PELP Y BERTRAND RUSELL

abril 25, 2010

 

Bertrand Rusell

Solo tres días para la feria de abril. Amaneció lloviendo, pero sobre las diez el sol comenzó a hacer brillar los charcos en el aire limpio en esa Sevilla monumental que parece que siempre esconde algo afuera de la experiencia común. En el Tribunal Superior de Justicia hice lo que tenía que hacer, junto a un Presidente de Sala de uno noventa y una perito insegura a la que le temblaba la voz (y con una leve pelusilla bajo la nariz, me pareció).

Al salir me esperaba a pie firme un grupo de personas.  Un grupo heterogéneo: jóvenes, mayores, medianos, sobre todo chicas. Había recibido correos suyos y conversado por teléfono con algo de prisa. Al pronto no había entendido bien quiénes eran ni cuál era el problema.

 Me sorprendió que conforme llegaban más integrantes de la Plataforma se saludaran y presentaran como si se vieran por primera vez.  Y así era. No se conocían. Esto, claro está, me extrañó, así que comencé a preguntar y a entender.

 Estas personas se habían conjurado para defender de la urbanización abusiva una playa virgen en Cádiz, la playa del Palmar. No tenían intereses en la zona. No eran propietarios, ni afectados. Actuaban solo por ideales. En este mundo competitivo, egoísta y mezquino, estaban gastando tiempo y energía solo por defender un ideal.

Cuando estaba en la universidad escribí un artículo, ya no me acuerdo del título. Hablaba de los móviles de cada uno en política y decía algo así como que cuando vamos a meter nuestro voto en la urna podemos hacerlo por intereses o por ideales. La doble posibilidad me la desveló alguien al comentarme que iba a votar a tal partido porque le interesaba que saliera. Me quedé con aquella expresión, “me interesa” y mi artículo venía a ser una puesta en orden de mi propio pensamiento. Los ideales no siempre coinciden con los intereses. A menudo se dice que con veinte años debes ser de izquierdas y cuado superas los treinta, de derechas. Me parece una idiotez, pero se dice mucho. Se supone que con dieciocho en realidad careces de intereses y te puedes entregar de forma más o menos ingenua a defender ideas, pero luego la cosa cambia y te interesa apoyar a los que favorecen tus intereses, sean los que sean. Aún así, creo recordar que decía en mi artículo, hay quien vota por sus ideas incluso pasando por encima de su propio interés personal.

-Lo que escribes me recuerda a Bertrand Rusell -me comentó un señor muy leído.

Estupendo, aunque yo a ese autor no lo he estudiado nunca. Pero suena fenomenal.

Pues bien, las fuerzas vivas de PELP efectivamente carecen de intereses en la playa del Palmar y por lo tanto lo que los mueve no es defender su casa, sus tierras o sus cosas. Su motor son los valores. Han conseguido movilizar a más de cincuenta mil personas en su grupo de Facebook. Sí, habéis leído bien. Más de cincuenta mil.

Eso me sacó de una duda. Al principio yo no sabía si querían contratarme o qué. Pronto me di cuenta de que solo querían consejo, así que no estaba entre clientes, sino entre iguales.

Comenzó a llover con timidez sobre la terracita cuando terminamos una extensa sesión de preguntas y respuestas. Justo a la hora de comer, así que nos metimos al resguardo a contemporizar con unos cuantos platos formados por abundante sal mezclada con algo de comida.  

Todo ese día de diálogo no fue un tiempo perdido, sino ganado. El hecho de que PELP solo buscara en mí consejos y estrategias no solo no me decepcionó, sino que me halagó. He seguido en los últimos años una deriva totalmente imprevista en busca de soluciones. La cerrazón a los ciudadanos de la Administración, los tribunales, el Defensor del Pueblo y el sistema en general, me obligó a abrir otros caminos y esa búsqueda me transformó en un tío con una pata en el mundo del derecho y otra en el mundo del activismo. Si fuera más indiferente podría haberme conformado con quedarme en el despacho y cobrar minutas perdiendo asuntos. Pero no es el caso. Si alguien me pide que salve su casa, la salvaré, o lo intentaré hasta el final. No me limitaré a hacer un escrito de alegaciones, cobrarlo y adiós muy buenas. Esto era lo que buscaban los idealistas de PELP, inspiración para lo que alguien llamó (en sentido tan figurado como pacifista) la guerrilla urbana.

Les pasé estrategias y contactos y esa tarde volé de nuevo a Valencia con unos cuantos amigos más. Pero no solo di. También aprendí y me dejé contagiar de su generosidad, entusiasmo y fuerza. No es cosa pequeña que hombres y mujeres de todo el país le dediquen una parte de su vida a impedir los ataques del ladrillo sobre un pedazo de campo.

Estamos viviendo una indudable deriva de retroceso democrático en la que el Estado tiene cada vez menos escrúpulos para imponerse a sus ciudadanos a costa de lo que sea y en la que cada vez más los políticos son monigotes del poder económico. Pero estamos también entrando, dicen, en una nueva época del mundo, en la que los valores de generosidad y solidaridad se van a imponer. El mundo va a cambiar y lo vamos a conseguir nosotros. Y si no lo conseguimos porque el Estado nos aplaste, al menos habremos cambiado nosotros mismos buscando el ideal y luchando por los valores. Al final, como dicen, lo importante no era la meta, sino el camino.

La página de PELP en Facebook la tenéis en esta dirección:

http://www.facebook.com/notes/salvar-el-palmar/puedes-ayudar-a-pelp-la-plataforma-te-necesita/373518810247

Nos están dando una lección.

Hay que apoyarlos en todo.

Gracias

José Ortega

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6 comentarios to “PELP Y BERTRAND RUSELL”

  1. No te conozco, pero tu comentario revela que eres alguien sensible, con gran corazón y con miras altas. Allá donde hay que tenerlas. Me ha emocionado mucho tu escrito. Afortunadamente, entre tanta basura, corrupción e intereses bastardos, y sobre todo entre tanta ignorancia, se encuentra uno personas como tú. Gracias a tí. Y un abrazo sincero.

  2. Francis Prieto said

    Por suerte existen personas como tu… de hecho si a lo largo de la historia no hubieseis existido ¿donde estaríamos?

  3. Fabiola said

    Gracias José, muy bueno y emotivo tu artículo.
    Gracias a ti por atendernos, por tus consejos, tus contactos….y sobre todo porque cuando nos fuimos nosotros también sabíamos que tenemos un “UN GRAN AMIGO” en ti.
    Besos

  4. pijamaman said

    hi josé!

    tu texto

    me ha puesto los pelos de gallina

    gracias por compartir la utopía

    !!!

    como, bien dices,

    yo, en la cuestión de el palmar,

    no tengo intereses,

    puesto que vivo en Sevilla

    y soy natural de Jerez,

    TENGO IDEALES

    y estoy feliz

    de compartirlos contigo

    y con todos los comapañeros

    que vamos a conseguir

    que El Palmar

    siga siendo la playa paradisiaca

    que es hoy

    un fuerte abrazo abogado

    !!!

    un fuerte abrazo amigo

    !!!

    ramón

    love & peace always better with cyborg

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