ZETAS Y EÑES

abril 1, 2010

 

INSTITUTO CERVANTES

Hace poco salía de hacer bolos en la Audiencia Nacional y vi que las cariátides grises del edificio del Banco Central, en la esquina de  Pradillo con Gran Vía (pongamos que hablo de Madrid), ya no meditaban sobre el cambio de divisas, sino sobre el cuidado del idioma, con especial énfasis en la letra más española del planeta.

De pequeño me obligaron a aprenderme de memoria que la Real Academia de la Lengua “limpia, fija y da esplendor”, y ahora el Instituto Cervantes, ya esparcido por el mundo, simboliza en esa sede más o menos nueva la reconquista por las fuerzas culturales de uno de los palacetes del capitalismo.

Entre las señoras de piedra hay una leyenda que efectivamente dice “INSTITUTO CERVANTES”, coronada por el icono ése que tiene una eñe. No sé cuánto cuesta alquilar un palacio con cariátides de cinco metros en la Gran Vía pero me temo lo peor. Está bien que a las cosas de la lengua y la cultura se les dé la importancia que tienen, que tras los muros unos sesudos profesores se quemen las pestañas promocionando el idioma, que las delegaciones internacionales estén distribuidas por medio mundo y que, a fin de cuentas, en nuestra eñe nunca se ponga el sol.

Pero lo que se me ocurrió al pasar delante de las pensativas damas es que para qué tanto esfuerzo, tanto dinero, tanta energía, tanta pasión, si el muchacho ese que trabaja de Presidente, Rodríguez Zapatero, cada vez que le ponen un micro delante estropea un poco más el idioma de la eñe al decir y repetir “estoy seguro que…”. “Estoy seguro que los españoles lo van a entender. Esto seguro que los mercados financieros lo van a hacer. Estoy seguro que este año saldremos de la crisis”. Hasta escribirlo me duele.

No le basta con haber destruido la economía del país (deconstruido, dicen ahora los sabios autonombrados queer y demás pedantes), la fe en la democracia, la dignidad de muchos ciudadanos (preguntemos a los afectados por la ley de costas) y la paciencia de la mayoría. Ahora va directo a por el idioma.

Muchos (no sé si todos) sus ministros y ministras y demás miembros y miembras de su corte, repiten la desafortunada construcción “estoy seguro que…”. Incluso a pesar de que no están seguros de nada. Invertimos dinero público, sí, y mucho, para promocionar el español, pero el Presidente se basta para contrarrestar todo ese esfuerzo usando el idioma como él cree que debe usarse, quizá siguiendo algún giro nacido entre los gañanes de un pueblo sin nombre de las montañas de León. Cuando se empiezan las frases diciendo “las compañeras y los compañeros” o “las ciudadanas y los ciudadanos”, o cuando se alude a las “miembras y miembros”, la distorsión al menos tiene una explicación ideológica. Boba, pero explicación. De hecho, denota la impotencia de unos políticos empeñados en cambiar la gramática porque no pueden cambiar la realidad. Pero la manía no es solo de la “izquierda”. En 1994 el partido popular tuvo el mal gusto (a mi juicio) de aprobar en las Cortes Valencianas una ley en la que regulaba la profesión de “las pescadoras y los pescadores”. Para que no se diga.

Pero cuando Zapatero dice “estoy seguro que…” no hay ideología ni explicación. A lo sumo economía, creyendo erróneamente que comerse irregularmente una preposición es algo que puede ayudar a España a algo. Claro está que el Presidente al hablar así está pateando la lengua de Cervantes. No decimos “estoy seguro algo”, sino “estoy seguro de algo”. Bueno, vosotros ya sabéis cómo se habla correctamente, no hace falta explicar más.

Hace un tiempo, dos hermanas muy, pero que muy monas, iban caminando por la Calle Mayor de Cartagena, cuando pasó por allí el aguerrido escritor local Arturo Pérez Reverte y les pegó un repaso visual creo que descarado al tiempo que proclamaba en alta voz:

-¡Bueno, bueno, bueno…!

¿Observáis la inmensa elipsis? En la frase cabía todo un mundo no expresado, pero implícito, desde el piropo lanzado desde la obra hasta una novela rosa. Faltaban muchas palabras, pero estaban todas.

Por eso el Pérez Reverte se sienta en un sillón de la Real Academia de la Lengua dedicado a limpiar, fijar y dar esplendor mientras Zapatero debe conformarse con intrigar contra el idioma de Cervantes, de la eñe y de todos nosotros, tras los desolados muros de la Moncloa.

José Ortega

Abogado

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2 comentarios to “ZETAS Y EÑES”

  1. Cartagenera said

    Bueno, bueno, bueno…!!!
    Hace años curiosamente unas chicas de allí también, recibieron un extraño piropo, esta vez no venía de un miembro de Real Academia, más bien de un “quinqui”, la frase fue:
    “Ole, ole y ole LAS LECHUGAS FRESCAS!!!”
    Este también lleva implicitas muchas cosas… 😉

  2. Carlos said

    Siempre disfruto mucho con el enriquecimiento que se produce cuando se evidencia aquello que, por cotidiano, pasa desapercibido.

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