PUBLICADO POR DAVID CUESTA EN EL DIGITAL DE CANARIAS.

VÍNCULO:

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Islas

Islas 25/06/2010

Una sentencia pionera salva un inmueble del derribo de Costas por su interés cultural

El abogado del propietario afirma que la resolución evidencia ”insensibilidad” en la aplicación de la Ley

Nuevo golpe a las intenciones de la Dirección General de Costas en el Archipiélago. Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) dictada el pasado 9 de abril, a la que ha tenido acceso este digital, anula la orden de derribo de una vivienda ubicada en Punta de la Seba, en el término municipal de La Oliva (Fuerteventura). La resolución es pionera en España porque, por primera vez hasta donde ha podido averiguar este periódico, un juzgado ‘tumba’ una orden de derribo de Costas en base al interés cultural de una construcción.

D.C. / Santa Cruz de Tenerife

El inmueble que ya no será derribado por Costas.
El Digital de Canarias

Más Fotos…

Es el caso de la vivienda de Placido Estévez, maestro de profesión, que un día se topó no sólo con una orden de recuperación posesoria de su propiedad, a lo que nunca se ha opuesto, sino con un dictamen que conllevaba el derribo del preciado inmueble. La recuperación, de hecho, está justificada por la aprobación de un deslinde que deja la zona en cuestión dentro del dominio público. Lo incomprensible, tanto para el propietario como para el TSJC, es que Costas, además, se haya empecinado en derribar la propiedad más allá de recuperarla.
 
Una situación que llevó a Estévez a ponerse en contacto con el abogado de la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas, José Ortega. Empezó entonces un intenso trabajo para poner de relieve los valores patrimoniales de la construcción, que se plasmó en un informe realizado por un arquitecto experto en la materia. Aunque fueron varios los argumentos esgrimidos, y posteriormente aceptados por la Justicia, destaca el hecho de que el inmueble tiene interés público ya que se encuentra incluido en la Carta Arqueológica de Fuerteventura, elaborada por el propio Cabildo insular.

SENTENCIA ESTIMATORIA

junio 23, 2010

 Plácido Estévez tiene un carácter que parece marcado por su nombre: plácido y sosegado. No se altera, no eleva la voz, pero tampoco se rinde. Lo conocí hace unos dos años, cuando estaba en Fuerteventura, haciendo bolos para la Plataforma, y vino a verme al hotel para contarme su problema.

Su problema era una choza. No una casa ni una chabola. Una choza.

Se trata de una pequeña construcción de piedra seca que data al menos de lo que en Canarias llaman la “preconquista” pero que puede ser muy anterior, porque los alrededores están cuajados de yacimientos arqueológicos. De hecho, está catalogada en la carta arqueológica local. Pero a los ingenieros de costas esto les daba igual. Lo suyo es derribar lo que pillen. Recuperación posesoria, orden de demolición. No hicieron el menor caso de mi recurso de alzada y siguieron adelante con sus planes.

Plácito ni siquiera aspira a conservar la propiedad de la choza, sólo quiere que continúe en pie para servir a los mismos fines que hasta ahora: Refugio ocasional de escolares para excursiones de campo programadas por el colegio. Plácido es profesor. Al defender el viejo edificio de piedra seca no lucha para él. Lucha para la sociedad, la cultura y la juventud. Incluso quería cedérsela al Cabildo, todo menos verla en el suelo.

Hoy he recibido la sentencia. Estimatoria. La choza no se va a derribar y los ingenieros de costas se van a quedar pasando la mano (y la piqueta) por la pared, pero la de su propia oficina, porque aquí no tienen nada que hacer. Puede que se pongan a gritar de rabia delante del espejo, con la cara roja de carmín, como la rabiosa madre de Lula en la película de David Lynch Corazón Salvaje, o quién sabe.

La sentencia no sólo me da la razón. También critica que la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa me haya sacado al resolver la alzada una resolución estandar, pensada para todos los casos y guardada en el ordenador, que desde luego no respondía a las cuestiones que yo planteaba en el recurso.

Esta sentencia es una esperanza para todos, pero especialmente para los canarios. Hace un año su Parlamento aprobó una ley para garantizar que los poblados con interés arquitectónico, paisajístico o pintoresco pudieran ser legalizados por razones de interés público en lugar de derribados. La sentencia, al prohibir el derribo de una instalación de interés cultural, confirma que el camino es correcto.

Así que, como veis, incluso bajo las perturbadoras circunstancias que estamos viviendo, se puede prevalecer sobre el monstruo.

Me alegro por un hombre generoso, pacífico y desprendido como Plácido y también por todos los canarios que puedan beneficiarse en el futuro de la tendencia marcada por esta sentencia, pero sobre todo me alegro por los críos.

Hoy, al llamar al interesado para darle la noticia, he percibido al otro lado la interferencia del viento.

-Plácido… ¿estás por casualidad en la choza? –pregunté.

-Sí, estoy en la choza –fue la respuesta.

Entonces escuché un rumor al fondo. Eran voces y gritos de niños.

 José Ortega

 Abogado

MÚGICA QUIERE MÁS

junio 23, 2010

Esta mañana temprano Juan Ramón Lucas ha entrevistado a Enrique Múgica en Radio Nacional. Sólo he escuchado una pregunta y una respuesta, no tenía tiempo demás, pero era todo lo que necesitaba oir. La pregunta (en forma de afirmación): Que al Señor Múgica le quedan ocho días en el cargo. La respuesta (sorprendente): Que el interesado ya pasó la edad de jubilación pero se siente joven y está dispuesto a seguir si obtiene la confianza del Parlamento.

La verdad, me ha sorprendido que tan importante personaje se rebajase a vista de toda España, pidiendo en las ondas,  quien lo quisiera escuchar, una prórroga de su mandato. Porque así es como lo he percibido, como una súplica expresada de forma más o menos indirecta y bastante ansiosa.

Lo que tiene el señor Múgica es vértigo. Vértigo ante la nada. Su hora ya pasó, su generación ya dejó el poder y está en casa con las zapatillas. Más allá de esos ocho días, lo que le espera es hacer la cola en el supermercado y después ir vaciando las bolsas en el maletero del coche, como todo el mundo. Va a causar baja en la casta.

Ya sabéis lo que nos hizo cuando le presentamos la queja por aplicación abusiva de la ley de costas. Se rió de nosotros. Nos dijo que no teníamos razón en nada. Curioso que el Parlamento Europeo tres meses después nos dijera que teníamos la razón en todo. Curioso. En un informe preliminar el Defensor del Pueblo ya advertía por escrito que su actitud podría semejar la del defensor de la Administración. Y al poco tiempo daba un auténtico recital, al transcribir y hacer suyo, sin más, sin un solo pensamiento crítico, el contrainforme de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa.

Como viene a cuento, os pego aquí un pasaje de mi manuscrito

 EL ABOGADO Y EL MAR

 “En enero de 2009, después de un año de haber presentado la queja, recibí una carta extensa del Defensor del Pueblo. Era una respuesta de diecisiete páginas que a mi juicio simboliza la claudicación del Estado de Derecho, reduce a cenizas la esperanza de una convivencia justa, aniquila el respeto a la dignidad de la persona y confirma que en España ya no hay controles para los desmanes del poder ejecutivo.

La conducta que había seguido el Defensor del Pueblo era incomprensible, si acaso indecente. En lugar de estudiar la queja para valorar la razón que pudiera haber en ella, se limitó a remitirla a la Dirección General de Costas pidiendo informe al respecto. Los ingenieros de costas se pusieron entonces a una labor parecida a la que hacen los carniceros cuando les pides doscientos gramos de carne picada. Cogieron mi documento y lo hicieron picadillo. Debo decir que aquel texto mío era una especie de museo de los horrores y que resultaba imposible leerlo sin indignarse ante tanta calamidad y tanto abuso. Los autores de todas esas calamidades y abusos, descontentos ante la idea de que alguien los hubiera puesto en circulación, afinaron sus dotes de cinismo para elaborar el contrainforme sesgado que cabía esperar. Pongo por caso, yo había denunciado que en la playa del Pinar, en Castellón, se había sepultado un inmenso espacio dunar para construir sobre él un parque marítimo contrario a la ley de costas. La respuesta se limitaba a que el proyecto había sido sometido a información pública y “Don José Ortega” no había concurrido para formular reparos. Con esto venían a decir que cualquier conducta, por ilegal que fuese, se volvía legal por el mero hecho de pasar aquel trámite de información pública. El resto del informe no era más justo ni más objetivo, sino el intento de los culpables, más o menos ingenioso, de tapar sus propias vergüenzas.

Es comprensible que los acusados se defiendan, incluso con argumentos endebles, pero no lo es que el Defensor del Pueblo se identifique con ellos hasta el extremo de hacer lo que hizo, algo que no comprendí en su momento y que nunca podré comprender: Remitirme como respuesta aquel documento extenso en el que se limitaba a recoger literalmente el informe de los ingenieros de costas. A cada una de mis quejas, contestaba insertando la respuesta de la Dirección General de Costas (imagino que los ingenieros habían sido tan amables de remitir sus comentarios por correo electrónico para que los amanuenses de D. Enrique Múgica no tuvieran que copiar el texto, sino que pudieran emplear el celebrado procedimiento del copia-pega). No hizo otra cosa.

Hay dos cuestiones a comentar. La primera, que el Defensor del Pueblo no incluyó una sola reflexión nacida de la propia institución, al margen de lo que le dijeran los ingenieros. Asumía sus comentarios parciales y sesgados de forma desalentadoramente acrítica. La segunda, que el balance final no sólo era desfavorable, sino también alarmante, porque significaba que a pesar de que el informe tenía casi cien páginas, no nos reconocía la razón en nada. Cuando digo en nada quiero decir nada, ni un párrafo, ni una frase ni una coma. Éste es el absolutismo que estremece, la contundencia de esa España a la que alguien definió como un país de obstinados cabreros, el fanatismo de todos los que han entonado un Trágala, sea cual sea su contenido.

Esto es algo que se podría esperar quizá del fanatismo de unos ingenieros de costas que de pronto veían sus culpas esparcidas por todo el país, pero no de la prudencia de una institución cuya función era estudiar a conciencia los ataques a los derechos fundamentales de la persona. Pero esto fue lo que recibimos.

El poder por lo visto vuelve locos a quienes lo ejercen y les hace perder contacto con la realidad. En la antigua república de Roma, cuando un cónsul conseguía una victoria militar sonada,  el Senado le concedía lo que llamaban un triunfo, para que pudiera entrar en la ciudad en honor de multitudes. En esas ocasiones, un funcionario estaba encargado de ir junto al personaje y susurrarle continuamente al oído: “recuerda que eres mortal”.

Nuestro sistema político también debería tener en plantilla un funcionario que recordara al oído del Defensor del Pueblo, el Director General de Costas, el Ministro y demás ralea que, a pesar de su inimaginable poder, no son más que ciudadanos perecederos y mortales. Debería, pero para qué. También acabaría corrompido y controlado por el Gobierno”. 

 Vuelvo al blog.

 Enrique Múgica quiere más, se resiste a dejar el cargo, insiste en que, aun siendo viejo, se siente joven y con fuerzas. Yo no sé si en su trabajo habrá acumulado méritos. Es posible que haya ciudadanos a los que haya salvado y que le estén agradecidos. Puede que haya enderezado entuertos suficientes como para justificar su sueldo y prebendas. Puede, pero yo juzgo por lo que sé y lo que sé es lo que les ha hecho a las víctimas de los abusos del Gobierno en materia de costas. Una pedorreta. Visto así, yo no creo que su vergonzosa súplica de hoy  obedezca a la rabia que le dan las violaciones de los derechos fundamentales. Me inclino a pensar que siente nostalgia anticipada del sillón, la mesa de despacho, la secretaria, el coche oficial, la visa oro, el peloteo, el sentirse alguien, el estar en el rollo y todo eso. Y supongo que le da temblor que en unos días no lo llame nadie ni lo necesite absolutamente nadie. Temblor no, vértigo. El euro en el carrito, la cola del super… Creo que eso simboliza bastante bien lo que significa ser un ciudadano.

No, puesto que sus balances son comparables, con Múgica hay que seguir el mismo procedimiento que con Domenech, el entrenador de la selección francesa de fútbol: Gracias y adiós. Cuanto antes.

A España le deseo que el Parlamento no conceda al Sr. Múgica la prórroga que hoy ha pedido.  Y al propio Sr Múgica, que en algún momento de su retiro el Estado le pase por encima con toda la brutalidad de una manada de búfalos, como en su momento le pasó a Valeriano Rodríguez en la Gomera, Inés Barcia en Valdoviño, José Elvira en Fuerteventura o Florentina Mora en Mallorca.

Que sienta esa brutalidad, que le duela, que necesite justicia.

Y que no tenga más remedio que recurrir al Defensor del Pueblo.  

 Me gustaría que sepa qué se siente.

 José Ortega

Abogado

 En lugar de piedras, había un escenario. En lugar de lagartos, unos actores. En lugar del viento soplando entre los riscos, palabras en voz alta.

 Expresando temores y esperanzas a la orilla del océano, en una noche de julio. Estaban aún allí, en pie, en contra de los planes del Gobierno, sus asesores, abogados y ejecutores. En contra de las previsiones. En contra de la lógica. En contra del poder.

 Como todo el mundo sabe, los inventores del teatro, esos atenienses anteriores a Cristo, buscaban con él ese mecanismo psicológico al que llaman catarsis. Se expresan en voz alta y se ponen en común los deseos y las angustias justamente para librarse de ellos.

 María Rosa Fernández es secretaria de la asociación de vecinos del Puertito de los Molinos, un rincón donde también había deseos y angustias. Esta historia ya la he contado varias veces y no la voy a repetir: Cómo me llamaron cuando las máquinas ya calentaban motores para derribar las casas, cómo rechazaron mis reticencias y cómo me obligaron a meterme a luchar contra lo imposible. Y cómo funcionó (hasta ahora, porque los orgullosos señores se sienten humillados y no descansarán hasta reducir el poblado a cenizas).

 Estaba un poco acojonado al sentarme frente a aquel escenario, porque los actores no sólo encarnaban a los vecinos asustados ante la llegada del cartero, sino también al abogado que se supone que los salvaba. Era una vergüenza enorme pero por suerte no fue para tanto.

 Es muy curioso cómo la tragedia del mundo nos obliga a volver a los orígenes. Hacemos lo mismo que hicieron los griegos, ponernos en un escenario junto al mar y escenificar la tragedia, si acaso reírnos un poco de ella, para que no nos devore.

 Acabo de colgar la obra en You Tube y creo que todos los afectados deberían verla, especialmente los canarios. Hay que felicitar a María Rosa por haber acertado con  el tema, el punto de vista, los diálogos, la puesta en escena, los chistes, la dirección de actores y con absolutamente todo. A lo mejor alguno de esos brutos la ve también y se le abre el corazón, quién sabe.

 Aquí tenéis los vínculos:

 http://www.youtube.com/watch?v=-BDxEp9JW_c

 http://www.youtube.com/watch?v=k97xCkfoPsQ&feature=related

 http://www.youtube.com/watch?v=BTXtA3SF87U&feature=related

 http://www.youtube.com/watch?v=9ZCyZzldXb0&feature=related

 http://www.youtube.com/watch?v=sCSMY-2-lbY&feature=related

 José Ortega

Abogado

DAVID-SALOMÓN-GOLIAT

junio 17, 2010

Me quedé pasmado cuando la chica se sentó delante de mi mesa de despacho para aguardar mis preguntas. No sabía si era una broma o qué, una bella mujer de color negro con los ojos azules. En esa época Internet aún estaba en ciernes y las lentillas de colores eran una novedad casi desconocida. El director de la película, el invicto cineasta Juan Piquer, se retrasaba aquella tarde y me tocó a mí recibir y examinar a la docena de chicas que se habían presentado al casting de LA ISLA DEL DIABLO, incluyendo, que todo hay que decirlo, una funcionaria de la Demarcación de Costas de Valencia que también quería hacer cine.

CARTEL ANUNCIADOR DE LA ISLA DEL DIABLO

  Aunque suele pasar desapercibido para el público en general, un casting bien hecho es imprescindible en una película. Los malos deben sugerir físicamente lo malos que son y así sucesivamente, así que la selección de actores es, no sé si una ciencia o un arte, pero es difícil.

  Pasaron muchos años y me encontré, hace dos semanas, en el cierto Tribunal Superior de Justicia con lo que en principio parece un hombre muy malo. Evitemos los nombres para no ofender de manera innecesaria y llamémosle de forma convencional el ingeniero técnico.

  Los señores de Costas, en su infinita sabiduría, están dispuestos a derribar todo un barrio a consecuencia de un simple error en el trazado de la línea de un deslinde antiguo. Todo indica que están mintiendo, pero ellos siguen y siguen, porque prefieren ver a cincuenta familias inocentes llorando que reconocer que han metido la pata. Estos señores de Costas han designado al ingeniero técnico como el principal defensor de sus puntos de vista. En las reuniones tenidas al efecto, según parece, ha sido este señor el encargado de liarlo todo para perpetuar la apariencia de que ellos tienen razón y para ocultar un error que vería cualquier estudiante de ESO. Por tanto, parece ser que el ingeniero es un hombre que comete maldades y yo ya había oído hablar de él como el luchador designado por el enemigo para darnos mamporros. Claro está que el enemigo es un ejército embebido de poder que tiene muchas cabezas y peones. Está el jefe de costas, que la única vez que se acercó a mí para hablarme me hizo llegar un aliento que evidenciaba que no era precisamente café lo que acababa de beber,  y la inflexible asesora jurídica, encargada de interpretar la ley de conformidad con los intereses del ejército poderoso. Pero al tipo éste lo habían elegido como su luchador ¿comprendéis? Era una especie de gladiador al que ponían por delante para que defendiera lo que parecen ser simples mentiras.

PORTADA DE LA SEGUNDA EDICIÓN DE GILGAMESH Y LA MUERTE

  Los lectores de este blog conocen mi afición al mito mediterráneo. No es casual, claro, sino la consecuencia de las cosas que he estad haciendo en la Universidad y los textos que he ido leyendo. Cuando tenía 25 años escribí la que aún hoy es la única novela en castellano sobre el mito de Gilgamesh, que a su vez es la primera obra literaria de la Humanidad y narra una anécdota sin importancia como la búsqueda de la inmortalidad. En esa historia aparece el gigante Huwawa, que guarda el Bosque de los Cedros. Huwawa es malo, caníbal y terrible. Necesité imaginar su aspecto físico cuando escribía sobre él, y con mucho más motivo mucho después, cuando hice un documental sobre el tema y le di vida en 3D.

REPRESENTACIÓN DE LA MUERTE DE HUWAWA EN UN CILINDRO SELLO AKADIO

  Sí, sí… Huwawa es un gigante malísimo. La otra mañana, cuando estaba sentado en un banco de madera en el Tribunal Superior de Justicia, lo vi aparecer. Absolutamente enorme, altísimo, con el cuerpo ensanchado en el abdomen y una fenomenal barba de chivo, como de un palmo, negra como la noche y recortada en forma de atrevida prominencia, como diciendo aquí estoy yo.

  Era el ingeniero técnico, que venía a declarar. Yo ya sabía, por lo que había oído, que era malo pero no sabía que también lo parecía. Y hasta ese extremo. Después entró en la sala y dio a conocer sus razones sin convencer, creo, a nadie. Pero el caso es que insistió en una pretensión que da con las casas en el suelo y que lleva consigo la desgracia para un buen número de familias que no han hecho absolutamente nada malo ni fuera de la ley, que han comprado sus viviendas con sacrificio y esfuerzo y que forman una comunidad de personas adecuadamente felices y con excelentes relaciones de vecindad. Pero a ellos, cuando van al juez, les basta liar la cosa, creo que lo entendéis.

En resumen, NUNCA van a admitir que se han equivocado, NUNCA van a dar un paso atrás y NUNCA serán capaces de experimentar compasión. Ellos pertenecen a otra raza, no son de los nuestros.  

Ayer por la tarde, después de presenciar junto a un grupito de víctimas del ingeniero técnico la cosa que hizo La Roja en Sudáfrica, me quedé un rato conversando con la parte activista católica de este barrio. Son personas que se hartan de rezar, que rezan cada vez que me toca hablar en el Parlamento Europeo y que seguían rezando mientras el ingeniero técnico se explicaba ante los jueces.

CUando estas personas se reúnen hacen algo a lo que llaman pedir una palabra a Dios y entonces abren la Biblia aleatoriamente para ver qué les dice.  Cada uno que piense de esto lo que quiera, es totalmente voluntario. Yo lo cuento como me lo contaron.  Primero empezó a salirles el libro de Salomón, un señor que como todo el mundo sabe está relacionado con la sabiduría y la justicia. Y a continuación les salió un paraje que tiene narices y que se ha convertido en el símbolo de toda lucha desigual. David y Goliath.

DAVID Y GOLIAT

Cada vez más la base de nuestra defensa descansa en un arquitecto técnico cuya misión consiste en demostrar la verdad redibujando correctamente las líneas. Es este arquitecto técnico el que se encarga de discutir con el ingeniero técnico que se parece al gigante Huwawa. Físicamente, nuestro arquitecto no es precisamente un enano, pero no es un hombre alto.

Puede que todo esto sean casualidades, que nada tenga sentido y que lo único que vemos ahí afuera sea azar. O puede que no. Yo me lo paso genial explorando la segunda hipótesis. Diez años después de salir de la Facultad hice mi tesis de licenciatura en Historia Antigua. Se llamaba QUIÉN ES TU NOMBRE, APROXIMACIÓN A LOS NOMBRES PERSONALES, y hablaba del concepto primitivo del nombre-alma, y de cómo el nombre nunca puede ser casual porque es indicativo de las cualidades del individuo y representa su esencia misma. De ahí la antigua costumbre de poner a los recién nacidos el nombre del santo del día de su nacimiento.

 Bueno, venga… ahora tenéis que adivinar el nombre de nuestro arquitecto técnico. Seguro que no os cuesta mucho…

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¿Sí? Pues sí. Su nombre es David. Y, aunque esto pueda parecer un exceso, su apellido es Amador. Todo el mundo a su alrededor ha podido darse cuenta de que está ayudando con el pensamiento pero también con el corazón porque cree en esta causa.

Yo nunca he tenido nada en contra de los filisteos. A fin de cuentas, ya estaban allí cuando llegaron los judíos, pero puestos a la leyenda, recuerdo que en aquel campo de batalla teníamos un ejército enorme, inmenso, poderoso, con un campeón llamado Goliath que era un gigante que daba miedo, y enfrente un pequeño ejército de desarrapados israelitas, agotados y muertos de hambre, que presentaron a un campeón llamado David, que no era más que un pastor, un crío, aunque con una puntería que daba vértigo.

EL DÉBIL CONTRA EL FUERTE

Ya lo he escrito muchas veces. Ellos no saben por qué luchan, nosotros sí. Ellos nos combaten con movimientos poderosos, pero torpes y robóticos, porque no tienen alma. Nosotros somos débiles y estamos agotados pero nuestros movimientos los guía el corazón. Por ese motivo tan simple vamos a ganar esta guerra, vamos a enviar al fondo del mar toda su soberbia, su chulería y su prepotencia y vamos a contribuir a hacer una España más justa donde todo el mundo sea tratado con la dignidad que merece y cada uno vuelva a convencerse de que este proyecto común merece la pena.

En la reconstrucción de los hechos también había un lugar para Salomón, pero esa historia la contaré otro día (o nunca).

 José Ortega

Abogado

SOIS COBARDES

junio 4, 2010

  Sois cobardes. Sólo os atrevéis con los pobres y los desamparados, nunca con los poderosos. Vosotros no representáis la ley, sino el abuso. No encarnáis el servicio, sino la injusticia. No ordenáis la convivencia, la echáis a perder. Vivís muy felices arruinando la vida de las personas desde vuestros puestos de trabajo seguros. Bajáis al bar a tomar café y os permitís el lujo de hablar de lo que está mal y si acaso de dedicarle unos minutos a arreglar el mundo. Tenéis, como todos los demás, dos orejas, dos ojos, una nariz, una boca y todas esas cosas, pero en el pecho tenéis una pesada masa de granito inmóvil.

  Sois cobardes. Os portáis como las leonas que cazan en la sabana: Ignoran a la manada, dejan a un lado a los fuertes y se dirigen sólo contra los débiles, los jóvenes, los enfermos, los que no tienen recursos, los que no pueden huir. Y sin embargo estáis convencidos de que os ganáis la vida honradamente y hacéis un trabajo digno. Os miráis por la mañana en el espejo y no veis a un criminal, sino al probo funcionario que se dirige a su oficina pública.

  Sois cobardes. El día 16 de marzo de 2008, en una rueda de prensa sólo para medios internacionales, dije públicamente que el bravísimo Director General de Costas del momento no tenía valor suficiente para meter la línea en el casco viejo de San Sebastián sólo porque el día 13 de ese mismo mes el temporal había saltado el paseo marítimo y había bañado la ciudad. Lo que se moja es dominio público, pero sólo cuando conviene. Sólo para los pobres y la clase media, como los habitantes de Oliva. No para quien nos puede contestar o nos puede hacer pupa.

  Sois cobardes. En Bajo la Cuesta os habéis empeñado en que los temporales ordinarios llegan a cuarenta y dos metros de altura porque allí viven personas trabajadoras y humildes: un jardinero, un empleado de gasolinera, un vendedor de repuestos, un instalador de aire acondicionado y muchos jubilados. Al lado, en la central eléctrica de UNELCO, filial de una todopoderosa multinacional, vuestros cálculos indican que las olas sólo alcanzan de cinco a ocho metros.

  Sois cobardes. En La Gomera echasteis abajo la carpintería de Valeriano sólo porque al cerrar con espigones el puerto de San Sebastián la playa comenzó a desaparecer y el agua se acercó al edificio, no al revés. Un jubilado sin recursos y aislado que había cometido el error de dar la lata con denuncias precisamente contra UNELCO.

  Sois cobardes. Queréis echar de sus casas a los desheredados de la Bombilla, con pensiones de cuatrocientos euros al mes pero no hicisteis nada cuando el temporal entró hasta la cocina del vecino hotel de la cadena MELIÁ.

  Sois cobardes. En las casas de los pobres no dejáis piedra sobre piedra, pero en Radazul habéis dejado que serraran el acantilado para construir una colección de torres junto al mar, el Isla Cristina habéis tolerado la construcción de un hotel de lujo sobre la arena, en Marina D’Or habéis cerrado los ojos ante las pantallas arquitectónicas prohibidas por la ley de costas y en la isla de Arosa no os importa que José Blanco se haga una casa de vacaciones a pocos metros del mar.

  Sois cobardes. En Puerto Lajas habéis contribuido a que Pepe el Besugo pierda la visión en un ojo después de enterarse de que le vais a tirar la casa en la que vive desde hace cincuenta años, para hacer sobre ella un paseo de veinte metros de anchura como cabeza de puente de una futura gran urbanización. 

  Sois cobardes. En Valdoviño echasteis a tierra las viviendas tradicionales que debían a ser dadas a sus antiguos propietarios en concesión, ya que estaban entre la antigua y la nueva delimitación del dominio público, y a continuación entrasteis a sangre y fuego en los hogares de  esos campesinos asustados, sin autorización judicial, como una pandilla de bandoleros en busca de botín, y las echasteis abajo.

  Sois cobardes. En el Barranco de la Ballena sembrasteis el terror entre unos ancianos sin recursos ni cultura, amenazándolos con exigirles el coste del derribo si osaban defenderse. La única forma de que estas personas más pobres que las ratas se liberasen de pagaros cantidades de dinero desproporcionadas era el compromiso de renunciar a la defensa y por esa vía también a su dignidad.

Sois cobardes. En Rota echáis de sus casas a personas de la clase media que las han conseguido con el sacrificio de toda una vida y a un pensionista que no tiene otro sitio a donde ir le abonáis como compensación el importe total de 136 euros. 

Sois cobardes.  Ahora acabáis de echar abajo la casa de Florentina en Cala Tuent. Una casa solariega tradicional construida en 1920 sobre terrenos cuya propiedad data del siglo XIX y anteriores a la primera ley de costas. Pagó por ella cincuenta millones de pesetas y ahora vosotros le estáis exigiendo trescientos setenta mil euros para financiar el derribo. El héroe se llama Celestí Alomar. No le sirvió que Florentina tuviera pedida, con mucho fundamento y razón, la concesión de la Disposición Transitoria primera, apartado primero, de la ley de costas, ni que hubiera impugnado en los tribunales la orden de derribo. Dicen que el héroe Celestí Alomar comentó que había echado abajo la casa sin esperar a más porque estaba harto de que nos riéramos de él parando la demolición. Podrá contarle a sus hijos y a sus nietos que cuando era jefe de costas de Baleares fue lo bastante hombre como para convertir en cenizas la vida de una persona para que no siguiera riéndose de él.

Vivís y trabajáis en una secta peligrosa con un dogma antisocial y unos métodos fascistas y os mezcláis por la calle, en las cafeterías y en las tiendas con las personas normales. Con ese espanto germen de violencia y guerras llamado conciencia equivocada, creéis que vuestra labor es un bien social. Pero si la gente supiera lo que hacéis en realidad, nadie querría ser amigo vuestro. Creo, y lo digo muy en serio, que deberíamos sacar pasquines al Internet y octavillas a la calle con una fotografía de cada jefe de costas y una relación de sus hechos contra la dignidad de las personas. Sin insultar ni difamar, basta exponer los hechos. El objeto es claro: que sus conciudadanos puedan identificarlos por la calle y cambiar de acera cuando se acerquen.

Hace unos días me llamaron de la cadena Ser de la Palma para que contestara a unas declaraciones radiofónicas del Subdelegado del Gobierno en Tenerife en las que criticaba que la causa de las víctimas de la ley de costas tuviera un apoyo social “unánime”. Con esto no hacía sino reconocer que ellos son una minoría luchando contra la sociedad entera.

Conozco a una infinidad de funcionarios de Costas que son maravillosas personas y mejores profesionales, incluyendo a unos cuantos ingenieros. Estas personas están sojuzgadas por la secta y hacen, dicen y firman cosas que saben injustas porque creen que nada pueden hacer contra el sistema. Sé de un vigilante de costas que es perfectamente consciente de que sus jefes se equivocan o están mintiendo cuando se empeñan en que la línea de 1969 iba por donde dicen que iba, con la consecuencia de que todo un barrio se va al suelo. Sí, todo un barrio al suelo y todo un clamor de lágrimas sólo porque unos funcionarios están tratando de ocultar su error. El vigilante de costas sabe que todo es mentira, pero no se atreve a decirlo porque tiene miedo de la secta. También él es un cobarde.

Vosotros lo tenéis todo. El Boletín Oficial del Estado, la policía, los jueces, los grandes medios de comunicación, el Defensor del Pueblo y un ejército de ejecutores moralmente degradados. Pero nosotros tenemos la razón y vamos a ganar esta guerra porque somos como los pueblos invadidos injustamente, que luchan por su supervivencia y vosotros, en cambio, sois invasores mercenarios que ni tenéis sentimientos ni sabéis por qué estáis luchando.

Llegará un día en que devolveremos la dignidad a este país maltratado. Llegará un día en que no tendremos que avergonzarnos de nuestras instituciones. Llegará un día en que el Defensor del Pueblo volverá a defender al pueblo y los tribunales volverán a impartir justicia. Haremos que ese día llegue y en ese empeño sirve también la sedición.

Cuando el general Riego se sublevó, un ejército lanzado por el gobierno a sofocar la rebelión salió a su encuentro, pero en vez de combatirlo se puso a sus órdenes, seducido por sus ideas de libertad. Sé de algún que otro funcionario de Costas que es asiduo lector de este blog. Debe saber que esto es una invitación a la sedición.

 Vosotros, funcionarios atrapados y maniatados por la secta, ya sabéis de la cobardía y el abuso de vuestros jefes, y deberíais comenzar a despegaros de sus obsesiones. Abrid los ojos, ved la realidad y reconoced que otra España es posible. Comprobad el injusto sufrimiento que estáis causando. Ved que podéis contribuir desde dentro a devolver a vuestros conciudadanos la confianza en una sociedad basada en la dignidad de la persona.

 Si lo hacéis, bienvenidos al inmenso grupo de la gente de bien. En caso contrario, la próxima vez que os miréis al espejo, fijaos bien y reconoced que lo que estáis viendo allí es un cobarde.

 José Ortega

Abogado