La Vicepresidenta de la Vega puso de patitas en la calle al todopoderoso José Fernández, antiguo Director General de Costas, por haber derribado en periodo preelectoral el bar Pepita (Sagunto). La desgracia sucedió el doce de diciembre de 2007. De la Vega, candidata al Congreso por Valencia, parece que había prohibido a los ingenieros de costas molestar a los ciudadanos en vísperas de las elecciones de marzo, y le pareció que la desobediencia le había costado votos.

El próximo día 11, José Antonio Aboal, su hija Patricia, su yerno y sus dos nietos de seis y dos años, van a ser desahuciados y su casa derribada por la Demarcación de Costas de Pontevedra. Otra vez entre el día de la Constitución y el día de nochebuena. Muy simbólico.

Cuando el dominio público te entra en casa, caben dos posibilidades: o te la dejan en concesión por sesenta años o te la derriban. Depende de los títulos de propiedad y de una serie de cosas, y en este caso los títulos son inmejorables: propiedad escriturada y registrada. Pero la Demarcación de Costas decidió por la familia: desahucio y derribo y no hay más que hablar. José Antonio Aboal ni siquiera sabía que podía reclamar la concesión gracias a que el Tribunal Constitucional había propuesto una interpretación generosísima de la ley de la cual se puede beneficiar. Desafortunadamente, los ingenieros de costas solo sacan a colación el Tribunal Constitucional cuando se trata de aplastar a los ciudadanos, nunca en las decisiones que les benefician.

Cuando lo del Pepita, reclamé la concesión, viajé a Madrid, hablé con el entonces Subdirector General, Angel Muñoz, le pedí que suspendiera el derribo hasta que se resolviera la concesión y el tío pasó completamente de mí. La señora de la Vega se cabreó y fulminó al jefe de Muñoz y al propio Muñoz. Ahora estamos con lo mismo: Tengo pedida la concesión y la familia tiene derecho a disfrutarla en paz por sesenta años, pero a los ingenieros de costas parece que esto les da igual. Se dan por contentos con llamar al conductor del bulldozer y avisar a la policía para que traiga armamento suficiente ¿Va a hacer algo la Vicepresidenta del Gobierno por parar la villanía o lo dejará correr, ya que esta vez no es candidata?

El otro día el Delegado del Gobierno en Valencia hizo el ridículo al afirmar que el gobierno aplica la ley igual para pobres y ricos. En el reportaje de la Deustche Welle, a continuación de estas ostentosas declaraciones se muestra un caso de escándalo en el que un deslinde deja fuera del dominio público extensos arenales solo para que los señoritos puedan construir hoteles de lujo y hacer suculentos negocios en terrenos donde está prohibido construir.

A ustedes, señores de costas, no les cree ya nadie. Cada periodista con el que hablo se convierte en un aliado porque se dan cuenta que su política desde que la ley entró en vigor no solo ha sido arbitraria, sino que se ha dirigido contra la clase media o contra los pobres, entornando los ojos para no enterarse de lo que hacían los grandes capitalistas. Ustedes son expertos en buscar víctimas desamparadas: Están intrigando para tirar abajo la casa del pescador jubilado José Elvira (Fuerteventura), han derribado la carpintería del carpintero jubilado Valeriano Rodríguez (La Gomera), echaron al suelo el bar Pepita, donde tres hermanos vivían de vender paellas. Y ahora van a por el jubilado José Antonio Aboal. Los pobres y débiles son su especialidad y los Aboal pertenecen al grupo de los pobres. No tienen otro techo ni saben a dónde ir. Patricia ha solicitado una vivienda social y está en una larga lista de espera.

Señora Vicepresidenta de la Vega, si usted no detiene el oprobio del día 11, va a generar un nuevo Cho Vito, con los guardias civiles armados con ametralladoras sacando de la casa a la fuerza, entre otros, a dos niños pequeños muertos de miedo. Y va a hacer que estos niños sueñen imaginando una Cruela Devil con su cara, que por las noches baja a los sótanos de la Moncloa con un candelabro para hacerse un abrigo no con piel de cachorros de dálmata, sino con la de los infantes muertos en la calle ateridos de frío porque usted los sacó de sus casas en pleno diciembre.

¿Han visto esos maniquíes en las carreteras, vestidos de fosforito y agitando una bandera roja con un brazo mecánico? De lejos parecen personas, pero son muñecos. Ustedes, los que dirigen la política de costas, de lejos también parecen personas, pero no son más que armatostes capaces de un único movimiento en una única dirección. Dentro de la piel puede que tengan muchas vísceras, pero si dejan en la calle a esos niños no creo que tengan alma.

 

José Ortega

Abogado

www.costasmaritimas.com

 

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