EL RIO DE LA VIDA

noviembre 2, 2009

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Seguramente recordaréis la película de Robert Redford, El río de la vida. Hablaba de la pesca con mosca en los ríos. Parece algo muy simple que tiene que ver solo con las moscas, pero no. Tiene que ver más bien con el equilibrio, la concentración y la atención. Parece que hay toda una serie de impulsos y movimientos que deben hacerse en la forma precisa y en el instante adecuado y si no no vale. La cosa no es echar al agua el sedal sino que cada movimiento sea perfecto y esto no se aprende ni en los libros ni con la simple voluntad. Hace falta un maestro. Los maestros de la pesca con mosca son como aquel personaje encarnado por Robert Redford, tipos concentrados, embebidos en la técnica, indiferentes a todo lo demás y prendados de esa naturaleza que de modo incomprensible insiste en persistir incluso en este mundo corrompido hecho de residuos y escombros.

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Rusell en la península de Jandía, 28.10.09

En estos días conocí a uno de esos tipos, un irlandés moreno de ojos azules, como debe ser todo irlandés que se precie, cuya especialidad es meterse en el agua por la cintura para atrapar salmones. En Irlanda, en Siberia, en Alaska, por ahí. Ahora está haciendo la misma cosa en el océano Atlántico, en los bordes de una isla terrosa llamada Fuerteventura. Pero no fue él quien me llamó, sino su pareja, una alemana creo que libertaria llamada Karin que creo debe tener un pasado hippie o algo parecido. Como él, Karin valora al extremo la fuerza de la naturaleza. Hasta el extremo de haber venido a las soledades de Fuerteventura en los años setenta, comprar cuatro paredes sin techo y transformarlas en un hogar a medio camino del paraíso, en frente de un océano cambiante que puedes mirar todo el día sin aburrirte y que encierra algo así como la paleta de colores de un pintor.

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Karin en la peninsula de Jandía, 28.10.09

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ESTO ES LO QUE COMPRÓ KARIN EN LOS SETENTA

Rusell y Karin estaban sentados a mi lado cuando intervine en el Parlamento Europeo el 20 de enero de este año (http://www.youtube.com/watch?v=5x_UKuDcH-Q). Estaban junto a mí, pero ha sido en estos días cuando los he conocido. Porque su atalaya frente al Atlántico está en peligro, la casa se va al suelo y los sueños amenazan con transformarse en pesadilla. Como dicen, parece que se acabó el carbón. Esta frase hecha de la lengua castellana es así de expeditiva. Implica que todo ha sido bonito pero que ya no hay nada que hacer.

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Esto es lo que se ve desde la terraza de Karin

Fui con Karin a la minúscula oficina de Costas en el Puerto del Rosario, esa capital medio desolada que en un tiempo se llamó Puerto Cabras y que parece a mitad de camino entre la Europa rica y las colonias de un ultramar lejano e impreciso. Siempre tuve la conciencia de que estos espacios de Canarias, aislados, primitivos, en cierto modo desolados, eran los de la frontera. Recuerdo otra película, Bailando con Lobos, cuando el guapete y entonces joven protagonista se va a probar suerte con los indios porque quería ver la frontera. La frontera era como un mito, un territorio desconocido donde cualquier cosa era posible y la aventura parecía cosa segura.

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Sin quererlo, con tanto viajecito a Canarias sufrí un proceso semejante al del propio Kevin Kostner. El tomó a una mujer indígena y se transformó en indio. Un día participó en un reparto de palos y mamporros contra una tribu enemiga que se presentó por las buenas a quemar, violar; robar y fastidiar. Al terminar el combate se sintió más integrado que nunca en la tribu: entonces; sobre las imágenes de los indios buenos retirándose a sus tipis, escuchamos su voz en off: “ese día supe por primera vez quién era yo en realidad”.

Algo así me está sucediendo; incluso sin necesidad de bailar con ningún lobo ni tomar una mujer india: He visitado la frontera, me he identificado con los indígenas, he participado en sus luchas contra los invasores y de esa manera he descubierto quién era yo en realidad, hasta dónde era capaz de llegar, dónde estaban mis límites y qué capacidad tenía de valor, generosidad y sufrimiento. Valor para enfrentarme a los intratables señores, generosidad para regalar mi trabajo a los humildes sin recursos y sufrimiento para aguantar traiciones, difamaciones y puñaladas.

El funcionario que atiende en la oficinita de costas del puerto del rosario es de Málaga, un señor jovial con una dentadura sospechosamente impecable. Al contrario que en otros sitios; no nos pone problemas para analizar el expediente, o más bien la parte que tienen allí. Y no es difícil encontrar la pifia: a Karin no le habían dicho ni mú, todo el procedimiento se había tramitado a sus espaldas, violando los derechos más elementales de participación, audiencia y defensa: hay pólvora de buena calidad contra los indios invasores y el deslinde se puede anular porque la indefensión causada es de libro.

Con este respiro nos fuimos al sur. Cada isla es un reducto pequeño; limitado por todas partes, pero Fuerteventura es enorme y Karin vive en la otra punta, en el morro de la península de Jandía; un territorio ignoto, raro y particular por muchos motivos: uno de ellos es que está formada por dunas salvajes. El otro es que en los cuarenta fue cedido, entregado o prestado a ese hombre moderado y prudente llamado Adolf Hitler para que durante la segunda guerra mundial el ejército, la marina y la aviación alemana pudieran disponer de él. Aún hoy dista mucho de estar clara la propiedad de toda esa extensa península.

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El Puertito de la Cruz al atardecer del 27.10.09

Llegamos al último confín de la isla atravesando un camino de tierra impracticable abierto en un paisaje de pedruscos, con el faro como norte (aunque está en el sur), y al llegar pude ver lo que era en realidad el Puertito de los Molinos; del que Karin tanto y tanto me había hablado: un balcón a otro mundo, el mundo del pasado, con la poderosa naturaleza a sus pies. Ella sabía lo que hacía cuando en su juventud había desembarcado allí y se había liado a mezclar cemento para rehabilitar aquellas cuatro paredes míseras. Con eso estaba asegurando una vida idílica en el último reducto salvaje de Europa, en el extremo de un archipiélago extremo, lejos de todo, sin carreteras, sin tour operadores y sin hoteles. Todo era allí, incluso ahora, adecuadamente primitivo y humilde. La mancha humana era aún tímida en la gloria del mundo natural. La casa de Karin está construida sobre un escarpe natural que se alza sobre una playa de rocas y callaos. La auténtica playa está más allá, a unos cien metros. Arenas blancas, intocadas, sin empresarios de hamacas, sin chiringuitos y sin alma viviente. Y aún más allá, alrededor del faro, las olas hacían eso que solo se ve en los días de furia, correr hacia las rocas mientras el viento, aún antes de romper, les arranca la espuma de la cresta para dispersarla en el aire. Todo eso se vuelve único al atardecer, cuando nubes y olas de un rosado pálido se transforman en una orgía para los ojos y para las cámaras digitales de los turistas más aplicados, capaces de meterle al coche la paliza de ese largo camino de tierra.

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Karin y Rusell

Bien bien, a Karin y Rusell los ingenieros de costas les han quitado su casa, su sueño y su billete al paraíso. Todo el dichoso escarpe es ahora dominio público, pero, como en otros casos, a ellos no les han otorgado la concesión de la transitoria primera de la ley, aunque deberían haberlo hecho incluso de oficio. No no… las cosas siguen igual de mal. Pero se van a poner peor, porque todo el mundo (me refiero a todo el mundo con poder) está contentísimo pensando en el paseo marítimo que van a construir en ese espacio donde ahora están las casas. Así que de nuevo tenemos por ahí ruido de palas y maquinaria de color amarillo. Y las viviendas al suelo. Y con ellas todos esos sueños y esperanzas, todo ese convencimiento de que en su momento, al comprar las paredes herrumbrosas, fuimos afortunados e hicimos lo justo. Que teníamos razón, que la casa era como un barco, rodeada de mar y gaviotas, pero sin cabeceos, balanceos ni mareos. Que asomarse a la terraza era como hacerlo a un puente de mando. Que por la mañana podías ver el sol salir por tu izquierda y por la tarde ponerse por tu derecha, como si cada día manos invisibles pintaran para ti un cuadro nuevo.

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Olas en Jandía

Estos bestias piensan, pero no sienten. Es una diferencia que creo que se entiende bien. Ponen su línea y les da igual que se hunda el mundo. Quizá sepan que los ladrillos que van a quitar de en medio están empapados de ansias y recuerdos, pero les da igual. Cuando escribí mi tercera novela, LA PIEDRA RESPLANDECIENTE, quería darle alma a esas piedras de los yacimientos arqueológicos en los que tanto había trabajado cuando era estudiante. Me aburría como una ostra al limpiar con el pincel los muros de una casa argárica y con la novela le proporcioné historia, mito y aventura a todo eso.

LA PIEDRA RESPLANDECIENTE

A los muros de esas casas condenadas les pasa lo mismo. Ya sabéis (algunos, no todos): lo esencial es invisible a los ojos. No se ve bien sino con el corazón. Estos bestias ven estupendamente con los ojos, las lentillas y las gafas, no con el corazón. Por supuesto que desconocen toda diferencia entre un sombrero mejicano y una boa que acaba de tragarse un elefante: no podemos pedirle peras al olmo y si alguno de ellos lee estas líneas se preguntará de qué rayos estoy hablando. Lo suyo es dibujar líneas y arruinar la vida de las personas.

ElPrincipito

La boa que se ha tragado un elefante

El amable-sonriente funcionario de costas de Puerto del Rosario me lo confirmó. Sus jefes estaban a punto de convocar un concurso para adjudicar la redacción del proyecto de ese paseo marítimo. Y además nos saca un plano del Plan Rector de Usos del Parque Natural que muestra que toda esa zona debe dejarse expedita y libre. Será con buena intención, pero parece que esté hablando para niños de pecho. Nos muestra el plano como si todo fuera inevitable, como si todo Cristo, los de Costas y los vecinos, no tuvieran más remedio que someterse a esa dura realidad del Plan Rector de Usos. Pero yo sí veo lo invisible y no necesito consultar ni medio papel para imaginar qué ha pasado. Simple: Que cuando se hace el dichoso Plan Rector la Dirección General de Costas mete su informe vinculante diciendo, como suele, que hasta que no se dibuje la línea del deslinde (que entonces era solo una propuesta, y a pesar de ello) y se declare libre la zona, el Plan no se aprueba. Es decir, que no se hace nada hasta que los responsables escriban ahí lo que a Costas le dé la gana. Se trata de una prescripción ilegal. Totalmente ilegal. Absolutamente ilegal. Pero estos tíos son como los hunos. Inician el galope y nada crece bajo las patas de sus caballos. Y mientras en el gobierno de Canarias (y en los otros gobiernos de la CCAA) no haya buenos asesores que lo sepan ver, seguiremos sembrando las costas de injusticias y transformando la ley en un chiste malo. Quisiera que algún político, asesor, técnico o lo que sea se diera cuenta, por primera vez en su vida, que hay una diferencia entre Dios y la Dirección General de Costas. Hasta ahora no han sabido verlo. Costas dice una cosa y ellos pierden al mismo tiempo la razón y la voluntad, se vuelven muñecas de trapo y obedecen como buenos rumiantes.

 Es cierto, la cosa va adelante. Costas, Ayuntamiento, Cabildo, Gobierno de Canarias, por lo visto todos están la mar de contentos con ese proyecto. Un paseo marítimo en el fin del mundo, en medio de la nada. El de Puerto Lajas lo justifican porque en la zona los encargados de ello van a construir una barbaridad ¿Y en el Puertito de la Cruz qué? Todo el mundo está convencido de que hay planes secretos. Planes para complacer a los que ya os imagináis. Planes para enladrillar el paraíso. Sí, sí, Jandía es un espacio natural protegido, pero de alguna forma hay que buscar la racionalidad a esa medida que parece tan rara de un paseo donde maldita la falta.

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Karin con su vecino y amigo Pepe

 Al día siguiente nos dimos una vuelta por la zona. Los vecinos de Karin son entusiastas de esas casas ruinosas donde el rumor del mar nunca cesa. Un tipo con aspecto aguerrido le muestra las plantas de tomates que cultiva en la misma pared del escarpe. En la conversación se lamenta: Todo se va a perder. El paseo marítimo es inevitable. Hasta cinco veces (a pesar de su aspecto aguerrido) repite que lo único que cabe es resignarse. Menciona que los ciudadanos no son más que insectos que el gobierno puede aplastar cuando quiera. Los ciudadanos no son nada. Y algo más. Algo que puede lubrificar una deriva impropia de todo esto. Añade que en la isla mandan los godos y se hace lo que ordenan los godos, que los majoreros no son dueños de su destino y no cuentan.

karin y majorero

Karin con otro vecino. Rebeldia versus resignación

¿Veis? Los ingenieros de costas no solo se distinguen por fomentar el abuso y la injusticia. También están alimentando el secesionismo político de Canarias. Son tontos perdidos. Están haciendo daño no solo a la sociedad, también al Estado. Es lo que pasa cuando los políticos dejan su función en manos de tipos que no tienen ni corazón ni alma ni sentimientos ni nada de lo que distingue a las personas de los asnos, sapos, grillos y demás primos del reino animal (excepto el pensamiento frío, preciso y cortante como una cuchilla, que eso sí que lo tienen).Los políticos, suponiendo que se den cuenta, necesitarán años para sanar el mal que estos ingenieros de costas están haciendo en Canarias y las trabas que están poniendo para que allí el sentimiento de España siga significando algo.

Y para terminar, yo alucino. Simplemente alucino. Veo todo esto y me cuesta creerlo. Todos estos políticos, funcionarios y jefecillos están planeando, dibujando y estructurando un paseo marítimo que nunca en la vida se podrá hacer porque es ilegal. Sí sí, ilegal. No necesito ni consultar el proyecto ni repasar la ley. Nunca se podrá hacer ese paseo. Van en directa, están lanzados, convencidos y entusiasmados. Y esos vecinos cándidos, como los santos inocentes de Delibes, despojados de la dignidad y entregados a la resignación simplemente porque creen que la Administración siempre tiene razón y no ven que en España, bajo la retórica democrática, se está fomentando una sociedad sumisa en la que la función del ciudadano es consumir mucho y pensar poco.

No, no va a haber resignación, porque nosotros tenemos razón y ellos no. No solo son malos, son también unos paletos. Tanto poder como acumulan les ha hecho perder el sitio y creen que pueden hacer cualquier cosa. Nunca se hará ese paseo, y si se hace dejaremos de ser Europa. Si se hace habrá que darle la razón a los que fijaban la frontera de Africa en los Pirineos, o a los que insisten en que las Canarias pertenecen al continente al que están pegadas, no a la Europa culta, civilizada y plural. Si se hace ese paseo, será pisoteando la ley y el derecho.

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Amado Nervo

El río de la vida no se va a secar. Lleva agua, salmones, truchas, pero también sueños y esperanzas. Mira qué casualidad, Amado Nervo, el poeta mejicano, escribió que nos es lícito esperarlo todo de la vida, porque la vida es un río lleno de posibilidades, y le da lo mismo llenar un ánfora grande que un ánfora pequeña. Todas estas almas cándidas de Puertito de la Cruz, acostumbradas a recibir bastonazos, pueden ir al río con un ánfora gorda de la muerte y pedir que sus casas sigan donde están y sus plantas de tomates también. Esos zoquetes con coche oficial no son nadie para arruinarles la vida.

FOTOGRAFÍAS DEL AUTOR.  EL MATERIAL GRÁFICO ES PARTE DEL DOCUMENTAL “LAS PLAYAS DE LA IRA” EN FASE DE RODAJE.

 UNA VEZ UN REGISTRADOR DE LA PROPIEDAD JUBILADO ESCRIBIÓ UN ARTÍCULO EN EL QUE PLAGIABA PARTE DE UNA ENTRADA DE ESTE BLOG CONTENIENDO PASAJES DE EL ABOGADO Y EL MAR. OTRA VEZ UN CIUDADANO SE APROPIÓ DEL LOGO SÍ PODEMOS Y LO TIENE PEGADO EN SU WEB. POR FAVOR, PIDO A LOS POTENCIALES PLAGIADORES, COPIADORES Y APROPIADORES DE LOGOS QUE NO PLAGIEN, COPIEN NI SUSTRAIGAN MIS ENTRADAS DE BLOG. PUEDEN, EN CAMBIO, TOMAR PARTES CITANDO AL AUTOR, CONFORME A LA LEY. ESTOS CONTENIDOS TIENEN COPY RIGHT Y ESTÁN AMPARADOS POR LA LEY DE PROPIEDAD INTELECTUAL. Y TAMBIÉN ME REFIERO A LAS FOTOS.

José Ortega, abogado

www.costasmaritimas.com

ortega_abogados@hotmail.com

SIQUEPODEMOS

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Una respuesta to “EL RIO DE LA VIDA”

  1. majorero said

    amigo es lo que hay si no les gustan mandesen a mudar asi de contundente

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