EPICA Y ETICA

octubre 8, 2008

 

Tenemos con nosotros al que sin duda es el hombre del día. Es una especie de Robin Hood. El vive de esto, pero lo que le mueve es la injusticia. Se trata de un héroe popular y nuestra sociedad está necesitada de personas como él”.

 

Me quedé tieso cuando escuché esta introducción del periodista de Punto Radio de Vigo y a continuación hice lo que pude por esconder la sorpresa y procuré que me saliera la voz del cuerpo. Esperaba una entrevista como todas las demás, con preguntas parecidas y respuestas casi iguales, pero a este periodista le dio por personalizar. Lo pasé estupendamente hablando con él, porque la entrevista fue tipo Jesús Quintero, y tuve el placer de ascender un poco evocando a Rousseau, especulando con el modelo de sociedad que salió de la revolución francesa y hablando más sobre las ideas que sobre las cosas.

 

A todo esto que estoy haciendo observo dos tipos de reacciones de amor y de odio muy marcadas y simétricas. De la misma forma que hay mujeres devotas que rezan cada noche por mí, tengo enemigos que intrigan cada noche contra mí. Percibo también una envidia de color muy verde en ciertas personas, con reacciones que por prudencia no debo exponer en este blog.

 

Pero el aspecto épico y la evocación del bosque de Sherwood son nuevos. O casi. En julio asistí en Fuerteventura a una representación teatral sobre los derribos de costas. Fefa, corre que te tiran la casa, es su afortunado título, y más afortunados los diálogos y la actuación.  Lo que pasa es que en esa obra, que satiriza los intentos de demolición en el Puertito de los Molinos, aparece un personaje que hace de abogado y salva las casas, y temo que ese personaje sea yo mismo, que aparte de ser abogado he impedido hasta ahora todos los derribos del Puertito. En la obra todos los personajes tienen un nombre menos éste. Es simplemente el abogado. Menos mal, me habría muerto de vergüenza.

 

Mis enemigos pasan noches de insomnio alambicando hipótesis que expliquen por qué estoy haciendo esto. Si no me preocupa la pasta,  los coches de marca me hacen bostezar, el estatus social me deja indiferente, carezco de ambiciones políticas y no pretendo usar esta lucha como trampolín para, entonces ¿de qué va este tío? ¿Qué busca? De hecho, estoy haciendo lo contrario de lo que hacen los abogados. Quiero eliminar el conflicto y si lo consigo me quedaré sin trabajo.

 

Lamento que la respuesta suene näive: No soporto la injusticia y eso es todo. Bueno, tampoco soporto que los todopoderosos se metan con los débiles y desamparados. Por lo que estoy viendo, más gente de la que creía sufre de incapacidad genética para entender algo tan simple.

 

Ya puestos: Algunas personas que me adoran me han censurado que en un blog anterior incluya entre los destinatarios de mi agradecimiento a algunos ciudadanos de los que me están haciendo la vida imposible. Ven en ello un signo de debilidad o algo peor, como si debiera algo a estos enemigos míos, o como si les temiera. La respuesta tiene que ver con la inteligencia emocional y es la siguiente: Quiero salvar a la gente, pero también salvarme a mí mismo. Tengo ya bastante con la injusticia convencional que viene de los ingenieros de costas como para sofocarme con la violencia moral que procede de estas otras personas. Todo junto es demasiado intenso y yo no puedo sobrevivir a esta lucha odiando. El odio malgasta inútilmente mucha energía que es mejor emplear en otros fines. Dejemos ese sentimiento primitivo para ellos. El agradecimiento que figura en aquella entrada de blog es auténtico y obedece a servicios que los interesados hicieron a la Plataforma en su momento. No importa lo que me hayan hecho después. Y no me preocupa lo que intenten contra mí en el futuro. No puedo vivir odiando.

 

Todo esto pasará. Los partisanos, después de combatir a los invasores, solo querían ver su país libre y volver a casa. La situación que estoy viviendo es parecida. Quiero ver a mi país libre. Cuando lo consiga yo también volveré a casa. 

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5 comentarios to “EPICA Y ETICA”

  1. jose garcia said

    Hace falta gente como él, valiente, solidario, tan distinto de los que nos gobiernan

  2. Pilar (Liencres) said

    Cada noche entro en su blog, me gusta como escribe, la forma tan poética, natural y valiente de exponer lo que piensa. Quiero que sepa, que siento mucha tranquilidad al pensar que está ahí y que como yo, lo pensamos todos los que formamos la Plataforma a nivel nacional. Su hazaña es también comparable a la de Espartaco, por la lucha que entabló con Roma para proclamar la libertad de los esclavos.

    Hoy más que nunca me he emocionado al leerle, puede ser que todavía siento el drama de esa pobre gente que les han tirado sus humildes viviendas. Las imágenes de la televisión han sido patéticas. ¡No hay derecho! Los han tratado peor que a los terroristas.
    Gracias a que les ha plantado cara está evitando que nos pase como al gladiador vencido en la antigua Roma. En aquella época, la autoridad indicaba, después del combate, con la mano cerrada y la posición de su dedo índice, la suerte del gladiador. Si este índice se dirigía hacia el cielo, el derrotado conservaba su vida.
    Si el dedo índice señalaba la yugular, se procedía a la ejecución del gladiador vencido introduciéndole la espada por el cuello en dirección al corazón.

    Lo mismo están haciendo los ingenieros de Costas con la aplicación arbitraria de la Ley de Costas de 1988.
    Claro ejemplo lo tenemos con la Mareta, y los apartamentos de Villa PSOE y un largo etc. de dedos índices hacia arriba y siempre a favor de los mismos.

    Al final dice: “Todo esto pasará. Los partisanos, después de combatir a los invasores, solo querían ver su país libre y volver a casa. La situación que estoy viviendo es parecida. Quiero ver a mi país libre. Cuando lo consiga yo también volveré a casa.”

    En una ocasión escribí, que cuando todo acabe la Plataforma no puede desaparecer, tiene que seguir como garante de nuestra libertad y como Faro que nos alumbre en las noches oscuras de esta democracia mal entendida.

  3. Pilar:

    En las primeras elecciones había en Valencia un panadero que se presentó por el PSOE. Era una gran cosa que un panadero pudiera ser diputado del Congreso y así fue. Consiguió su escaño. El problema es que cuando se acabó la legislatura y no pudo repetir ya no volvió a ser panadero. Se quedó medrando en el poder. En Pigmalión, la vendedora de cerillas que recibe educación y refinamiento ya no puede volver atrás, a su antigua vida en las calles, y ahí vemos quizá algo sublime, pero el caso del panadero es un poco peor. La misma grandeza de la democracia que lleva a un artesano a las altas magistraturas le debería devolver, llegado el momento, a su taller. La gente que toca poder se vuelve loca y las organizaciones ciudadanas también pueden inocular esa locura. Y más: Conozco al menos tres casos de conciudadanos nuestros que instrumentalizan el movimiento ciudadano en materia de aplicación de la ley de costas para buscar solo fines personales.

    La honestidad de propósitos exige el mutis por el foro una vez se haya resuelto el problema. Continuar influyendo de una u otra manera en la vida pública puede ser una tentación, pero su objeto ya deja de estar claro. Transformar la plataforma en un partido político, por ejemplo, puede ser una iniciativa de alguien, pero el resultado se parecería más a una secta, como esos partidos de reciente creación que andan por ahí girando en torno a la figura de su amado líder fundador.

    Respecto a los temas personales, no encuentro ningún parecido con Espartaco, aunque agradezco la inesperada comparación. Escribí mi primera novela, Gilgamesh y la muerte, con 25 años. Se trata de una reescritura de la obra literaria más antigua de la humanidad, redactada en idiomas sumerio y akadio para describir un viaje en búsqueda de la inmortalidad. Parece que su protagonista, Gilgamesh, fue un personaje real. Sus aventuras pasaron primero al cuento popular y luego a las tablillas cuneiformes. Confieso que tuve un pensamiento errático después de saber que me ponían de personaje de una obra de teatro. Pensé que es así como nacen las leyendas. No de las campañas de marketing preparadas, sino del boca a boca y de las tripas del pueblo.

    Lo que pasa es que a mí me parece que no. Todas estas comparaciones las tomo como licencias literarias y no tienen nada que ver con la realidad, sea Espartaco o Gilgamesh. Solo soy un tipo indignado ante los abusos, que quiere resolver el problema incluso a personas que ni me ha contratado, ni conozco, ni nunca conoceré. La única nota especial es que, a diferencia de lo que suele suceder, no solo quiero resolver el problema, sino que también puedo hacerlo.

    Una vez, en Cartagena, una joven irlandesa amiga de mi hermana se acercó a la popa de un barco de guerra de su país y saludó alegremente a los marineros con la consigna secreta de los irlandeses: Nuestro día llegará. Se refería a la reunificación. Su deseo común era suficiente para unir en la esperanza a una estudiante de filología y a un grupo de marineros rasos.

    Gracias por las opiniones, por las lecturas y por el calor.

    Nuestro día llegará.

  4. Luis Sampedro said

    FELICIDADES….

    UNA PERSONA INTEGRA…
    UN HOMBRE QUE SE VISTE POR LOS PIES…
    UN TIO FIEL A SUS CRITERIOS…EN ESTE MUNDO DONDE TODOS ACABAMOS PROSTITUYENDONOS, POR UN MOTIVO O POR OTRO, CASOS COMO EL TUYO SON UN SOPLO DE ESPERANZA… MUCHAS GRACIAS

  5. Luis Sanpedro:

    No, no… Tiendo a no fiarme de las personas que van de honestos, especialmente los que reclaman la etiqueta. Yo no tengo esa pretensión. Puedes coger un pedrusco de la era miocénica, ver la impronta del helecho y decir: “Aquí había un helecho”. La honestidad y demás familia no deberían venir adosadas a nadie como una etiqueta. Creo que hay que buscarlas en la impronta que cada uno deja a su alrededor, como una huella o una marca en negativo. Si yo voy dejando buenas marcas, estupendo. Con eso me conformo.

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