JOSE FERNANDEZ RELOADED

abril 19, 2009

 

 

Puede que el origen jurídico de la Plataforma fuera el 8 de abril de 2008, cuando se firmó su acta de constitución como asociación, y su origen social el 7 de enero del mismo año, cuando nació como colectivo inorgánico. Incluso que su origen ideológico haya que fijarlo en septiembre de 2007, durante una comida en Alicante, cuando Alfredo Masó (Arenales del Sol) me propuso que reuniera a todos mis clientes de toda España en un colectivo común para luchar contra los abusos de los ingenieros de costas. Sabía que si decía que sí me metería en un lío, como así ha sido. Pero dije que sí.

Todo tiene una explicación y así mi decisión de entrar al trapo, porque la Plataforma tuvo también un origen emocional, muy anterior a los otros. Fue el momento en el que cambiaron mi actitud y mi modo de entender la abogacía, cuando me convencí de que la cuestión no era ya una defensa más o menos ingeniosa en los tribunales, sino la lucha contra una forma si se quiere sutil de tiranía.  Perdonadme que me cite a mí mismo, pero me es más fácil copiar y pegar este pasaje de mi manuscrito El abogado y el mar:

 

Hubo una frontera, un momento en que cambió mi forma de ejercer la profesión, pero en el que también cambié yo mismo.  Hasta entonces todo lo que había hecho era defender asuntos contra un organismo, la Dirección General de Costas, que unas veces resultaba autoritario en exceso,  otras se conducía con arbitrariedad  y otras simplemente se equivocaba. A partir de ese día trabé contacto con una realidad distinta, mucho más allá de lo que había vivido, conocido o escuchado. Hasta aquel momento había trabajado contra decisiones arbitrarias o injustas. Aquel día percibí un inquietante vislumbre de la injusticia y de la arbitrariedad en sí mismas.

 Eran los primeros días de junio de 2007 y había acudido a Madrid para ser recibido por el director general de costas. Fue Olivia Cedrés, a la sazón diputada del PSOE por Canarias quien me gestionó la entrevista y me acompañaba. José Fernández estaba entonces en la cumbre de su poder. Iniciaba su cuarto año de legislatura con el orgullo de tener los deberes bien hechos, ya que había deslindado muchos más kilómetros de litoral que cualquier otro antecesor.   Tenía por debajo todo un equipo de funcionarios obedientes y por encima a una Ministra, Cristina Narbona, que compartía su modo de ver las cosas y le daba pleno respaldo político.

  Mi embajada era para tratar precisamente el problema del deslinde del Golfo y todo fue más o menos como estaba previsto hasta que salió el tema de las concesiones que yo tenía pedidas desde el mes de enero y de las que no sabía nada.  Cuando los ciudadanos pierden la propiedad porque un deslinde incluye su vivienda dentro del dominio público, la ley les permite conservar su uso durante treinta años prorrogables por otros treinta, como concesionarios. Estos eran los derechos que yo tenía solicitados.

  Fernández comentó con total seguridad que él otorgaría en el Golfo las concesiones que tuviera que otorgar, pero que a continuación pensaba rescatarlas, porque  el uso de vivienda estaba prohibido dentro del dominio  público. Rescatarlas, naturalmente, para derribarlas. A cambio de un precio, claro, pero equivalente solo al valor de la construcción, ya que el suelo era público.

 Esto me dejó muy confuso. La concesión especial era y es el pago por la pérdida de la propiedad y se otorgaba, según dice la ley, con el  mantenimiento de los usos existentes hasta ese momento. Por tanto, si dichos usos eran de vivienda, seguirían siéndolo. Fernández no tenía el menor derecho a hacer lo que decía que iba a hacer.  

  Creo que de nuevo fue fascinación lo que sentí. Aquello que decía el Sr. Fernández no tenía el menor sentido, era horriblemente dañino para la gente e iba directamente en contra de la ley de costas y del Tribunal Constitucional, que se había preocupado mucho de santificar en los altares la concesión especial de la transitoria primera. Era un expolio, un robo, un asalto y una sinrazón, pero quien lo había dicho era precisamente quien mandaba y podía llevarlo a la práctica, un funcionario con todo el poder del Estado a su disposición para dejar a la gente sin casa por el morro.

 No recuerdo si fue Eurípides quien escribió que a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco. Fernández fue efectivamente destruido como político poco tiempo después y creo que fue la locura de esa propuesta lo que precipitó su destrucción. Lo que no podíamos imaginarnos ninguno de los presentes en aquella reunión (yo menos que nadie) era que aquel abogado de provincias de apariencia trivial, más o menos modesto y de formas correctas, que escuchaba con oídos atentos y ojos incrédulos el discurso del todopoderoso señor, iba a ser el causante de su rápida caída pocos meses después.

  Pero fue el propio Fernández el que depositó dentro de mí la semilla que luego germinó, creció y por supuesto dio fruto. Si no hubiera sido testigo de su suficiencia y de sus disparatados planes, quizá todo habría seguido más o menos igual, y quizá él seguiría gobernando una parte no pequeña de España como virrey de las playas. Pero la conversación me  transformó, y la transformación fue madurando lentamente durante aquel verano hasta cuajar entrado el otoño. Era tan extremo, tan absurdo y tan incomprensible lo que había oído, que con el transcurso de los meses me convencí de que la cuestión ya no era la defensa de los desafortunados con problemas con los deslindes, sino la lucha contra esa  sinrazón que en otras épocas podríamos haber llamado tiranía.  Esa lucha me llevó muy lejos, muy profundamente en mi propio interior, y también hacia experiencias insospechadas en mi relación con mis semejantes.

 

 En los últimos días de enero de 2008, cuando estaba en Bruselas, la víspera de mi presentación de la denuncia contra España ante el Parlamento Europeo, D. José Fernández concedió unas declaraciones a la prensa. Resulta instructivo releerlas ahora. Según el subtítulo del artículo, el interesado había calificado de “falsedades los argumentos que han llevado la Plataforma de Afectados por la Ley de Costas a presentar una queja en el Parlamento Europeo”. La palabra falsedades aparecía entrecomillada por ser expresión literal.  

 

 Pego aquí el artículo completo por su interés histórico-cultural.

 

El director general de Costas del Ministerio de Medio Ambiente, José Fernández Pérez, reivindicó ayer la pulcritud de los deslindes realizados durante la legislatura y calificó de “falsedades” los argumentos que han llevado la Plataforma de Afectados por la Ley de Costas a presentar una queja en el Parlamento Europeo.

 J. Sierra, Valencia

 José Fernández reiteró que la intención del ministerio es terminar con los deslindes, que debían haber finalizado en 1993, y negó que elevado numero de actuaciones esté detrás de la movilización de los afectados: “El ritmo de deslindes no es novedad; la novedad es que una plataforma montada para defender supuestamente los intereses de muchas personas se plante un método tan poco oportuno y yo diría que ineficaz de plantear sus reivindicaciones basándolas en el ”lío mediático””.

 Entre las “falsedades” incluyó la de que se esté haciendo una aplicación retroactiva de la ley. “No lo hacemos y no puede hacerse porque es imposible incumplir este principio de Derecho. Nosotros estamos sacando adelante deslindes en los que interviene el Tribunal Supremo y es un disparate pensar que los jueces avalan una aplicación retroactiva de la ley”, argumento.

 Según el director general, el número de sentencias negativas es mínimo: “Lo que dice la estadística es que el 98% de los deslindes recurridos han sido desestimados. Es cierto que inicialmente se estiman los recursos por los tribunales pero por defectos de forma que nos obligan a iniciar otra vez los expedientes que una vez subsanados acaban aprobados y sancionados positivamente por la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo”.

 “De hecho -añadió- el abogado de los afectados tiene la experiencia de haber perdido la mayor parte de los procedimientos en los que interviene. Incluso tengo la sensación de que pretende ganar con el recurso a los medios de comunicación lo que no ha defendido y argumentado con éxito en la vía administrativa y judicial. Quizá gane titulares en el corto plazo pero sin beneficios para nadie”.

 Sobra la posibilidad de que se produzcan derribos, como se asegura desde la plataforma, José Antonio Fernández se mostró tajante y dijo que ningún deslinde implica derribos. “Nosotros no echamos a nadie de su casa ni de su negocio y mucho menos si se trata de construcciones legales, aunque queden dentro del dominio público”, manifestó.

 “Llevamos aplicando la ley de Costas 20 años y las casas que son legales no han caído. Por otra parte, se quiere dar una sensación falsa de que esto es un ataque contra el turismo y es falso. Desde 1988 solo se han rescatado los derechos de cuatro hoteles y siempre pactados, pese a que se puede hacer de manera forzosa cuando se justifica razonable en el interés general. Incluso el único hotel demolido en España con una voladura fue tras llegar a un acuerdo con su propietario. En Canarias los hoteles Rius están dentro del dominio público. Ha habido una negociación y se les ha reconocido el derecho concesional. Ahora mismo están de obras para seguir 30 años más. Algo parecido haremos con el Sidi Saler”, apostilló.

 El director general defendió la legalidad de los procesos de deslinde y su carácter “garantista” con los derechos de los afectados: “el deslinde es un proceso abierto, transparente y participativo en el que el afectado puede comparecer y que le presta una mayor seguridad, ya que de otro modo permanecería en una especie de limbo o Nirvana sin saber lo que va a pasar con su propiedad. Un deslinde es muy garantista y ofrece muchas posibilidades de participación. A veces contienen errores, pero se corrigen”.

 

Yo creo que este señor se puso tenso porque veía la que se le venía encima. Cuando decía que yo había perdido la mayor parte de las demandas contra deslindes que había puesto tenía razón. De hecho, conozco a varios abogados que nunca han perdido un pleito de costas pero tampoco han metido ninguno. Se dedican a divorcios o a hacer declaraciones de impuestos. También conozco otros profesionales que jamás han perdido un solo pleito ante los tribunales. Dentistas, toreros y profesores de filología, entre otros. Yo he perdido pleitos porque he metido muchos. Lo que el Sr. Fernández con toda seguridad sabía pero no dijo era que al mismo tiempo yo era el abogado que más veces había ganado a Costas, y no precisamente por motivos de forma. Sabía, y no dijo, que en esa época les había anulado en la Audiencia Nacional el deslinde de Oliva (por no justificarlo) el de Otur (por tramitarlo en secreto) el de Alcocebre (por instrumentalizarlo para construir un paseo marítimo), como quince resoluciones de recuperación posesoria (por indefensión) y el proyecto de acondicionamiento medioambiental de la marisma de Vegadeo (por ilegalidad del paseo). Será suerte, pero eso es lo que hay. Después he seguido anulándoles deslindes en la Audiencia Nacional, con o sin Plataforma y con o sin titulares de prensa.  El caso es que el tío se lo calló.

 

Después de leer esas declaraciones supe también quién era el autor del guión que le habían pasado al Subdelegado del Gobierno en Valencia para que lo repitiera letra por letra ese mismo mes de enero. Primero en una reunión conmigo y luego ante las cámaras de TV. Lo supe por la expresión “garantistas” que atribuía al procedimiento de deslinde y que había repetido inexpresivamente el Subdelegado. Sí, garantista. Dicho por un lego en derecho como el Sr. Fernández.

 

Es igual. No contesté a esas declaraciones porque esperaba tener pronto un amigo poderoso que me iba a proteger. Y así resultó. Fue Europa quien contestó por mí el pasado día 26 de marzo. Todo el pueblo de Europa, a través de su legítima representación, le ha dicho a este señor que no tenía razón y es la mejor respuesta que cabía esperar.

 

Pero antes aún tuvo ocasión de demostrar su mal rollo conmigo. Fue en una reunión en la Delegación del Gobierno en Valencia, a los pocos días de la presentación de mi informe en Bruselas. Sus jefes, un poco acojonados con la movida mediática, habían mandado a Fernández a hacer bolos por la costa para apaciguar a los afectados. Ellos no querían que yo asistiera a aquella reunión. De hecho unos funcionarios se lo advirtieron a los clientes: Que vinieran sin mí.

 

Pero yo fui. Y, por hacerlo corto, no me dejó hablar. Cada vez que empezaba una intervención me interrumpía y cuando me quejé me pidió que guardara las formas. Dejó una frase memorable para la historia. Algo así como: “aquí todos sabemos quienes somos, yo soy Director General de Costas, me acompaña la jefa de la Demarcación, el Abogado del Estado Jefe, el servicio jurídico de Costas, hemos invitado a los afectados y se han presentado con su abogado. Bienvenido sea el abogado pero siempre que guarde compostura”.

 

Me habría sentido humillado de no ser porque el señor estaba en realidad agonizando. “¿Director General de Costas por cuánto tiempo?”, pensaba mientras escuchaba su discurso. Y acerté. A las pocas semanas ya no podía repetir lo mismo. Fue destronado y enviado a sus islas Canarias, donde todo el mundo lo daba por muerto.

 

Sin embargo acaba de revivir como Presidente de un Consorcio encargado de restaurar las dunas de Maspalomas y dinamitar cualquier cosa que haya construida por allí, incluyendo un complejo comercial hecho en los ochenta, antes de que la duna fuera declarada dominio público. La vieja y persistente aplicación retroactiva de la ley por vía de un deslinde aún más antiguo que el de Arenales del Sol, que yo creía que había sido el primero de esa calaña. Y ahora van a ejecutarlo. A los interesados ni siquiera les reconocen el derecho a la concesión especial de la Disposición Transitoria primera, apartado primero, de la ley de costas, a pesar de que este derecho les corresponde claramente.  La consigna es quitarlos de en medio.

 

He puesto esta entrada porque voy a defender a las víctimas, lo que supone un reencuentro inesperado con el extodopoderoso, y sobre todo porque el otro día me llegó un comentario que se le atribuye. Dicen que preguntó “¿Es cierto que es ese abogado el que se va a encargar de la defensa?”. Cuando le dijeron que sí contestó “Entonces tendremos problemas”.

 

Con mucho respeto, eso espero.

 

José Ortega

ortega_abogados@hotmail.com

www.costasmaritimas.com

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2 comentarios to “JOSE FERNANDEZ RELOADED”

  1. antonio oliva said

    Me alegro por esa gente que vas a defender y lo siento por pepe fernandez porque se le acaba la impunidad

  2. Magali (hija de Valeriano) said

    Suerte y un besazooooooo!

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