DESPANZURRANDO UN DESLINDE DE RÍOS

noviembre 2, 2011

La funcionaria es calmada y amable. Sonríe continuamente en un esfuerzo por no desagradar. Se nota que sabe que los de su estirpe tienen mala fama y que la presencia de un abogado puede elevar la temperatura.
Nos hemos presentado allí mi clienta y yo para algo tan inocente como estudiar un expediente de deslinde, en este caso del deslinde de un río. Pero esta escena podría haber sucedido en cualquier otra oficina pública de esta desafortunada España gobernada por idiotas y con cualquier otro expediente, fuera de deslinde o no,
-Si quieren consultar el expediente deben pedirlo antes por escrito-dice la amable funcionaria.
-Ya lo hemos pedido -contestamos-, hace quince meses.
Y mostramos la solicitud, de julio de 2010.
-Ustedes no han contestado -añadimos, verbalizando lo que es obvio.
-Yo no sé si les han contestado o no, pero deben pedirlo por escrito.
De ahí no la sacan. Esa amabilidad, esa calma y esa sonrisa esconden la realidad de que esta señora ha recibido entrenamiento para decir no. No muerde ni da susto como Cerbero, el perrazo que guardaba la entrada del Hades, pero el resultado es el mismo, es decir que vas a ver un expediente y no puedes.
-¿Pueden venir ustedes pasado mañana? -pregunta, conciliadora.
-Imposible -contesto- , estoy recién llegado de Valencia (me giro para mostrarle la mochila a mi espalda, puesto que acabo de bajarme del avión) y mañana me vuelvo.
-Pues no podemos hacer otra cosa, porque mañana tenemos aquí una inspección -concluye la funcionaria.
-No será tan difícil, lo único que necesito es que me dejen el expediente y yo me encargo
de estudiarlo. Ustedes sólo tienen que Lo único que sacarlo de la estantería.
-No es así, porque el expediente hay que prepararlo. Ustedes no pueden ver su contenido integro, sólo las partes que les afectan -objeta la funcionaria, sin perder ni sonrisa ni compostura.
Ya estamos con el mismo rollo de siempre. Desde hace unos tres años la Administración ha encontrado una fórmula simplemente maravillosa para entorpecer la defensa de los ciudadanos. Es fácil, lo único que hay que hacer es apelar a la intimidad de las otras personas cuyos datos figuran en el expediente, y con esto ya no nos dejan ver el expediente integro, que es todo lo que necesitamos. Nos irán dando documentos con cuentagotas o algo parecido, pero no nos dejaran examinar la carpeta en paz.
Ni me canso en establecer una discusión con la funcionaria (Otro día contaré lo que me pasó en la Jefatura de Costas de Valencia cuando intentaba cumplir el tramite de vista y audiencia de un expediente, que resulta muy aleccionador). En lugar de eso mi clienta, que en el ínterin ha hecho una llamada clave, pide hablar con el jefe.
El jefe es un señor bajito, equilibrado, inteligente, educado, grato y enormemente paciente que nos recibe en un despacho enorme con una o dos banderas, una creo que de nuestra patria (como se decía cuando yo estaba en el cole) y la otra de la Autonomía, señal de su alto rango,
Este señor, que es Subdirector General, nos da todo tipo de detalles sobre el deslinde, sus métodos, sus resultados, sus consecuencias y todo lo que queremos saber. Básicamente la cosa es que tienen el monte lleno de sensores de caudal que les sirven para montar sus estadísticas teóricas sobre crecidas e inundaciones y de esta manera establecer la frontera entre lo público y lo privado. Mi clienta pregunta cuándo han venido los funcionarios a visitar su propiedad en un momento de lluvias, como para llegar a la conclusión de que la crecida la inunda en parte, por lo que esa parte es dominio publico. Añade que ni el jardín ni la casa se han inundado nunca por la crecida del torrente. El Subdirector General sonríe, creo que con condescendencia antes de recordarle que no es posible inspeccionar visualmente todas las riberas de todos los cauces porque no hay funcionarios suficientes. Por esto, entiendo yo, la realidad debe someterse a otra realidad distinta, la creada en los despachos sobre la base de unos cálculos teóricos. Es así cómo los funcionarios públicos crean una verdad paralela que tiranía a la verdad que si no fuera tautológico podríamos llamar verdadera. Esa verdad de plástico creada por los ingenieros de caminos, suplanta a cualquier otra verdad creada por el llamado Supremo Hacedor. Esto es algo que recuerda al conflicto entre la España real y la España oficial. Se puede decir que es una nueva versión.
A todo esto resulta que el benévolo Subdirector General despeja todos los inconvenientes, hasta hace un momento inamovibles, para acceder al expediente. Llama a otro funcionario, le da instrucciones, y en un pestañeo estamos sentados a la mesa de otro despacho donde se han depositado cuatro cajas repletas de documentos escrupulosamente archivados y foliados (no como hacen en Costas, por cierto). Lo que han hecho es justo lo que yo había pedido media hora antes: Sacar las cajas de o estantería.
El estudio teórico de inundabilidad es críptico. Imposible entender la sopa de números sin haber pasado por la Escuela de Caminos. Pero yo tengo otras cosas que investigar. Al Subdirector General le había reconocido que lo que andaba buscando era algo que echarme a la boca para dar al traste con todos sus cálculos y conseguir la nulidad del deslinde. Quizá la caducidad, que es una de las pocas formas de tener éxito en esa empresa, teniendo en cuenta lo duros y difíciles que están los tribunales con los ciudadanos (y paralelamente blandos y fáciles para la Administración, aquí la simetría es perfecta, además de vergonzosa).
El obsequioso Subdirector se había apresurado a desmentirme. Ya se habían llevado unos cuantos varapalos del Servicio Jurídico, que era muy escrupuloso y les había echado atrás tres expedientes precisamente por caducidad. Pero en el que yo quería ver, en en cambio habían emitido informe certificando que todo estaba bien. Por tanto, toco estaba bien.
Excepto cuando viajo en avión, prefiero fiarme de mí mismo, y por lo tanto me da igual todo lo que me digan terceras personas sobre la correcta tramitación de un expediente. A veces he tenido que revisar algunos detrás de que lo hicieran grandísimos Abogados y he encontrado defectos que ellos no habían visto. Y cuando son los funcionarios los que ponen el aval ni te cuento.
Así que me puse a mirar papel por papel y por supuesto que encontré el error que buscaba.
La institución de la caducidad del expediente es muy peculiar, porque el expediente tiene que estar no solamente resuelto, sino también notificado a los interesados dentro del plazo. Por tanto, ni siquiera cuando a dicta la resolución es posible saber si esa misma resolución será nula por no haberse practicado a tiempo notificación de la misma. Y si una cosa así no puede ser prevista en la resolución, que obviamente es el último trámite de las actuaciones, mucho menos en un informe del Servicio Jurídico. En este caso, el informe dejaba constancia de que lo que se había hecho hasta entonces estaba bien, pero claro está que no podía pretender lo mismo de los trámites posteriores. Y eso es justamente lo que sucedía, que éstos últimos estaban mal.
En el fondo esta profesión es divertida. Tiene mucho de policía, pero sin dar bastonazos, y de detective, aunque si lupa. Si conoces los secretos del Derecho Administrativo, puedes desmontar casi cualquier invento de la Administración. Pero la herramienta más poderosa no es el conocimiento del Derecho. Es duda. Haced como yo: dudad de todo y fiaos sólo de vosotros mismos.

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4 comentarios to “DESPANZURRANDO UN DESLINDE DE RÍOS”

  1. ines said

    ole le y ole jose ojala todo el mundo fuese como tu,y seguro que podras ayudar a esa señora que le acompañaba.la administracion se creen los dueños de todo y por eso dan por hecho que todo esta bien ¡como van a cometer errores¡jajajajaj pues son qien mas losn cometen.en fin mucha suerte y para delante un besazo

  2. nerjeño said

    Eso de la duda metódica ya esta inventado. Lo inventó Descartes. Pero no esta mal que alguien nos recuerde de vez en cuando las bondades de la duda como método, pues los humanos somos flacos de memoria. Y de eso abusa el poder, y la Administraciòn, como herramienta al servicio del mismo.

    Saludos y gracias por estar ahí

  3. werwer said

    Hay que reconocer que redactas tus experiencias muy bien, Ortega, da gusto leerte aunque no comparta tus consideraciones, eso te lo reconozco. Pero no me ha quedado claro el final de la historia: ¿al final pudiste anular el deslinde?, y en ese caso: ¿sirvio para algo o volvieron a realizar otro igual sin defecto de forma?

  4. tomas said

    La tactica como abogado de buscar anomalias juridicas ,sin ir al fondo de la cuestion , está generalizada.

    Lo que se hace primero es buscar fallos y argucias para “desbaratar” el expdte.¡¡

    Enhorabuena.¡¡ (es lo mismo que recurrir una multa de trafico).

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