POLITICA DE COSTAS Y DEGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

agosto 10, 2009

Elena Espinosa (o sus muchachos) ha decidido prohibir el acceso a los expedientes de deslinde archivados. A partir de ahora los candidatos a un derribo ni siquiera podrán saber de qué va la cosa. Estos expedientes, que hasta el mes de mayo eran, conforme a la ley, de libre acceso, se han convertido de la noche a la mañana en misterios inescrutables, y debo confesar que la situación, por lo que tiene de  gran espectáculo antidemocrático, me tiene fascinado. Que el Estado se comporte como una mafia, que mientan como bellacos en notas de prensa, que con su propaganda hagan palidecer al Dr. Joseph Goebbels, todo esto excede de la discrepancia jurídica y resulta un exponente del envilecimiento de la vida pública, de la ausencia de todo referente moral y desde luego de la descomposición de la democracia.
Stanislaw Lem, en su Congreso de futurología, describió una sociedad que creía a pie juntillas ser feliz hasta que el protagonista descubre que todo era un engaño propiciado por un spray que intoxicaba los sentidos. En España sucede algo parecido. Se le mete un tajo a la democracia con un cuchillo de carnicero y la señora Espinosa oculta el miembro sangrante con una nota de prensa que daría risa si no diera pena. Y pretende seguir como si tal cosa, profundizando muy convencida en el   cerco a la libertad sin que nadie le monte una bronca. Es el spray, el aparato de propaganda. Se han apoderado no solo del Estado, sino de nuestras vidas.
La comisión de peticiones del Parlamento Europeo aprobó un dictamen condenando a España por abusos en aplicación de la ley de costas. Caramba, vaya fallo. Ellos, que lo controlan todo (Parlamento, defensor del pueblo, tribunal constitucional, j…), habían dejado escapar un huequecito por el que la democracia se hacía real. La solución: Reformar el estatuto de la comisión de peticiones para que sus resoluciones deban ser confirmadas por otra comisión y que así todo se vaya al diablo, no vaya a ser que el pueblo se lo crea de verdad y se anime a ejercer esos derechos que están escritos en las leyes por lo visto solo para que los políticos pronuncien bonitos discursos. Y de paso, habrá que blindar el acceso a los expedientes de deslinde, para que ningún abogaducho de provincias pueda volver a ridiculizar al Estado absorbiendo  información de todas las vergüenzas, desastres, meteduras de pata, arbitrariedades, injusticias y basura que puedan contener.
Son como el chulo del barrio. Empiezas a jugar con una reglas y cuando se ven perdidos dicen que no vale y las rompen. Pero al romper las reglas del juego están rompiendo algo muy sutil que Rousseau llamó el contrato social y que es lo que nos mantiene unidos de buen grado. Si ese lazo queda suelto, el abismo que se abre da vértigo.
Creed que no pretendo emular a D. José Ortega y Gasset, cuando decía, a propósito de la II República “no es esto, no es esto”, pero nos encontramos ante una degeneración democrática en la  que las libertades individuales se disipan como el agua puesta a hervir. Esta chulería, esta desvergüenza, esta prepotencia, no pueden examinarse aisladamente, sino en el marco de este proceso. No le dejo ver los expedientes porque no me da la gana. Váyase usted al juez, espere años, gástese el dinero. Para entonces ya le habremos tirado la casa y usted tendrá una sentencia que podrá vender al trapero al peso junto con un lote de periódicos viejos. Así es como funciona.
Todo esto pasará, Espinosa volverá al agujero del que salió y a los conspiradores contra la democracia les patinará el embrague. Antes o después, las víctimas podrán volver a examinar los expedientes como podían hacer hasta el pasado mes de mayo. Pero no porque España tenga resortes internos para corregir estos abusos, que no los tiene, sino porque seguimos pegados a Europa y una vez más Europa nos protegerá de los que abusan del poder pateando los derechos de los ciudadanos.
El otro día un ingeniero de costas me comentó cómo llaman en Bruselas a los países del sur de Europa. Nos llaman los países cerdos a causa de nuestra corrupción. En el norte también la hay, desde luego, pero la diferencia es que aquí la corrupción es el sistema. Solo en un país desafortunado como España es posible este espectáculo de circo incompatible con la ley y que repugna a la ética: Te derriban tu casa, los motivos están encerrados en unos papeles, no te los dejan ver y la Ministra lo niega todo. Es el spray. La democracia se muere y estos personajes son sus verdugos.

José Ortega

Abogado

ortega_abogados@hotmail.com

www.costasmaritimas.com

SIQUEPODEMOS

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