YA TENGO LEYENDA NEGRA

junio 16, 2008

Cuando era pequeño mi padre, un marino jubilado a quien Dios ha premiado con una vida larga que aún continúa, me dijo que debía ser honesto. Y hasta ahora lo he procurado.

 

DESCREDITO MEDIANTE RUMOROLOGÍA

En una isla del Atlántico cuyo nombre es mejor dejar al margen. La semana pasada un cliente estaba hablando con un alcalde. Hablaban de un problema de costas y de mí. El alcalde le dijo que yo era un abogado que tenía muy mala fama: Que acudía a los sitios donde había deslindes poco más o menos que para ofrecerme, que me llevaba el dinero de la gente y volvía a la Península dejándolo todo sin resolver. Mi cliente le contestó que eso le extrañaba mucho, porque ellos me habían contratado en diciembre de dos mil siete y al momento de la conversación (junio de dos mil ocho) yo les había hecho prácticamente todo el trabajo y aún no había cobrado ni un céntimo. No por demoras en el pago, sino porque aún no lo había reclamado. En cuanto a la eficacia, le dijo que por allí cerca me habían encargado la defensa contra unos derribos inminentes y hasta la fecha la Demarcación de Costas no había conseguido ejecutar ni uno solo. Ante estas evidencias el alcalde se calló.

 

DESCREDITO MEDIANTE CONSPIRACIÓN DE FUNCIONARIOS

Por las mismas fechas, en una ciudad de Levante que tiene un museo de las ciencias y un auditorio carísimos, una militante socialista que también es mi cliente escuchó de los funcionarios que si quería resolver su problema con el deslinde el primer paso era prescindir de mí. Ella preguntó por qué y solo después de insistir mucho los funcionarios le dijeron que yo resulto muy molesto para la Administración porque soy el único Abogado de España que realmente entiende de costas y consigo resultados (exageración que agradezco, pero que no hace justicia a otros compañeros de profesión muy competentes). Como consecuencia de esta conversación, mi clienta se convenció aún más de lo que ya lo estaba de que debía seguir conmigo.

 

DESCREDITO MEDIANTE LA RADIO

Hace algún tiempo me llamaron para participar en directo en un programa de radio que se hacía en otra isla del Atlántico con un volcán altísimo. La primera pregunta de un  contertulio no era una pregunta, sino una acusación. Me decía que no todos los vecinos habían podido sumarse a la defensa común, porque yo era muy caro. Me sorprendió porque para ese momento yo llevaba casi un año trabajando como un negro, ya había formalizado la demanda contra el deslinde, y aún no había pedido de los clientes ni un céntimo, cosa que no hace absolutamente ningún abogado.

 

DESCREDITO MEDIANTE EL PERIÓDICO

A final de enero, justo cuando me encontraba en Bruselas para entregar en el Parlamento Europeo mi informe sobre aplicación abusiva de la ley de costas, el entonces Director General de Costas, D. José Fernández, tuvo a bien conceder una entrevista al diario Levante diciendo que todas las acusaciones lanzadas por la Plataforma Nacional de Afectados por la ley de costas eran mentira, y diciendo que yo era un abogado que perdía casi todos los pleitos con costas, y que con mi informe lo único que quería era conseguir titulares. El análisis es raro, porque, justamente al contrario de lo que decía el señor, soy el Abogado que más veces ha ganado a Costas justamente en los tribunales, y no es opinión, sino estadística.  

 

DESCREDITO MEDIANTE BUZONEO

En estos mismos días, en otra ciudad mediterránea que tiene una montañita blanca, por la que los fenicios la llamaban Akra Leuké, ciertos vecinos de cierta urbanización pretenden meterse conmigo buzoneando una hoja de presupuesto que presenté a los presidentes de las comunidades de propietarios a petición suya. Con esto pretenden, de alguna manera que no entiendo, desprestigiarme no solo a mí, sino a los presidentes de comunidades que me pidieron el presupuesto, acusándolos al parecer de haberme contratado en secreto. Mi único pecado al respecto ha sido reunirme con los vecinos en asamblea para explicarles su problema de costas.

 

DESCRÉDITO MEDIANTE NOTA DE PRENSA

Me tocó intervenir en un deslinde. Lo hice bien y con esto fastidié al alcalde de una ciudad que está en otra isla atlántica y tiene nombre de héroe de leyenda artúrica. El alcalde ordenó a su jefe de comunicación que me tomara como asignatura y tratara de encontrar algo con que desprestigiarme. El jefe de comunicación creyó que había encontrado en mi web algo que llevarse a la boca y remitió a los medios de comunicación una nota de prensa contra mí que en realidad lo único que denunciaba era su más que discreto coeficiente intelectual.   

 

DESCREDITOS HISTÓRICOS

Sé que a consecuencia de mi informe sobre aplicación  abusiva de la ley de costas, donde hay leña para todos, están tiesos conmigo tanto el Gobierno socialista de España  como el conservador de la Comunidad Valenciana, y en Ferraz lo mismo que en Génova.  Según dice la prensa, con este informe y con mi actividad a través de la Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas he influido en el cese del Director General de Costas y quizá en el hecho de que hoy día, mes y medio después, aún no haya sustituto, la casa se encuentre sumida en una profunda crisis y puede que se esté cocinando su desmantelamiento. Con todo esto sé que me he salido de los cauces ordinarios del ejercicio profesional, según los cuáles me tendría que haber limitado a hacer escritos de alegaciones y pasar minuta. Me he transformado en una persona en cierto sentido pública y desde luego incómoda para el poder.  No obstante, estoy lejos de creerme tan importante como para pensar que el Gobierno haya puesto en marcha una campaña para desprestigiarme, ni padezco ninguna otra paranoia semejante. Si me acusan de ser lo contrario de lo que soy y hacer lo contrario de lo que hago, no creo que se trate de una consigna, sino de una idiotez. Lo digo porque esto ya me ha pasado antes. Una vez formulé recurso contencioso administrativo para un pescador que era amigo mío, a quien la Administración le debía casi dos millones de pts. de una subvención. El funcionario público de turno cogió a mi amigo y le dijo que con el pleito lo único que quería yo era sacarle el dinero. Mi amigo se mostró extrañado, puesto que yo ya le había advertido que no pensaba cobrarle ni un céntimo si no ganaba el asunto. El completo ridículo del funcionario en cuestión es comparable al del alcalde que decía al principio. Así que estos rumores falsos no creo que sean una consigna organizada para acabar conmigo, sino ingeniosidades de gente que padece alguna frustración personal.

 

Lo que creo que está dispuesto ahacer el gobierno contra mí lo he visto en una ciudad de la montaña, en el norte, capital de una Comunidad que tiene príncipe y princesa. Han reunido a todos los ejércitos disponibles para ver qué hacen conmigo. A un escrito de alegaciones que formulé han respondido no con uno, sino con tres informes. Para elaborar el primero han contratado expresasmente a la Universidad, a ver si sus ingenieros me dan un buen repaso. Para elaborar el segundo, han fichado a una abogada externa pagándole imagino que un buen dinero. Para elaborar el tercero se han juntado el jefe de servicio de actuación administrativa y otro abogado externo, que colaboran en un informe muy destructuivo, claro, sobre mis alegaciones. Por cierto que la abogada externa, por falta de sitio donde hincar el diente, no paraba de censurarme que en mi escrito de defensa incluyera reflexiones sobre aspectos geomorfológicos sin acreditar titulación en ciencias medioambientales. La verdad, nunca pensé que mi título de licenciado en Geografía e Historia fuese a servirme algún día, pero gracias a esta compañera he visto que estaba confundido.

 

Los informes contratados no son para analizar las alegaciones presentadas por los afectados en general. Solo las mías. Nunca en mi vida había visto una cosa igual. De esta manera me engrandecen de forma inmerecida pero patente, y de paso le meten un buen meneo a los presupuestos generales del Estado. Por lo visto alguien ha firmado la orden de presupuesto ilimitado para ir contra mí.

 

 En todo caso, confieso que me siento fascinado ante este espectáculo, y espero con curiosidad a ver qué es lo que me van a llamar en el próximo episodio.

 

 ANTECEDENTES

 Cuando empecé a trabajar en costas colaboraba con una asociación que efectivamente respondía a la descripción que al alcalde le habían dado de mí: el señor que la dirigía hacía lo que podríamos llamar una política comercial agresiva, repasaba los boletines oficiales del Estado para enterarse de dónde había un deslinde solo para aparecer por allí a ofrecerse, le sacaba el dinero a la gente y fomentaba pleitos donde no los había solo para trincar la pasta. Cuando me di cuenta de todo eso me quité de en medio. Al poco tiempo gané mi primer pleito a costas, para los primeros clientes que habían venido a mí al margen de aquella asociación, y desde entonces todo ha ido como una seda.

 

QUÉ ME MUEVE

Puede que esto resulte decepcionante para todos los que matan el tiempo elaborando leyendas negras sobre mi, pero con mi trayectoria es evidente que el dinero no es lo que me mueve, y mucho menos el estatus. He rechazado todos los cargos políticos que me han ofrecido, los coches de marca me hacen bostezar y he dejado plantada a alguna que otra constructora importante solo porque mi dedicación a los problemas de personas humildes no me dejaba tiempo. 

 

 Todo es realmente simple: Es que no tolero la injusticia. Puede parecer un móvil anticuado o propio de novela épica, y sobre todo difícil de entender para esas personas de bajo perfil ético que tanto tiempo pierden buzoneando o fabricándome una biografía paralela, pero es lo que hay  Y, para resumir, la situación es ésta: Mis clientes me adoran y mis enemigos me odian. Excuso poner aquí, por pudor, las cosas que me han llegado a decir esas personas que lo están pasando fatal y han encontrado en mí su único apoyo, pero desde luego no creo que haya ningún abogado que pueda haber llegado a sentir como yo no solo el respeto y el reconocimiento, sino el afecto de sus clientes.

 

  Esto no quiere decir que me considere un iluminado con un destino histórico. De eso nada. Es solo que lo que hago y como lo hago me hace sentir fantásticamente bien porque puedo ayudar a  las personas que son objeto de  abusos inmerecidos. Y si consigo resolver la situación general de injusticia hacia esta gente lo dejaré y me dedicaré a otra cosa (y ya sé qué cosa será) sin pedir recompensas ni reconocimiento.  

 

 Los resentidos, frustrados, tontitos, mediocres y panolis que se dedican a desprestigiarme pueden seguir intentándolo. Estoy preparado para esto desde que escuché en mis años de Universidad una canción de Silvio Rodríguez que dice: Yo sé que hay gente que me quiere/yo sé que hay gente que no me quiere. Esa es exactamente la situación, y estoy encantado con ella.

 

J. Ortega

Abogado 

 

 

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