PIDIENDO EL DIVORCIO A LA GUARDIA CIVIL

En 1983, creo, se puso en marcha la ley del divorcio de la mano de aquel superministro llamado Pacordóñez, que era super porque también toqueteó la ley de la renta y que por cierto tenía una casa en Santa Pola, dicen que al borde del mar y con fama de intocable, ni por la ley de costas, ni por sus ejecutores ni por el Sumsum Corda. En aquel entonces un servidor se estaba iniciando en la profesión de abogado y casualmente llegó al despacho una carta manuscrita.  La había remitido al Comandante de Puesto de la Guardia Civil una anciana que con la nueva ley había visto el cielo abierto y deseaba ardientemente divorciarse. Viendo en la Guardia Civil la Autoridad por excelencia, remitía al cuartelillo un memorial de los agravios sufridos en toda una vida de matrimonio y le pedía el divorcio al cabo de guardia.

FRANCISCO FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ

 Candoroso pero significativo error de la anciana, que debía haberse dirigido al Juez de Primera Instancia y no a la Benemérita. Pues bien, en Villarrube, en Coruña, un inocente jubilado presenta su documento privado de venta de un terreno ante el Registro de la Propiedad con la esperanza de que quede debidamente registrado y el terreno que compró y pagó, asegurado frente a terceros. El jubilado obtiene en la copia del contrato un sello con el que, por error, se siente perfectamente a salvo de atracos y usurpaciones. Error comparable al de la anciana, porque ni en los mejores sueños puede esperarse que un documento privado pueda quedar inscrito en el Registro de la Propiedad. No funciona así. El problema es que el Registrador no rechazó la petición de inscripción ni se molestó en informar al jubilado de su error y durante todos estos años el interesado ha estado convencido de que gozaba de la protección del Registro sin que fuera cierto.

LA PROPIEDAD, EL REGISTRO Y LA LEY DE COSTAS

Esto viene a cuento de que para acceder a la concesión de la Disposición Transitoria primera, apartado primero, de la ley de costas es preciso acreditar que antes del deslinde ya eras propietario, y resulta que la ley y la práctica nos han acostumbrado a que tal cosa se haga mediante la inscripción de la propiedad en el Registro de la idem. Claro está que esto proporciona una certeza jurídica indiscutible, pero la inscripción no es más que un medio de prueba privilegiado, sin perjuicio de otros. Más fácil: Lo que importa es que de verdad seas dueño, los papeles son sólo medios de prueba, Y en muchas partes nos encontramos con propiedades de las que nadie duda y que todos respetan, desde los vecinos y demás terceros hasta el que nos cobra el IBI, pero que de pronto no son nada.

Cierto que el papel es muy socorrido, y que ahora mismo nos ponemos a redactar documentos de propiedad a diestro y siniestro de lo que nos venga en gana, incluyendo la Cibeles y el Museo Británico. Cierto también que el Código Civil establece que lo pactado en documento privado no causa efecto frente a terceros. Pero cierto también que hay muchos espacios de esta España tan sufrida en los que existen aún inmensas bolsas de propiedad inmobiliaria no inscrita. De hecho, muchos saben que determinados tiparracos viven de cine a costa de los incautos que mantienen la tierra sin escriturar, muchos de los cuales (o sus padres) igual compraron mediante el castizo procedimiento del apretón de manos. Los tiparracos en cuestión acuden al procedimiento del artículo 205 de la Ley Hipotecaria (que incluye la publicación de unos edictos que nadie lee, por ver si aparece alguien con mejor derecho) y en un pestañeo inscriben a su favor lo que es de otros, y en concreto de personas tan honradas como poco versadas en papeleo.  

Quienes se olvidaron de inscribir su propiedad en el Registro pueden tener problemas a la hora de hacer valer sus derechos ante Medio Ambiente en orden a obtener la ya famosa concesión de la Disposición Transitoria primera, apartado primero, de la ley de costas. Las bolsas donde esto sucede están localizadas especialmente en Canarias y Galicia, cuyos afectados por la ley de costas se las pueden ver canutas a la hora de plantarle cara a ya sabéis quien.

Yo no soy precisamente  partidario del robo. De hecho, me irrita. Si alguien construye ilegalmente dentro del dominio público, está robando. Me da igual que sea pobre o rico. Está robando y nos está robando a todos. En esta lucha se ha metido gente de muchas clases y no todos son víctimas, algunos son verdugos. Quiere esto decir que han construido dentro del dominio público cuando ya había una línea puesta y a continuación se quejan de los abusos del Estado. No sé, a lo mejor cuando lo que tienes es un simple documento privado los señores de Costas creen que te lo has inventado y que también has robado. Yo creo que incluso quienes no tienen un documento público inscrito en el Registro pero están poseyendo la tierra y viviendo en su casa, son propietarios contantes y sonantes, incluso aunque ahora nos empeñemos en que la propiedad no inscrita no vale. Es un error aplicar las circunstancias socioeconómicas de hoy (cuando es casi inimaginable que se venda o se compre una propiedad inmobiliaria en documento privado) al pasado (cuando eso era normal). Y eso es lo que estamos haciendo al exigir que la propiedad estuviera inscrita en tiempos no actuales, sino pasados.

Es forzoso reconocer que el problema es serio y que ni siquiera es nuevo. Ahora que todos los paletos se empeñan en que sus viviendas en el dominio público son legales por el mero hecho de ser anteriores a la vigente ley de costas (aunque ya estuvieran dentro del deslinde de la ley anterior), no está de más recordar que ya la ley de costas de 1969 se puso tonta cuando salvaba los derechos de los titulares del artículo 34 de la Ley Hipotecaria, cosa que no sólo no entiendo yo, sino que tampoco entendían los mismos ingenieros de Costas. El artículo 34 define lo que se llama el tercero hipotecario, aquél que adquiere a título oneroso (es decir, pagando), de quien aparece como titular en el Registro. Empecé a darme mamporros con la antigua ley cuando llevé el asunto de una familia que había heredado de sus padres, con la mala sombra de que no habían adquirido a título oneroso y no eran terceros hipotecarios. Tonto e inesperado: El dominio público prevalecía frente al título inscrito de esta familia, porque habían heredado, pero no habría sido así en caso de que la finca la hubieran comprado.

Decía que ni los ingenieros lo entendían porque, de forma que me parece limpia y coherente, durante todos aquellos años, las órdenes aprobatorias de los deslindes limitaban las facultades del Estado no sólo frente al tercero hipotecario, sino frente a todos los titulares inscritos. Ellos mismos redactaban el texto diciendo que el Estado se abstendría de actos de posesión sobre fincas amparadas por el artículo 38 de la Ley Hipotecaria (que ampara a todos los titulares inscritos) en lugar de limitar la abstención, como exigía la ley, a los titulares del artículo 34 (lo que dejaba fuera a los herederos). Si alguien cree que el único ingeniero de costas bueno es el ingeniero de costas muerto, está muy confundido. Estos tipos también han sabido conducirse con dulzura y rectitud, y aún hay muchos, aunque no lo parezca, capaces de distinguir lo bueno de lo malo.

Pero en fin, todo esto quiere decir que la cosa es seria y que quienes no tienen inscrito deben sudar tinta si no quieren ver cómo las máquinas le chafan la casa. Esto, sin embargo, no significa que no puedan acreditar y demostrar su derecho, pero la explicación de cómo se hace eso nos llevaría a una clase universitaria y aún hace demasiado calor para eso.

HOLOCAUSTO EN VULLARRUBE

En las inmediaciones de la playa de Villarrube había más de cuarenta casas, la mayoría segundas residencias pero en muchos casos los vecinos pasaban allí la mayor parte del año. Hay un ciudadano e hijo de Dios llamado Rafael Eimil, a quien la fortuna había puesto de Jefe de Costas de la Coruña. Nada más tomar posesión de su cargo, en diciembre de 2005, antes de las siete de la mañana, entró en el caserío acompañado por varios funcionarios, escoltado por más de cuarenta guardia civiles y apoyado por un buen número de obreros de la simpar empresa TRAGSATEC, que como sabéis es la que le hace le trabajo sucio al gobierno y vale lo mismo para un roto (derribos, claro) que para un descosido (poner la línea donde le gusta al Director General).

EIMIL Y SUS HUESTES

 Estos obreros empuñaban poderosos mazos de hierro y pilotaban maquinaria pesada de destrucción. Eimil, que nació de mujer y mamó la teta de su madre como todo Cristo, que debió ser educado en el bien y la justicia y que supongo que tomó la primera comunión a su debido tiempo, actuó como si no hubiera hecho nada de eso ordenando a los obreros que dañaran cada casa en la primera jornada, abriendo boquetes en las paredes para que ninguna que quedara incólume pudiera salvarse mediante algún artificio legal. Y así fue: La caballería daba viajes a los muros con las máquinas de destrucción masiva y acto seguido la infantería atizaba a los tabiques con los mazos.

NO HACE FALTA PIE DE FOTO

No tenía autorización judicial para hacer lo que hizo. Sí sí, no estoy rayado. No tenía autorización judicial y por tanto no podía hacer todo aquello. No podía estar allí sellando la vida de aquellas familias con la desgracia.  No podía tumbar aquellas casas. De hecho, había solicitado permiso al juez, pero como lo suyo no es la cultura legal, se había equivocado de juzgado, y la orden no llegó. Pero le dio igual. Cerró el acceso a la zona para que nadie pudiera entrar ni salir. Se presentó de madrugada, como hacen los zorros para robar gallinas, a fin de sorprender la buena fe de aquellos ciudadanos que dormían en sus casas debidamente amparados no sólo por sus techos, sino también por la Constitución. No dio preaviso, no fuera a ser que los periodistas estuvieran al tanto y se personaran allí como testigos. Fue una operación militar tipo tormenta del desierto sin desierto y sin tormenta pero con mucho dolor.

HABÍA QUE HACER DAÑO A CADA CASA EL PRIMER DÍA

Y los guardias civiles por allí, intimidando sólo con su presencia, en lugar de proteger a los indefensos, que para eso les pagan. Seguramente los habían llamado para hacer un servicio, sin más, y sobre todo sin advertirles que se trataba de un servicio ilegítimo y contrario a la Constitución, que deshonraba el uniforme y a  ellos mismos. Algo así debió sucederles a los números que tomaron el Congreso de los diputados en febrero de 1991. “Todo por la Patria”, dice el cartel. Pero ese día la patria no era un tío calvo ordenando ruindades, sino los conciudadanos cuyo único delito había sido comprar y pagar una casa y vivir en paz con sus vecinos.

GUARDIA CIVIL PROTEGIENDO A EIMIL (EN LUGAR DE DETENERLO)

  Es fascinante el proceso que conduce a una persona a transformarse en eso, saber en qué momento y por qué vías puedes pasar de ser un angelito que va al cole todos los días a ser capaz de perder el respeto a todo lo que es respetable, incluyendo a ti mismo.

 Una vecina salió en camisón  a la puerta de su casa. Tuvo la osadía de pedirle al tipo ese la autorización judicial. Le contestó que la traería el lunes (tomen nota de que estamos en viernes y el fin de semana los abogados no están). No lo hizo, puesto que ni la tenía ni la tuvo nunca. La mujer y su marido aguantaron el holocausto durante un mes, se mantuvieron en su casa durante ese largo mes en el que los obreros de Tragsatec le hacían el trabajo sucio al gobierno machacando las casitas con sus mazos y su maquinaria pesada. Pero ni el alma ni el cuerpo humano son indiferentes a la humillación. El, Santiago, sufrió una trombosis y hubo que ir al hospital a ingresarlo. El caballero Eimil, muy leal y muy noble, se aprovechó para hincarle el diente (no, perdón, el colmiillo) a la vivienda y reducirla a escoria.

JUECES, CONSTITUCIÓN Y POLÍTICOS

 Los vecinos se lanzaron con ímpetu al juzgado de instrucción (creen que en España hay juzgados). El primer juez imputó al señor por un delito, pero fue sustituido por una Su Señoría a la que se le ocurrió archivar el asunto diciendo que sólo había tres casos en los que los vecinos no habían autorizado la entrada, y como no se podía saber qué casos eran, que nada, que sobreseimiento y todos a casa (bueno, es un decir). El abogado recurrió preguntándose en voz alta por qué el acusado había tenido que abrir boquetes en cada casa si, como pretendían el y la jueza, los vecinos habían autorizado la entrada (verbalmente, claro). La Audiencia Provincial, muy amablemente,  confirmó el auto de archivo, lo que confirma también que los altos funcionarios como este señor son o parecen impunes. Confirma también que la justicia huele a cloaca.

LA CONSTITUCIÓN TE AMPARA (ESO DICEN)

 Ved cómo brindan todos los pillastres el día de la Constitución. Ved cómo tragan cava y mastican canapés a dos carrillos para celebrar cada año la carta de derechos. Ved cómo pronuncian discursos para idiotas que incluyen reflexiones sobre garantías, derechos y otros mitos por no decir supersticiones. Es preciso que cada uno de nosotros abra los ojos y vea lo que es en realidad la sociedad en la que estamos viviendo. Vivir en este régimen es mejor, claro está, que vivir entre fusilamientos sumarios. Que me dejen escribir este blog es mejor que entrar en la cárcel por ello. Pero esto no es lo que dicen que es. Con Franco había mucha, muchísima gente que vivía bien y en paz. Eran los que no se metían en problemas ni se cuestionaban nada. Ahora sucede igual. Si tienes la suerte de que el Estado no te pisotee, enhorabuena. Disfruta de esta cosa a la que por algún motivo que no entiendo llaman democracia. Pero como la mala fortuna te venga a ver, no hay derechos que valgan. Y como discrepes estás listo. Vale la escenografía tonta, claro: No estoy de acuerdo con el PP porque soy de izquierdas o con el PSOE porque soy de derechas. Esto forma parte del engaño para que creamos que puedes discrepar. Pero como te des cuenta de que son todos lo mismo y se te ocurra discrepar con el sistema, como se te ocurra decir que el Defensor del Pueblo es una marioneta trágica o coincidas con las opiniones de Pedro Pacheco sobre la justicia, prepárate.

¿Es un análisis extremo? Puede ser. De hecho, la Constitución si podría haber servido, después de todo, a los infelices de Villarrube. Esto ya no está a su alcance, pero doy este consejo a quienes puedan verse en el futuro en una situación parecida. Al escribir esto me cuesta imaginar que sea realmente posible una situación futura de ese estilo, un tío derribando casas sin autorización judicial, pero sigue siendo posible puesto que vivimos en España. Si algún funcionario intenta hacer algo así con vosotros, no salgáis de casa. El artículo 18 de la Constitución protege el domicilio y sigue siendo cierto lo que tantas veces he escrito, que los derechos o se ejercen o se atrofian, lo mismo que sucede a los músculos. En febrero el Ayuntamiento de Candelaria, bien aleccionado por la Demarcación de Costas de Tenerife, ordenó el desalojo de las viviendas de Bajo la Cuesta porque decían que podría haber desprendimientos de piedras procedentes del acantilado. El tema era delicado, porque habían muerto dos señoras en Los Gigantes poco tiempo antes, pero a los vecinos que no quisieran marcharse les aconsejé que se negaran a salir de sus casas simplemente porque nadie podía sacarlos sin una orden del juez. El jefe de la policía, muy orgulloso, los denunció en el juzgado de guardia por desacato ¡Por Diossss…! Es la primera vez que ejercer un derecho constitucional se considera delito. Pero todo salió bien, el acantilado no se va a caer y a ellos nadie ha conseguido expulsarlos de sus casas porque sabían en todo momento lo que tenían que hacer.

EN LAS OFICINAS DEL IMPERIO

Y ahora la gran pregunta ¿Quién tenía razón, Eimil o los vecinos? Vamos a dejar al margen que hubiera o no autorización judicial. La cosa es si esa autorización, que nunca llegó, se habría otorgado en caso de haberse pedido correctamente. El otro día yo aún no tenía la respuesta a esa pregunta. Cabía, pues, la posibilidad de que el Sr. Eimil hubiera hecho casi lo correcto, si exceptuamos el detalle nimio de la autorización del juez.

Cuando se aprueba un deslinde que declara demaniales ciertos terrenos, las instalaciones existentes en ellos o se dan en concesión o se derriban, de manera que para saber si el derribo era procedente, era preciso saber si los afectados tenían o no derecho a la concesión. Para que la respuesta sea positiva se requieren dos condiciones: Que los terrenos estén situados entre la antigua y la nueva delimitación del dominio público (condición que cumplían) y que puedan demostrar una propiedad preexistente al deslinde (cosa que cumplíanla mayoría, que tenían sus títulos inscritos).

Para no hablar de oídas, me marché a la Jefatura Provincial de Costas de La Coruña junto con Inés, la persona que no está dispuesta a que cunda el desánimo, y Kiko, su marido. Tenía que examinar los expedientes de recuperación posesoria, a fin de saber el cómo y el por qué. Como es de rigor teníamos miedo de que no fuera posible. Un amable funcionario o una amable funcionaria nos harían saber que no encontraban los expedientes, que el encargado no estaba, que el jefe lo tenía que autorizar, o simplemente que no, como le habían dicho a Inés, según aseguraba, todas y cada una de los veces que había tratado de ver documentación de los expedientes que afectaban a su familia y a los demás vecinos

DEMARCACIÓN DE COSTAS DE CORUÑA

Pero hubo suerte y ni tosieron. Bajo la atentísima mirada de la funcionaria, que por si acaso no se separaba un palmo de los expedientes, miré uno por uno y flipé en colores porque en todos los casos la Demarcación de Costas decía que los inmuebles no estaban inscritos en el Registro de la Propiedad y que éste era el motivo fundamental del derribo.

¿Cómo entender una cosa así, cuando un buen número de los inmuebles sí estaban inscritos? Bueno… no sé. En realidad no decían en qué Registro de la Propiedad habían estado buscando. Puede que fuera en el de Corea del Norte y eso lo explica todo.

 Pues fíjate qué papeleta, con todas las viviendas derribadas hace cinco años, y ver ahora que había un error de bulto. Y saber que se podía haber evitado.

HACIA LA JUSTICIA FINAL

Ahora sólo cabe reclamar las concesiones. Los vecinos ya las habían solicitado hace tiempo, pero los señores de Costas no se molestan en resolver. Para qué, si ya está todo tirado y machacado. Sí, es cierto que la ley les obliga a responder, pero nos podemos figurar lo que le importa eso a ellos, cuando se atreven a derribar sin autorización del juez. Digo yo que estarán esperando a ver si los vecinos se amargan, se aburren y se resignan. Sí, resignación. Y sumisión. Esto es lo que exige el poder. De hecho, de los cuarenta y tantos que estaban en la lucha sólo quedan diez u once. Pero con Inés van dados. Inés va en silla de ruedas, pero esto no le impide acceder a todos los despachos y explicar las cosas muy claro. Debe ser que la fuerza de las piernas se le ha pasado al cerebro y sobre todo al corazón.

INÉS Y KIKO EN LA DEMARCACIÓN DE COSTAS

La madre de Inés es la dama que desafió a Eimil pidiéndole la autorización judicial. Es una heroína del pueblo, algo así como aquella ciudadana plantada delante de un carro de combate en la plaza de Tiananmen. En estos cinco años nunca ha vuelto al lugar. Cuando pasa con el coche por la carretera cercana, se niega a mirar allí. Ni siquiera consiente en hablar del tema. Necesita protegerse.

Era imposible arrancar una declaración de los vecinos sin que rompieran a llorar. Están heridos de por vida. Les han quitado mucho más que unos ladrillos. Como sucede en otros vecindarios afectados, la convivencia entre ellos era ejemplar. Nada que ver con los modos de vida modernos. Eran todos una familia. El progreso, que no admite ya esas cosas, les ha pasado por encima bien a conciencia para crear una sociedad según los nuevos modos, donde nadie conoce a nadie y a nadie le importa un pito nadie, pero donde tenemos mucho cuidado de esa duna de ahí.

LA VIDA ANTES DE LOS DERRIBOS

Mis objetivos son de ciencia ficción. Si consigo la concesión, esto llevará implícito el reconocimiento de que los derribos estaban mal hechos. Entonces reclamaré la reconstrucción de las viviendas.

Pero ¿sabéis qué? Tal como me pintan la vida que llevaban allí, dudo mucho que ese futuro posible éxito de ciencia ficción les sirva de algo ¿Qué hacen diez vecinos dispersos en medio del bosque, donde antes había cuarenta y tantas familias? ¿Qué pintarán ahí esos hombres y mujeres, muchos de ellos ya ancianos? ¿Qué días melancólicos y solitarios vivirán entre recuerdos?

Lo que se ha roto está roto en el corazón. Los ladrillos y pedruscos no son nada. Se hacen y se deshacen en horas. Lo que se muere en el alma no hay juez que pueda resucitarlo. Estas personas no luchan ya por lo material, Luchan por la justicia. Luchan por leer un día en una sentencia, por fin, que ellos tenían razón y que Rafael Eimil estaba equivocado y que lo que hizo estaba mal. Luchan porque los educaron en la rectitud y les enseñaron que hay algo llamado justicia que no es una idea, sino un sentimiento y una necesidad. Luchan porque necesitan impedir que todos los valores en los que han creído desde niños se hagan definitivamente añicos. Se niegan a vivir en una sociedad sometida a los tiranos. Son demasiado mayores para darse cuenta ahora de que sse han convertido en esclavos.

Todos tenemos la obligación de luchar y de ejercer los derechos. Por nosotros y por los demás. Por el momento presente y por el futuro. Cada vez que le plantamos cara, el monstruo de siete cabezas retrocede. Y de esa manera estamos protegiendo a otros que ni siquiera conocemos. Es así como se forjan los lazos de la auténtica convivencia.

José Ortega

Abogado 

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UN HOTEL EN LA LADERA

agosto 28, 2010

   Alza levemente la mirada y sonríe. Ni siquiera es una sonrisa triste, como  supongo que debía ser. La cosa fue que al escribir a mano la factura había supuesto que El Puig estaba en Barcelona.

 -Valencia -corregí.

 Y entonces esa sonrisa de disculpa, que no esperaba dadas la circunstancias. Después subo los dos pisos de la  escalera de madera y me sumerjo en recuerdos dentro de la habitación de madera donde el viento hace crujir los marcos de la ventana de madera.

Veintiséis años atrás. Bar de Lita, cerca de la calle María, Ferrol. Lita es una gallega frondosa y sonrosada que nos sirve los cafés con leche de muy buen humor.  Apoyados en la barra, los pipiolos recién ascendidos a alférez, orgullosos  bajo nuestro uniforme blanco. Con nosotros Manolo Armada, un capitán que conoce, entre otras cosas, todos los  secretos de la  amistad. Su hermano Eduardo había sido compañero y amigo de mi padre y había fallecido en un accidente de avión mucho tiempo atrás.

  Todo esto, o algo parecido, lo había escrito entonces, en la brillante primavera de 1984. En esos años escribía en una libreta de cubiertas  negras. Ahora lo hago en esta cosa electrónica, pero algunos contenidos no han cambiado.

  Al fondo, tras el recodo de la barra, una mujer madura  bebe en silencio su café. Tiene un gesto triste.   Manolo Armada baja la voz para decirnos que la mujer acaba de perder a su hija adolescente. Cuando volvía a casa, en el portal estaba sentado un  desconocido. Le pidió que la dejara pasar y él se limitó a acuchillarla.

  Y ahora la mujer está allí,  más allá del recodo de la barra, bebiendo en silencio su café. La miro con ojos nuevos. De pronto me parece bella y elegante, como si escondiera todo un mundo dentro, y  siento un deseo intenso de reconfortarla en alguna forma. Algo así como acercarme y decirle lo que pienso, pero ni  viene a cuento ni sé cómo hacerlo.  

  La experiencia queda registrada en la libreta de cubiertas negras y la vida sigue su perezosa e imparable marcha. 

….

   Una localidad que prefiero no nombrar, por discreción, pero a un paso de Ferrol. He venido para auxiliar a los afectados de Villarrube, heridos por los zarpazos de tiranos bien peinados pero con las manos sucias. Mediodía de ayer mismo. En el comedor, el hombre llega para retirar de la mesa la fuente de sopa vacía. Aún es joven. Tiene abundante pelo negro y esas mejillas sonrosadas que se ven por aquí.  Al inclinarse, Inés le pregunta cómo está y entonces se queda clavado, inmóvil, con el cuerpo apoyado sobre la mesa. Entre los dos hablan muy bajo.

  No llora, aunque lo   desea y lo necesita. Pero no es  apropiado romper en llanto en el centro de tu propio restaurante lleno de comensales.

  -Quien lo lleva peor es la madre -comenta él, que es el padre.

  Siguen palabras de consuelo y respuestas de resignación. Veo a la niña, tiene como quince años y sirve las mesas como un zombi. Su cara parece de palo, inexpresiva como Greta Garbo en la última secuencia de La reina Cristina de Suecia. Es la expresión de quien se ha asomado a un abismo que pocos han visto.

 

…..

 -Aquí, en esta curva… – indica Santiago, un jubilado de Bazán que sufrió una trombosis cerebral por culpa del derribo de su casa- El firme tenía agua, esta curva es mala… Se fueron al carril contrario.

  Es una curva en la vía que discurre por la falda de la montaña tapizada de helechos y replantada de eucaliptos. A un paso de casa. Fugaz y para siempre, sin una segunda oportunidad.

 Esta noche he dormido en el pequeño hotel rural de esta familia que está en duelo. Segundo piso de un edificio en la  ladera, al borde de la carretera. Al bajar a cenar, todos se muestran  extrañamente solícitos. La mujer joven que el día de antes nos había servido la sopa, no me deja preguntar. Me indica que ya han preparado mi  mesa en la galería. Sonríe como si nos conociéramos y me deja solitario  mirando las luces que se esparcen  ladera abajo y  percibiendo la suave lluvia en los cristales.

  -Cóbrame ya la habitación y la cena -le pido al terminar-. Mañana me voy temprano.

  Son las once y la luz de la pieza principal está amortiguada, como para impedir ver la realidad tal como es. El padre está sentado en una mesa, conversando. Tras la barra se escucha el ajetreo de la cocina. Y entonces sucede algo inesperado.

 Yo la imaginaba retirada y callada en una habitación secreta y sin embargo está allí. Desde el fondo de la cocina se aproxima una mujer menuda y bella, con la camiseta llena de lamparones. Tiene la misma cara que la cría que el día antes servía las mesas como si luchara contra el mundo.

  Mi padre, cuando yo era pequeño, tuvo la lucidez de decirme algo que no olvidé: La madre es sagrada. Simple y claro. Ya había adquirido ese conocimiento cuando, mucho después, leí los pormenores del asunto en La Diosa  Blanca, la recomendable obra de Robert Graves.

  La mujer, de nuevo la mujer al otro lado de la barra de madera,  muestra  en el pelo recogido unas hebras canosas, puede que nacidas en estos últimos días. Incluso así, tiene cara de niña, pareciera que venga de jugar en la playa.  Pero  no lo es. Hace dieciocho  años que dio vida a una chica que se le parecía mucho y que sólo unos días atrás  había entregado esa misma vida. En la curva, a un paso de casa.

   Sonríe con  amabilidad al advertir su error en la factura. Barcelona no. Valencia. Me sorprende esa sonrisa.

  Una madre es sagrada, nada debería ofenderla ni dañarla. Pero ésta se come el dolor entre los cacharros de cocina. Y de pronto me doy cuenta de que estoy sintiendo lo mismo que veintiséis años atrás, ante aquella madre sin hija que tomaba café en el bar de Lita. La misma ansia  de devolverle con algún gesto una minúscula fracción de lo que había perdido. Y la misma desorientación por no saber ni poder.

   Vengo de pasar la tarde en un campo desolado, donde hace cinco años  aún estaban en pie las viviendas de la playa de Villarrube. Los hombres se negaban a hablar de lo sucedido, de los derribos, de la armonía rota. Las mujeres rompían a llorar al hacerlo. Yo estaba allí, mirando y escuchando, pero ni siquiera esas lágrimas me causan tanto desgarro como la sonrisa de esa  madre que se supone que debería estar llorando.

 -Me ha dicho la chica que te vas temprano ¿Quieres que te subamos a la habitación un termo con café y algo para  desayunar?

  Pagar o no pagar, ser cliente o no, todo eso queda al margen. Me siento una molestia al dar qué hacer a una familia que en esos días estaba pensando en cerrar el negocio y dejarlo todo.

  -Ni hablar, no tenéis por qué madrugar como yo.  Tengo que ponerme en pie a las cinco y doy por hecho que tomaré algo  en el aeropuerto. Pero ella insiste.

  -No, te lo subimos ahora en un termo.

  ¿De qué va esto? -me pregunto- Me asusta incomodarla hasta con un gesto, convencido de que está en su momento  más frágil, como si una ráfaga de aire pudiera derribarla, y es ella la que insiste en preocuparse por mi bienestar.

 Acepto y subo a la habitación. Al poco tiempo escucho pasos y en seguida unos toques en la puerta. La misma chica que me había servido está allí, con una bandeja repleta. Termo, zumo, fruta abundante, magdalenas. Lo deja todo sobre el escritorio con los mismos buenos modos y la misma sonrisa, como si compartiéramos algún secreto. 

  ¿Por qué me tratan como a un hijo? ¿Por buen oficio? ¿O sólo porque a estas personas les gusta la gente? Sí, ésa es la clave que explica muchas conductas aquí y allí. Si te gusta la gente todo se vuelve bonito. Y fácil.

 Cuando se marcha, me quedo escuchando los crujidos de la madera y el azote del viento. La habitación es como el camarote de un barco que navega muy lejos de tierra. Pero el mar no es un espacio físico, sino un lugar en la memoria.

  La segunda vez que me pasa, esa fuerte empatía, y no poder. Pero no va a ser así… ¿Dónde hay una cuartilla? En ningún sitio. En toda la habitación no hay una hoja de papel, excepto un folio arrugado que guardo en la mochila. En el anverso tiene un montaje fotográfico que utilizo para visualizar. El reverso no está del todo en blanco. En una esquina hay algo escrito, muy personal aunque inofensivo. Quiero escribir un mensaje para esta familia. Si empleo ese papel, sabrán algo de mis entretelas, pero qué importa. Al fin y al cabo está escrito que todos somos uno.

  Así que procuro estampar una letra clara para contar en sólo unas líneas lo que no había podido decirle a la madre de la niña muerta, pero tampoco a la madre de la niña asesinada, tantos años atrás. Cosas que aprendí hace mucho tiempo y que había citado en una conferencia que di el 29 de octubre de 2001 y que tenía por tema el viaje del héroe.

  Casualidad, pero el montaje del anverso de ese folio arrugado tiene una imagen de la portada de mi primera novela, de la que ya he hablado otras veces. Gilgamesh y la muerte, precisamente una búsqueda de la inmortalidad.

  La nota queda en la bandeja y luego me dejo mecer por los sonidos de la noche y me adormezco  pensando que quizá acabo de pagar una deuda.

  La historia tiene una continuación, cosas que han sucedido hoy, pero no lo puedo contar. El universo tiene sus secretos y yo también.

José Ortega

DESLINDE ANULADO

agosto 2, 2010

   Posiblemente muchos habréis leído la obra de Kafka El proceso. Otros habréis visto al menos la película de Orson Wells con Antony Perkins, creo recordar, en el papel de ciudadano abrumado desde que se ha abierto contra él un proceso del cual lo ignora todo. Va y viene de aquí para allá por las oficinas públicas preguntando por su proceso  sin poder averiguar de qué va, de qué se le acusa ni por qué se le abrió.   La obra retrata la soledad, la desesperanza y el desamparo de un ciudadano aislado frente al poder sin límites, pero totalmente irracional, del Estado.

  Algo así era Francisco cuando lo conocí, un hombre abrumado e incapaz de  comprender cómo ni por qué aquellas poderosas fuerzas se habían vuelto contra él.

 Así, por las buenas, se enteró de que los señores de Costas le derribaban el jardín acusándolo de haberlo construido dentro del dominio público definido en 1969, lo que no era cierto aunque se declaraba como efectivamente cierto en un deslinde que se acababa de aprobar y cuya tramitación, de forma consciente y voluntaria, no se le había notificado. Fíjate qué cómodo: yo apruebo unos papeles en los que se decide que eres un ladrón y un sinvergüenza, pero ni te informo de ello ni te dejo opinar. Y a continuación, cuando ya no te puedes defender, te hago pagar una fechoría que no existe con la demolición.

  Cuando una persona con sentido recto de la justicia y una coherencia razonable sufre esto, puede entrar en crisis. Es como si el mundo de pronto se hubiera puesto a girar al revés y el sol saliera tan ricamente por el oeste y se pusiera por el Japón ¿Cómo es posible que los cimientos de tu vida se remuevan sin que tú hayas hecho absolutamente nada más que cumplir la ley? ¿Cómo puede ser que los  agentes del gobierno, sus funcionarios, autoridades y asesores, todos se pongan de acuerdo señalándote como culpable cuando no lo eres? La respuesta habrá que consultársela al propio Kafka. El caso es que he visto a Francisco  desesperado, con esa desesperanza que nace cuando te empeñas en aplicar la   racionalidad al caos e insistes en encontrar una clave que explique lo que sólo pueden entender, si acaso, los inquilinos de un manicomio.

  A Francisco el mundo se le vino encima: Se tramitó contra él una orden de derribo,  planificaron que por su jardín tendría que discurrir un paseo marítimo y el espacio que le acusaron de usurpar fue declarado fuera de ordenación en el PGU. Y todo se basaba en una mentira.

  El último viernes de julio, a las dos de la tarde, mi fax empezó a chirriar recibiendo la transmisión de Sonia, mi laboriosa procuradora de Madrid. Era una sentencia que entraba lentamente en el ordenador, como un tren de mercancías bien cargado.

  El mensaje contenido en aquella sentencia era simple y cortante como una cuchilla: La Audiencia Nacional anulaba el deslinde de Punta Larga, en Candelaria (Tenerife). El deslinde de Francisco.

  La Orden Ministerial afirmaba que aquel espacio era demanial porque lo alcanzaban los temporales, lo que se  apreciaba por “observación directa”, es decir, porque lo digo yo. A menudo en las entrevistas de radio que hago en Canarias me preguntan si pienso que la ley de costas se está aplicando allí igual que en la Península. Siempre contesto lo mismo. En Canarias el alcance del temporal lo determinan los ingenieros de costas siempre a capricho, porque lo digo yo y sin una sola prueba. En la península, en cambio,  incurren en gastos considerables para pagar estudios técnicos que demuestren lo mismo. Ejemplo, El Brosquil, en Cullera: la Universidad Politécnica de Valencia elaboró un informe de cinco tomos que daba miedo verlo sólo para demostrar que el agua alcazaba las viviendas.

¿Por qué allí sí y aquí no? Porque deben creer que los canarios son bobos, no se me ocurre otra razón.

  Cada deslinde de Canarias que abría decía lo mismo: Que los temporales llegan hasta allí porque lo digo yo. Os podéis hacer una idea de las  consecuencias de esta manía cuando el 95% de la costa del archipiélago es acantilada y por lo tanto el espacio demanial se define únicamente por el dichoso alcance de las olas. Es el chollo del siglo para los ingenieros de costas y una tragedia para quienes deben sufrir el derribo de sus  viviendas sólo por ese capricho.

  Bueno, pues por fin, después de tanto discutir, una sentencia reprochaba a la Administración no haber aportado una sola prueba. Por fin. Y por ese motivo anulaba el deslinde. Se trata de una decisión que, bien administrada, puede no sólo robustecer la defensa de  nuevos casos  parecidos, sino incluso servir de herramienta para revisar lo hecho en Canarias en estos últimos años.

  Y no sólo eso. La orden ministerial pretendía también que la línea arrobada no hacía sino ratificar la antigua de 1969. No era cierto. Aquella línea antigua venía mucho más hacia el mar. Es el mismo problema que en Bajo la Cuesta: los vecinos construyeron más allá de la línea de 1969 y los ingenieros hacen los cálculos mal y se empeñan en que edificaron dentro. La sentencia valora muy positivamente los informes técnicos que presentamos y también en este punto nos da la razón.

  Muchos sabéis que Jacob y Wilhem Grimm se dedicaron a recopilar cuentos populares por los pueblos de Alemania, y muchos habréis oído hablar del cuento llamado el Sastrecillo Valiente, donde un muchachete llevaba  inscrito en el cinturón que de  un sólo golpe había matado a siete. Bien es cierto que eran siete moscas, pero ahí radica el equívoco que da sentido al cuento.   

 

  También aquí, con un sólo golpe (la anulación del deslinde), conseguimos echarles abajo a los gobernantes todo su andamiaje contra los ciudadanos: Se tendrán que revisar las recuperaciones posesorias y expedientes sancionadores con orden de derribo, el paseo marítimo que discurría por las propiedades y el Plan General de Ordenación Urbana, aprobado recientemente, que sacaba de ordenación aquellos espacios. Todo eso además de que se cierne una amenaza sobre todos esos expedientes de deslinde aprobados por “observación directa” del alcance de los temporales.

  Este éxito pertenece a muchos, en especial a los técnicos que elaboraron sus trabajados informes sobre el correcto replanteo de la línea de 1969, David y Guillermo. Y al mismo Francisco, que elaboró sus propios informes sobre altura de ola, grabó videos de temporales y llegó a dirigirse por carta al propio tribunal.

  Con esta sentencia la sociedad entera da un paso adelante contra la tiranía y renace en todos la esperanza en una convivencia entre hombres libres cuya dignidad no sea nunca más pisoteada por el capricho de unos idiotas con poder.

 Noticias digitales sobre esta sentencia en: 

   http://www.laopinion.es/tenerife/2010/08/01/audiencia-nacional-anula-deslinde-punta-larga/297385.html

http://www.abc.es/20100801/comunidad-canarias/audiencia-nacional-anula-deslinde-20100801.html

  José Ortega

  Abogado