MÁS TETRAPLÉJICOS GRACIAS A UN ESTADO IDIOTA

diciembre 5, 2010

A ver quién acierta cuál es el vínculo de unión entre estas dos películas: MAR ADENTRO y A TRES METROS SOBRE EL CIELO.

¿No? Os lo voy a explicar con una experiencia personal. Cuando tenía veinte años conocí a una chica de Madrid que tenía diecinueve. Ella estaba saliendo con un chico desde hacía tiempo. Era bastante parecida, ahora que lo pienso, a la prota de A tres metros. Su chico tenía una moto y juntos hicieron viajes por toda España hasta que decidieron el equivalente de casarse, que era irse a vivir juntos. Eso sucedió cuando yo tenía veinticinco o algo así. Un día recibí una carta de mi amiga (en aquellos tiempos las cartas se escribían en papel y se enviaban dentro de un sobre con un sello). La abrí y leí lo que ponía en ella. El mismo día que se iban a vivir juntos, al salir de firmar el contrato de alquiler, él detuvo la moto para comprar tabaco y cuando arrancó no se puso el casco porque estaba cerca de su casa y total le quedaban dos calles. Se le cruzó la grúa municipal de Madrid, lo hizo volar por los aires y al caer se fracturó las cervicales. Sección medular, creo que sabéis lo que significa eso. Está tetrapléjico desde entonces y os aseguro que son muchos años los que han pasado. Ella continuó con él durante unos meses pero al cabo lo dejó y se procuró una nueva vida. Para los más jóvenes: Tetrapléjico significa que no puedes mover ninguna parte del cuerpo por debajo del cuello ¿Os podéis imaginar qué significa una vida así?

OFICIAL Y CABALLERO es una película hecha en la misma época. Allí nos proponen a un héroe irresistible, un oficial de marina todo vestido de blanco, con galones de alférez y conduciendo una moto con la que iba a buscar a la chica. Sin casco. En esa época el Código de la Circulación hacía unos años que obligaba a llevar casco, era algo relativamente reciente. Pero estamos en 2010 y esa obligación ya es indiscutible.

Pues bien, no puedo entender la irresponsabilidad del director de A TRES METROS SOBRE EL CIELO, al proponernos a un héroe que se pasa media película zumbándole a la moto sin casco y a una heroína que sube con él, como una pava, sin protección de ninguna clase. Esos, los de la moto a toda leche, son los momentos de idealidad de la peli, lo mismo que el viaje en avioneta era el momento de idealidad en MEMORIAS DE AFRICA. El típico rollo del héroe rudo e intrépido que alucina a la chica paseándola en algo. Esto es, que la conducta modelo que se nos propone es ésa misma: Andar con la moto sin casco.

La verdad, a mí nadie me puede dar lecciones de moto. Mi padre es uno de los socios más antiguos del motoclub de Cartagena y no creo que haya muchos ángeles del infierno que puedan presentar un curriculum como el mío, aunque sólo sea porque el señor Ortega me llevaba con él en la moto cuando yo tenía menos de un año y me quedaba dormido sobre el depósito de gasolina. O sea… a ver quién es el guapo que se compara conmigo.

Incluso así, la película que acabo de ver, A tres metros… la quemaría ahora mismo sólo para impedir los muertos y tetrapléjicos que posiblemente va a producir. El director de esta película, su productor y todos sus responsables, incluyendo las instituciones públicas que la han financiado, parecen no entender la portentosa capacidad del cine para crear modelos de conducta cuando fabrica héroes e idealiza pautas de comportamiento. Y no sólo eso. Lo inquietante es que la cinta no va dirigida a adultos con criterio, sino a críos carentes de él. Su público son los más jóvenes, esos chiquillos de diecisiete o dieciocho años que ni tienen ni pueden tener conocimiento en relación a las conductas adecuadas, justamente porque a esa edad les están dando forma. Unos cuantos de esos pobres chicos van a caer, se pasaran toda la vida inmóviles en una cama y se lo tendrán que agradecer a todos los patosos que han puesto en pie una película en la que se propone conducir sin casco como algo superguay.

Creo que os dais cuenta de que estamos viviendo en un Estado idiota, donde los gestores públicos toman una parte de nuestros impuestos para financiar campañas de seguridad vial y otra parte para financiar una película en la que se propone a los jóvenes que la conducta adecuada es conducir una moto sin casco. Qué bien aplican la máxima bíblica de que lo que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. Un saludito para Angeles González Sinde.

¿Qué? ¿Ya entendéis la relación entre las dos películas? Porque ya no existen los cines con programa doble. Si no, sería chupi piruli meter las dos en la programación. Primero A TRES METROS SOBRE EL CIELO, luego descanso con bolsa de pipas y chuches, y luego MAR ADENTRO.

Bueno, y ya puestos, voy a contar algo más. Hace unos seis años, un crítico de cine de Barcelona se empeñó en poner en marcha una película sobre un guión titulado EL CAMINO AL PARAISO. Tenía preparada la financiación con (ja ja) dinero negro procedente de los tiburones de la construcción y con publicidad estática. En concreto, consiguió el equivalente en euros de cuarenta y cinco millones de pts. a cambio de que en la película se vieran tres marcas. Una de seguros médicos privados, otra de kiwis y otra de un banco. Estaba chupado, porque todo eso se podía colar más o menos bien en el cuadro sin que resultara aparente.

Los productores de A tres metros… creo que se han pasado. Hay una prestigosa marca de bebida refrescante procedente de un país donde antes había pieles rojas y bisontes y cuya fórmula es totalmente secreta, que debe haber puesto bastante pasta para la peli. Primero la niña de Camino, que hace de hermana, aparece hablando por teléfono y,  casualmente, con una botella en la mano donde es evidente la marca. A continuación, el niño y la niña se comen unos bocadillos en la playa y mira tú qué casualidad que también beben refresco de la misma marca y con la etiqueta visible a tope. Pero la bomba viene en la secuencia del aparcamiento, donde vemos un cartel de publicidad de enormes proporciones que llena la mitad de la pantalla. Casualidad de casualidades: ¿Podéis imaginar que aparece la mismísima marca de refresco? Creo que la publicidad estática es un buen sistema para financiar cine, pero creo también que resulta imprescindible mantener la dignidad. Y la prueba es que en el cine el público hacía comentarios jocosos ante el pedazo de cartel en la secuencia del aparcamiento. Un poco más de recato, o quizá podríamos llamarlo vergüenza, no habría venido mal. Yo no he ido al cine para que me digan qué refresco debo beber.

Y ya termino este despellejamiento brutal lamentándome del previsible final del Pollo. Yo no sé si esto es un error de los guionistas, de los directores o de todos a la vez, o si lo hacen a propósito. Cuando en MEMORIAS DE AFRICA Robert Redford, disfrazado de Deniss Finch Hatton, le dice a Merryl Strip en el papel de Isak Dinessen “nos vemos el viernes”, ya sabemos que no habrá ni viernes ni cita. Cuando en A tres metros… el Pollo le dice a su amigo Hache que al día siguiente va a ganar la carrera, también sabemos que lo único que va a ganar va a ser un hostión de muerte, como así es.

En fin… Esta película nos propone una historia que es un clásico del cine, incluso el cine de Disney. La dama y el vagabundo y Los pájaros de Baden Baden son sólo dos ejemplos de niña pija enamorada de gamberrete de la calle. Pero a mí, personalmente, me parece un error elegir para gamberrete simpático y héroe de la historia a un neurótico peligroso capaz de perseguir el coche de un niño pijo por el mero hecho de ser pijo y,  en plena conducción, emprenderla a martillazos con cristales, parabrisas y carrocería.  Corramos, por lo demás, un tupido velo sobre el hecho de que este héroe neurótico y peligroso mantiene relaciones sexuales con una menor de edad (extraordinario modelo de conducta que también nos propone el director). Es que además le pega. Le pega un buen guantazo al final de la película y creo yo que éste es el prototipo del maltratador. No importan los lloriqueos después de la bofetada de un tío hecho y derecho a una niña que acaba de cumplir 18 años. También son propios de esa especie repulsiva de los maltratadores. Menudo héroe y menuda película.

Hay otras formas de contar esa misma historia de niña bien y gamberro encantador, lo mismo que hay otros refrescos para beber y otras formas de conducir una moto. Por ejemplo, con casco.

Yo, si fuera la asociación de enfermos de tetraplejia, exigiría al Ministerio de Cultura la retirada de la película de las salas de exhibición.

 José Ortega

 Abogado

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