IN MEMORIAM

abril 29, 2009

 

JOSE MARTÍ DEVESES

JOSE MARTÍ DEVESES

 

 Esta foto es de José Martí Deveses, un abogado de Oliva que adquirió merecido renombre en todo el país como mercantilista desde su despacho de Barcelona. En realidad la imagen se corresponde con un fotograma de la entrevista que le hice para mi documental inacabado Las playas de la ira. Conservo en la memoria el recibimiento que me dedicó cuando me vio entrar por el porche de su casa con los cacharros del cine, pero no lo voy a poner aquí. Esa tarde me dijo que le recordaba a él mismo de joven, porque además de ser abogado hacía otras cosas. El había sido editor. Yo productor. También fue uno de los fundadores de la Plataforma.

 Dejadme que os cuente lo que escribí en “El abogado y el mar”.

   Nacido en Oliva, Martí Deveses se había puesto al frente de una nueva asociación de vecinos que  estaba tratando de salvar lo salvable, y que sobre todo ansiaba que los conflictos jurídicos tuvieran un fin. Se acababa de jubilar. Era un hombre sagaz, experimentado y con las ideas claras,  al que se le notaban los años de pelea. Me recibió, junto con otros miembros de la junta directiva, la jovial empresaria Isabel Bolinches y Juanmi, arquitecto local, serio y riguroso, en su caserón familiar de Oliva, en primera línea de aquella playa de las angustias. En lo más crudo de noviembre, la casa estaba fría y desacogedora. Era uno de esos días lluviosos del otoño mediterráneo, cuando Dios suele conceder con carácter retroactivo toda el agua que los paisanos le han venido  reclamando en todo un año de sequía.

 

  Celebramos en aquella misma casa nuestra primera reunión de trabajo y supe que los clientes no querían ya más tropiezos ni más parches. Aspiraban a una solución definitiva que acabase con tantos años de conflicto y les permitiera saber por fin qué podían hacer y qué no podían hacer con sus viviendas. Y esto incluía no solo una solución para aquella nueva propuesta de deslinde, con su desagradable  sorpresa de una ribera del mar por detrás de las viviendas, sino también un tratamiento eficaz contra el auténtico problema de fondo, la antigua calificación de dominio público que arrastraba parte del casco urbano desde el deslinde de 1947. Martí Deveses era un excelente abogado, de prestigio en toda España como especialista en Derecho Mercantil. Y era exigente. Se atrevía a pedir una solución extraordinaria  para un problema imposible, como era aquella antigua calificación que databa de las nieblas de la postguerra. Si la ley dice que siguen siendo dominio público los terrenos que hayan perdido su primitivo carácter de zona marítimo terrestre o playa, eso simplemente es así y hay que resignarse. Se trata de un techo que es preciso aceptar, sin que quepa más que luchar por una futura desafectación. Y, por otro lado, si la ley dice que un acto administrativo solo puede impugnarse ante los tribunales dentro de los dos meses siguientes a su notificación o publicación, igualmente ésta es una realidad que es preciso aceptar, y por tanto una decisión administrativa que data de sesenta años atrás resulta inatacable. Pero mis clientes, con una indiferencia inquietante,  se limitaban a rechazar estas realidades. 

 

  Y tenían razón, ya que por más éxito que pudiera yo tener enderezando el deslinde en trámite, los efectos del  anterior perpetuarían de forma insidiosa la calificación de dominio público.  Por tanto, tener éxito en la defensa del deslinde en trámite era inútil en la práctica. La cosa era así de dura.

 

El leyó el manuscrito. Valoro especialmente la manera en que paladeaba yo el derecho y la forma tan intensa en que lo vivía, al menos cuando la consigna era luchar contra la injusticia como en su caso.

 

Una vez, a la salida de una reunión, caminamos juntos calle abajo y él se cansaba. Le di un par de pastillas de eleteurococo, como si eso fuera a resolver todos sus problemas. No me dijo que tenía cáncer en el pulmón.  Yo esperaba que pudiéramos tener aún muchas más conversaciones, pero lo que no haces en su momento corres el riesgo de no llegar a hacerlo nunca.

 

Me apreciaba y yo a él.

 

Ha muerto hoy. Voy a echar de menos su confianza, esas conversaciones profesionales y esa sana indignación que compartíamos.

 

En aquel noviembre de 2003 me pidió algo, que liberara su casa, y yo no lo conseguí. Quizá ahora se estaba abriendo una puerta, había indicios y posibilidades, pero él ya no lo verá, ni podrá ya alegrarse ni celebrarlo con sus amigos. La Administración es inmortal, nosotros no.

 

Que descanse el paz mi buen amigo al que no olvidaré.

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Una respuesta to “IN MEMORIAM”

  1. Magali (hija de Valeriano) said

    Donde hay poca Justicia, es un peligro tener la razón….(Quevedo)

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