de deslinde es el último tramite del procedimiento. Después sólo se extiende el vacío, puesto que el jefe de costas envía toda la cosa al Director General y a esperar la resolución ¿Lo podéis entender? En la regulación el procedimiento, la justificación de la delimitación no sólo no es el primer trámite el expediente: es el último. Nos pasamos todo el tiempo suplicando que nos digan por qué, y cuando por fin nos lo dicen es para añadir perdone usted pero estamos a punto de firmar la resolución por la que le quitamos su casa, así que si no le importa no nos moleste. Esto es algo que le gustaría mucho saber a nuestros socios europeos. Hay que ver qué monos y qué europeístas somos y al mismo tiempo qué lastre para la civilización y la cultura ¿No os parece?

Menos mal que a algún alma caritativa se le ocurrió que así, tal cual, el reglamento de costas quedaba muy seco, y mandó que se aplicara el trámite de vista y audiencia. Gracias a esto el proyecto de deslinde, con su justificación de la delimitación, no es ya el último, sino el penúltimo trámite del procedimiento. Pero la vista y audiencia se aplica porque la ley de procedimiento administrativo, donde viene regulada, es de aplicación subsidiaria. En realidad es un parche cuya necesidad confirma que el reglamento de costas hace aguas.

Por consiguiente, se necesita una reforma que, entre otras cosas que diré, mande que la incoación del procedimiento viene acompañada del correspondiente estudio técnico para que todos puedan conocer las pruebas y razones de la delimitación.

A ver si alguna figura preclara del Partido Popular, ahora que estos señores se van a hacer cargo de nuestras vidas, lee estas letras y hace algo al respecto.

José Ortega
Abogado
ortega_abogados@hotmail.com

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3 comentarios to “POR QUÉ HAY QUE CAMBIAR EL REGLAMENTO DE COSTAS (I)”

  1. Inma T said

    Y si mandasemos el articulo via e-mail a los Sres. Politicos?

  2. […] Fuente :- Costas Maritimas El reglamento de costas fue redactado en un momento de euforia de los ingenieros. Los socialistas acababan de colar en las Cortes una ley de costas nueva y absolutamente revolucionaria y los capitanes de la casa se creyeron los dueños de España, su derecho y sus habitantes. Fueron estos capitanes, es decir, los ingenieros de caminos, los que redactaron el reglamento de costas. El hecho de que me una una saludable amistad y un probado respeto con uno de esos redactores, Paco Montoya, no impide la critica que viene ahora, que es igualmente respetuosa. […]

  3. A los señores políticos habría que mandarles una caja de navidad llena de libros de autoayuda y uno o dos tratados sobre moralidad.

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