LA BOMBA EN LA BOMBILLA

noviembre 14, 2009

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CASAS DE LA BOMBILLA

Al principio no entendía por qué la gente se aferraba tanto a un barrio marginal como la Bombilla. Ahora lo entiendo un poco mejor. Bastó algo de convivencia en el maltrecho bar de la asociación de vecinos y en eso que llaman el casino, que consiste en tres paredes con un techo que no pertenecen a nadie y pertenecen a todos, donde los castizos del lugar se reúnen para conversar sobre lo que viene al caso, maldecir lo maldecible y poner en común eso tan recurrente allí como son los miedos. Y las esperanzas. Y la incertidumbre, ese temblor hacia lo que va a pasar. Parece que si lo compartes pasa mejor.
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MUJERES EN EL CASINO DE LA BOMBILLA

 La Bombilla está condenada. Son un grupo de personas mayores con algún hippie por ahí metido, solos contra una santa alianza de todas las Administraciones públicas con el gran capital. Todo Cristo, salvo las víctimas y el resto del pueblo, está de acuerdo en que en la Bombilla hay que quitar de en medio viviendas, callaos y personas para hacer una playa nueva. Como les dije a los afectados la otra noche en la reunión, Costas piensa llevar allí una picadora, picar los callaos y convertirlos en arena de la nueva playa para guiris de patas lechosas.  Pero los pedruscos locales no son la única materia prima. También piensan picar sus casas y chabolas. De forma tan democrática como misericordiosa, no los picarán a ellos también, aunque sí los harán polvo (es lo mismo polvo que arena) al obligarlos a financiar su propio derribo. Con esto la Administración obtendrá un beneficio adicional que habría merecido la aprobación de Robespierre: No solo echamos a los vecinos, sino que además les birlamos parte de las materias primas y así conseguimos financiación gratis para el proyecto. Es la primera vez que veo una cosa así. Los vecinos ponen sus casas para ser reducidas a polvo y además tienen que pagar la operación. Vaya, qué ingeniería financiera tan bien pensada. Así cualquier aventurero sin recursos económicos se monta un proyecto faraónico.

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XAVI, EL HIPPIE DE LA BOMBILLA, DANDO LA NOTA

 Y todo esto para sacrificarlo en el altar del turismo y los negocios, metiendo mucho cemento, pero mucho, en la costa. Me di una vueltecita por el paseo marítimo que están haciendo en los Guirres, ahí al lado y bueno, bueno…. Te lees el preámbulo de la ley de costas, donde dice que hay que frenar la presión urbanística sobre el litoral, y luego te vienes aquí, ves todo ese cemento puesto por ellos mismos y resulta difícil de entender. Ni que decir tiene que el paseo es ilegal, pero ya me aburre repetirlo tanto. Las mujeres de la Bombilla claman porque lo que pasa aquí es que este espacio quieren quitárselo a los locales para dárselo a los turistas y parece que por ahí va la cosa. Siempre me alojan en el hotel que hay en la zona, que parece un centro gerontológico multinacional. Las piernas blancas como botellas de leche de estos jubilados europeos se han transformado en el oro negro de Canarias (y del resto de España, si).

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OBRAS DEL PASEO MARÍTIMO EN LOS GUIRRES

  No hace mucho tiempo el temporal se metió hasta la cocina del hotel, que está debidamente al lado del mar, pero esto le da igual a Costas, al gobierno de Canarias y a la madre que los parió. Veamos el contraste: En el hotel (callemos su nombre por no fastidiar) está demostrado que las olas llegan bien adentro, pero no pasa nada. En la Bombilla ni se ha demostrado ni se puede demostrar que las olas llegan pero es lo mismo, la zona la declaran dominio público. En Costas se sacan de la manga una cota inundable de 8 metros que solo existe en su imaginación porque es imposible que el mar pueda superar esa barrera de callaos grises a modo de barricada natural. Fíjate qué casualidad, que las carambolas siempre perjudican a los pobres. Es casi milagroso, como en Bajo la Cuesta: en ese barrio humilde Costas dice que las olas alcanzan cuarenta y dos metros de altura, pero solo un poco más allá, en la central térmica de UNELCO, alcanzan solo ocho. Qué curiosidades tiene la vida, que las olas saben leer, o intuir, los balances de situación y la cuenta de resultados.

 El proyecto de la playa nueva para se basa, además, en una mentira. Tú puedes interpretar el derecho en la forma que te parezca, pero no puedes faltar a la ética, o a mí me lo parece. Una discrepancia de abogados es una cosa. Un fraude, una mentira, un abuso y un embuste son otra cosa muy diferente. Esto es como lo que escribió aquel célebre tipo llamado Vladimir Illich Ullianov (mirad en la Wikipedia, era calvo y llevaba perilla): Si digo que dos y dos son cinco esto es un error. Pero si digo que dos y dos son una zapatilla, esto es un error muy distinto. En la Bombilla pasa algo así. El proyecto de hacer ahí una playa nueva puede –podría- ser un error político y/o jurídico. Pero mentir a lo burro diciendo que todas las viviendas son ilegales es un error de otro tipo, que nos transporta a otra dimensión ¿Qué hacemos cuando tienden a disiparse de esa forma brusca las fronteras entre el Estado y la cuadrilla de Ali Babá? No, no es cierto que todas las casas sean ilegales. Cuando el deslinde es el primero, la ley presume que todas las viviendas se hicieron dentro de lo que ya era dominio público y nadie tiene derecho a la concesión. En cambio, cuando hay un deslinde anterior, los terrenos entre la antigua y la nueva delimitación del dominio público deben ser dados a sus antiguos propietarios en concesión por sesenta años. Tan sagrado es este derecho que la Administración debe otorgarlo de oficio y el único caso en el que los interesados pueden no gozar de él es la renuncia expresa. Fuerte ¿verdad? Pues ved la forma que tienen los ingenieros de costas de entenderlo en este rincón de la Palma: dicen que todos los edificios son ilegales y que hay que derribarlos y picarlos para mayor gloria de los buenos negocios. Se callaron. Se callaron como muertos para no reconocer que allí, en la Bombilla, había efectivamente un deslinde anterior. Ni una sola página de su proyecto se refiere al deslinde antiguo. Claro está que no mienten. No dicen: aquí no hubo un deslinde antes. Qué va. Se hacen los despistados, miran para otra parte, se ponen a silbar disimulando. A ver si hay suerte y estos desarrapados más pobres que las ratas no se enteran de que tienen derechos.

FACHADA EN LA BOMBILLA
 
 Yo creo esto: progreso sí, desarrollo también. Que el dinero se mueva, que haya puestos de trabajo,  que cada uno pueda tener un sueldo digno, sí a todo eso ¿Pero qué pasa con estos políticos o estos ingenieros o lo que sea, que juegan sucio sacrificando a la gente humilde y pasándose por el forro la propia ley de costas? ¿Qué hacemos con ellos? Recuerdo que el Estado nació para moderar lapresión de los fuertes sobre los débiles. Lo mismo que la ley es un instrumento de los débiles, el Estado también lo es. En tiempos remotos a los tiranos se les reconocía a una legua. Ahora no. Están camuflados en la Administración, han conseguido hacerse con todo el poder y abusan de él dándole sin parar a la retórica democrática. Ese Estado que nació para mantenerlos a raya, parece que es su juguete.  

 Mi reunión con los vecinos fue el día diez. Lo primero que les dije fue que quien  tuviera afición a rezar el rosario podría ir empezando esa misma noche, porque a la mañana siguiente unos señores muy serios se disponían a decidir sobre sus vidas y a sellar sus destinos. Justo porque al día siguiente era la votación y fallo de los dos recursos que tengo puestos en la Audiencia Nacional. Más en claro, que al día siguiente se ponían las sentencias. Nosotros no lo sabremos hasta dentro de bastante tiempo, pero los jueces ya han decidido.  Tengo razón en estos pleitos y es una razón gorda y pesada, pero en los últimos tiempos me estoy acostumbrando a que no me la den y resulta que la hora de la verdad ha llegado. Por algún extraño motivo que no puedo comprender (o sí, pero es mejor y más saludable decir que no), la Dirección General de Costas gana desde hace unos años todos los recursos judiciales por la definición del dominio público. Y cuando digo todos es todos. El año pasado yo mismo les anulé un deslinde pero por defectos del expediente, y les averié otro por motivos de fondo, con anulación parcial, pero me supo a poco. Se trata de un fenómeno para reflexionar, como bien sugiere Alfredo Masó, el presidente de la asociación de Arenales del Sol, ya que indica que los ingenieros de costas han alcanzado la perfección en el desempeño de sus obligaciones. No se equivocan NUNCA, con precisión de tornillería. Es la única conclusión que cabe de este hecho sorprendente de que todos, absolutamente todos sus deslindes sean intachables y los tribunales los confirmen una y otra vez, sin toser.

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AFECTADA DE LA BOMBILLA MOSTRANDO SU CASA DE 24 M2

 Lo que puedo decir del deslinde de la Bombilla ya lo sabe mucha gente: que se remonta al fin de la glaciación Würm para justificar la presencia ahí de un acantilado que dicen que lo modeló el mar, pero eso sucedió en el décimo milenio a JC o antes (ellos, tan apañados, se remontan solo al 4.000 a JC. Parece que en lugar de estudiar las eras geológicas han consultado un tebeo). Si esto no es una aplicación retroactiva de la ley de costas yo soy el obispo de Sigüenza, o algo peor. Y lo que puedo decir del proyecto de una playa nueva es que es ilegal por varios motivos que creo que no admiten interpretaciones ni matices. Y no es una fórmula voluntarista, forzada o retorcida. Es la verdad. Contrastas el proyecto con la ley y te encuentras con que no puede pasar los filtros. Con que la contradice. Con que es ilegal, qué cosa tan simple.

 La otra noche una vecina muy religiosa y sensible no perdió mucho el tiempo en la tertulia que siguió a la reunión. Se marchó pronto a casa, anunciando que se disponía a rezarle a una imagen de la virgen de la Candelaria que tiene allí guardada. Vamos a ver si la Señora se nos aparece y les da una lección a todos los políticos y representantes del gran capital, empeñados en construir sus ambiciones sobre las ruinas de todas esas vidas de  la gente sencilla.

 Me he vuelto de la Bombilla cargado de regalos. Xavi Roca, un tipo alternativo más bueno que el pan sobao, como dicen en Cartagena, me regaló una de las camisetas que confeccionó con el lema YO AMO LA BOMBILLA. Y un libro. Sobre teoría de la arquitectura. No un libro comprado, sino sacado de su propia estantería, gastado por el uso, impregnado de todas esas sensaciones que tuvo cuando lo leía. Prescindió de él para dármelo a mí. Una dama que hace año y medio me dijo que no me podía pagar por carecer de recursos, me regaló un amuleto self-made para protegerme de las malas artes. También, por cierto, me dio un recuerdo Karin cuando la vi en Las Palmas el lunes (ver la entrada el río de la vida). Primero me entregó una carpeta repleta de documentos que literalmente no me cabía en la maleta (este viaje es de nueve días), pero después del café me sorprendió con otro regalo. Dos piedras. Dos piedras, sí. De la orilla del mar, delante de su casa. Para que tuviera un recuerdo del Puertito de la Cruz. No solo no podía cerrar la maleta de espesa que estaba, sino que además debía cargarla con dos piedras. Y como soy un sentimental, en vez de devolverlas al mar, las llevé conmigo. En la maleta, no en el equipaje de mano. Acabo de pasar el control de seguridad del aeropuerto de Tenerife y en un rincón había dos cajas llenas de pedruscos más grandes que el puño que habían quedado confiscados para que nadie pudiera emplearlos como arma en la cabina del avión. Las mías son más pequeñas y están en la bodega.

 Libros, camisetas, amuletos y piedras son cosas que se tocan y se ven. Pero hay otras que no ocupan espacio en la maleta y sí por aquí dentro, bajo la piel, por entre las tripas y en el corazón.  Todo ese afecto. Dos niñas pequeñas que se dirigen a mí cuando paso por delante. Una señora de edad provecta que me pela castañas asadas antes de entregármelas de dos en dos. Una loca peligrosa pero simpática que comparte cerveza conmigo en el bar de la asociación de vecinos antes de irse de marcha.

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XAVI Y JAZMIN EN SU DORMITORIO

 Vamos a tardar mes o mes y medio en enterarnos de las sentencias. Xavi tiene una esposa, Jazmin. Está embarazada. Va a dar a luz posiblemente el 24 de diciembre. No os podéis imaginar lo buenas que son estas dos personas. Se ve en seguida, en cuanto abren la boca. Jazmin no quiere saber nada de hospitales. Va a parir en su casita de la Bombilla, en su cama, que no es más que un colchón en el suelo.

 Yo creo que esto sugiere algo. Como anunciaba Xavi,  más o menos van a coincidir la fecha de la sentencia y la del alumbramiento. Me voy a ahorrar las resonancias bíblicas, que nunca han sido mi fuerte, pero estoy pensando que como les tiren la casa estos dos se quedarían sin nada y la imagen de estas personas buenas huyendo por ahí, con su niño recién nacido y sin techo, me recuerda algo. Ahora mismo no podría decir qué.

 Sean lo que sean las sentencias, serán una bomba. La bomba que caerá en la Bombilla, como sugería anoche una de las castizas locales.  Esa bomba puede estar llena de trinitrotolueno o de esperanza, según les haya parecido a los señores magistrados. Vamos a confiar en que la explosión sea como cuando se rompe una piñata y llueven  regalos de colores.

José Ortega, abogado

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