LA BOMBILLA EN PIE

noviembre 16, 2009

 El otro día estuve filmando en la Bombilla para el documental y se me ha ocurrido esto. Si alguien quiere utilizarlo, estupendo. A diferencia de lo que he puesto en otras entradas, sobre el uso indebido del logo SI PODEMOS, este diseño lo puede usar todo el mundo que quiera. De todos modos, recomiendo consultar con Xavi Roca. El sabe de esto.

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   Como dicen los irlandeses, nuestro día llegará.

   Saludos a toda la gente de bien.

  José Ortega, abogado

  ortega_abogados@hotmail.com   www.costasmaritimas.com

SIQUEPODEMOS

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2018

noviembre 15, 2009

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Cuando se aproximaba el año mil todo el mundo se puso tenso pensando que se llegaba el fin del mundo, pero no pasó nada. Arthur C. Clark, con ayuda de Stanley Kubrik nos puso en el calendario otra fecha simbólica, dos mil uno (la novela y el guión de cine se escribieron simultáneamente). Ahora se nos viene encima la gran catástrofe del 2012, otro fin del mundo según los mayas. Y la siguiente cita con el Apocalipsis creo que es en 2026, cuando llegue a la tierra el asteroide que aún en este momento se dirige hacia nosotros a toda velocidad y  con muy mala leche

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2018 es otra fecha de pesadilla pero, a diferencia de las anteriores, no viene propiciada por Nostradamus, los sacerdotes mayas, los productores de cine o los escritores de ciencia ficción, sino por los ingenieros de costas. En esa fecha, que al principio parecía lejana pero que se acerca a velocidad de asteroide, todas las concesiones anteriores a la ley de costas se van al garete. Quedarán extinguidas y los titulares en la calle.

 Conozco áreas muy extensas plagadas de terrenos demaniales que fueron dados en concesión en los años treinta. A la primera de cambio no me parecía una situación muy de recibo, pero en su momento alguien me dio alguna explicación. No podemos juzgar el pasado con los ojos de hoy, esto es cierto. Y en aquel pasado, según me explicaban,  el Estado no tenía un real y en vez de inventar una Agencia Tributaria como Dios manda puso a producir sus terrenos mediante, entre otras cosas, las concesiones onerosas en el dominio público. Recordé  que en cuarto de derecho, en esa asignatura tan poco apetitosa como era la Hacienda Pública, había aprendido que en tiempos más o menos remotos una de las fuentes de financiación del Estado era el arrendamiento de las encañizadas del Mar Menor. Sonaba chusco incluso en aquellos tiempos de Universidad, ya lejanos. Pues no veas ahora.

 Bien, bien… En aquella época el Estado se financiaba con arrendamientos y cánones, imagino que entre otras cosas. Hoy desde la sociedad esa situación se ve anacrónica y no se comprende. Y desde los afectados se aprecia la fecha del 2018 entre llanto y rechinar de dientes, de nuevo la escenificación de esa frase castellana tan rotunda que afirma que se acabó el carbón.

 2018 es cortante como una cuchilla e inapelable como una sentencia del Tribunal Supremo. Los afectados están cabizbajos y resignados, dejando que pase el tiempo e intentando agotar de buena manera estos últimos años.

 Pues veréis… En una playa por ahí perdida hay un hotel. Suelo ir a ese hotel, pequeño y familiar, una o dos veces al año. Es una concesión que también se va a perder en la fecha fatídica. Los dueños me pidieron ayuda y me puse a estudiar una solución. Y la he encontrado el otro día, mientras volaba hacia Fuerteventura. La solución vale para todos los que están igual, ya sean viviendas o restaurantes. No es una panacea, pero sí un camino para luchar de forma totalmente razonable en derecho por esos inmuebles. Así que creo que voy a abrir un frente nuevo. Para estas personas y para las otras que se enfrentan con un problema igual.

 Es curioso, lo único que hace falta es saber leer. Todo está ahí, en la ley. Pero lo normal es que estemos ciegos. Esto es lo que me gusta de esta profesión. El desafío de prevalecer sobre tu rival solo con la fuerza del pensamiento y la palabra.

José Ortega, abogado

ortega_abogados@hotmail.com www.costasmaritimas.com

SIQUEPODEMOS

LA BOMBA EN LA BOMBILLA

noviembre 14, 2009

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CASAS DE LA BOMBILLA

Al principio no entendía por qué la gente se aferraba tanto a un barrio marginal como la Bombilla. Ahora lo entiendo un poco mejor. Bastó algo de convivencia en el maltrecho bar de la asociación de vecinos y en eso que llaman el casino, que consiste en tres paredes con un techo que no pertenecen a nadie y pertenecen a todos, donde los castizos del lugar se reúnen para conversar sobre lo que viene al caso, maldecir lo maldecible y poner en común eso tan recurrente allí como son los miedos. Y las esperanzas. Y la incertidumbre, ese temblor hacia lo que va a pasar. Parece que si lo compartes pasa mejor.
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MUJERES EN EL CASINO DE LA BOMBILLA

 La Bombilla está condenada. Son un grupo de personas mayores con algún hippie por ahí metido, solos contra una santa alianza de todas las Administraciones públicas con el gran capital. Todo Cristo, salvo las víctimas y el resto del pueblo, está de acuerdo en que en la Bombilla hay que quitar de en medio viviendas, callaos y personas para hacer una playa nueva. Como les dije a los afectados la otra noche en la reunión, Costas piensa llevar allí una picadora, picar los callaos y convertirlos en arena de la nueva playa para guiris de patas lechosas.  Pero los pedruscos locales no son la única materia prima. También piensan picar sus casas y chabolas. De forma tan democrática como misericordiosa, no los picarán a ellos también, aunque sí los harán polvo (es lo mismo polvo que arena) al obligarlos a financiar su propio derribo. Con esto la Administración obtendrá un beneficio adicional que habría merecido la aprobación de Robespierre: No solo echamos a los vecinos, sino que además les birlamos parte de las materias primas y así conseguimos financiación gratis para el proyecto. Es la primera vez que veo una cosa así. Los vecinos ponen sus casas para ser reducidas a polvo y además tienen que pagar la operación. Vaya, qué ingeniería financiera tan bien pensada. Así cualquier aventurero sin recursos económicos se monta un proyecto faraónico.

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XAVI, EL HIPPIE DE LA BOMBILLA, DANDO LA NOTA

 Y todo esto para sacrificarlo en el altar del turismo y los negocios, metiendo mucho cemento, pero mucho, en la costa. Me di una vueltecita por el paseo marítimo que están haciendo en los Guirres, ahí al lado y bueno, bueno…. Te lees el preámbulo de la ley de costas, donde dice que hay que frenar la presión urbanística sobre el litoral, y luego te vienes aquí, ves todo ese cemento puesto por ellos mismos y resulta difícil de entender. Ni que decir tiene que el paseo es ilegal, pero ya me aburre repetirlo tanto. Las mujeres de la Bombilla claman porque lo que pasa aquí es que este espacio quieren quitárselo a los locales para dárselo a los turistas y parece que por ahí va la cosa. Siempre me alojan en el hotel que hay en la zona, que parece un centro gerontológico multinacional. Las piernas blancas como botellas de leche de estos jubilados europeos se han transformado en el oro negro de Canarias (y del resto de España, si).

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OBRAS DEL PASEO MARÍTIMO EN LOS GUIRRES

  No hace mucho tiempo el temporal se metió hasta la cocina del hotel, que está debidamente al lado del mar, pero esto le da igual a Costas, al gobierno de Canarias y a la madre que los parió. Veamos el contraste: En el hotel (callemos su nombre por no fastidiar) está demostrado que las olas llegan bien adentro, pero no pasa nada. En la Bombilla ni se ha demostrado ni se puede demostrar que las olas llegan pero es lo mismo, la zona la declaran dominio público. En Costas se sacan de la manga una cota inundable de 8 metros que solo existe en su imaginación porque es imposible que el mar pueda superar esa barrera de callaos grises a modo de barricada natural. Fíjate qué casualidad, que las carambolas siempre perjudican a los pobres. Es casi milagroso, como en Bajo la Cuesta: en ese barrio humilde Costas dice que las olas alcanzan cuarenta y dos metros de altura, pero solo un poco más allá, en la central térmica de UNELCO, alcanzan solo ocho. Qué curiosidades tiene la vida, que las olas saben leer, o intuir, los balances de situación y la cuenta de resultados.

 El proyecto de la playa nueva para se basa, además, en una mentira. Tú puedes interpretar el derecho en la forma que te parezca, pero no puedes faltar a la ética, o a mí me lo parece. Una discrepancia de abogados es una cosa. Un fraude, una mentira, un abuso y un embuste son otra cosa muy diferente. Esto es como lo que escribió aquel célebre tipo llamado Vladimir Illich Ullianov (mirad en la Wikipedia, era calvo y llevaba perilla): Si digo que dos y dos son cinco esto es un error. Pero si digo que dos y dos son una zapatilla, esto es un error muy distinto. En la Bombilla pasa algo así. El proyecto de hacer ahí una playa nueva puede –podría- ser un error político y/o jurídico. Pero mentir a lo burro diciendo que todas las viviendas son ilegales es un error de otro tipo, que nos transporta a otra dimensión ¿Qué hacemos cuando tienden a disiparse de esa forma brusca las fronteras entre el Estado y la cuadrilla de Ali Babá? No, no es cierto que todas las casas sean ilegales. Cuando el deslinde es el primero, la ley presume que todas las viviendas se hicieron dentro de lo que ya era dominio público y nadie tiene derecho a la concesión. En cambio, cuando hay un deslinde anterior, los terrenos entre la antigua y la nueva delimitación del dominio público deben ser dados a sus antiguos propietarios en concesión por sesenta años. Tan sagrado es este derecho que la Administración debe otorgarlo de oficio y el único caso en el que los interesados pueden no gozar de él es la renuncia expresa. Fuerte ¿verdad? Pues ved la forma que tienen los ingenieros de costas de entenderlo en este rincón de la Palma: dicen que todos los edificios son ilegales y que hay que derribarlos y picarlos para mayor gloria de los buenos negocios. Se callaron. Se callaron como muertos para no reconocer que allí, en la Bombilla, había efectivamente un deslinde anterior. Ni una sola página de su proyecto se refiere al deslinde antiguo. Claro está que no mienten. No dicen: aquí no hubo un deslinde antes. Qué va. Se hacen los despistados, miran para otra parte, se ponen a silbar disimulando. A ver si hay suerte y estos desarrapados más pobres que las ratas no se enteran de que tienen derechos.

FACHADA EN LA BOMBILLA
 
 Yo creo esto: progreso sí, desarrollo también. Que el dinero se mueva, que haya puestos de trabajo,  que cada uno pueda tener un sueldo digno, sí a todo eso ¿Pero qué pasa con estos políticos o estos ingenieros o lo que sea, que juegan sucio sacrificando a la gente humilde y pasándose por el forro la propia ley de costas? ¿Qué hacemos con ellos? Recuerdo que el Estado nació para moderar lapresión de los fuertes sobre los débiles. Lo mismo que la ley es un instrumento de los débiles, el Estado también lo es. En tiempos remotos a los tiranos se les reconocía a una legua. Ahora no. Están camuflados en la Administración, han conseguido hacerse con todo el poder y abusan de él dándole sin parar a la retórica democrática. Ese Estado que nació para mantenerlos a raya, parece que es su juguete.  

 Mi reunión con los vecinos fue el día diez. Lo primero que les dije fue que quien  tuviera afición a rezar el rosario podría ir empezando esa misma noche, porque a la mañana siguiente unos señores muy serios se disponían a decidir sobre sus vidas y a sellar sus destinos. Justo porque al día siguiente era la votación y fallo de los dos recursos que tengo puestos en la Audiencia Nacional. Más en claro, que al día siguiente se ponían las sentencias. Nosotros no lo sabremos hasta dentro de bastante tiempo, pero los jueces ya han decidido.  Tengo razón en estos pleitos y es una razón gorda y pesada, pero en los últimos tiempos me estoy acostumbrando a que no me la den y resulta que la hora de la verdad ha llegado. Por algún extraño motivo que no puedo comprender (o sí, pero es mejor y más saludable decir que no), la Dirección General de Costas gana desde hace unos años todos los recursos judiciales por la definición del dominio público. Y cuando digo todos es todos. El año pasado yo mismo les anulé un deslinde pero por defectos del expediente, y les averié otro por motivos de fondo, con anulación parcial, pero me supo a poco. Se trata de un fenómeno para reflexionar, como bien sugiere Alfredo Masó, el presidente de la asociación de Arenales del Sol, ya que indica que los ingenieros de costas han alcanzado la perfección en el desempeño de sus obligaciones. No se equivocan NUNCA, con precisión de tornillería. Es la única conclusión que cabe de este hecho sorprendente de que todos, absolutamente todos sus deslindes sean intachables y los tribunales los confirmen una y otra vez, sin toser.

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AFECTADA DE LA BOMBILLA MOSTRANDO SU CASA DE 24 M2

 Lo que puedo decir del deslinde de la Bombilla ya lo sabe mucha gente: que se remonta al fin de la glaciación Würm para justificar la presencia ahí de un acantilado que dicen que lo modeló el mar, pero eso sucedió en el décimo milenio a JC o antes (ellos, tan apañados, se remontan solo al 4.000 a JC. Parece que en lugar de estudiar las eras geológicas han consultado un tebeo). Si esto no es una aplicación retroactiva de la ley de costas yo soy el obispo de Sigüenza, o algo peor. Y lo que puedo decir del proyecto de una playa nueva es que es ilegal por varios motivos que creo que no admiten interpretaciones ni matices. Y no es una fórmula voluntarista, forzada o retorcida. Es la verdad. Contrastas el proyecto con la ley y te encuentras con que no puede pasar los filtros. Con que la contradice. Con que es ilegal, qué cosa tan simple.

 La otra noche una vecina muy religiosa y sensible no perdió mucho el tiempo en la tertulia que siguió a la reunión. Se marchó pronto a casa, anunciando que se disponía a rezarle a una imagen de la virgen de la Candelaria que tiene allí guardada. Vamos a ver si la Señora se nos aparece y les da una lección a todos los políticos y representantes del gran capital, empeñados en construir sus ambiciones sobre las ruinas de todas esas vidas de  la gente sencilla.

 Me he vuelto de la Bombilla cargado de regalos. Xavi Roca, un tipo alternativo más bueno que el pan sobao, como dicen en Cartagena, me regaló una de las camisetas que confeccionó con el lema YO AMO LA BOMBILLA. Y un libro. Sobre teoría de la arquitectura. No un libro comprado, sino sacado de su propia estantería, gastado por el uso, impregnado de todas esas sensaciones que tuvo cuando lo leía. Prescindió de él para dármelo a mí. Una dama que hace año y medio me dijo que no me podía pagar por carecer de recursos, me regaló un amuleto self-made para protegerme de las malas artes. También, por cierto, me dio un recuerdo Karin cuando la vi en Las Palmas el lunes (ver la entrada el río de la vida). Primero me entregó una carpeta repleta de documentos que literalmente no me cabía en la maleta (este viaje es de nueve días), pero después del café me sorprendió con otro regalo. Dos piedras. Dos piedras, sí. De la orilla del mar, delante de su casa. Para que tuviera un recuerdo del Puertito de la Cruz. No solo no podía cerrar la maleta de espesa que estaba, sino que además debía cargarla con dos piedras. Y como soy un sentimental, en vez de devolverlas al mar, las llevé conmigo. En la maleta, no en el equipaje de mano. Acabo de pasar el control de seguridad del aeropuerto de Tenerife y en un rincón había dos cajas llenas de pedruscos más grandes que el puño que habían quedado confiscados para que nadie pudiera emplearlos como arma en la cabina del avión. Las mías son más pequeñas y están en la bodega.

 Libros, camisetas, amuletos y piedras son cosas que se tocan y se ven. Pero hay otras que no ocupan espacio en la maleta y sí por aquí dentro, bajo la piel, por entre las tripas y en el corazón.  Todo ese afecto. Dos niñas pequeñas que se dirigen a mí cuando paso por delante. Una señora de edad provecta que me pela castañas asadas antes de entregármelas de dos en dos. Una loca peligrosa pero simpática que comparte cerveza conmigo en el bar de la asociación de vecinos antes de irse de marcha.

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XAVI Y JAZMIN EN SU DORMITORIO

 Vamos a tardar mes o mes y medio en enterarnos de las sentencias. Xavi tiene una esposa, Jazmin. Está embarazada. Va a dar a luz posiblemente el 24 de diciembre. No os podéis imaginar lo buenas que son estas dos personas. Se ve en seguida, en cuanto abren la boca. Jazmin no quiere saber nada de hospitales. Va a parir en su casita de la Bombilla, en su cama, que no es más que un colchón en el suelo.

 Yo creo que esto sugiere algo. Como anunciaba Xavi,  más o menos van a coincidir la fecha de la sentencia y la del alumbramiento. Me voy a ahorrar las resonancias bíblicas, que nunca han sido mi fuerte, pero estoy pensando que como les tiren la casa estos dos se quedarían sin nada y la imagen de estas personas buenas huyendo por ahí, con su niño recién nacido y sin techo, me recuerda algo. Ahora mismo no podría decir qué.

 Sean lo que sean las sentencias, serán una bomba. La bomba que caerá en la Bombilla, como sugería anoche una de las castizas locales.  Esa bomba puede estar llena de trinitrotolueno o de esperanza, según les haya parecido a los señores magistrados. Vamos a confiar en que la explosión sea como cuando se rompe una piñata y llueven  regalos de colores.

José Ortega, abogado

ortega_abogados@hotmail.com

UNA VEZ UN REGISTRADOR DE LA PROPIEDAD JUBILADO ESCRIBIÓ UN ARTÍCULO EN EL QUE PLAGIABA PARTE DE UNA ENTRADA DE ESTE BLOG CONTENIENDO PASAJES DE EL ABOGADO Y EL MAR. OTRA VEZ UN CIUDADANO SE APROPIÓ DEL LOGO SÍ PODEMOS Y LO TIENE PEGADO EN SU WEB. POR FAVOR, PIDO A LOS POTENCIALES PLAGIADORES, COPIADORES Y APROPIADORES DE LOGOS QUE NO PLAGIEN, COPIEN NI SUSTRAIGAN MIS ENTRADAS DE BLOG. PUEDEN, EN CAMBIO, TOMAR PARTES CITANDO AL AUTOR, CONFORME A LA LEY. ESTOS CONTENIDOS TIENEN COPY RIGHT Y ESTÁN AMPARADOS POR LA LEY DE PROPIEDAD INTELECTUAL

 

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LA DIOSA DEL MAR Y LA GUERRA

noviembre 2, 2009

Diciembre de 2007. Suena el teléfono. Un problema. Un problema grave. Derribos inmediatos, en Fuerteventura. El 20 de diciembre el primero de todos y estamos a diez, o algo así. María Rosa me lo explica todo pero yo no veía solución por ningún sitio. Ya estaba todo decidido y preparado, sin nada a lo que agarrarse. El juzgado había autorizado la entrada en domicilio para derribar la casa, no había documento de propiedad claro al que sacarle algo, los abogados decían que no había nada que hacer y efectivamente todo indicaba que tenían razón. Solo bastante tiempo después me enteré de que los afectados habían peregrinado por cuatro bufetes más solo para obtener la misma respuesta. Que no se podía hacer nada.

 A continuación me llamó la víctima propiciatoria, Carmen Guerra, señora de edad provecta y nada conformista. Le dije lo mismo, que no había agarraderas, pero ella insistió e insistió. Yo era el abogado que había parado meses antes un derribo en la Gomera –decía- y tenía que parar también el suyo. Doña Carmen hacía honor a su apellido. Mi tesis de licenciatura en Historia Antigua era un trabajo llamado ¿Quién es tu nombre? Aproximación a la magia de los nombres personales”, que hablaba obre el nombre-alma, esto es, el nombre como cualidad espiritual de la persona. Y ella era así. Su apellido era un retrato de lo que ella era. O al revés.

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La diosa sumeria Inanna

CARMEN y GUERRA. De un lado Carmen (una reelaboración, a través de la virgen del Carmen, de la diosa sumeria Inanna, la akadia Isthar y la fenicia Astarté, y una palabra que significa hechizo) y de otro Guerra (no hace explicar qué significa guerra). Había, desde luego, voluntad de combate. Doña Carmen no me dejaba decirle que no, no admitía el no. Estaba convencida de que ese no mío, provisional y tímido, encerraba un sí, y no un sí teórico, sino un sí verdadero, que confirmaba que yo podría parar su derribo y ella podría comer los turrones en paz.

Bueno, vale. Le dije que sí, colgué, se me ocurrió la fórmula, la puse en marcha y funcionó. Creo que ya he escrito algo de esto. No solo pude parar todos los derribos del Puertito de los Molinos, sino que creo que con un poco de aquí y otro de allí, y con el apoyo de las instituciones canarias, contribuí a sentar las bases para la permanencia definitiva del poblado.

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Virgen del Carmen en la plaza del Puertito de los Molinos

Cuando los afectados me invitaron a la fiesta de la virgen del Carmen en 2008, en un discursito de dos minutos dije que creía que la Señora (cuya imagen se conserva en una hornacina en la plaza) había ayudado e iba a seguir ayudando. Al regresar a casa vi que la denuncia presentada ante el Parlamento Europeo se había admitido a trámite el día de la Virgen del Carmen. Vaya, qué casualidad. Hay algunos que piensan que todo es azar y otros que creemos en el destino. Cada uno con su rollo.

Las diosas Inanna e Isthar, y posiblemente también Asrtarté, son diosas no solo del amor, sino también de la guerra. Guerra, sí. Doña Carmen aglutina en sus nombres la actitud y los caracteres de esta antigua diosa del mar y la guerra representada en la estrella Venus. “Salve, estrella de los mares”, dice aún el himno de la Escuela Naval Militar, en una evocación inconsciente de toda esa antigua tradición de los marinos de la Edad del Bronce.

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Carmen, Jerónimo Julio (Su marido) y José Ortega, 28.10.09

 En estos días estuve de nuevo con toda la gente del Puertito de los Molinos y de nuevo con Doña Carmen. Esta vez para constatar que todo va como una seda y de que con mi método me he asegurado de que los juzgados no autorizarán la entrada en domicilio para derribo. Los de Costas están negros. Una vez, en ese mismo sitio, se enteraron de que les había parado un derribo el mismo día, por la mañana temprano, en que los panzer de la muerte ya se dirigían a su objetivo. Y en todos estos meses, acostumbrados como están a que sus cositas en los tribunales sean un paseo militar (y perdonad que siga con la metáfora bélica), tiene que ser un agobio ver como una y otra vez los juzgados les dicen no a su solicitud de autorización para entrada y derribo. Sí, yo creo que están negros. Y desconcertados. Como todo el mundo. Nadie sabe cómo lo hago. Y el caso es que todo está en la ley. Lo único que hay que hacer es leerla (y entenderla).

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El Puertito de los Molinos

El puerto de los Molinos es un símbolo de la resistencia, muchos más que algún que otro poblado, que está en la mente de todos, que se ha hecho famoso porque lo han derribado. Aquí la noticia no es el derribo, sino que los derribos se han parado, aunque comprendo que eso sea bastante menos noticia y que a alguien le pueda parecer que tiene menos valor simbólico. El caso es que en condiciones normales ya debería estar todo entero en el mismísimo suelo. Allí notendría que  haber a esta hora más que piedras y lagartos, y si acaso esas instalaciones de diseño tan guays que dibujan los ingenieros de cosas en su despacho de la Castellana. Pero mira, está ahí. Sigue ahí. Contra todo pronóstico. y todo el mundo está feliz y contento. Y yo más.

Hay que luchar siempre. Si hay esperanzas, estupendo. Si no las hay, es igual. Hay que luchar. La civilización no se ha construido esforzando el dedo pulgar para hacer zapping, sino luchando, perdiendo y triunfando. Esta guerra contra los abusos la estamos ganando y la vamos a ganar.

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José Ortega, Abogado

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EL RIO DE LA VIDA

noviembre 2, 2009

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Seguramente recordaréis la película de Robert Redford, El río de la vida. Hablaba de la pesca con mosca en los ríos. Parece algo muy simple que tiene que ver solo con las moscas, pero no. Tiene que ver más bien con el equilibrio, la concentración y la atención. Parece que hay toda una serie de impulsos y movimientos que deben hacerse en la forma precisa y en el instante adecuado y si no no vale. La cosa no es echar al agua el sedal sino que cada movimiento sea perfecto y esto no se aprende ni en los libros ni con la simple voluntad. Hace falta un maestro. Los maestros de la pesca con mosca son como aquel personaje encarnado por Robert Redford, tipos concentrados, embebidos en la técnica, indiferentes a todo lo demás y prendados de esa naturaleza que de modo incomprensible insiste en persistir incluso en este mundo corrompido hecho de residuos y escombros.

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Rusell en la península de Jandía, 28.10.09

En estos días conocí a uno de esos tipos, un irlandés moreno de ojos azules, como debe ser todo irlandés que se precie, cuya especialidad es meterse en el agua por la cintura para atrapar salmones. En Irlanda, en Siberia, en Alaska, por ahí. Ahora está haciendo la misma cosa en el océano Atlántico, en los bordes de una isla terrosa llamada Fuerteventura. Pero no fue él quien me llamó, sino su pareja, una alemana creo que libertaria llamada Karin que creo debe tener un pasado hippie o algo parecido. Como él, Karin valora al extremo la fuerza de la naturaleza. Hasta el extremo de haber venido a las soledades de Fuerteventura en los años setenta, comprar cuatro paredes sin techo y transformarlas en un hogar a medio camino del paraíso, en frente de un océano cambiante que puedes mirar todo el día sin aburrirte y que encierra algo así como la paleta de colores de un pintor.

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Karin en la peninsula de Jandía, 28.10.09

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ESTO ES LO QUE COMPRÓ KARIN EN LOS SETENTA

Rusell y Karin estaban sentados a mi lado cuando intervine en el Parlamento Europeo el 20 de enero de este año (http://www.youtube.com/watch?v=5x_UKuDcH-Q). Estaban junto a mí, pero ha sido en estos días cuando los he conocido. Porque su atalaya frente al Atlántico está en peligro, la casa se va al suelo y los sueños amenazan con transformarse en pesadilla. Como dicen, parece que se acabó el carbón. Esta frase hecha de la lengua castellana es así de expeditiva. Implica que todo ha sido bonito pero que ya no hay nada que hacer.

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Esto es lo que se ve desde la terraza de Karin

Fui con Karin a la minúscula oficina de Costas en el Puerto del Rosario, esa capital medio desolada que en un tiempo se llamó Puerto Cabras y que parece a mitad de camino entre la Europa rica y las colonias de un ultramar lejano e impreciso. Siempre tuve la conciencia de que estos espacios de Canarias, aislados, primitivos, en cierto modo desolados, eran los de la frontera. Recuerdo otra película, Bailando con Lobos, cuando el guapete y entonces joven protagonista se va a probar suerte con los indios porque quería ver la frontera. La frontera era como un mito, un territorio desconocido donde cualquier cosa era posible y la aventura parecía cosa segura.

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Sin quererlo, con tanto viajecito a Canarias sufrí un proceso semejante al del propio Kevin Kostner. El tomó a una mujer indígena y se transformó en indio. Un día participó en un reparto de palos y mamporros contra una tribu enemiga que se presentó por las buenas a quemar, violar; robar y fastidiar. Al terminar el combate se sintió más integrado que nunca en la tribu: entonces; sobre las imágenes de los indios buenos retirándose a sus tipis, escuchamos su voz en off: “ese día supe por primera vez quién era yo en realidad”.

Algo así me está sucediendo; incluso sin necesidad de bailar con ningún lobo ni tomar una mujer india: He visitado la frontera, me he identificado con los indígenas, he participado en sus luchas contra los invasores y de esa manera he descubierto quién era yo en realidad, hasta dónde era capaz de llegar, dónde estaban mis límites y qué capacidad tenía de valor, generosidad y sufrimiento. Valor para enfrentarme a los intratables señores, generosidad para regalar mi trabajo a los humildes sin recursos y sufrimiento para aguantar traiciones, difamaciones y puñaladas.

El funcionario que atiende en la oficinita de costas del puerto del rosario es de Málaga, un señor jovial con una dentadura sospechosamente impecable. Al contrario que en otros sitios; no nos pone problemas para analizar el expediente, o más bien la parte que tienen allí. Y no es difícil encontrar la pifia: a Karin no le habían dicho ni mú, todo el procedimiento se había tramitado a sus espaldas, violando los derechos más elementales de participación, audiencia y defensa: hay pólvora de buena calidad contra los indios invasores y el deslinde se puede anular porque la indefensión causada es de libro.

Con este respiro nos fuimos al sur. Cada isla es un reducto pequeño; limitado por todas partes, pero Fuerteventura es enorme y Karin vive en la otra punta, en el morro de la península de Jandía; un territorio ignoto, raro y particular por muchos motivos: uno de ellos es que está formada por dunas salvajes. El otro es que en los cuarenta fue cedido, entregado o prestado a ese hombre moderado y prudente llamado Adolf Hitler para que durante la segunda guerra mundial el ejército, la marina y la aviación alemana pudieran disponer de él. Aún hoy dista mucho de estar clara la propiedad de toda esa extensa península.

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El Puertito de la Cruz al atardecer del 27.10.09

Llegamos al último confín de la isla atravesando un camino de tierra impracticable abierto en un paisaje de pedruscos, con el faro como norte (aunque está en el sur), y al llegar pude ver lo que era en realidad el Puertito de los Molinos; del que Karin tanto y tanto me había hablado: un balcón a otro mundo, el mundo del pasado, con la poderosa naturaleza a sus pies. Ella sabía lo que hacía cuando en su juventud había desembarcado allí y se había liado a mezclar cemento para rehabilitar aquellas cuatro paredes míseras. Con eso estaba asegurando una vida idílica en el último reducto salvaje de Europa, en el extremo de un archipiélago extremo, lejos de todo, sin carreteras, sin tour operadores y sin hoteles. Todo era allí, incluso ahora, adecuadamente primitivo y humilde. La mancha humana era aún tímida en la gloria del mundo natural. La casa de Karin está construida sobre un escarpe natural que se alza sobre una playa de rocas y callaos. La auténtica playa está más allá, a unos cien metros. Arenas blancas, intocadas, sin empresarios de hamacas, sin chiringuitos y sin alma viviente. Y aún más allá, alrededor del faro, las olas hacían eso que solo se ve en los días de furia, correr hacia las rocas mientras el viento, aún antes de romper, les arranca la espuma de la cresta para dispersarla en el aire. Todo eso se vuelve único al atardecer, cuando nubes y olas de un rosado pálido se transforman en una orgía para los ojos y para las cámaras digitales de los turistas más aplicados, capaces de meterle al coche la paliza de ese largo camino de tierra.

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Karin y Rusell

Bien bien, a Karin y Rusell los ingenieros de costas les han quitado su casa, su sueño y su billete al paraíso. Todo el dichoso escarpe es ahora dominio público, pero, como en otros casos, a ellos no les han otorgado la concesión de la transitoria primera de la ley, aunque deberían haberlo hecho incluso de oficio. No no… las cosas siguen igual de mal. Pero se van a poner peor, porque todo el mundo (me refiero a todo el mundo con poder) está contentísimo pensando en el paseo marítimo que van a construir en ese espacio donde ahora están las casas. Así que de nuevo tenemos por ahí ruido de palas y maquinaria de color amarillo. Y las viviendas al suelo. Y con ellas todos esos sueños y esperanzas, todo ese convencimiento de que en su momento, al comprar las paredes herrumbrosas, fuimos afortunados e hicimos lo justo. Que teníamos razón, que la casa era como un barco, rodeada de mar y gaviotas, pero sin cabeceos, balanceos ni mareos. Que asomarse a la terraza era como hacerlo a un puente de mando. Que por la mañana podías ver el sol salir por tu izquierda y por la tarde ponerse por tu derecha, como si cada día manos invisibles pintaran para ti un cuadro nuevo.

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Olas en Jandía

Estos bestias piensan, pero no sienten. Es una diferencia que creo que se entiende bien. Ponen su línea y les da igual que se hunda el mundo. Quizá sepan que los ladrillos que van a quitar de en medio están empapados de ansias y recuerdos, pero les da igual. Cuando escribí mi tercera novela, LA PIEDRA RESPLANDECIENTE, quería darle alma a esas piedras de los yacimientos arqueológicos en los que tanto había trabajado cuando era estudiante. Me aburría como una ostra al limpiar con el pincel los muros de una casa argárica y con la novela le proporcioné historia, mito y aventura a todo eso.

LA PIEDRA RESPLANDECIENTE

A los muros de esas casas condenadas les pasa lo mismo. Ya sabéis (algunos, no todos): lo esencial es invisible a los ojos. No se ve bien sino con el corazón. Estos bestias ven estupendamente con los ojos, las lentillas y las gafas, no con el corazón. Por supuesto que desconocen toda diferencia entre un sombrero mejicano y una boa que acaba de tragarse un elefante: no podemos pedirle peras al olmo y si alguno de ellos lee estas líneas se preguntará de qué rayos estoy hablando. Lo suyo es dibujar líneas y arruinar la vida de las personas.

ElPrincipito

La boa que se ha tragado un elefante

El amable-sonriente funcionario de costas de Puerto del Rosario me lo confirmó. Sus jefes estaban a punto de convocar un concurso para adjudicar la redacción del proyecto de ese paseo marítimo. Y además nos saca un plano del Plan Rector de Usos del Parque Natural que muestra que toda esa zona debe dejarse expedita y libre. Será con buena intención, pero parece que esté hablando para niños de pecho. Nos muestra el plano como si todo fuera inevitable, como si todo Cristo, los de Costas y los vecinos, no tuvieran más remedio que someterse a esa dura realidad del Plan Rector de Usos. Pero yo sí veo lo invisible y no necesito consultar ni medio papel para imaginar qué ha pasado. Simple: Que cuando se hace el dichoso Plan Rector la Dirección General de Costas mete su informe vinculante diciendo, como suele, que hasta que no se dibuje la línea del deslinde (que entonces era solo una propuesta, y a pesar de ello) y se declare libre la zona, el Plan no se aprueba. Es decir, que no se hace nada hasta que los responsables escriban ahí lo que a Costas le dé la gana. Se trata de una prescripción ilegal. Totalmente ilegal. Absolutamente ilegal. Pero estos tíos son como los hunos. Inician el galope y nada crece bajo las patas de sus caballos. Y mientras en el gobierno de Canarias (y en los otros gobiernos de la CCAA) no haya buenos asesores que lo sepan ver, seguiremos sembrando las costas de injusticias y transformando la ley en un chiste malo. Quisiera que algún político, asesor, técnico o lo que sea se diera cuenta, por primera vez en su vida, que hay una diferencia entre Dios y la Dirección General de Costas. Hasta ahora no han sabido verlo. Costas dice una cosa y ellos pierden al mismo tiempo la razón y la voluntad, se vuelven muñecas de trapo y obedecen como buenos rumiantes.

 Es cierto, la cosa va adelante. Costas, Ayuntamiento, Cabildo, Gobierno de Canarias, por lo visto todos están la mar de contentos con ese proyecto. Un paseo marítimo en el fin del mundo, en medio de la nada. El de Puerto Lajas lo justifican porque en la zona los encargados de ello van a construir una barbaridad ¿Y en el Puertito de la Cruz qué? Todo el mundo está convencido de que hay planes secretos. Planes para complacer a los que ya os imagináis. Planes para enladrillar el paraíso. Sí, sí, Jandía es un espacio natural protegido, pero de alguna forma hay que buscar la racionalidad a esa medida que parece tan rara de un paseo donde maldita la falta.

karin y pepe

Karin con su vecino y amigo Pepe

 Al día siguiente nos dimos una vuelta por la zona. Los vecinos de Karin son entusiastas de esas casas ruinosas donde el rumor del mar nunca cesa. Un tipo con aspecto aguerrido le muestra las plantas de tomates que cultiva en la misma pared del escarpe. En la conversación se lamenta: Todo se va a perder. El paseo marítimo es inevitable. Hasta cinco veces (a pesar de su aspecto aguerrido) repite que lo único que cabe es resignarse. Menciona que los ciudadanos no son más que insectos que el gobierno puede aplastar cuando quiera. Los ciudadanos no son nada. Y algo más. Algo que puede lubrificar una deriva impropia de todo esto. Añade que en la isla mandan los godos y se hace lo que ordenan los godos, que los majoreros no son dueños de su destino y no cuentan.

karin y majorero

Karin con otro vecino. Rebeldia versus resignación

¿Veis? Los ingenieros de costas no solo se distinguen por fomentar el abuso y la injusticia. También están alimentando el secesionismo político de Canarias. Son tontos perdidos. Están haciendo daño no solo a la sociedad, también al Estado. Es lo que pasa cuando los políticos dejan su función en manos de tipos que no tienen ni corazón ni alma ni sentimientos ni nada de lo que distingue a las personas de los asnos, sapos, grillos y demás primos del reino animal (excepto el pensamiento frío, preciso y cortante como una cuchilla, que eso sí que lo tienen).Los políticos, suponiendo que se den cuenta, necesitarán años para sanar el mal que estos ingenieros de costas están haciendo en Canarias y las trabas que están poniendo para que allí el sentimiento de España siga significando algo.

Y para terminar, yo alucino. Simplemente alucino. Veo todo esto y me cuesta creerlo. Todos estos políticos, funcionarios y jefecillos están planeando, dibujando y estructurando un paseo marítimo que nunca en la vida se podrá hacer porque es ilegal. Sí sí, ilegal. No necesito ni consultar el proyecto ni repasar la ley. Nunca se podrá hacer ese paseo. Van en directa, están lanzados, convencidos y entusiasmados. Y esos vecinos cándidos, como los santos inocentes de Delibes, despojados de la dignidad y entregados a la resignación simplemente porque creen que la Administración siempre tiene razón y no ven que en España, bajo la retórica democrática, se está fomentando una sociedad sumisa en la que la función del ciudadano es consumir mucho y pensar poco.

No, no va a haber resignación, porque nosotros tenemos razón y ellos no. No solo son malos, son también unos paletos. Tanto poder como acumulan les ha hecho perder el sitio y creen que pueden hacer cualquier cosa. Nunca se hará ese paseo, y si se hace dejaremos de ser Europa. Si se hace habrá que darle la razón a los que fijaban la frontera de Africa en los Pirineos, o a los que insisten en que las Canarias pertenecen al continente al que están pegadas, no a la Europa culta, civilizada y plural. Si se hace ese paseo, será pisoteando la ley y el derecho.

Amado_Nervo

Amado Nervo

El río de la vida no se va a secar. Lleva agua, salmones, truchas, pero también sueños y esperanzas. Mira qué casualidad, Amado Nervo, el poeta mejicano, escribió que nos es lícito esperarlo todo de la vida, porque la vida es un río lleno de posibilidades, y le da lo mismo llenar un ánfora grande que un ánfora pequeña. Todas estas almas cándidas de Puertito de la Cruz, acostumbradas a recibir bastonazos, pueden ir al río con un ánfora gorda de la muerte y pedir que sus casas sigan donde están y sus plantas de tomates también. Esos zoquetes con coche oficial no son nadie para arruinarles la vida.

FOTOGRAFÍAS DEL AUTOR.  EL MATERIAL GRÁFICO ES PARTE DEL DOCUMENTAL “LAS PLAYAS DE LA IRA” EN FASE DE RODAJE.

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José Ortega, abogado

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