GANAN LOS MALOS

mayo 11, 2009

 El viernes por la noche, sobre las ocho y media de la tarde, estaba regresando de un viaje agotador. Primero cogí el vuelo de Arrecife a Madrid. Después de Madrid a Valencia. En Valencia tomé el metro hasta la Renfe y allí me subí a un cercanías que me llevaba por fin a mi casa. Venían el fin de semana, el descanso y todo eso. Entonces recibí una llamada y escuché una voz de mujer con acento del mismo sitio de donde yo venía. Una emergencia, un derribo, un grupo de trece o catorce casas que están siendo tiradas al suelo ya, en Gran Canaria, en el Barranco de la Ballena. Me pone en antecedentes y me dice que no me había llamado antes porque acaba de enterarse de mi existencia ese mismo día.

La mujer se llama Crisol, la casa es de sus padres y la situación es grave, ya han tirado tres casas y el lunes seguirán con las demás. Un desafío. Hasta ahora he tenido suerte y he podido parar estos derribos con una semana de margen o algo más, pero esto es un extremo. Por eso le dije que sí: el desafío me quitó el cansancio.  Sé con toda precisión qué tengo que hacer para que las máquinas se detengan, así que le pedí que me enviase por correo electrónico todos los datos que tuviera y al día siguiente por la mañana dejé al margen las cosas que quería hacer y me metí en el despacho para preparar todos los escritos precisos.

 Pero la iniciativa está herida de muerte y no prospera. El domingo por la noche me volvió a llamar para decirme que los vecinos no habían acabado de ponerse de acuerdo. Su problema es el miedo. Les han metido mucho miedo en el cuerpo ¿cómo? Como saben hacer los ingenieros de costas, diciéndoles que si se oponen al derribo tendrán que pagar 44.000 euros cada uno. Son personas mayores, jubilados y por supuesto pobres y están totalmente acojonados.

LAS VIVIENDAS QUE ESTÁN DERRIBANDO

LAS VIVIENDAS QUE ESTÁN DERRIBANDO

 Es el truco que usan siempre: Si usted renuncia a la defensa, el derribo no le costará nada, pero si se pone tonto y empieza con recursos y cositas, tendrá que pagarnos estas cantidades que le ponemos aquí. Cantidades astronómicas y a veces hinchadas (así el caso del restaurante Pepita, de Sagunto, más de 83.000 euros). Según me contaron, estos jubilados pobres e indefensos habían accedido a permitir el derribo de sus viviendas con un pacto de los llamados de caballeros: Podrían permanecer dos años más y los dejarían en paz con el importe de las demoliciones.  Pero los ingenieros de costas no cumplieron y acababan de poner en marcha las máquinas.

 La duda que tenían, y así me lo preguntaron, era qué pasaría con esos costos de de demolición si los recursos no salían bien. Y la incertidumbre pudo con ellos.

 La pregunta no tenía ni tiene respuesta porque exigir a los afectados el pago de los costes del derribo es totalmente ilegal, o al menos éste es mi punto de vista profesional. Este chalaneo con el honor y la dignidad de las personas es una de las cosas más sucias que he visto hacer.  Tengo la capacidad de arruinarte la vida pasándote una factura por el importe que me dé le gana. Si renuncias a tu dignidad, a tus derechos, a tu carácter de ciudadano, a la protección de la constitución y la ley, si se transformas en un chucho asustado, si te arrastras a cuatro patas suplicando clemencia, si te transformas en pelele y admites el papel de esclavo, te perdonaré la factura. Pero como se te ocurra buscarte un abogado que te informe y te defienda, si empiezas con recursos aquí y allá, si de verdad te has creído esa superstición de que vivimos en un país libre y democrático basado en la dignidad del individuo, te hundiremos porque somos así de chulos y podemos hacerlo. Y de ésta ya no te recuperarás nunca más. Así es como funciona, en esquema. Imaginen el efecto sobre unas personas sin recursos económicos, sin conocimientos y sin alguien al lado que les abra los ojos.

 Para todos los que se hayan visto o se puedan ver en el futuro en esa situación: Si la ley obliga a los afectados a pagar los costes del derribo, no pueden negociar con ello perdonándoselos. Y si la ley no obliga, tampoco pueden negociar amenazando con exigir el pago. Vamos a ver si de una vez dejamos de hacer el primo y utilizamos la cabeza para pensar.  Desde que me dedico a esta profesión estoy encontrando situaciones que todo el mundo está convencido de que son así pero nadie es capaz de señalar la ley o el reglamento donde lo dice.  Algún capullo pone una interpretación a andar y todo el mundo a seguirlo sin el menor asomo de preguntarse por qué hacemos esto o por qué esto es así.

 Realmente este país necesita un repaso. No tenemos vergüenza ni perdón. A lo mejor los ingenieros tienen razón y esas casas no tenían que estar ahí, pero incluso así, no es forma de hacer las cosas. Es fácil que los responsables de Costas, en su tiempo libre, se pongan con un codo en la barra del bar proclamando que la defensa contra el terrorismo debe ser compatible con los derechos humanos y que por lo tanto Guantánamo es un baldón de los valores democráticos. En corto, el fin no justifica los medios. Y sin embargo no les importan los medios que utilizan para conseguir lo que desean de un puñado de ciudadanos pobres, ancianos, asustados  y totalmente desamparados. 

Le he pedido a Crisol permiso para poner aquí su nombre y el nombre del paraje y me contesta diciendo claro que sí, ya eres como de la familia. Hermoso compañerismo para quienes han quedado unidos en la impotencia.

 Falta un rato para la medianoche en la península. Dentro de unas horas las máquinas van a seguir tirando esas casas. Dejar que suceda cuando sabes que no puedes hacer nada es horrible. Pero dejar que suceda cuando  sabes que lo puedes hacer todo, que lo puedes parar y que incluso puedes procurar que esas viviendas puedan permanecer ahí indefinidamente, esto es mucho peor.

 Y esto es lo que me ha tocado a mí. 

  Y a Crisol.

 José Ortega

 ortega_abogados@hotmail.com

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