ASÍ FUE LO DE MARTÍN FRAGUEIRO

noviembre 8, 2008

RESUMEN E IMPRESIONES DE LA REUNIÓN MANTENIDA POR MIEMBROS DE LA PLATAFORMA NACIONAL DE AFECTADOS POR LA LEY DE COSTAS CON LOS RESPONSABLES DEL MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE Y MEDIO RURAL Y MARINO EN 04.11.08.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE COSTAS EN www.costasmaritimas.com

 Martín Fragueiro apareció, impecable, con el nudo de corbata perfecto y la camisa recién planchada, como suele, estrechando la mano a todo el mundo y tuteándonos como a viejos conocidos, aunque de forma que me pareció prematura. En un pasillo mal iluminado aguardaba Alicia Paz, alta,  delgada, trigueña, tímida y quizá algo insegura. El era el político. Ella la funcionaria. El podía cambiar las cosas, pero no conocía el asunto. Ella no estaba allí para cambiar nada, sino para hacer de muro de contención.

 Yo había pedido la reunión para tratar sobre un recurso de reposición que tenía en trámite, pero ellos habían pedido que se refundiera con la que tenía pedida Carmen del Amo en nombre de la Plataforma. Estábamos presentes dos de los interesados en el recurso de reposición, un servidor y Carmen.

Para no dispersar, anuncié que iba a hablar en primer lugar del recurso y después de todo lo demás, e inicié mi parlamento sin nombrar ni a la de Plataforma, ni el asunto de fondo, ni mi informe sobre aplicación abusiva de la ley de costas. Entre otras cosas advertí que nunca formulo recurso de reposición contra un deslinde por considerarlo inútil, ya que la Dirección General de Costas no suele reconsiderar sus decisiones, pero que en esta ocasión lo había hecho porque tenía esperanzas en un cambio de sensibilidad en los nuevos gestores de la política de costas. Después desgrané mis motivos de fondo. Martín me dio carrete durante diez minutos o algo más y entonces habló. Sus palabras empezaron primero a sonarme extrañas y luego a incomodarme. Me di cuenta de dos cosas: de que alguien le había llenado la cabeza de pájaros y de que ese alguien le había preparado un discurso a la defensiva (ya había visto lo mismo con el Subdelegado del Gobierno en el mes de enero). Martín, por lo que me pareció, había sido literalmente intoxicado con información de malísima calidad. Comenzó con una declaración solemne: la ley de costas no se está aplicando con carácter retroactivo. Singular respuesta, porque yo no había aludido a ello, e indicio, desde luego, de guión previo. Continuó afirmando que durante los primeros años la ley no se estaba aplicando, sino que la tenían guardada dentro del cajón. Añadió que en aquellos tiempos “no había interés en aplicar la ley”. Increíble comentario –pensé- . Solo hacía 24 horas que había examinado un expediente del Puerto de Santa María donde ya en 1.990 un jefe de costas proponía una aplicación disparatadamente dura de la ley. Esta parte del discurso formaba una parte estelar de la intoxicación a que Martín había sido sometido. No le culpo porque creo que es una víctima. Hace falta mala fe para decirle al jefe que la ley de costas se quedó en un cajón durante sus primeros años (es evidente que con esto no acuso a nadie en concreto, sino a un alguien indeterminado que a Martín le estuvo contando mentiras y se quedó tan tranquilo. Quién sabe si algún adicto a la antigua secta que quería verlo tropezar).

 Martín siguió diciendo que ellos no podían hacer nada para revisar deslindes anteriores que estaban en el contencioso administrativo, y confieso que este arranque me impacientó. Lo interrumpí para recordarle que tenía puesto el recurso de reposición justamente para que no se produjera ese efecto de no poder revisar lo hecho. Me recriminó la interrupción. Le pedí disculpas. El tenía razón. En el rifirafe mencionó la posibilidad de que la reunión terminase antes de tiempo y le contesté que me parecía muy bien. De hecho estaba mentalmente preparado para levantarme y salir en cualquier momento, y lo tenía hablado con las personas que me acompañaban. Creo que esta respuesta no era la que él esperaba. Cuesta mucho que te reciba una Autoridad. En el caso de la Plataforma, muchísimo. La audiencia era un milagro, pero solo en las formas. Con esa ausencia de contenido, Carmen y yo estábamos dispuestos a usar el milagro para envolver bocadillos.

Martín Fragueiro, siguiendo el guión preparado por algún burócrata, había pasado directamente al tema de la Plataforma, y se había liado a contestarme a cuestiones que yo aún no había planteado. Todavía estábamos en la primera fase de la reunión, la dedicada al recurso. Después de insistir un poco más, pregunté a mis interlocutores si había alguna posibilidad de que reconsiderasen su decisión. Con esa exquisita diplomacia de funcionario que se niega a dar un no redondo, me dieron a entender ese no con un argumento que volvió a ponerme de los nervios, aunque de piel hacia afuera no se notó. Paz dijo que con relación al recurso de reposición, la Dirección General de Costas ya había emitido los informes pertinentes. Pregunté si eran negativos. Ella, extrañamente, no lo sabía, o eso dijo. Añadió que no podían ir en contra de los informes. Incluso cuando la desafortunada situación es que en otro deslinde de terrenos contiguos, la solución seguida ha sido la contraria: en vez de incluir el edificio dentro del dominio público, la línea lo rodea para dejarlo fuera. Espantoso: mis edificios se habían construido en los años sesenta por decisión del propio Ministerio de la Vivienda, que quería una urbanización en aquel paraje. En la primera propuesta de deslinde, la línea los rodeaba, pero en una segunda D. José Fernández (ex Director General) había ordenado que quedasen incluidos dentro del dominio público. El edificio del otro deslinde no sé cuánto tiempo tenía, pero sí que estaba sobre el mismo tipo de suelo que los de mis clientes. En este caso, la línea lo rodeaba y lo dejaba fuera del demanio. La diferencia: los edificios de mis clientes eran privados. El otro pertenecía al Estado. Incluso así, Paz dijo sin inmutarse que si los informes decían que unas construcciones estaban dentro del dominio público y las otras no, ellos no podían hacer nada. Cada uno que piense lo que quiera de este comentario. Yo sé lo que pensé en aquel momento. Y lo que pienso ahora.

Sin decepción y sin novedad, porque no esperaba gran cosa, declaré que me cambiaba de tema y hablaba ahora de las peticiones formuladas por la Plataforma en relación con los abusos en la aplicación de la ley. En esta fase percibí la resistencia pasiva de las dos personas que tenía delante. Mi misión no era explicar en detalle, ni resumir, ni glosar, mi informe sobre aplicación abusiva de la ley. Se supone que después de diez meses ya debían haberlo leído, y por tanto no era yo el que tenía que hablar, sino ellos, para decir qué pensaban. Pero como parecían hacerse de nuevas, me sentí obligado a comentar algunos aspectos, lo que realmente me daba fatiga.

Empecé por el dichoso tema de las concesiones de la Disposición Transitoria primera, apartado primero, de la ley de costas, denunciando que la Administración se niega a tramitarlas. Alicia Paz contestó rápidamente: vamos a acelerar la tramitación para resolver en el plazo más breve que podamos (esta afirmación, como se comprenderá, lo significa todo y al mismo tiempo no significa nada). Me quejé de que la ley de costas se está instrumentalizando para fomentar la presión urbanística sobre el litoral, en vez de para frenarla, que es el motivo por el que nació. Advertí que las limitaciones que condicionan la construcción en los primeros quinientos metros no se aplican y aludí directamente al caso de Marina d’Or, donde se han levantado pantallas visuales prohibidas por la ley. Alicia Paz respondió que esas limitaciones no van dirigidas a la Administración del Estado, sino al planificador urbanístico. Recordé que la Administración del Estado dispone de un informe vinculante previo a la aprobación de todo instrumento de planificación, por lo que en la práctica no se aprueba ningún Plan si no es como quiere la Dirección General de Costas.  Esto no pareció afectarle. Se desentendió.

Después, sacando cosas de mi cerebro al azar, aludí al deslinde de Bajo la Cuesta, en Candelaria, donde cincuenta familias de van a quedar en la calle solo porque un topógrafo de costas se equivocó en el cálculo de un ángulo y los responsables se niegan  a reconocerlo. Vi cómo Paz tomaba notas, y esto me desconcertó. Si conocía mi informe, como parecía obligado, no entendía a qué venía ponerse a apuntar, como si acabara de enterarse. Esto me obligó a detenerme para dirigir a mis interlocutores una pregunta muy directa:

-¿Alguno de ustedes dos ha leído mi informe?

Solo Alicia Paz contestó afirmativamente.

-¿Y se han hecho una idea sobre el mismo o piensan contestarlo?

Me sonreí al escuchar la respuesta: Nos habían contestado a través del Defensor del Pueblo, lo que asocié con la comunicación recibida de este último digno organismo, donde el lenguaje y el contenido tanto se confunden los de la propia  Dirección General de Costas. Al parecer el Defensor del Pueblo les había pedido un informe sobre el caso y ellos se lo acababan  de remitir hacía quince días. Esperaban que por ese conducto acabara en nuestras manos y se supone que ésa era su respuesta. Parece que no nos lo querían entregar directamente por si acaso en la entrega nos tocaban y se contaminaban. O quizá por si al hacerlo estuvieran reconociendo nuestra existencia.

Carmen del Amo comenzó a hablar de los aspectos humanos del problema. Les preguntó qué tenía que decirle a sus asociados y qué pensaban hacer ellos para resolver los problemas familiares que habían causado. Aludió a una viuda que depende de la asistencia social porque ya no puede vender su piso, por el que en condiciones normales podrían pagarse 70 millones de pts.  Paz la miró con lo que me pareció desconcierto, como si no se sintiera aludida. Continuó exponiendo el problema de las hipotecas pendientes de pagar por personas que han perdido su casa por culpa de un deslinde. Estaba descargando una tonelada de problemas morales de los que nadie se sentía obligado a hacerse cargo. Problemas que quedan en el aire como flecos que al parecer el gobierno espera que se lleve el viento.

Saqué el tema de la construcción de edificios sobre la arena, y, con la mirada muy atenta en Martín, le expliqué cómo cuando los particulares tienen una casa hecha en la duna en los años sesenta o setenta, el Estado les dice que está en dominio público, pero cuando es el Estado el que hace el edificio, aunque sea después de la ley, la obra no está en dominio público. Les advertí que esto no era cosa del pasado, sino que la Dirección General de Costas acababa de consumar un acto de este tipo al aprobar el deslinde de Alboraya, donde existe un paseo marítimo construido sobre la arena (Paz volvió a tomar nota). El estudio geomorfológico alude como cinco veces a que el paseo está encima de la arena y dice que como consecuencia de esa obra artificial es necesario (no conveniente –subrayé- sino necesario) mover la ribera del mar hacia el borde del mar del paseo marítimo (dicho sea de paso, éste es un buen ejemplo de cómo los informes se hacen a imagen y semejanza de los deseos de los jefes). Le conté el caso de la playa del Pinar, donde un extenso campo dunar fue cubierto de tierra y recientemente excavado para pasar la arena a la playa y hacer sobre el mismo un parque con mucho cemento. Le expliqué que la propia Administración había construido sobre ese campo dunar un planetario después de la ley de cosas, y que el único destino legal de este edificio era el derribo, pues no es ni siquiera legalizable. Le conté que toda esa situación iba mucho más allá del agravio a un caso particular, porque iba en contra de la coherencia misma del Estado. Le dije que habíamos pedido a la Dirección General de Costas un deslinde en esa zona, al amparo de la acción pública, y que no  nos habían hecho el menor caso. Añadí que si aplicaran la ley por igual a todos los casos, habría que desmontar todos los paseos marítimos hechos en los últimos veinte años y concluí advirtiendo que mi intención no era causar esos perjuicios, sino que se aplicara a los ciudadanos la misma regla que se aplica la Dirección General de Costas a si misma cuando construye obras públicas.

Martín Fragueiro me escuchó con atención. No soltaba prenda, pero algo se estaba removiendo en su conciencia. Me referí a continuación al deslinde de Oliva, donde la Demarcación de Costas pretendía meter la línea por dentro de la ciudad (que ya es dominio público desde 1947 y así lo reconocí) porque decían que los temporales extraordinarios de noviembre de 2001 habían metido por allí la ola. En cambio, la Dirección General de Costas no hacía lo mismo en el casco viejo de San Sebastián y otras ciudades del Cantábrico, en las que había penetrado el temporal extraordinario del 13 de marzo de 2008. Pregunté qué pasaría si pidiéramos por escrito un deslinde en San Sebastián. Expliqué que con la actual redacción de la ley el gobierno se convierte en rehén de la realidad y está obligado a tramitar un deslinde, lo quiera o no, solo porque la ola alcance determinado espacio.

Aquí vino el último intento de resistencia de Martín Fragueiro. Dijo que el planteamiento le parecía absurdo y que carecía de sentido porque la composición geomorfológica del terreno es totalmente distinta en San Sebastián que en Oliva, que el Cantábrico no tiene nada que ver con el Mediterráneo. La respuesta me sobresaltó por su candor, pero de nuevo permanecí sereno. Le dije que lamentaba disentir, pero que en ese caso el deslinde se determina únicamente por el alcance de los temporales y la composición geomorfológica no tiene nada que ver. Debía rendirse a la evidencia de que si se moja es público. 

Yo creo que no le gustó estar tan desinformado, o más bien tan intoxicado. Meses antes un periodista alemán le había preguntado si el gobierno pensaba abrir un deslinde en San Sebastián. Dijo que no, porque los cascos urbanos son una excepción a la aplicación de la ley. No existe tal excepción. En aquel momento era demasiado pronto para que él pudiera conocer la materia. Y el día de mi entrevista no es que fuera demasiado pronto, es que yo creo que a este hombre lo habían engañado los suyos. Felizmente, él no tiene nada que ver con la secta de pensamiento fundamentalista que durante mucho tiempo hubo en la Dirección General de Costas. Podía imaginar que ante la avalancha mediática sobre la plataforma, pidiera informes y que desde la casa alguien con fuertes adherencias al antiguo modo de ver la realidad, más que informarle, le hubiera engañado. Es más. Lo sucedido en los últimos años es muy grave: se ha producido el desmantelamiento de lo que con mucho convencimiento he definido como secta. Sus adeptos, ingenieros de caminos o afines, no creo que hayan visto con buenos ojos ni el cese de ciertos personajes hasta ayer todopoderosos, ni la fusión con agricultura, ni la entrega de las llaves del reino a un señor que viene del mundo de la pesca y que nunca había oído hablar de las ideas extremas, fundamentalistas y peligrosas de la secta, ni de su modo de proceder, ni del tranquilo cinismo con el que solían conducirse. No es difícil imaginar el cabreo de los adeptos ante lo que tiene toda la pinta de una humillación. Esto no es una anécdota, como el histórico nombramiento de un abogado (es decir, no ingeniero) como Fernando Marín, como Director General de Costas. Esto era un desmantelamiento de la casa pensado y organizado, una voladura controlada y la solemne entrega del bastón de mando a un extraño. Puede que algún zoquete haya creído que inocular a ese extraño información totalmente errónea podría ser un modo apropiado de hacerlo tropezar para demostrar que los únicos capaces de gestionar las costas son los de la casa de toda la vida. Es una impresión personal. Creo que la información veraz, sincera, onesta y auténtica la recibió Martín Fragueiro al escucharme.

Como ellos dos ponían tanto énfasis en que los asuntos resueltos por sentencias firmes son intocables, dediqué un último minuto a demostrarles que también se equivocaban en eso. Una sentencia que desestima un recurso contencioso administrativo –les dije- se limita a desestimar los motivos de impugnación alegados en la demanda, no otros que no se hayan alegado. Una sentencia puede haber declarado no existentes los motivos de nulidad A, B y C. Pero si además existen otros motivos D, E y F, de los que no se ha hablado, estos motivos podrán alegarse posteriormente por los medios establecidos en nuestro derecho, sin que pueda pretenderse que la sentencia sea un obstáculo. Suele pensarse que una sentencia desestimatoria confirma la validez universal del acto administrativo, y esto un error que me aburre de tanto verlo por ahí.   

Necesitábamos algo más que un diálogo de sordos. Pedí una comisión mixta para analizar uno a uno los temas que yo planteaba en mi denuncia. Martín no me dijo que si, pero tampoco dijo que no. Fue él el que decidió que tendríamos que hacer otra reunión después de documentarse mejor. No puso fecha, pero esto fue suficiente. Esto me ha dado esperanzas.

En mi opinión Juan Carlos Martín Fragueiro salió engrandecido de esta reunión. Creo que entró a ella totalmente confundido sobre quiénes éramos y qué pretendíamos, y que a la conclusión no tuvo más remedio que reconocer que no éramos unos pelagatos. Me complacieron su capacidad de adaptación a la nueva situación que yo le iba poniendo delante de los ojos, y su capacidad de reacción. Antes de entrar, la consigna me parece que era torearnos un poco y dejarnos ir. Pero él supo ver la realidad y sobre todo actuar en consecuencia proponiendo una nueva reunión. Actuó como una persona imparcial, no como un tipo con prejuicios. Es de agradecer y es justo reconocerlo.

Su cambio de actitud llegó incluso al extremo de publicar una nota de prensa sobre la reunión, lo que es mucho si tenemos en cuenta que esto significa reconocer en público que la Plataforma existe y es un interlocutor digno y serio, en contra de la anterior actitud seguida con nosotros.  Como tengo entendido que en el gobierno me odian alocadamente por haberles metido el dedo en el ojo, la nota de prensa menciona prácticamente todos los nombres de los presentes excepto el mío, según ya he visto hacer otras veces en otras informaciones inspirados desde el poder. Soy tan consciente del hecho como indiferente a él. De momento se queda en el capítulo de lo que Séneca llamó quejillas de ánimo mareado (Si ya habéis terminado el Código Da Vinci y la revista Hola, leed la Consolación a su madre Helvia) y lo traslado como simple análisis sin efectos y consecuencias excepto que pase a mayores y por la vía del vacío me impidan hacer mi trabajo. Percibo débiles indicios de esto último en iniciativas que no debo comentar aquí, pero son indicios sin confirmar. Por el momento, lo importante es que la cosa va bien y que ahora tenemos a una persona capaz de escucharnos.

Pego aquí su nota de prensa.

 

Tras la reunión celebrada hoy con la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas y en respuesta a su solicitud

La Secretaría General del Mar impulsará una tramitación más rápida de las concesiones que hayan de otorgarse al amparo de la Ley de Costas

Se celebrará un nuevo encuentro en el plazo más breve posible.

La Secretaría General del Mar del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino se ha comprometido a imprimir mayor rapidez a la tramitación de las concesiones que hayan de otorgarse al amparo de la disposición transitoria primera de la Ley de Costas de 1988, en respuesta a la solicitud efectuada por la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas, en una reunión celebrada hoy en Madrid.

El Secretario General del Mar, Juan Carlos Martín Fragueiro, acompañado por la Directora General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, Alicia Paz Antolin, han asistido al encuentro mantenido con una representación de la Plataforma, encabezada por su presidenta, Carmen del Amo.

En la reunión, se han abordado distintas cuestiones de carácter general y particular en relación con la aplicación de la Ley de Costas de 1988. En este sentido, la Secretaría General del Mar estudiará los planteamientos presentados por la Plataforma Nacional de Afectados. También está prevista la celebración de un nuevo encuentro en el plazo más breve posible..

4 de noviembre de 2008

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3 comentarios to “ASÍ FUE LO DE MARTÍN FRAGUEIRO”

  1. BEACHU said

    La descrpcion de la reunión no puede ser mas clara.Es un autentico guion de “cine”,sin contar tu capacidad de captar la psicologia de los “actores”.
    Parece mentira que la realidad, no llegue a los altos cargos, tal y como es. Todo lo enmascaran, lo tergiversan, casi siempre , los que mas tienen que callar.
    Me gustaria saber que haria cualquiera de ellos si un buen dia llegaran a su piso, en representacion de la delegacion de asuntos sociales y les quitaran su casa para poner una oficina de informacion “para asuntos sociales” ¿ tiene sentido? Es así como nos sentimos cualquiera de los ciudadanos, españoles o no, a los que la administracion, o costas, o quien sea, nos dice que somos ilegales.

    Todos ellos hacen lo imlposible por subir peldaños socio-politicos y economicos, acosta de la propiedad agena, digna y respetuosa, con eso tan de moda,llamado medioambiente, que no deja de ser solo civismo,algo de lo que adolece tanto esta sociedad mal educada, con la que nos ha tocado convivir.
    Si aún queda algo de sensibilidad y humanidad en la inteligencia del ser humano-pseudo moderno, piensen que…..” tan solo cuando se tale el último arbol, se envenene el último rio y se capture el último pez, os dareis cuenta de que el dinero no se puede comer”.

    Un millón de gracias.

    …y mientras tanto, soreiremos, que no cuesta nada y produce mucho.

  2. Magali( hija de Valeriano) said

    A mi me gusta leer lo que Jose Ortega cuenta y escribe en su blog… y en este último solo puedo pensar en una frase que oí cuando era muy pequeña y que se me quedo grabada, dicha frase venía de un borracho que comentó que el se quería presentar para Político, la gente de su alrededor se echo a reir, y el comentó, ¡”para ser político solo hay que ser Español y mayor de diesiocho años!

  3. Carla Frenjo said

    Fragueiro es un mafioso de la pesca española, amparado por el Clan Gallego del PSOE, entre los que se encuentra gente como Pepe Blanco, Elena Espinosa, Touriño etc etc.
    Todo lo que diga y haga lo hará solo porque políticamente le interese o porque él o sus amigotes puedan trincar algo.
    La proxima vez ponga un poco de polvito blanco en la mesa de la reunión y ya verá como se lo lleva al huerto….

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