Estimados señores y señoras del partido popular:

Pronto, salvo mayúscula sorpresa, ustedes van a formar gobierno y podrán, entre otras, cosas, revisar la política de costas. Ya saben que desde la Plataforma redactamos un proyecto de reforma de una ley que, siendo necesaria, en su redacción actual resulta maniática, persecutoria y abusiva. Urge cambiar la ley, pero de eso hablaremos otro día.

Yo creo que más importante que cambiar la ley es pegarle un repaso a las plantillas para ver qué funcionarios son capaces de resistir la prueba de esfuerzo del respeto a los derechos individuales, que es mucho más fácil que hacer que la prueba de esfuerzo de los bancos. Hay que aplicar la ley, hay que defender las playas de los especuladores y hay que defender para todos lo que es de todos. Que sí, que sí…  sin cinismos ni doble sentido. Pero es innegociable que esto se haga guardando el respeto a los ciudadanos. Créanme, señoras y señores del PP, que hay una gran labor por hacer. Ustedes me da la sensación de que no tienen ni idea de la complicación que tienen por delante. La familia de los ingenieros de caminos, canales y puertos es una familia cariñosa y bien avenida que participa de determinadas estrategias, nociones y metas. Hace poco estaba con un alto cargo que comentaba que un día se desvió del dogma y sus compis le advirtieron: “Oye, que tú eres de la casa”.

Sí, esa es la cuestión: Tú eres de la casa. Eres uno de los nuestros. Eres de la secta. No nos vayas a traicionar, qué mosca te ha picado, por qué nos haces esto, por qué te desvías, por qué piensas por tu cuenta, por qué no te sometes, por qué has dejado de ser como nosotros, o mejor tan borde como nosotros.

Sólo como ejemplo: Un día mantuve una charla simpática con cierto Director General de Costas y me quedé tieso al escuchar su teoría sobre las concesiones de la transitoria primera. Dijo que daría las que fueran precisas pero que a continuación las pensaba rescatar porque el uso residencial en el dominio público está prohibido por la ley de costas.

Atended a este mecanismo: Los deslindes obran una expropiación forzosa especial que te deja sin casa o sin lo que sea. Como España no tiene bastante dinero para pagar las indemnizaciones por esas expropiaciones, la ley se inventa la compensación en forma de concesión y el Tribunal Constitucional dice (vete a saber por qué) que esas concesiones son justiprecio suficiente. Pero no contentos con ese proceso ya indecente de por sí, acto seguido el jefe de los jefes dice que te da la concesión para quitártela al día siguiente, y lo hace sobre la base de una mentira, porque siendo cierto que el uso residencial está prohibido en el dominio público, también lo es que estas concesiones son una excepción establecida por la misma ley porque sin no fuera así no habría compensación y nos encontraríamos ante una expropiación sin indemnización. Y esto, una expropiación sin indemnización, es lo que promovía aquel Director General de Costas. Así de burro, así de cruel y así de arrogante era el planteamiento. Pasándose por el arco del triunfo la ley, el derecho, el Tribunal Constitucional, la Constitución y absolutamente todo. No era un loco, un trapisondista o un marciano. Era el jefe de los jefes, el que decidía lo que había que hacer y no hacer en política de costas. Mandaba sobre un equipo humano perfectamente engrasado, obediente, complaciente y entregado a su caudillo.  Él ya no está, pero el equipo sigue. Esto es lo que deben saber (y temer) los señores y señoras del PP.

Ahora han puesto de jefe de los jefes a Pedro Antonio Ríos. Tengo entendido, por informaciones privadas, que es un buen tipo. De hecho, le envío desde aquí, a modo de saludo críptico, unos cuantos códigos secretos: Zalacaín, Los Lebrillos, El abanico de cristal, El candil, Aula, el Sur e Ipanema. Seguro que lo coge.

¿Qué va a pasar con él? Que sus subordinados distinguidos se lo van a comer crudo. Como me decía el otro día aquel alto cargo, lo van a abducir. Posiblemente le van a presentar una visión de la realidad total y absolutamente viciada. Y él se la va a creer porque no le queda otro remedio y porque ni tiene ni puede tener ni idea del tema. Lo mismo que todos los políticos de todos los partidos, que no tienen tiempo para enterarse de qué va esto porque están demasiado ocupados en sus luchas de poder internas y externas, que los dejan tan agotados que prefieren dejar el tema a… ¿A quién? Pues sí. A ellos.

D. Carlos Floriano

Una vez tuve el privilegio de ser recibido en el Congreso por D. Carlos Floriano, portavoz parlamentario del PP en medio ambiente. Lo encontré muy sensible a las opiniones de los miembros de su partido que habían tenido responsabilidad en costas. Y esto me preocupó. Formó en mi mente la imagen de un nuevo jefe de los jefes con carné del PP, acosado, engañado, condicionado, intoxicado y abducido por los ingenieros de costas del momento. No importa que sean ingenieros de costas del PP. Primero pertenecen a su gremio, después a su partido. Mi temor hacia esa inclinación de Floriano a confiar en los ingenieros de costas de su partido es un temor respetuoso, pero  fundado. Cuando ese partido forme gobierno, como triunfe el punto de vista de estos señores, apañados vamos porque todo seguirá igual. Ya pasó con el primer jefe de los jefes nombrado por Aznar. El hombre no era ingeniero, sino abogado, lo que abrigó esperanzas de… No, nada. Su dureza fue modélica. Y sobre su arbitrariedad juzgad vosotros mismos: En mayo de 1997 se cargó Los Arenales del Sol con un deslinde retroactivo modélico. En septiembre del mismo año, creo que atendiendo a ciertas sugerencias del entonces Vicepresidente Álvarez Cascos, inició un proceso tendente a desafectar espacios demaniales de Ribadesella. En Arenales del Sol se decía que los edificios sobre la arena no privaban a la arena de su carácter demanial. En Ribadesella, en cambio, que los edificios sobre el dominio público natural habían desnaturalizado el suelo y que había que respetar los derechos de los propietarios. El bonito gesto se comprende en parte, ya que el orgullo de ser asturiano debe notarse. Pero ¿qué pasa con el orgullo de ser ilicitano? Es el PP el que debe responder a esta difícil pregunta.

La palabra purga es una palabra fea, pero ustedes verán. O el futuro gobierno popular sustituye al equipo entero o no va a cambiar nada. Incluso esta ley tan feroz es posible aplicarla de forma respetuosa con los ciudadanos, siempre que ustedes cambien el equipo. Al mismo tiempo, una ley nueva, incluso aunque sea más tibia, tolerante o dulzona, puede convertirse en una herramienta de destrucción si el equipo continúa.

 

D. Rafael Eimil

Veamos el quién es quién que yo manejo. D. Rafael Eimil es el jefe de costas de Coruña. De una forma muy, muy respetuosa, considero que no debería continuar al frente porque se cargó el poblado de Villarrube sin autorización judicial de entrada, forzando de paso a la guardia civil a lo que modestamente me parece a mí que es deshonrar el uniforme al ponerse a proteger a los agresores en vez de a los agredidos.

Doña Lidia Pérez

Doña Lidia Pérez es Jefa de Costas de Valencia. Derribó el restaurante Pepita sin que unos cuantos de los hermanos propietarios tuvieran ni idea del asunto y cuando los interesados reclamaron la concesión de la transitoria primera, informó a sus jefes de que la petición era imposible porque el restaurante ya no existía. A los vecinos de la Casbah, cuyas viviendas están amenazadas por los temporales, les dice que se apañen como puedan. Incluso a pesar de que el mar prácticamente destruyó el paseo marítimo.

D. Ramón Galán

D. Ramón Galán Cortés es Jefe de Costas de Oviedo. Le envió al fiscal de medio ambiente de Asturias información sesgada sobre una vecina de Otur que había hecho obras en una casa de su propiedad y en un terreno que era de su propiedad hasta meses atrás, que había sido tragado por el deslinde y que debía ser dado en concesión. El resultado: Querella criminal por delito contra el medio ambiente. Se archivó después de que los propios empleados de la jefatura de costas dejaran mal a su jefe en su declaración judicial.

D. Carlos González es jefe de costas de Tenerife. Todos los años, los vecinos de la Bombilla instalaban un embarcadero para poder bañarse. Recientemente ordenó retirarlo y desde entonces el que ose meterse en el agua se arriesga a partirse la crisma. Qué casualidad que la inesperada orden coincidiera con la suspensión cautelar de los derribos masivos, dictada por la Audiencia Nacional. No digo yo que hubiera resentimiento ni venganza porque no soy el confesor de D. Carlos González, pero cada uno que piense lo que quiera. Lo de Bajo la Cuesta ya ni me canso en contarlo, pero recuerdo que este hijo de Dios, que chupó de la teta de su madre como todas las personas de bien de este mundo, sigue empeñado en derribar el barrio entero sólo para no reconocer que sus técnicos se equivocaron en  el cálculo de un ángulo.

D. José Miguel Pintado

D. José Miguel Pintado es Jefe de Costas de Las Palmas. Creo que el consejero Berriel (que en los pocos ratos que le dejan libre la defensa de los afectados por la ley de costas se dedica a derribar viviendas en la servidumbre de protección) influyó en su nombramiento. Está continuando la labor de su predecesor en la limpieza, entre otros rincones, de Fuerteventura. Jacomar es una aldea donde sólo se puede llegar a pie, por lo que los derribos hay que hacerlos trasladando la maquinaria pesada por mar a bordo de gabarras. Por eso es una auténtica fortuna lo que cuestan esos derribos, pero él parece que sigue empeñado, porque luego le pasará la factura a los vecinos.

D. Celestí Alomar es jefe de costas de Baleares. Derribó una preciosidad de casa solariega de piedra, edificada en los años veinte del siglo idem, sin escuchar a la propietaria, que insistía en reclamar el derecho de concesión. De propina le pasó 370.000 euros (según dice la interesada) como factura por el derribo. He oído que de ese importe, como 180.000 euros se correspondían con el traslado y entrega de los escombros a vertedero autorizado, y que como la entrega no llegaba, el del vertedero contrató a un detective que se dio una vuelta por la playa para descubrir que los escombros, incluyendo un buen número de hierros retorcidos, el Sr. Alomar los había enterrado en la misma playa. El interesado dijo en su descargo (según he oído) que si hizo tal cosa fue en el noble empeño de rellenar lo que había sido la fosa séptica de la familia.

Doña Francisca Baraza

Doña Francisca Baraza es jefa de costas de Murcia. Se le ocurre trazar una senda peatonal por los acantilados de Cabo Palos. Tiene tres metros de anchura (la senda, no la Paca, que está delgada) y va por la servidumbre de tránsito, pero paradójicamente, en lugar de discurrir por los tres metros exteriores y al borde del acantilado, lo hace por los tres metros tierra adentro. Incomprensible diseño que quizá se explique si añado que ese trazado tan anómalo pasa por encima de una vivienda existente en la zona, que se salvaría sólo con que doña Francisca Baraza hubiera dispuesto su paseo por el borde del acantilado, como era de esperar.

José Ramón Martínez Cordero es un jefe importante de Madrid. Creo que es el que mueve los hilos, o uno de ellos. Tiene cara de tipo estupendo, me cae bien (sí, yo tampoco lo entiendo) y  me da que debe ser buena persona, aunque es sólo un pálpito. Un día, cuando andaba perdido por la casa buscando el aseo, me indicó amablemente el camino, y esto une mucho. La verdad que el tío inspira confianza y no tiene cara de perverso, intrigante o Rasputín, pero a ciertos afectados se las hizo pasar canutas porque no le dio la gana de enseñarles el expediente de deslinde que les concernía y que necesitaban revisar porque les iban a tirar las casas al suelo. Ni ley de procedimiento administrativo, ni convenio Aarhus ni nada. Que no y que no. Tuve que recurrir al Parlamento Europeo, a Margret Auken y al asesor jurídico de los Verdes europeos para quebrar esta resistencia.

Francamente, no creo que sea ni disparatado ni caprichoso ni infundado pedir a los señores y a las señoras del PP que cuando formen gobierno, retiren muy gentilmente a estos servidores públicos de sus actuales funciones y los sustituyan por otros que entiendan que su razón de ser como funcionarios es servir a los ciudadanos en lugar de hacerles la vida imposible como corolario de su adhesión al dogma de la secta. No, no estoy pidiendo que activen ustedes esa rutina de quitar a los jefes de costas que no son de su partido y poner a los que sí lo son. Que no, que no es eso. Saquen el destornillador y desmonten la maquinaria de Madrid.  Si estos señores de Taifas hacen lo que hacen creo que es para hacer méritos ante Madrid. Es en Madrid, en la plaza Juan de la Cruz, donde tienen ustedes que poner valentía, ingenio y acierto para cambiar las cosas.

Personalmente no tengo el menor deseo de que la casa pase a estar dirigida por tipos blandos, maleables, ignorantes y dóciles ante las presiones de los especuladores o simplemente de los ciudadanos carentes de escrúpulos (que los hay). Hay que ser muy exigente vigilando que nadie pueda privatizar las playas. Pero hay que acabar por siempre con el fraude colectivo de unas personas humanas que han confundido su título universitario de ingenieros (y de otras cosas. Doña Francisca, por ejemplo, es bióloga, como Ana Obregón) con el carácter de instrumentos del destino para devolver las playas al tiempo de Adán y Eva a coste cero porque ese coste  recae sobre las costillas de los ciudadanos.

Bueno, y aparte de repoblar la casa con funcionarios tan enérgicos como probos, piensen ustedes en la función didáctica. Los responsables se conducen con soberbia, y esto el pueblo lo lleva mal. Soberbia, arrogancia, chulería y abuso, sí. Sepan que no hay nada de malo, sino todo lo contrario, en explicar las medidas que hay que tomar en las playas y en tratar de convencer a sus destinatarios. Necesitan ustedes que alguien, o un equipo, dé a estas personas la sensación de que son escuchados. Alguien con mucha paciencia y capacidad que se reúna con ellos no en los madriles, sino en los sitios conflictivos, alguien que se meta en las tripas del problema, se rodee de víctimas y haga el supremo esfuerzo de hacer entender que ciertas medidas son necesarias. A los orgullosos ingenieros ni se les ha pasado por la cabeza una cosa así. Y a los políticos que están por encima de ellos menos aún, porque creen que los primeros tienen las cosas a buen recaudo. Tienen ustedes un problema muy agudo de mentalidad que les impide ver las cosas más sencillas.

Te quito la casa, te doy a cambio una concesión y luego te la rescato por CIENTO TREINTA Y SEIS EUROS, como le sucede a un vecino de Cádiz, que por cierto no tiene otro techo. Ante esto, te caben dos opciones: O encuentras una casa para comprar por ese precio o te suicidas. Si alguien le llama a esto fraude colectivo, yo no lo voy a contradecir. Y si otro alguien lo llama fascismo cerril, a lo mejor hasta le aplaudo. Esto es lo que los ingenieros están haciendo y los políticos consintiendo.

La cosa es simple, señores y señoras del PP: aparte de la afición que le ha cogido su diputado D. Carlos Floriano a hacer bolos por las playas prometiendo un cambio en la ley de costas que nadie ha visto ¿Están dispuestos a admitir que tenemos un problema que requiere una intervención seria en las plantillas o se van a limitar a jalear el tema de costas en la campaña electoral para después dejar que los funcionarios en cuestión sigan persiguiendo a los ciudadanos?

Creo que es bueno para España que retiren ustedes de la circulación a las personas que he nombrado y les encomienden otras funciones. No que los humillen ni los posterguen ni los hundan, aquí no hay nada personal. Simplemente que los pongan a hacer otras cosas. Seguramente serán excelentísimos técnicos con capacidades y potencialidades que aguardan a manifestarse, quizá gloriosamente. Por ejemplo, sé que en Águilas, la ciudad de origen de Doña Francisca Baraza, hay tortugas silvestres ¿Por qué no encargarle un estudio de sus poblaciones, hábitos e incluso sexualidad? A los ingenieros los podrían poner a calcular estructuras, que es para lo que vinieron al mundo. Y así sucesivamente.

Vamos a hacer una España mejor. Podemos mantener las playas a raya de los amigos del ladrillo al mismo tiempo que respetamos a los ciudadanos, sus derechos y su dignidad, y rehabilitamos la imagen de nuestro país ante Europa. Puede hacerse. Tenemos que saber si el PP además está dispuesto a ello.

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